12 de julio de 2006

Escritores en la cocina

Anagrama acaba de publicar El perfeccionista en la cocina (The Pedant in the Kitchen) de Julian Barnes, un libro ligero y divertido donde el conocido novelista explica sus experiencias entre fogones. No faltan algunas confesiones sorprendentes. Por ejemplo, Barnes dice haber tratado de evitar el consabido llanto de pelar cebollas poniéndose mientras lo hacía ¡unas gafas de soldador! Por si a alguien se le ocurre lo mismo, ya se encanrga el inglés de dejar claro que no sirve de nada: las gafas se empañan y propician los accidentes.
También habla de aquellas recetas con pasos que no nos vemos capaces de seguir (deshuesar un pollo, por ejemplo) o con ingredientes que no sabemos dónde diantre encontrar o de aquellas que nunca dan el resultado deseado o de la relatividad de algunas máximas de los recetarios: por ejemplo, se pregunta el autor de qué tamaño exacto es "una cebolla pequeña" o cuándo se considera que el fuego está "vivo". Todas ellas son cuestiones que los cocineros principiantes se han formulado alguna vez. Él, por cierto, se confiesa esclavo de los utensilios y las mediciones, y dice que jamás será un cocinero instintivo, capaz de hacer cualquier cosa con el primer ingrediente que encuentre en el mercado.
Uno de los mejores capítulos es aquel en que Barnes da varios consejos de cara a la adquisición de libros de cocina. Os los resumo a continuación. Son tan verdaderos que no creo que haya nadie que no haya cometido estos pecados alguna vez. Empezando por mí misma.

1) Nunca compres un libro por sus ilustraciones. (...) Una vez conocí un fotógrafo publicitario, especializado en comida y, créeme, el trabajo de posproducción que hace poco nos mostró a una Kate Winslet con cuerpo de sílfide no es nada comparado con loo que hacen con la presentación de un plato.

2) Nunca compres libros con un diseño artificioso: por ejemplo, uno que tenga las páginas divididas en tres franjas horizontales.

3) Evita los libros con un contenido demasiado amplio -algo que se llame remotamente Grandes platos del mundo- o demasiado restringido: Mariscos del mar de los Sargazos o Maravillas de los gofres.

4) Nunca compres el recetario del chef expuesto a la salida del restaurante.

5) Nunca compres un libro sobrte zumos si no tienes exprimidor.

6) Resístete a la tentación de comprar como recuerdo de unas vacaciones en el extranjero atractivas antologías de las recetas regionales.

7) Evita los libros de recetas famosas del pasado.

8) Recuerda que los autores de cocina no son diferentes de los otros escritores: muchos llevan sólo un libro dentro (y algunos nunca deberían haberlo sacado).

Para acabar, os formulo, amigos navegantes, una pregunta que lanza Barnes en estas páginas: ¿Cuántos libros de cocina tenéis? Hay tres posibles respuestas:

a) No los suficientes.
b) Sólo los necesarios.
c) Demasiados.
Yo me quedo con la c. Y hay muchos que, según la lista anterior, sobran.

7 comentarios:

mazarbul dijo...

Creo que también la c. Demasiados. Nunca me parecen pocos.

Anónima de las 9:59 dijo...

Ja, ja, ja...

Yo tengo Demasiados, toneladas de Demasiados... Más que nada porque no cocino NUNCA (a lo mejor, uno o dos días al año) o sea que me sobran unos 20 libros.

Gran género este el de la cocina. Casi roza la Fantasía.

XD

César dijo...

C

Indi dijo...

Tambien soy del grupo C. Pero desde que tengo Canal Cocina he descubierto que es mucho más divertido memorizar las recetas al vuelo. A veces me pregunto cuantos datos inútiles podemos acumular en la memoria. Espero que en una próxima versión, revisada y mejorada, el ser humano venga con opciones extra como la de "defragmentar el disco duro". Seguro que mis quince formas de preparar una tortilla francesa se van de cabeza a la papelera de reciclaje ;))

sfer dijo...

A), a causa de las geniales bibliotecas y de la imprescindible "Cocina fácil"...

miwok dijo...

D)Ni uno solo, sólo recetas de mi abuela.

Yo creo una nueva opción.

Mi abuela es la mejor cocinera del mundo.

Miguel Sanfeliu dijo...

Julian Barnes es genial.

Mi respuesta sería la A)
Tuve una enciclopedia de cocina y la terminé regalando.
El caso es que siempre me quedo mirándolos. Me atraen. Pero termino siendo realista y volviendo a dejarlos en la estantería.