18 de noviembre de 2010

Quince meses de obsesión

Hace quince meses, exactamente en agosto de 2009, decidí escribir una novela sobre la memoria de una familia burguesa. Comencé a leer. Biografías y memorias, al principio. Epistolarios, artículos, alguna que otra novela (pocas: leo pocas novelas cuando escribo una novela). Me sumergí, literalmente, en algunas hemerotecas reales y otras virtuales. Los seguidores habituales de este blog habéis ido encontrando pistas de esa búsqueda en este sitio, donde he ido colgando a lo largo de todo este tiempo de pesquisas publicidad aparecida en la prensa de principios del siglo XX o de finales del XIX, alguna que otra crónica digna de guasa y curiosidades por el estilo. 
Luego, como siempre ocurre, la novela se encalló. Cambié el narrador. Fue la primera de las dos veces que lo hice (un horror). La di por perdida definitivamente el día de mi cumplaeños de este año, exactamente el día en que cumplía 40. Anuncié a mis cuatro lectores de confianza: "He tirado la novela". Los cuatro se enfadaron, cada uno a su modo, pero los tres quisieron leerla. Deni dijo: "Estos personajes parecen amebas. Haz que les ocurran más cosas y salvarás la novela". Francesc dijo: "Lo más interesante son los recursos A y B. Explótalos más y salvarás la novela". Sandra dijo: "Me dan ganas de saber más. Termínala". Ángeles dijo: "Los personajes son seres humanos. Quiero conocerles."
Así que la resucité, la reescribí de cabo a rabo. Hubo un momento en que tenía cuatro versiones (numeradas del 1 al 4), y no sabía cuál era la buena. Maté personajes, nacieron otros, le cambié la vida entera a la protagonista (le puse un amante, le quite el amente, la hice soltera, casada, malcasada, con hijos...), eliminé más de 120 páginas... Luego llegó el verano, me fui al lago de Como y allí, mirando las montañas, todo cobró sentido. A mi lado estaba Ángeles, y eso nunca es un detalle que deba ocultarse. Ángeles inspira. Tanto como el lago de Como o más.
Desde el 25 de agosto he escrito compulsivamente. Llegué al número de páginas que había previsto (300) pero la historia necesitaba más para cerrarse. Seguí adelante. En los últimos meses, he despertado casi casa noche urgida por apuntar escenas, y diálogos, y nombres y pequeños y grandes detalles. Algunas noches más de tres veces. Pura obsesión. Hace más de un mes que estoy "terminando la novela".
Y hoy, de pronto, a las 13:54, la novela se ha terminado. He escrito la última frase, que tiene 12 líneas, y el punto final. Luego: "Esta novela se escribió en Mataró, Madrid, Turégano y Como entre abril de 2009 y noviembre de 2010". Un segundo después, me daba lástima haber terminado la novela. ¿Cómo voy a vivir sin ellos? ¿Sin Amadeo, sin Rodolfo, sin Violeta, sin Teresa, sin Concha...?
Me queda la corrección y la larga y hermosa etapa de edición, mano a mano con Miriam, mi editora. Pero ellos, mis personajes, ya se han desgajado de mí. Ya sé que no hay quien me entienda, pero les echo de menos.
Y soy feliz de haber terminado una historia que, a decir de uno de esos lectores en quien tanto confío, a día de hoy es lo mejor que he escrito nunca. Ahora lo que más deseo es que llegue a otras manos y haga reír, emocione, permita disfrutar a otros. Será a partir de abril, y este lugar, el primero donde exista, claro.

¿Qué estás pensando?

