21 de enero de 2013

El fruto prohibido


Me encanta este grabado, El fruto prohibido, de Auguste Toulmouche (1865). Me gusta esa complicidad entre mujeres a la búsqueda de libros como tesoros. Me gusta la cara de emoción de la de la izquierda, la sonrisa de la que está junto a ella, la vigilancia junto a la puerta y la figura elegante de la principal instigadora, a quien no vemos la cara, pero a quien adivinamos la cabecilla, tal vez la prima mayor, la hermana que conoce los secretos de la biblioteca. Casi podemos oír las risitas de las dos que leen, la pregunta de la otra: "¿Viene alguien?". La respuesta, en un murmullo: "No se oye nada". "Entonces, uno más y nos vamos, antes de que nos pille papá". Es puro espíritu decimonónico. Cualquiera de ellas podría ser una jovencita Emma Bovary.
El dibujo me gusta también porque me recuerda el papel que las mujeres jugaron en el siglo XIX en la invención de la novela moderna. La novela popular, diametralmente opuesta a los textos litúrgicos, educativos, morales, obligatorios que todos habían reservado para ellos. Textos que les enseñaban cómo ser buenas madres y esposas, como renunciar a todo por conseguir un marido. Por contra, prefirieron la literatura para soñar, no para ser perfectas. Novelas para ir contracorriente, para no ser lo que se esperaba de ellas, para conquistar su primera libertad.
En esa conquista tuvo su papel importante el folletín. Es decir, la novela por entregas. Si las señoritas del dibujo fueran inglesas, sin duda leerían a Dickens. Si fueran españolas, y un poco más tarde, leerían a Clarín. Si esa escena tuviera lugar en el primer tercio del siglo XIX y, pongamos por caso, en Barcelona, seguro que estarían ojeando alguna de las novelas populares que salieron de la imprenta del valenciano Mariano Cabrerizo. Fue el primero en publicar autores de moda que dejaron honda impronta entre nosotros, como Walter Scott. Uno de los primeros en comprender a sus lectores y hacerles felices, aun a costa de ser tildado de populista.
Una de esas chicas del grabado podría ser también Carlota Guillot, la protagonista de El Aire que respiras. Faltan 29 días para que exista.

2 comentarios:

Carlota Jiménez dijo...

Deseando leerla ya ;)

Rebeka dijo...

Que nerviosssss...

Gracias a esa literatura esas mujeres pudieron soñar y viajar a otros mundos que estaban lejos de su realidad. Nosotras lo tenemos ahora tan fácil.
Un brindis por ellas, y por todas las palabras que llegaron a sus manos.

Deseando ese Aire que Respiras.

Un gran abrazo Care!