
Un novelista es alguien que oye voces a través de las voces. Se mete en la cama y de pronto esas voces le obligan a levantarse, a buscar una hoja de papel y escribir tres o cuatro líneas, o tal sólo un par de adjetivos o el nombre de una planta. Esas características, y unas cuantas más, hacen que su vida mantenga una notable semejanza con la de los dementes, lo que para nada lo angustia; agradece, por el contrario, a las Musas, el haberle transmitido esas voces sin las cuales se sentiría perdido. Con ellas va trazando el mapa de su vida. Sabe que cuando ya no pueda hacerlo le llegará la muerte, no la definitiva sino la muerte en vida, el silencio, la hibernación, la parálisis, lo que es infinitamente peor.
Son palabras de Sergio Pitol (Puebla, México, 1933), el Premio Cervantes de este año 2005, perteneciente a El arte de la fuga (Era, 1996). La mejor manera de rendir homenaje a un escritor es leerle. Algunas recomendaciones: El viaje, El desfile del amor o lo más reciente que ha publicado en Anagrama, una recopilación de sus relatos titulada Los mejores cuentos (2005).