Es coherente, y bonito, presentar aquí antes que en ninguna otra parte a esta nueva criaturita, que hoy mismo sale de la imprenta. En primer lugar, porque más de dos terceras partes de los textos que conforman este nuevo libro mío han salido de este blog. En segundo, porque siento que a vosotros, los que estáis al otro lado de la pantalla, os pertenece desde antes de existir. Creedme: si dispusiera de ejemplares suficientes, haría llegar uno a cada uno de los seguidores habituales de este rincón de la red.
Se trata de un libro misceláneo, que agrupa artículos sobre escritura y sobre virtualidad a partes iguales, pero también mucha autobiografía, mucha nimiedad cotidiana -esa que da pie a todo-, algún que otro poema, algún microcuento y varios aforismos.  Y todo ello siguiendo el recorrido de un año sin salir de los mundos virtuales, del blog a Facebook -de ahí el título-, desde el 8 de abril de 2009 hasta el 8 de abril de 2010. Esto de las fechas es una ficción, porque en realidad el libro recoge textos escritos en los últimos 6 años, pero el calendario me sirvió como excusa para darle una forma y un sentido a un material muy diverso. 
Como lectora, me encanta tropezar con libros así. Como autora, me siento feliz de que un par de editores valientes -David y Nacho, los jóvenes y prometedores Baladí- se hayan animado a publicarlo.
Por último, comparto con vosotros una última felicidad. Los colorines de la cubierta son obra de un artista plástico muy especial: para mí: Adrián Olmedo. Es mi hijo, de ocho años, y no podría haber debutado tan por todo lo alto sin el empeño -otra vez- de mis editores y el magnífico trabajo de su diseñador gráfico. Es una cubierta alegre y locuela, muy acorde con el contenido del libro, que me llena de ese baboso orgullo maternal.
Y como ahora corro el riesgo de ponerme pesadita hablando del joven artista, lo dejo aquí para no abrumaros, navegantes. 
Feliz lectura.

14 de noviembre de 2010

Discovering Pedro Muñoz Seca

D. Pedro Muñoz Seca, celebre autor de La venganza de D. Mendo, vivía en Madrid, en una finca de la C/ Velázquez, y con pocos días de diferencia fallecieron los porteros de dica finca, una venerable pareja de ancianos, querida y respetada por todos, fueron enterrados juntos, y uno de sus hijos, le pidió a Muñoz Seca que le escribiera un epitafio para sus padres y éste, cumplió el encargo y le escribió el siguiente verso: 

Fue tan grande su bondad
Tal su generosidad
Y la virtud de los dos
Que están con seguridad
En el Cielo, junto a Dios

En aquella época, los epitafios de las lápidas debían ser aprobados por el Obispo de la diócesis, y el de Madrid no lo aprobó, diciendo que Muñoz Seca no era quien para decir que los difuntos estaban en el cielo junto a Dios. Muñoz Seca, entonces, rectificó y escribió este otro epitafio:

Fueron muy juntos los dos,
El uno del otro en pos
Donde siempre va el que muere….
Pero no están junto a Dios,
Porque el Obispo no quiere.

El obispo se enfadó y envió un escrito a Muñoz Seca:

“Ni yo ni ningún representante de la Sta. Iglesia, intervenimos para nada en el destino de los difuntos, por tratarse de un misterio inescrutable, que ni usted, a pesar de su buena voluntad, ni nosotros estamos capacitados para aclarar”.


Muñoz Seca volvió a rectificar y escribió el epitafio definitivo:

Flotando sus almas van
Por el éter débilmente,
Sin saber que es lo que harán
Porque desgraciadamente
Ni Dios sabe donde están.

8 de noviembre de 2010

2 de noviembre de 2010

Pasando lista...

