14 de febrero de 2008

El amor en los tiempos de Bardem

He decidido celebrar este día de los enamorados en que dormiré sola en un hotel de Sevilla yendo a ver El amor en los tiempos del cólera. He descubierto lo que ya sospechaba: que si a la historia de la novela le quitas la prosa exagerada y maravillosa de García Márquez, la cosa se convierte en una acaramelada historia de amor que da ganas de vomitar. Si no fuera (ah!) por las escenas en las que Javier-qué rico-Bardem aparece meneando las caderas en plena euforia amatoria o como su mamá le trajo al mundo, luciendo tremendo palmito. Bueno, su interpretación es lo mejor de la película, aunque me quedo mil veces con el Florentino Ariza viejo, sonriente, apocado y creíble en su maquillaje de anciano antes que con el llorón Ariza joven, que no le sienta nada bien a Bardem (y eso que está más sexy). Me pregunto si la elección de Giovanna Mezzogiorno en el papel de Fermina Daza no habrá sido un modo de alentar a las masas femeninas haciéndonos creer que semejante quesito de hombre se liaría con una normalita como ella. ¿No se supone que su personaje es un bellezón tropical por el que todo el mundo suspira? Los diálogos son pobres, algunos personajes resultan odiosos de puro estereotipados (como el del padre de ella) y tengo la impresión de que la peli carga las tintas en todo excepto donde debe cargarlas, que es en el encuentro carnal -por fin- de ellos dos después de que se esperen más de 50 años.
Pero no sé que hago ejerciendo la crítica cinematográfica precisamente esta noche en que aún no me he repuesto del sobresalto de las caderas y el cuerpazo que acabo de referir... Ay, si aún se me escapa algún que otro suspiro al recordarlo.

Seamos prácticos. ¿Tiene todo lo dicho algún sentido práctico? Sin duda. Nada más salir del cine he llamado a mi hombre y le he confesado entre suspiros las ganas que tengo de volver a casa, lo cual le ha provocado una gran alegría, visto mi entusiasmo.
Si es que estas cosas, ya lo digo yo, siempre revierten en beneficio de la pareja. Propongo que declaremos el palmito encuerado de Javier Bardem bien de utilidad pública. ¿O mejor patrimonio histórico-artístico? ¿Bien de la humanidad? ¿Pedimos a la Unesco que lo proteja?
La imagen de hoy: mi único entretenimiento para esta noche, qué lástima, qué desaprovechadita estoy.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

ay, omá, qué rica! ñam

Fernando Alcalá dijo...

(Y además han traducido al inglés las cartas, las cartas!)

Y no sé, no sé, no sé, a mí lo de Bardem no me convence, aunque tenga luego efectos positivos...

Antonia Romero dijo...

¿Y si te digo que es la única, la única obra de García Márquez que aún no he leído? No sé qué pasa que siempre se queda para la próxima. Quizá sea el título. Por supuesto, antes de ver la película...

Saludos

Dan de Laurentis dijo...

Coincido contigo en la crítica, desaprovecharon el libro y lo dejaron en una simple historia de amor que sube la glucosa hasta límites insospechados.

Aparte de éso, resulta soporífera, algunos diálogos son absurdos y Giovanna Mezzogiorno no es que sea una gran actriz. Lo único bonito que tiene es algunos momentos de la banda sonora, la fotografía y los hermosos paisajes que muestra.

No sé si ya has visto Juno, de Jason Reitman, pero creo que te podría interesar. Ésa y la primera obra del mismo director, Gracias por fumar.

Nada más, un saludo de alguien que te lee siempre y se atrevió a comentar de una vez.

Anónimo dijo...

6969
muhahaha