19 de octubre de 2007

Non oro et laboro


Me gustan los lugares de culto. No sólo los católicos. Uno de los recuedos más especiales que guardo de mi visita a Estambul, hará unos 7 u 8 años, es el haber asistido a la plegaria del viernes en la zona destinada a mujeres de la Mezquita Azul. No sólo encontré un lugar cálido que invitaba a quedarse mucho tiempo, sino un grupo de creyentes que, pensando que yo era nueva en la religión verdadera, tuvieron la amabilidad de enseñarme cómo debía comportarme, qué posuras y qué palabras debía elegir en cada momento, con paciencia y dulzura inusitadas.
Por la misma razón, me gustan los monasterios. Son lugares de meditación, de recogimiento, de soledad, de silencio... todos ellos son beneficiosos para la literatura, tanto como escasos en mi día a día, por lo menos en este momento de mi existencia. Además, los religiosos que están al cargo de las hospederías de todos los monasterios que he conocido son gente encantadora que pone todo lo que esté en su mano para facilitarte la tarea.
Cuando me retiro a escribir a un monasterio me autoimpongo una rutina de trabajo en la tradición del lugar: me levanto todos los días a las seis o seis y media, desayuno, trabjo hasta la una o la una y media. Doy un paseo (los entornos suelen merecer la pena), si puedo leo el periódico. Luego, vuelvo a escribir de tres de la tarde hasta la hora de cenar y nunca más tarde de las ocho y media. Me acuesto a las diez, como muy tarde. A veces no me quedan ni fuerzas para leer.
¿Verdad que no es extraño que le caiga bien a las esforzadas monjitas? Me miran con un orgullo maternal...
Como sabéis, navegantes, la semana pasada estuve de "retiro espiritual" (no os asustéis, mi apostasía sigue ahí, igual que mi respeto). En esta ocasión, elegí Montserrat. Uno de los días fui a escuchar a los niños cantores de la escolanía, que ofrecen a diario dos "funciones" en una iglesia atiborrada de creyentes y turistas (a partes iguales). Antes de que empezaran a cantar el Virolai, un monje nos saludó en seis idiomas y nos deseó a todos los presentes que "en esta montaña santa hayáis encontrado todo cuanto habéis venido a buscar".
El buen hombre debía de referirse a Dios, pero conmigo acertó de pleno: encontré tranquilidad para construir un argumento que se me resistía y silencio para escribirlo. Ahora sólo cuento las horas que faltan para volver a mi vida monástica (que son pocas). Con un poco de suerte, en dos escapadas más terminaré la novela que, por cierto (para los más curiosos) se llama Dos Lunas y será publicada por el sello juvenil de Mondadori (Montena) dentro de un año, más o menos.

4 comentarios:

Ferlocke dijo...

Jo. Creo que yo también tendré que probarlo, aunque, bueno, mi recién inaugurada independencia tiene mucho que ver con un poco de retiro para poder escribir en condiciones. Sin embargo, suena genial lo que has contado. Lo probaré. Y respecto al título de tu novela: precioso.

http://community.livejournal.com/fertextos/

Jordi Díez dijo...

Hola Care,

Antes de nada, felicidades por el éxito de La Muerte de Venus, que se que va como un tiro, y de las Dos Lunas próximas.

Me encantaría poder retirarme a un monasterio para acabar mi actual novela, pero desde aquí es difícil, la verdad, aunque es una idea que me ronda por la cabeza desde que caí en esta isla de locos.

Hace como poco más de un mes que sigo tu blog, y me encanta porque, además de reirme y aprender muchísimo, tengo referencias de amigos comunes, sobre todo de Francesc y Sandra.

Hoy me he decidido a escribirte (perdona que utilice este formato, pero no tenía tu mail), porque auto regalándome el ego he encontrado en internet una referencia firmada por ti de mi única novela, la Virgen del Sol, en el Cultural de El Mundo, y qué te puedo decir, estoy encantado. Pero sobre todo, muy agradecido.

Sorprendido también sería aplicable, pero lo que más es agradecido. Muchas gracias por tu ayuda, de verdad. Para mí, que una escritora consagrada como tú haga referencia a un novato como yo es un halago inmenso. Y te lo quería decir.

Bueno, no te quito más tiempo. Espero que todo esto te lo pueda decir en persona en alguna de mis escapadas a Barcelona.

Hasta entonces ...

Jordi.

c dijo...

Se puede leer. En Montserrat está Santos

; )

A lo mejor se os ocurre algo con M, E, R, R, T

Anónima de las 9:59 dijo...

C, retírate a un torreón ("Mi torre"). (Creo que en Navarra hay un hotelito con encanto, y una de sus habitaciones es un torreón... -pero a lo mejor es más caro que el monasterio-). ;)

Yo en los monasterios me siento como en casa. Lo que suena muy raro y ES muy raro, porque no va con mi perfil. Pero ¡es lo que hay!

Supongo que se respira un aire de "tranquilidad, paz, buen rollo, lugar de poder, introspección..." Ay