19 de junio de 2012

Una deuda pendiente: Emili Teixidor, in memoriam

 

Emili Teixidor no sólo era un gran escritor y un hombre sabio. También era un amigo. Todos los días se mueren escritores, todos los días se mueren hombres sabios (y tontos), pero la pérdida de un amigo es algo que no podemos permitirnos. 
Le conocí en mayo de 2000. Fue un año de grandes cambios, de grandes incorporaciones a mi vida. Emili fue una de las importantes. Tuve la suerte de compartir con él una campaña de promoción organizada por editorial Cruïlla. Yo había sido aquel año la ganadora del Gran Angular en català. Emili promocionaba una de sus estupendas novelas para jóvenes, Amics de mort. El tercero en discordia era Antoni Garcia Llorca, que había ganado el Vaixell de Vapor. Los tres recorrimos parte del territorio catalán hablando de la cosa común: la Literatura. Emili embelesaba a cuantos le escuchaban. Los dos jóvenes escritores que le servíamos de séquito aprendíamos de él. Todo lo que decía Emili enseñaba a escribir, a leer, a vivir, a pensar. Desbordaba pasión y entusiasmo. Tenía un espíritu joven y un corazón generoso, adornado con una sonrisa de burla y un físico poderoso, de seminarista o de cardenal. Hablaba con voz suave, como si sus palabras no fueran importantes, pero todo lo que decía era escuchado. 
Pienso que no es mala estrategia: si tus autores premiados son demasiado bisoños, haz que les acompañe un escritor de verdad, de los de piel curtida y muchas páginas a sus espaldas, así los jovencitos sacarán de la gira algo más que vanagloria y falsas ínfulas. Desde luego, a mí la lección -no sé si premeditada- me sirvió de mucho. Aquella gira de promoción fue un regalo.
Una vez, mucho después, encontré a Emili en un tren. Viajaba en la compañía de tres libros -leía infatigablemente- y me pareció que mi presencia le estorbaba. Después de las cortesías de rigor, le invité a cenar a casa. Denegó con amabilidad. Le daba pereza desplazarse treinta kilómetros, hasta mi ciudad del área metropolitana de Barcelona. Le echó la culpa a la salud. Sonrió mucho.
Luego, se enteró de que algo grave había ocurrido en mi vida y me escribió para autoinvitarse a cenar. Fue un gesto sencillo, breve, casi irrelevante, que yo le agradecí infinito. Había intuido que para mí aquella cena en casa era importante y también que de pronto a mi vida le faltaban cosas importantes por las que sentir felicidad. Había comprendido, en el sentido más profundo de la palabra, y apenas sin palabras. Me emocionó que con tan poco pudiera decir tanto. Le emplacé para más adelante,  cuando me viera con fuerzas, aceptó, pero ya nunca pudo ser.
Coincidimos varias veces más. En la radio, en Sant Jordi, en algún que otro cóctel -pocos, porque él no los frecuentaba-, en alguna librería, en el correo electrónico y hasta en las páginas de algún periódico. Para mí siempre será alguien con quien contraje una gran deuda, alguien de quien aprendí, a quien leí con fascinación y a quien quise discreta pero verdaderamente. Cuando regrese a sus libros, me reencontraré con todas esas cosas al instante y sus palabras le devolverán intacto.
¿Intacto? No. Al amigo no podré recuperarlo salvo en la memoria, ese testimonio fugaz e inexacto de nuestro paso por el mundo.

4 comentarios:

Begoña dijo...

Creo que un escritor escribe para dejar algo después de su muerte. Para poder regresar de allí donde no hay regreso.

Es triste perder un amigo. Pero es grato dejar que permanezcan aquellos recuerdos en los que siempre vivirá. Porque un recuerdo es un trozo de vida que hemos dejado en otros, mientras nos podía la prisa por llegar.
¿Llegar a donde? ¿Hacia donde vamos con tanta prisa? A veces hacia nuestro final.

Lo bueno es que no lo sabemos.

Besos

Neosis dijo...

Hola, Care, ¿qué tal? Seguro que escribiendo un poco -bueno, pero tú más- como lo hago ahora yo :D

Completamente de acuerdo con Begoña en su comentario anterior.
Además me gustaría añadir que, aparte del recuerdo de la memoria, siempre quedará para el mundo entero... el talento (al menos disponible para todo el que quiera o lo descubra por casualidad -"como es mi caso"-) de semejante artista que hasta hoy desconocía y, ya forma parte de mi memoria fugaz en inexacta a veces. Pero ahí está, dándome guerra como siempre... espero estar a la altura: de toda la gente importante que me ha marcado hasta hora. Mi camino de recuerdos y sentimientos encontrados con este peculiar; serio y dicharachero mundo y, mi especial homenaje, para esas personas que con sólo recordarlas un momento, son capaces de hacerme tan feliz: para poder seguir soñando con una sonrisa de nuevo. Mientras oteo el firmamento preñado de ilusión, como en un princio. Cada principio...


P.D.: Me parece Care que ya saldastes tu deuda. Tres hurras por la amistad verdadera.

Rebeka dijo...

Siempre nos quedan cuentas pendientes cuando la muerte se lleva a las personas que apreciamos y queremos.

Un buen amigo me dijo hace un año "Cuando nos abandona un ser querido aprendemos a perdonar y perdonarnos aquello que no hicimos bien".

Con esto te quiero decir que con el tiempo aprendemos a perdonarnos las cosas que no hicimos, las promesas que se quedaron solo en eso, los encuentros que no tuvieron lugar.

Con el tiempo los buenos recuerdos pueden mucho más, y esa persona permancerá dentro de nuestra alma, recordándonos una parte de nosotros que a veces yace olvidada. La parte que nos muestra lo que éramos con esa persona a nuestro lado.

Estuvistéis ahí para el otro desde el pensamiento y el corazón, y eso nunca nadie os lo podrá robar.

Te mando un abrazo muy grande!!

Rebeca.

TORPEDO dijo...

Emotivo escrito, Care.

DEP.