ALFONSO XIII
AMÈLIE
ALDO
ANTONIA
AURORA
BASSEGODA, RAMÓN
BESSA, MATILDE
BESSA, SILVIA
BRUSÉS, CASIMIRO
BRUSÉS, LUISA
BRUSÉS, MARÍA
BRUSÉS, SILVITA
BRUSÉS, TATÍN
BRUSÉS, TERESA
CANALS AMBRÓS, FRANCESC
CARMELA
CONDE GIMÉNEZ , EDUARDO
CONDE GÓMEZ DEL OLMO, OCTAVIO
DANIEL
DE LA CUADRA, EMILIO
DESPUJOLS, ALBERT
EUTIMIA
ESPELLETA TORRES, MONTSERRAT
GAMBÚS, DR.
GARCÍA, ARCADIO
GENTILE, SILVANA
GOLORONS, MARIA DEL ROSER
GOLORONS, HERMANOS
GÓMEZ DEL OLMO, CECILIA
JASON
JUANITA
LAX FREY, RODOLFO
LAX BRUSÉS, MODESTO
LAX GOLORONS, AMADEO
LAX GOLORONS, JUAN
LAX GOLORONS, VIOLETA
LAX RAHAL, VIOLETA
MALLAIS, MARGOT
MARIANO
MARTÍNEZ CRUCES, CONCHA
MAURA, ANTONIO
MONTULL, FELIPE
MONTULL, JULIÁN
MONTULL SERRANO, EULALIA (LAIA)
OLYMPIA
OTRANTE, FIORELLA
PAREDES, SARGENTO
PRIMO DE RIVERA, MIGUEL
RAHAL, VALÈRIE
ROSALÍA, SELVAS, RICARD
SERRANO, VICENTA
TORRES-SOLANOT, VIZCONDE DE
VICTORIA EUGENIA
VIVES, MIGUEL
WALDEN, DRINA

He aquí la lista, por orden alfabético, de los personajes de la novela que estoy terminando. No me puedo creer que sean tantos. Y por fin comprendo que me haya llevado tanto tiempo y tantos dolores de cabeza.

Suculenta lectura de noviembre

Con enorme satisfacción os presento hoy una antología de relatos terroríficos de autores españoles. No la he recibido aún, pero estoy deseando hacerlo para hincarle el diente a los cuentos de gente a quien admiro y sigo. Mientras la encontráis en vuestra librería habitual, os dejo la lista de autores incluidos (entre los que, entusiasmada, me cuento), a modo de aperitivo. Y mi felicitación a este sello editorial que en su todavía corta vida ha sabido convertirse en imprescindible.

Alfredo Álamo
Juan Ramón Biedma
Emilio Bueso
Matías Candeira
Santiago Eximeno
Cristina Fernández Cubas
David Jasso
José María Latorre
Alberto López Aroca
Lorenzo Luengo
Ismael Martínez Biurrun
Ángel Olgoso
Félix Palma
Pilar Pedraza
Juan José Plans
Miguel Puente
Marc R. Soto
Norberto Luis Romero
Care Santos
José Carlos Somoza
José María Tamparillas
David Torres
José Miguel Vilar-Bou
Marian Womack

1 de noviembre de 2010

31 de octubre de 2010

"Bel. Amor más allá de la muerte" está en la lista de los más vendidos de México, por segunda semana consecutiva

1.- "Monster High" - Lisi Harrison

2.- "Pobre patria mía" - Pedro Angel Palou

3.- "Trilogía Millenium" - Stieg Larsson

4.- "Nunca olvides que te quiero" - Delphine Bertholom

5.- "La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina" - Stieg Larsson

6.- "Bel: el amor más allá de la muerte" - Care Santos

7.- "Arrebatos carnales II" - Francisco Martín Moreno

8.- "La mecánica del corazón" - Mathis Malzieu

9.- "Travesuras de la niña mala" - Mario Vargas Llosa

10.- "El miedo en el espejo" - Juan Villoro

(Fuente: Librerías Gandhi)



MÁS INFORMACIÓN, AQUÍ

1 de octubre de 2010

La verdad

Cuando un escritor habla de cómo escribe, en realidad está hablando de cómo le gustaría escribir.

30 de septiembre de 2010

23 de septiembre de 2010

Otoño: instrucciones de uso


Abrígate contra todo lo que hiere o hiela. Sabes que no hablo del tiempo.
Helor: ausencia de ti. Calor: tú bajo las sábanas.
Lo desapacible no es ninguna estación.
En noviembre, las sombras desnudas de los árboles juegan a ser lo que parecen.
El mar respira, tranquilo, feliz de haber sido abandonado.
Prefiero esta estación, porque es la de los fantasmas.
Cuando caiga la nieve, lo que abandonaste quedará escondido
y habrá que esperar unos meses para recuperarlo.
Esta no es una estación para impacientes. Gana con el paso de los años.
El otoño intriga y levanta niebla sobre la ilusión.
En esta casa, no le tememos al otoño.

