11 de diciembre de 2010

Carta abierta a un librero de verdad

El mundo comenzará a morir el día en que cierre la última librería de verdad del planeta. Uno de esos rincones atestados de buenos libros -no de todos los libros, sino sólo de aquellos que se dirigen a los enfermos de literatura-, donde puedes demorarte durante horas contemplando los anaqueles o conversando con el librero. Porque una buena librería siempre está capitaneada por un librero de corazón, uno de esos que arruga la nariz cuando vende lo que no le gusta y que se siente feliz de que su clientela le pida y lea buenos libros. Uno de esos que organiza clubes de lectura, publica críticas de sus libros favoritos en su blog y siempre se toma infinitas e innecesarias molestias, porque profesa la religión de los libros con dedicación completa, sin descansar jamás. Nunca me cansaré de ponderar el papel de esos mediadores tan necesarios. Lo dice mi admirado Emili Teixidor: la lectura es un aprendizaje, una educación que, como toda formación, requiere un maestro, alguien que sepa guiarnos y aconsejarnos, que nos conozca -por dentro, claro, porque se lee desde dentro y lo leído anida en lo más hondo de nosotros mismos- y que nos aprecie. El librero que sabe es un mediador inmejorable.Esta semana uno de esos libreros de verdad ha dedicado su tiempo y sus palabras a mi último libro, ¿Qué estás pensando? Un año en Facebook y otros mundos virtuales. Ha escrito una reseña divertida, generosa, que roza el atrevimiento. En ella, su autor me recrimina no haberle aceptado como amigo en Facebook (glups) y me llama rica y Karen, parafraseando un capitulito del libro en cuestión, y una vieja publicación de esta bitácora. Podría haberle mandado un mensaje de agradecimiento, pero he preferido escribirle una carta abierta aquí. Es coherente, ya que nuestra relación ha estado siempre marcado por lo virtual.
Sin embargo, lo que Javier no sabe es que he estado varias veces en su librería y que siempre me he ido cargada de libros. Que, en cierto modo, estamos en paz: yo he sido feliz entre los anaqueles superpoblados de su casa y ahora él dice haberlo sido entre mis renglones. En fin, a veces las cosas suceden con un hondo sentido de la justicia que me hace feliz. Vamos, Javier, que gracias. Desde este momento, la Librería Cervantes de Alcalá de Henares será algo más que una parada obligada.





* La foto es de otra librería inolvidable, pero un poco más lejana: la Arkadian Bookstore de Nueva Orleans, donde compré la más hermosa edición de The Canterbury Tales que pueda imaginarse, y por 10 dólares.

6 comentarios:

Meltalle Detalle dijo...

¡Primero! Ja, ja, es broma. Bueno, en realidad no... XD

Sí es que Care, tienes toda la razón del mundo. No hay mediador ni instrumento más importante que, el con atino y dedicación sabe -e intenta- conducirte y proveerte de todos los víveres que necesites para sobrevivir en tu pequeña; pero siempre, particular gran isla... de "los sueños encantados". ^ ^

Un salu2, Care.


P.D.: Se te echaba de menos.

Javier dijo...

Gracias por tus palabras. Es un placer encontrar asimismo escritores que escriben lo que les gusta sin dejarse dirigir por las editoriales. Y estoy seguro que eres una de ellos. Y me da pena haberte tenido en la librería y no haber sabido de ti antes de ello. Es como si fuera un funcionario de la Casa del Libro de Sevilla, querida Karen...
Bueno, me alegro haberte encontrado gracias a ese genial editor y amigo que es David Vicente y que podamos algún día encontrarnos.
Un abrazo y hasta pronto.
Javier

Rebeca dijo...

Bonita foto, y entrada...

Tanto libro esperando a que alguien se percate de su existencia, esperando a que alguien lo lea, o simplemente lo toque...

Tantas historias por conocer, tantos personajes y sentimientos esperando a ser descubiertos...

Nostalgia...

Un saludo desde Cantabria.

Rebeca dijo...

Como no me deja firmar con nombre...te lo digo aqui...

Bonita entrada la de tu blog quien soy yo...

Todos tenemos dentro dos personas, la que somos, y la que nos gustaría ser, a veces se solapan, otras veces aunque queramos hacer nuestros sueños realidad, no es posible, y siempre sabremos que las dos personalidades jamás llegarán ni a tocarse...

Habrá que seguir luchando...

Rebeca.

Begoña dijo...

Tengo una convicción, un poder extraño hace que uno se encuentre con aquel libro que necesita y que le cambiará la vida. No sucede muchas veces, pero cuando sucede se hace inolvidable.
Creo que me está pasando con La muerte de Venus, quizá por eso lo estoy disfrutando tanto ;)
Saludos

Huilo Guzhman dijo...

Hola Care. Te saluda un libero de aquellos que tu mencionas en la carta. Te escribo desde Ecuador y trabajo en la librería más antigua de mi país. Ojála, todos los lectores pensaran como tu respecto a los libreros. Más que vendedor, me siento un librero y me molesta en parte cuando la gente no aprecia los buenos libros. Te comento que me he encontrado con uno de tus libros laluna.com Editorial Edebe. Un Abrazo.