9 de diciembre de 2008

Normalidad, dulce normalidad

La promoción se va terminando (aleluya) y vuelven mis viajes normales: colegios, mesas redondas, encuentros con lectores pero sin pretexto ni cámaras que todo lo ven. No hay felicidad mayor que la de la normalidad. Ni sensación de bienestar más estupenda que la de pensar que durante una temporada no voy a repetir varias veces al día las mismas cosas intrascendentes sobre mí misma. Con una sola compaña de promoción ya me habría bastado para aborrecerme para siempre. Con varias sucesivas (o simultáneas, según), lo menos que podía pasar es que me odie. Si en estos momento me viera llegar por la calle, cambiaría de acera. Qué coñazo de tía.

Tal vez ahí esté la clave de todo. Tal vez sólo escribo para alejarme de mí misma. Es por lo mismo que me gusta nadar, me figuro: dentro del agua mi naturaleza se diluye y el mundo, también, con sus colores, sus olores y sus ruidos. Me gusta hacer planes con mis hijos porque mientras estoy con ellos también soy un poco menos yo: sólo soy la parte de mí que ellos necesitan. Y podríamos continuar, si no fuera muy tarde y el fin de semana de tres días no me hubiera dejado extenuada.
Así que termino concluyendo:
Cosas que aprendí en este puente:
1) cumplir años para detestarse es una desgracia sin remedio
2) el contacto con ciertas estrellas deja un calor brillante en la piel
3) este año se llevan los adornos navideños peludos
4) la normalidad es una droga adictiva que en fechas de guardar crea síndrome de abstinencia
5) a los reyes magos, voy a pedirles unos pies de pato
La imagen: la de siempre, la odiosa, en no sé qué tele de no sé qué sitio

3 comentarios:

Tzaviere dijo...

¿Cómo se verán esos pies de pato en las próximas fotografías familiares? Saludos.

Lether_Ireth dijo...

Feliz vuelta a la normalidad

Fernando Alcalá dijo...

Es curioso, me paso la vida pensando en aventuras, en salir de la rutina (por llamarla de alguna manera) en que ocurran cosas excepcionales. y cuando lo hacen, lo único que deseo es volver a eso, a la normalidad.

Supongo que quizá en vez de vivirlas prefiero contarlas?