4 de noviembre de 2012

El aire que respiras


—¿Usted tiene hijos, Ángel?

—No habría sido oportuno, sin madre que los criara.

Carlota no sabe cómo interpretar las palabras del librero, pero balbucea algo que se parece a una condolencia:

—Vaya, cómo lamento…

Él aclara el posible malentendido:

—Nunca me casé. No encontré a la mujer que se pareciera a mi ideal.

—Eso es porque puso usted el listón demasiado alto —sonríe ella.

—O porque no me atreví a saltar lo suficiente para alcanzar mi sueño.

—¿Un sueño?

—Sí, hecho de aire. La pretensión de un iluso.

—No creo que fuera un iluso. Los sueños son necesarios para vivir, igual que el aire para respirar.

—Pero dicen que muy arriba el aire deja de ser respirable.

—¿Eso dicen? ¡Yo no lo creo! El aire que respiramos es la materia que nos nutre. A mí me parece muy hermoso respirar sueños, señor Brancaleone. Cuanto más altos se encuentren, mucho mejor. Y si no podemos saltar lo bastante alto, siempre podemos aprender a volar.

4 comentarios:

Rebeka dijo...

Un gran consejo entre estás palabras llenas de aire para respirar y sueños.

Que no nos falten nunca los sueños, son los que alimentan junto al amor nuestras ganas de vivir.

Begoña dijo...

El texto promete muchas emociones juntas y mucha verdad. Creo que lo apuntaré en mi lista de compra para adquirirlo en cuanto salga =)

Esperemos que no recorten ya más.

PULGACROFT dijo...

"Los viejos sueños eran buenos sueños. No se cumplieron, pero me alegro de haberlos tenido."
Los puentes de Madison

MAR dijo...

Los sueños nos proporcionan el empuje para seguir luchando, sin duda.
¡Qué bien escribes, Care! Estoy impaciente por leer tu nuevo libro.
Yo también tengo un blog, te invito a visitarlo:

http://uncuardernoenlaescalera.blogspot.com.es/p/blog-page.html