26 de diciembre de 2010

Feliz post-Navidad, cotidiano Año Nuevo

De entre las razones por las que soy un bicho raro, una de las más incomprendidas es mi ausencia de espíritu navideño. A la mayoría de la gente le suena terrible cuando digo que mis navidades ideales consistirían en que todos se olvidaran de mí y me dejaran largarme a algún sitio perdido y gélido donde escribir y leer de la mañana a la noche. ¿Sola?, me preguntan. Bueno, no necesariamente, respondo yo, podría ser en compañía de alguien que también quiera hacer algo -sin mi ayuda- de la mañana a la noche, y a quien encuentre entre las sábanas cuando ambos nos acostemos, cansados de nuestros individualismos. No existen muchas personas así, lo sé, y por suerte estoy casada con una de ellas, de modo que le elegiría a él -y sólo a él- para pasar mis navidades ideales. ¿Y los niños?, me preguntan las gentes de buena voluntad. Suspiro. Ay, los niños. Gran paréntesis. Bueno, los niños son los responsables de todas y cada una de las cosas que ahora hago en Navidad. Desde que el diez de noviembre (datos de este año) empezaron machaconamente a reclamar el árbol, el belén, el calendario de adviento y las vacaciones (por este orden) yo me sumergí en eso que detesto y que comúnmente se denomina "espíritu navideño". Comencé a almacenar turrones, compré adornos para el árbol de plástico -muy aparente- que guardo en el trastero, inauguré calendarios de adviento y calmé ánimos desatados. Y lo mejor es que lo hice del mejor humor, porque la felicidad de mis hijos me compensa con creces las molestias que todo ello supone y porque su espíritu navideño es tan efervescente que sería de idiotas no dejarse contagiar un poco. Pero en realidad, mientras hago todas esas monadas que odio, me relamo de pensar en cómo serán las navidades futuras, cuando ellos tengan novios y novias y encuentren ridículas algunas cosas o -más allá- cuando ellos tengan familia, belén y árbol propios, y yo sea una invitada a su mesa. Qué dulce placer. Les haré algo de comer que les guste y me presentaré como la suegra ideal (la que guisa, regala y no molesta) y a las cinco en punto me despediré alegando mucho quehacer y me iré a mi casa, a leer y escribir hasta que me dé la gana. O, mejor aún: en fin de año les diré que me quedo en casa. Sin excusas, con la verdad por delante: quiero estar tranquila, cenar como todas las noches y acostarme con un buen libro (y con su padre, aunque la manera de atender a ambos aún está entre mis asignaturas pendientes). No más compras compulsivas, no más luces parpadeantes invadiendo mi salón-biblioteca, no más villancicos a la hora de los postres. ¿Navidad? Sí, ajena y corta, por favor. Yo adoro la normalidad. Esa normalidad que me permite sumergirme sin cesar en lo extraordinario (que siempre está en negro sobre blanco), que me habla de la grandeza de lo sencillo y de la belleza de lo pequeño. Mi mundo. 
Feliz post-navidad, pues, y muy cotidiano Año Nuevo.

6 comentarios:

Rebeca dijo...

Mi espiritu navideño resurge a ratitos...
Con 25 años, y a veces me cuesta sonreir durante estas fechas...sin embargo cuando era pequeña, la ilusión me desbordaba...jejeje
Ahora simplemente utilizo estos días para aprovechar el tiempo con el único nonagenario que me queda y coleccionar instantes para recordar en un futuro, y robarle al paso de los segundos, imágenes, palabras, momentos, cánticos, carcajadas, alegría...

Que disfrutes de estos días,robando instantes al reloj, para luego recordar, leer en tu alma, y recuperar montones de instantes escondidos en tu propio libro...tu vida...

Un abrazo desde Cantabria.

superwoman dijo...

La verdad es que yo para esto de la navidad soy como una niña, mejor dicho peor que mi hija ¡mucho peor! Pero aunque en lo de la Navidad no estoy de acuerdo sí que anhelo ese momento en el que mis hija solo venga a casa de visita o sea tan mayor que no esté todo el día de un lado para otro de la casa sin parar. Vamos soy una madre que anhela que sus hija se haga mayor para que la deje en paz ¿seré un bicho raro?

Artemisas' Project dijo...

Es otra opción!!

Petonets

TORPEDO dijo...

Feliz 2011, Care. Besos.

ana dijo...

Me solidarizo contigo, soy otro bicho raro. Acabo de descubirte.

feliz año.

Concha Huerta dijo...

Llego desde FB a tu blog que me ha sorprendido como un regalo. Comparto contigo esta rutina de pesadez navideña que los hijos animan. Que el Año nuevo te traiga paz, salud y alegrías. Un cordial saludo.
http://wp.me/pwJx2-1h3