28 de octubre de 2008

Estrés cultural

Qué triste vida la del espíritu inquieto.
Se amontonan los libros sobre la mesa. Estoy leyendo a mi adorado Quignard, o a Blanchot, o a Gavalda (Anna) —¿qué me ocurre últimamente con los franceses?— mientras Katayana espera sobre la mesa. No puedo dejar de mirar de reojo la colorida cubierta del libro. Por fin he terminado el diario de Vila-Matas (Dietario voluble, Anagrama) y la autobiografía de Ballard (Milagros de vida, Mondadori) pero tengo por lo menos cuatro libros de más de 400 páginas que me apetece mucho leer, y que decido postergar para cuando tenga más tiempo. Empiezo una lista de lectura, para que no se me olviden, como dice Bennet que hace la reina de Inglaterra en Una lectora nada común (Anagrama). Mis amigos no dejan de publicar. Me encanta leer a mis amigos. No hay tiempo para leerlo todo. Seleccionar es terrible.
Por no hablar de la exposición de Rodchenko en La Pedrera, de la de Ballard en el CCCB, de los jardines japoneses que quiero ver en la Casa Asia, de otra edición de Kosmópolis que inevitablemente se ha escapado. Y de la última peli de los Coen (Quemar después de leer), a quien siempre he sido fiel, y de la última de Woody Allen (de horrible título, por cierto, tanto que me niego a reproducirlo) que aún no he podido ver, y del documental Cómo cocinar tu vida, en los Verdi, y de la primera peli de Philippe Claudel, (Hace mucho tiempo que te quiero) y de las novedades del videoclub que más me tientan, como Antes que el diablo sepa que has muerto... y que alquilamos los sábados por la noche.
¿Y el teatro? De pronto, en la cartelera hay un Stoppard (¡le amo!) un Bennet (nunca he visto ninguno y estoy intrigada), la adptación musical de Aloma, de Rodoreda por Dagoll-Dagom en el Teatre Nacional y algo que me recomendaron en el Lliure con mucho énfasis. Y yo en casa, con el pie en alto porque me esguincé el meñique del pie izquierdo, leyendo críticas estupendas.
En fin. Triste vida la del espíritu inquieto. Si en plena vorágine se me aparece un genio y me ofrece un deseo, pediré una vida paralela, sólo para ser consumidora de bienes culturales. ¿Alguien se apunta?

La imagen de hoy, Bookstore, de MrBCN, en Flickr

8 comentarios:

Anónima de las 9:59 dijo...

En una primer alectura, he entendido que leyendo unas críticas, te habías hecho un esguince. Sólo después de pensar un poquito en lo absurdo de la cosa, mi cerebro ha comprendido que debía haber cometido un error. ;-)

Yo. Yo me apunto al consumo de bienes culturales. En mi lista hay cosas mucho menos intelectuales, pero ¡me apunto igualmente!

(Blogger desde hace unos días no me deja firmar anónimamente. :PPPP )

Luis Vea García dijo...

Entre tanto acto deberías respirar de vez en cuando.
Por cierto no debería ser una contradicción poner la palabra consumo al lado de la palabra cultura? O es algún día vamos también a mercantilizar hasta los besos?
Saludos

Anónimo dijo...

Yo también me apunto a la vida paralela para el deleite cultural, y a tú lista añadiría el visionado de series, pero de calidad, fuera producciones nacionales y arriba HBO. Vaya vicio que tenemos, ahora hemos descubierto ROMA, adoro esa serie, y a esos romanos!!!
Weeds, con esa madre traficante, nos tiene con el corazón en un puño, contando los días que faltan para la tercera temporada en dvd.
Por no hablar de Perdidos o de mis mafiosos favoritos "Los Soprano".

Pilar Gómez

Care dijo...

Yo me enfadé con los guionistas de Perdidos... ellos sí están Lost, y de verdad-de-la-buena. Y Roma es un vicio terrible. Nosotros vimos las dos temporadas ¡¡completas!! en un solo fin de semana. Si es que somos unos exageraos.

Care dijo...

Perdón, Luis, ¿no se puede consumir cultura? A mí me gusta la palabra, por lo que comporta: mucho, sin parar, sin pensar, sin mirar... Lo puro no me preocupa demasiado a estas alturas.
Besos!

Luis Vea García dijo...

Care, prefiero disfrutar de la cultura más que consumirla. Da la impresión de que lo que se consume se agota y la cultura no tiene límites y no se agota. También a las personas se nos llama recursos humanos o daños colaterales. Esa forma de usar el lenguaje nos retuerce. Me recuerda al libro de Eco, Apocalípticos e integrados. Tienes todo el derecho de situarte entre los integrados. Espero que mi pequeña reflexión no te haya molestado.
Un beso.

Gottery dijo...

Estimada Care:
Escribo esto confiando ciegamente en que le guste leer los comentarios de su blog (y cruzo los dedos porque asi sea). Solo queria decirle que, despues de leer Laluna.com, he descubierto a una nueva escritoria increiblemente buena, que me ha encantado y que sabe escribir pensando en nosotros, los lectores (aunque algunos nos vayamos a veces por las ramas de los escritores. Me incluyo :]) Pues nada mas...

Gottery (o Jesús, como prefieras)

http://hastalaultimapagina.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Pues yo tengo un primo que lo que quiere cuando suena el despertador por la mañana es tener otro "yo". Ese yo se irá al trabajo, aguantará las penurias del esfuerzo cotidiano con el que castigó dios a Adán cuando lo condenó a ganarse el pan con el sudor de su frente, y mientras tanto él, mi primo, se quedaría tan ricamente calentito entre las sábanas. Ah! y por si hiero alguna susceptibilidad, (ya sé que no la tuya Care porque te sobra sentido del humor), pido perdón por introducir un comentario intrascendente entre tanto intelectualismo.
Posdata: mi primo se llama Juan Andrés, aunque el dato sea irrelevante me parece una injusticia que no quede constancia.