15 de julio de 2011

Crónica casifotográfica de una felicidad madrileña

Nací para ser rata de biblioteca. A pesar de que lo sé, no siempre puedo ponerlo en práctica. Estos días, en Madrid y en la Real Academia de la Historia, lo he hecho. A veces pienso que sólo escribo novelas para poder hurgar en pliegos llenos de legajos.


Las plumas del XIX escribían bonito y sus autores, gastaban una prosa seductora.


¿Hay algún lugar donde todavía estemos en el XIX? Una librería anticuaria, desde luego. La foto corresponde a la Librería del Prado, donde recibí lecciones por partida doble. Esta librería, por cierto, sólo tiene un defecto: estar a 600 kilómetros de mi casa. 

Antes de que la novela comience a cobrar, ya estoy en deuda con algunas personas. Le debo estos primeros pasos a Luis Alberto de Cuenca y Jesús Marchamalo, pero sé que antes de que termine el año habrá muchos más nombres en la lista (soy una mujer afortunada). Ay, navegantes, si pudiera compartir ya con vosotros la historia que se me está ocurriendo...

3 comentarios:

Mayte Esteban dijo...

Estoy leyendo Habitaciones cerradas y la comentaré en mi blog (te avisaré por si lo quieres leer). Debo decirte que hasta que mi hija no se entusiasmó con Se vende mamá no había oído hablar de ti, pero has sido un grato descubrimiento.

Rebeca dijo...

Ya se te echaba de menos!!
No te preocupes el no poderlo compartir...seguiremos estando aquí cuando si puedas hacerlo!!

Sigue tu camino, que tus lectores estaremos ansiosos por descubrir tu nueva obra y sus aventuras!!Mientras tanto te toca disfrutar de ese camino a tope, para contárnoslo cuando puedas!!

Un beso,

Rebeca.

Begoña dijo...

Sin duda la intemporalidad se encuentra dentro de una biblioteca. Y la brújula del mundo se detiene cuando desde el interior de una intentas escoger aquello que quieres leer y no puedes decidirte porque quisieras leerlo todo a la vez.
Piensas que tú escoges el libro, pero es el libro quien te escogerá a ti, y algunos volverán apenas ojeados al lugar en el que estaban. Los que se queden contigo hasta el final, esos volverán a la biblioteca de nuevo y también se quedarán, aunque ni puedas advertirlo.
Saludos