21 de septiembre de 2010

17 de septiembre de 2010

El inmenso placer de darle vueltas a todo


"Todas las mujeres piensan que su marido les es infiel. Todos los hombres pensamos que nuestra mujer nos es fiel".
Esta frase la pronunció un amigo en una cena, esta semana. Como soy de proceso lento, me quedé dándole vueltas.

¿Pienso que mi marido me es fiel? En principio sí, pero por economía sentimental. Si pensara que me es infiel, me obligaría a adoptar actitudes que me dan mucha pereza. Por otra parte, no me demuestra lo contrario. Me siento atendida, querida, deseada, ayudada (¡ay, la erótica de las tareas domésticas compartidas!), apoyada y hasta multiplicada cuando él está a mi lado.
Si va por ahí echando canas al aire, no es de mi incumbencia, siempre y cuando lo anterior siga en pie. Eso sí: no quiero saberlo ni organizar mesas redondas sobre aventuras de ningún tipo. "Si quieres ser feliz, como tú dices / no analices, hermana, no analices" es mi máxima.
Segunda parte de la ecuación: ¿Soy fiel a mi marido?
En principio, también sí. A menos que se considere infidelidad alguno de los puntos siguientes:
-Babear (literalmente) cada vez que sale Don Draper (Jon Hamm) en la serie Mad Men.
-Babear (literalmente) cada vez que sale Joan (Christina Hendricks) en lo mismo. Esta serie, ya lo he dicho, me genera confusión sexual.
-Dejar que de vez en cuando me acune dulcemente el tan architraído y llevado "qué pasaría si..."
-Dejar que de vez en cuando me acune del mismo modo algún recuerdo pasado que el tiempo (y las ganas, ejem) se encargan de agrandar.

Pregunta ingenua que no lo es en absoluto: ¿Alguien de verdad se traga que los seres humanos somos capaces de desear siempre, a cualquier hora y del mismo modo al ser humano que tenemos más cerca (ése al que llamamos "nuestro") olvidándonos de todos los demás seres humanos apetitosos que circulan libremente por ahí?

-Ah, y la muy importante cuestión lexicográfica: reírme cada vez que alguien llama "mi marido" a mi marido. Lo siento, pero no me sale. Llevo un año y medio casada y no hay manera. Mi amante. Mi locura. Mi compañero. El padre de mis hijos. Eso sí.

Otrosí: Miento mejor que él, lo sé, para algo soy mentirosa profesional. Pero, por ahora, no tengo ganas de aprovechar esa ventaja. Dentro de unos años, despertaré sonrisillas de conmiseración si lo digo. La pasión no pasará, pero aprenderé a disimularla, os lo prometo.
Nunca he pertenecido a nadie en virtud de ningún papel. Pero en este instante pertenezco a alguien por otras razones, que me reservo.
La única vez que creí que una persona me pertenecía, la vida se encargó de darme una buena lección. De modo que ahora le tomo prestado y le disfruto igual. Procuro ser buena usuaria, eso sí. Ejemplar, diría yo.
¿Todos los hombres piensan que su mujer les es fiel y todas las mujeres piensan que su marido les es infiel? Tengo mis dudas de que el mundo funcionara si eso fuera cierto.
Aunque todo tiene remedio.
Menos que alguien te mire a los ojos y te diga: "Ya no te quiero".
En eso estuve de acuerdo con mi amigo.

* Foto: Diagonales.

14 de septiembre de 2010

13 de septiembre de 2010

Cronoelefante


Os presento a Fresón, el vigilante de la hora. Voy a contaros su historia.

