25 de enero de 2011

Nueve

Nueve años. Hoy hace nueve años que me convertí en lo que soy ahora. Una mujer multifuncional, sin tiempo para nada, con el corazón repleto. Antes de la transformación, a menudo me sentía desaprovechada, con mucho que dar pero nadie que realmente supiera valorarlo, con un potencial dormido que estaba deseando explorar. Hoy sé que no estaba equivocada. Sirvo para esto. A veces me supera -soy humana, supongo-, a veces necesito romper un poco con todo, darme tiempo, buscar el silencio, escribir, leer sin interrupciones, viajar lejos y regresar con añoranza. Pero soy una mujer feliz que, en el fondo, sabe que lo tiene todo y que no desea nada importante, además de lo que tiene.
Hace nueve años que me río, con grandes carcajadas, de quienes consideran que mi transformación me limita, me empobrece, me vuelve una cuentabatallitas insulsas o una mujer de temas limitados o una escritora que sólo hablará de maternidad y de niños. Me río de los falsos intelectuales que se ríen de mis prioridades. Me río de los que quieren restarle importancia a mi día a día a favor de labores más elevadas. Me río de los apocalípticos, de los que creen que hace diez años era más libre, más auténtica, menos cursi, menos sedentaria. Me río de los que piensan que leer a Joyce es más importante que escuchar el relato del día a día de un niño. Me río de quienes opinan que si nada de esto hubiera pasado, mi trayectoria profesional sería más brillante. Me río de quienes denostan ciertos temas literarios como puramente femeninos. Me río de los que pronostican una adolescencia insoportable. Me río de quien no quiere comprender.
Hace nueve años me convertí en la que soy ahora. No fue una transformación fácil ni rápida. No siempre fue placentera. No siempre lo es asumir la nueva condición, nueve años después. Pero pienso en aquella mujer sin hijos de 2001 y siento una rara conmiseración hacia ella: cuánto le quedaba por saber, cuánto por dar, cuánto por recibir, cuánto por disfrutar, por valorar, por priorizar, cuántos abrazos, risas, actividades por compartir. Cómo iba a cambiar su mundo, a mejor, aquel 25 de enero de 2002.
Hoy mi hijo mayor cumple nueve años y estoy de celebración.

9 comentarios:

Rebeca dijo...

Feliz Cumpleaños para tu niño por sus nueve años, y Felicidades para ti, por el mismo tiempo...

Quien piensa que por ser madre, no puedes estar en lo más alto de tu carrera profesional,o que hace tiempo eras más libre, o menos cursi, es que no sabe ni apreciar la vida, ni apreciar lo que realmente podemos llegar a ser las mujeres...

Ahora tienes dos vidas, una como escritora, y otra como madre, y por ello disfrutarás el doble del camino a recorrer...
Mientras que otros que te puedan tachar de menos libre, y de cursi, no tendrán nada de ese "algo especial" con lo que llenar sus días, cuando a ti simplemente, seguro que te basta para hacerlo, la mirada y el cariño de tus hijos, y no sólo para llenar tu vida, sino para darte inspiración para seguir escribiendo...

Felicidades!!!

P.D: Con miradas inocentes y sinceras se calienta el alma, y se da cuerda al corazón...

Alguien que aún es muy joven (25) para ser madre.

Un abrazo.

J. G. dijo...

Y hay quien se ríe de quien compra libros en el sentido literal.

Caballero de Olmedo dijo...

Amén

Begoña dijo...

No hay mejor lectura en la vida que la que puede leerse en los ojos de tu propio hijo. Ni mejor escritura que la que le das al nacer.
Saludos

La Orquídea dijo...

De alguien que quizá sea ya muy mayor (40) para ser madre.

Mi pequeña...

Meltalle Detalle dijo...

¡Felicidades! Sé que con retraso, pero oye, mejor tarde que nunca, ¿no? Cuando me he enterado... XD

Un saludo y, espero que
"nuevemente" lo hayáis pasado bien.


P.D.: Yo también los hago el 25 ^ ^

Anónimo dijo...

¡Muchas felicidades a ambos!

Núria.

Belén dijo...

¡Hola Care! En "Había una vez..." te está esperando un premio, pasa a recogerlo cuando puedas, ¡un saludo!

¡Y felicidades!

superwoman dijo...

Me ha emocionado tu relato porque me he sentido muy identificada. Es difícil cuando sigues siendo la misma y nadie te ve igual ¿qué pasa? Eres madre y no eres menos eficiente, ni más petarda ¡Al contrario! Eres capaz de hacer un millón de cosas en mucho menos tiempo que antes, eres más sensible a las necesidades de los demás. En definitiva un hijo, según mi opinión, te hace mejor en todos los aspectos.
Por cierto yo me convertí en mamá un frío día de Enero de hace 8 años ¡FELICIDADES A LOS DOS!