18 de enero de 2010

Respuestas crudas que he dado a una entrevista diferente (¿me habré pasado de sincera?)


¿Qué tipo de formación crees necesaria para desarrollar esta profesión?

Hay dos escuelas de escritores: la vida y los libros. O al revés. Una vez le preguntaron a Montserrat Roig en cuál de las dos había aprendido más y dijo que estaban empatadas. Hay que leer sin descanso, cuanto más, mejor. A los clásicos, a los contemporáneos, a los buenos, a los malos. No hay que olvidar que hay escritores que enseñan a escribir, y devorarlos. Pero también hay que caminar por la calle con los ojos muy abiertos. Y dejar que el tiempo pase. Escribir es, como dijo Pynchon, un largo aprendizaje.


¿Y qué cualidades personales?
No viene mal un punto de obsesión, pienso, y de desequilibrio. Me explico. Cuantos más años pasan, más me convenzo de que no es de personas muy sensatas pasar la vida entera en otro mundo (eso es lo que hacemos los escritores), pensando en algo que no existe ni existirá. Si lo hacemos es porque tenemos necesidad de huir del mundo real, y eso significa que en el mundo real ocurren cosas que no nos gustan en absoluto. La obsesión puede ser buenísima aplicada al trabajo, y de los grandes problemas salen grandes historias, de modo que en eso llevamos cierta ventaja: la literatura se construye con material de derribo. Por otra parte, hay que recordar a cualquiera que quiera ser escritor que la tenacidad es imprescindible. Es una carrera que proporciona enormes sinsabores. Hay que ser terco para que no te afecten. Continuar a pesar de todo. Me gusta pensar en algo así como “El síndrome de Van Gogh”: ser impermeable al desaliento. Van Gogh jamás vendió un cuadro, pero nunca dejó de pintar. Le mantuvo su hermano, pero siempre supo que hacía lo que debía. Eso es.

Una escritora puede ganar al mes de … a … euros.
Una escritrora puede ganar al mes 0 euros. Y eso durante muchos meses, varios años seguidos, mientras empieza y no la conoce nadie. Pero de pronto puede ganar un premio dotado con 50.000 euros, o más, y de pronto parece que ese dinero le da sentido a todo, cuando en realidad no es así: el sentido estaba antes del dinero. Una de las desventajas claras de esto: no saber nunca con qué cuentas a fin de mes. Una de las ventajas: tampoco tienes horarios ni jefes. Si no tienes un buen día, te lo tomas libre y nadie se queja. Si pretendes, como es mi cvaso, combinarlo con la maternidad, puedes disponer del tiempo cuando a tu manera, y pasar con tus hijos los ratos que tú elijas. Claro que también te encontrarás a menudo trabajando hasta muy tarde para recuperar ese tiempo precioso que has pasado con tus hijos. En estos momentos, por ejemplo, mientras contesto estas preguntas, son las 23:48 de un día en que he pasado 12 horas delante de la pantalla y en que después de cenar les he propuesto a mis hijos ver juntos una película. Ellos duermen, yo trabajo.
* La imagen es de jpstanley, en Flickr.

6 comentarios:

Begoña dijo...

Si, creo que eres sincera pero siempre. Y que es una entrevista preciosa porque todo lo que cuentas en ella es real. Es un camino que se hace diariamente por no volverse atrás, por una especie de amor más allá del amor. Al menos al leer las respuestas eso me parece.
Lo del tiempo dedicado a tus niños, genial, porque nunca es tiempo perdido, ni menos tiempo del que necesitan.
Aún cuando no estés estarás, lo bueno de alguien que escribe es que los escritos no tienen fecha de caducidad.
Gracias por asomarte aquí y contarnos cosas.

sara dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
sara dijo...

Me han gustado mucho tus respuestas, Care. Un abrazo.

sara

Sergi Bellver dijo...

Soy un obseso, gano cero euros, me abro de orejas, ¡lo tengo todo!

Abrazos, Care.

JaviPotter dijo...

Querida Care Santos:

soy un joven lector que ha descubierto tu hermosa forma de escribir a raíz del libro Bel: amor más allá de la muerte. Lo estoy devorando con ansia, disfrutando con cada palabra.
Me gusta mucho escribir, y gracias a escritores-as como tú, cada día aprendo algo más.

Un saludo,

Javier

Ikima dijo...

Hola Care:

Casi me emocionas hasta la lágrima con tus respuestas. Yo estoy aún en la fase de un no tras otro, de un portazo, y otro más... Pero no pierdo la paciencia ni el tesón escribiendo, simplemente porque no puedo. No puedo dejarlo, y el desaliento no sólo no se transforma en silencio y páginas en blanco, sino en más palabras. Cuando me siento mal, lo expreso escribiendo y creando mundos que me resultan más satisfactorios que el real. Gracias por tus palabras, porque a veces me siento una desequilibrada y ahora creo que voy por el camino correcto.

En una ocasión, cuando estudiaba, tuve que hacer una exposición oral acerca de un compuesto químico. Yo elegí el litargirio, un óxido de plomo de color muy blanco que Van Gogh utilizaba en sus pinturas. Por aquel entonces no se conocían los efectos tóxicos del plomo. Uno de ellos es que afecta al sistema nervioso, y por lo visto ésa fue la razón de que el pintor enloqueciera. Tal vez Van Gogh fuera impermeable al desaliento porque estaba loco, y por eso es lo que necesita un escritor. Un poco de locura.

Gracias por esta entrevista sincera y emocionante.