12 de septiembre de 2007

SBI


Últimamente padezco el Síndrome de Bloqueo Inicial (SBI). Hasta hoy me tenía muy preocupada (otra vez: esto es cíclico) y si hoy me atrevo a hablar de él es porque acabo de superarlo. Siento cuando ocurre. Hay un "click" que suena en mi cerebro —lo oigo— y, de inmediato, lo veo todo claro. El principio, el lío y el desenlace de la novela en la que estoy trabajando. Las ideas se alinean como si todo fuera fácil. Hasta ese momento, lo que había mantenido con las ideas era un combate cuerpo a cuerpo.

Desconozco si hay más escritores a quienes les afecte el SBI. El síndrome consiste es ser incapaz de ordenar mínimamente la información que quieres manejar para cuajar con ella una mayonesa de palabras que llenen las primeras 30 páginas de una historia.
Nunca comienzo a escribir sin saber qué pretendo contar, de modo que el problema no es el contenido, sino la forma que hay que darle. El problema es si empiezo por un reclamo al lector, por un anzuelo, una pequeña dosis de provocación o por una descripción menos agresiva y más insípida; si el protagonista debe aparecer por primera vez caminando por su propio pie o si algún secundario debe nombrarle a la vez que cuenta de él detalles que luego resulten fundamentales.

No hace tanto, tal vez tres meses, me enredé durante semanas —sí, sí, semanas— en una escena en la cual un chaval groenlandés debía levantarse de la cama, mirar por la ventana, ver que su hermano mayor pretende largarse sin él y salir en su busca a través de la nieve y la oscuridad de una noche boreal. Parece sencillo, pero el muchacho parecía muy reacio a abandonar su litera (la de arriba) y pasó un día tras otro saliendo y entrando de la cama, calzándose botas de nieve (y de foca, y de montaña, y descansos), cogiendo un puñal (que enseguida sustituí por una linterna, porque la novela es pala niños), poniéndose calcetines de lana (y de algodón, y de gore-tex), peinándose (detalle inútil: mejor dejarle despeinado), pensando mucho (mis personajes tienen ese grave defecto, al revés de lo que me ocurre a mí: piensan mucho, piensan todo el rato), recordando cosas que no venían al caso y demorándose muchísimo en algo que debía ser mucho más sencillo. Finalmente, un día ocurrió el "click", el chaval bajó de la cama de un salto, se puso sus botas y su anorak y se echó a la noche helada en un periquete. No volví a encallarme y en un mes la novela estaba terminada (85 páginas). Es lamentable: tardé más en conseguir que el chico bajara de la cama que en hacer que le ocurriera todo lo demás (que es mucho, por cierto).

No sé si tendrá algo que ver el silencio que de pronto reinaba hoy en mi casa (San Vuelta al Cole bendito), pero el caso es que a eso de las diez ha sonado el «click». Desde principios de julio estaba intentando resolver dos escenas: la primera, que narra una matanza, estaba más o menos redactada. Pero cada vez que la leía me parecía horrorosa. Arreglándola se me iba toda la jornada. Al día siguiente volvía a leerla y volvía a rehacerla... durante todo el día. Y así ha sido durante julio, agosto y lo que llevamos de septiembre, tiempo en que la maldita escena me ha atrapado como si fuera una selva frondosa.
En momentos de tedio, he logrado escribir unas 20 paginitas más, todas infumables, en forma de diario adolescente de la protagonista femenina (habrá también uno masculino). Un horror. Hoy lo he tirado todo a la papelera nada más sentarme ante el ordenador. Como comienzo de la jornada no está mal. Luego he revisado la escena-selva. Ahí es cuando se ha producido el «click». En dos horas estaba acabada. El resto del día lo he dedicado a reecribir el primer capítulo de la primera parte.
Ahora me queda otro inmenso trabajo: ver qué hago, qué aprovecho, qué quemo, de 95 páginas que escribí de esta misma historia hace más de un año. Y que ahora, cómo no, me parecen una birria. Pero eso será mañana, y sé que podré hacerlo. Porque ya ha terminado, por esta vez, el temible SBI.

6 comentarios:

Ernesto Guajardo dijo...

¡Je! Yo suelo padecer el SBF (Síndrome de Bloqueo Final), en gran medida agudizado con el virus de la perfectibilidad del inédito... Se aceptan recetas.

Saludos!

Martín dijo...

Sí me ha pasado: escribes sobre una escena y la analizas tanto que así se pasan semanas cuando sólo hablamos de un párrafo o una hoja... ¿Cuál es la solución? Deja la escena allí y sigue escribiendo nomás. Ya veras que después regresas a esa escena y ¡click! Ya sabes cómo corregirla o terminarla... Y es que a veces le damos tantas vueltas a un texto que perdemos objetividad de él: esto es, ya no nos damos cuenta de las cosas más obvias

Anónima de las 9:59 dijo...

¡Qué bueno, Care! Y qué bonito llamarlo "síndrome". (Y yo que me tenía por imbécil cuando me pasaba algo parecido).

Ferlocke dijo...

Por eso me gusta tanto el NaNoWriMO (www.nanowrimo.org), porque cada vez que comienzo un proyecto nuevo procuro que sea en noviembre y sigo las reglas dictadas por el NaNo y me acompaño de gente que también escribe, de esa manera, como no piensas nada más que en aumentar las páginas y las palabras sin releer lo que escribes, el SBI sólo te ataca en momentos muy puntuales.

Después, cuando acaba Noviembre y eres consciente de que, al menos, un 30% de lo que escribiste ha de ir a la papelera y te pones en serio, en tu vida normal y rutinaria de nuevo con esos personajes que ya tienen vida, pues resulta un poco más fácil porque llevas trabajando con ellos más tiempo.

Por eso me invento mis propios NaNoWriMos y este verano me propuse llevar ese ritmo para la segunda novela y, ¡hey! funcionó.

Ahora sí que sufro SBI, pero es porque estoy "documentándome"; es decir, esperando a noviembre mientras pienso constantemente en el argumento de la novela, colocando, recolocando, matando a unos personajes, a otros, viendo qué pasaría sí...) y con los oidos muy muy muy atentos, no sea que suene "click" y yo no lo oiga.

Me alegro mucho de tu SBI superado. Es que eso es también bueno para nosotros, tus lectores ;)

Maria Escalas Bernat dijo...

Sempre m'he preguntat perquè es diu "escriptor", enlloc d'"esborrador".
Jo passo més temps esborrant que escrivint.

maría frisa dijo...

Me parece que lo has definido de una manera muy precisa. por supuesto, yo también lo sufro, pero he descubiero una forma infalible de superarlo: nadar. Es meterme en la piscina y empezar a nadar de espaldas despacio y pensando en lo que estoy escribiendo y en un par de minutos escucho claramente el "click" al que haces mención.
Un besito.