Conocimos a Fresón el 13 de agosto pasado, en Segovia, durante nuestras vacaciones. Él vivía feliz en un estante del Taller de Alfarería de Mateo e Ignacio Sanz, en compañía de dos ovejas y un San Frutos. Se supone que Fresón es un elefante, como todos podéis apreciar, pero como su autor es muy amante de los cochinos, le salió un poco "agorrinado", lo cual -por cierto- le da un aire encantador que le hace único. Fresón es un elefante enano, de piel rosada, con las ancas rellenitas y un rabo mutante que para nada recuerda al de sus parientes indios o africanos.
Se enamoró de él mi hijo Álex, de 4 años, y como todo lo que hace Álex, tuvo su punto de desmesura. Fue verle y prendarse. ¡Lo quiero!, dijo. De modo que nos lo llevamos. En esta familia, tenemos fe en los flechazos. Sabemos que funcionan.
Cuando llegamos a casa, le buscamos una ocupación a Fresón. Por su tamaño tampoco se trataba de pedirle demasiado, de modo que le nombramos guardián de la hora. Ese reloj de la fotografía es el mismo que todos miramos mil vez cada mañana, para saber si nos sobran treinta segundos o si hay que correr. Antes de Fresón, dudábamos. Ahora sabemos que las manecillas no nos confundirán, porque Fresón vigila. El reloj está en la cocina, donde nuestro pequeño ronoelefante parece sentirse muy a gusto. Además, es un buen lugar para que tenga contacto con los niños, especialmente con Álex, que es su debilidad. Los niños ven a Fresón cuando desayunan, cuando cenan y los fines de semana a cada momento.
Fresón vigila por nosotros que las agujas no corran demasiado ni se duerman en los laureles. En esta casa no nos gusta alargar las cosas demasiado, pero detestamos las prisas. Fresón nos comprende. Y creo que sabe que en los próximos años tendrá mucho, muchísimo trabajo. He notado que a él también le gusta pensar en el futuro.

10 de septiembre de 2010

"Lo que encuentro me indica lo que busco" presenta: "No era su hora"

En Francia, Jacques LeFevrier quiso asegurar bien la manera de suicidarse.
Se fue a la cima de un acantilado y se ató un nudo alrededor del cuello con una soga.
Anudó la otra extremidad de la soga a una roca grande. Bebió veneno y se incendió la ropa. Hasta trató de dispararse al último momento.
Todo esto para querer morir, pues ese era su deseo
Saltó del precipicio y en el mismo momento que caia se disparó . La bala, que no lo tocó, fortuitamente cortó la soga sobre él.
Libre de la amenaza de ahorcarse, cayó al mar.
El repentino zambullido en el agua extinguió las llamas y le hizo vomitar el veneno. Un pescador que pasaba por ahi lo sacó del agua y lo llevó a un hospital, donde murió... de hipotermia.



Más muertes absurdas en el blog Crónicas Terrestres

9 de septiembre de 2010

Descansen en paz los personajes que hablan en este diálogo, que parece surgido no ya en otra novela, sino en otro mundo


Le conté a Amparo mis cuitas con Leo. Le hicieron mucha gracia. Como siempre, ejerció de amiga sensata que dice las cosas que piensa.
—Pero Vio, cariño, cómo te has vuelto. ¡Estás sentando la cabeza! ¿Has pronunciado la palabra «pereza»? ¿Tú?
—Yo no digo que esté sentando la cabeza, sólo que con Leo no me interesa perderla.
—Ya. En cambio, te gusta que te mire el culo.
—Claro. Pero él no entiende que con eso me basta. Miraditas, algún toqueteo inocente, frases con doble sentido... No necesito más.
—No lo entiende porque es un hombre, Vio. Para ellos los preliminares conducen a algo o son una pérdida de tiempo.
—Ya. Conducen a follar. Justo lo que a mí no me interesa.
Me miró entrecerrando los ojos. Tenía un cubata en la mano.
—No sé si te haces mayor o es que el pobre Leo no te gusta lo bastante.
—¿Tal vez una mezcla de ambas cosas?
—Entonces, déjale en paz y no le des esperanzas, mala.
—No puedo. Me gusta demasiado que me mire el culo.
—Y que te invite a cenar, haciéndose ilusiones.
—Oye, que siempre pagamos a medias. No me llames aprovechada.
—Lo eres. Una aprovechada con todas las letras.
—Yo me considero más bien una idealista en busca del hombre ideal.
—Nanai: una ilusa convencida de que lo que tú quieres existe.
—Una cuarentona con cuerpo de veinte.
—Una calientabraguetas que no acepta que se hace mayor.

