3 de enero de 2010

Una perlita publicitaria de 1935 que encuentro en plena documentación para mi próxima novela

2 comentarios:

Begoña dijo...

Quien puso ese anuncio nada podía imaginar que en el futuro habría un libro titulado El síndrome Bovary. Es la respuesta a todo eso y a más todavía.
Por fortuna el mundo atrae hacia sí el modo inequívoco de hacernos felices. Sólo debemos buscar mucho, todo el tiempo, porque ya lo dijo el libro del secreto, el secreto es pedir al universo y él proveerá. Lo más importante es no desistir, llegar, llegará.
Un saludo.

Begoña dijo...

Desde que me alcanza la memoria he buscado grandes escritores, creo que cada época de tu vida te pide un libro, y que todos son necesarios. Incluso aquellos que abres, lees y abandonas, porque seguramente alguien lo necesita y lo leerá hasta el final precisamente por ello, porque lo necesita.
Las obsesiones de las personas tienden a creer, y mi aficción de leer se disparó tanto que incluso un día me embaracé de una historia y me pasé años embarada sintiéndome de lo más rara del mundo mundo mundial creyendo que estaba loca.
Mi locura duró exactamente 326 páginas y cuando puse la palabra fin me dije a mí misma, ya me puedo morir tranquila. De eso hace diez años, y estos días releyendola, por eso de que no morí, me encontré con que no quiero leerla. Empecé a reescribirla y voy como por la página 60, pero la aparqué, porque reescribo diez cosas a la vez, y quiero hacerlo tan bien que no me llego a mi misma.
A eso me refería en mi exposición anterior que al leerla me sonó rara a mí misma, seguramente por lo acostumbrada como estoy a que el word me deje explicarme en cien páginas sin atragantarse.
Es super majo, si quiero que olvide lo olvida todo al instante, incluso él mismo tira la basura, o lo guarda todo si se lo pido. Es un amigo que jamás contará tus secretos, algo muy de agradecer en estos días de telebasura sin límites.
Eso quería decir, que como lectora me cuesta mucho encontrar puntos afines, y leyendo la obra de Care Santos, que ahora justamente empiezo a descubrirla _ nunca es tarde si la dicha es buena_ me encuentro con esto, que como lectora me lo paso tan bien, que como escritora encuentro nuevos caminos. Y eso siempre es bueno. Retomar los caminos que quieres hacer, es siempre como recorrer aquellos caminos a los que eres invitado por medio de un libro.
Por eso de que los caminos hacia la felicidad, siempre están en nosotros.
Un beso