19 de julio de 2007

El filo de la hierba, de Harkaitz Cano

A veces los fragmentos superan en belleza a la totalidad: también las casas vacías son con frecuencia más sugerentes que las habitadas y los cuadros de Turner inacabados son más hermosos que los clausurados con la última pincelada; el mismísimo Guernica de Picasso emanaba muchísima más fuerza antes de ser acabado. Nada puede superar la fuerza de una obra de arte abierta. No existe obra cerrada que supere a una obra de arte dejada a medias. La libertad, finalmente montada, ensamblada y atornillada, puede convertirse en algo francamente irritante.

Roca Editorial, 2007

1 comentario:

Nuria Ruiz de Viñaspre dijo...

Encontre tu blog a través de tu página y leo esta entrada de Harkaitz Cano de fragmentos inacabados, vacíos a veces, más bellos si cabe que cuando están habitados, ay que los zapatos deshabitados siempre son más libres, no hay duda… leyéndolo y observando al tan querido Turner, he recordado lo que yo sentía cuando iba a la casa de mi abuela, en un rincón de navarra, ahora tan vacía ya, pero tan hermosa y latiente como siempre. Porque mi abuela, ya muerta, sigue siendo una obra de arte abierta. Y lo compruebo en la casa. Cuando estoy allí, en la casa, el corazón se levanta, el olfato se afina y la nostalgia me echa un pulso en el que sencillamente yo me dejo perder. Cuando estoy allí, viajo hacia dentro sin uñas y busco por las esquinas con ojos redondos otros ancianos y amados. Cuando miro esas ventanas ahora casi cerradas, el corazón se me va a aquellos días en los que mi abuela, esperando nuestra llegada por la carretera, se asomaba con ojos y con todo el tiempo del mundo a esa ventana central llena de flores, y sólo para vislumbrar la sombra de un coche que se acercaba, el de su hija con sus nietas. Cuando estoy allí, aún sigo buscándola y al no verla, me detengo en su hija, mi madre, y la miro, cuando la vida nos junta, con otros ojos, y la busco con otras manos, igual a mis hermanas, a las que, cuando la vida igualmente nos junta, miro con mil dudas en forma de preguntas. Cuando estoy allí, me rodeo de rostros ancianos que ni conozco, a veces felices a veces de mirada triste, y pienso en la soledad futura del mundo y el pulso entonces se acelera. Esa casa tiene aún tanta vida por dentro a pesar del aparente frío natural, hay tanta vida, que ni aun con todas esas ventanas abiertas al mundo, se escapa su latido. Ay, cuando estoy alli, todo me lo planteo, la vida es otra, distinta, la vida me cambia, me atiza suavemente, me acuna, me descorcha, cuando estoy alli, vivo aunque también muero rápidamente. Y lo más absurdo de esto es que aún hoy nadie ha querido quitar esas flores que todavía persisten en una ventana tan casualmente central y tan a pesar del frío del invierno y de la soledad del verano. Ella sencillamente sigue latiendo, porque como tú dices, está abierta,..
Me encantaría colocar una foto de esa gran casa con esa ventana abierta vestida de macetas pero no creo que esto de los blog me lo permita.
En fin, un abrazo y ah, enhorabuena por el carmen conde