8 de septiembre de 2010

Limpieza: otro fragmento de novela a la basura (y sigo)


A pesar de que llegamos tarde al hotel, decidí salir a dar un paseo. No quería perderme el espectáculo de la ciudad de noche. Hacía muchos años que había estado allí, y sentía curiosidad por recuperar los recuerdos que Roma podía traerme, como si algo de nuestra memoria viviera para siempre en las ciudades que vamos dejando atrás. Mientras atravesaba la Piazza Navona en dirección a la Via Santa Maria dell’anima me preguntaba si seguiría allí la pizzeria Ponte & Parione, si mantendría su terraza y su menú degustación. También calculé el tiempo que había pasado desde que cené acompañada en aquel restaurante: más de quince años. No está mal para una vida de cuatro décadas. Eché un vistazo lejano y un pudor extraño conmigo misma me impidió ir más allá. De qué sirve perseguir el pasado, me dije. De qué sirve perseguir nada, en realidad. Las cosas ocurren cuando deben ocurrir y luego se borran para siempre de la retina.
También la Fontana de Trevi, en cierto modo, «ocurre». Me lo dijo aquella vez mi acompañante, lo bueno de este lugar es que no hay que buscarlo, porque siempre te encuentra. También me enseñó que a la Fontana es mejor ir de noche, porque un lugar como ése «hay que oírlo, además de mirarlo.
La noche de las callejas romanas es bastante tranquila, si se tiene la paciencia de esperar. Era tarde cuando en mi paseo sin mapa presentí el lugar. El rugido del agua me hacía una advertencia. Si crees que no vas a soportarlo, aún estás a tiempo de marcharte. Por supuesto, continué adelante. Era portentoso aquel rumor, como si hubiera un Niágara en aquel dédalo de piedras viejas. Seguro que nunca te la habías imaginado así: en las películas, parece redonda. Prepárate, Violín, mejor que cierres los ojos. Lo hice de nuevo. Cerré los ojos. Me detuve en una esquina. ¿Preparada? Ahora, ¡mira qué belleza! Qué grandilocuencia más indescriptible, la de ese lugar diminuto a quien el cine, es verdad, nunca hizo justicia. El cine sólo le ha traído problemas. Si supieras la cantidad de turistas que quieren bañarse aquí, como Anita Ekberg en La dolce vita, ¡ni que las fuentes romanas fueran piscinas públicas! Me senté a disfrutar del espectáculo, a contemplar los detalles. Los dos tritones domando a los hipocampos, he aquí las aguas mansas junto a las aguas bravas. Las estatuas de la Abundancia y la Salud, la jarra de agua que se vierte sin fin y la copa que se bebe sin miedo. No lo pensé dos veces antes de abrir el bolso, sacar una moneda de cincuenta céntimos, ponerme en pie dándole la espalda a las estatuas y lanzarla por encima de mi hombro. Ten cuidado con lo que deseas, amor mío, no vaya a ser que tengas que aguantarme el resto de tu vida. En el centro, tan estupefacto como yo —pero mucho más orgulloso—, Neptuno, bendiciendo acaso la grandilocuencia barroca del papa que lo puso ahí y al mismo tiempo ufano de mi sensiblería inútil. Vamos, Violín, te estás poniendo pesada. A dormir. Ya volveremos.
Claro que volveré, a Roma se vuelve siempre, pero lo haré sin ti. Dentro de quince años que habrán pasado sin avisar.

7 de septiembre de 2010

Al principio, a las novelas hay que empujarlas. Luego, te empujan ellas a ti (O breve crónica de la resurrección de una novela)


No hace mucho escribí esta frase en mi perfil de Facebook. Luego la utilicé para un libro raro que he pergeñado, del que os hablaré pronto (espero que sus editores me den el beneplácito para hacerlo público). Desde hace más o menos quince días, me la repito a todas horas. Y es que ese es el tiempo que llevo siendo felizmente empujada por mi nueva novela, a la que hasta ahora empujaba yo, con mucho trabajo, por una interminable y y empinada cuesta llena de dificultades.
No tengo ni idea de por qué ocurren estas cosas ni cómo dejan de ocurrir. Tenía la idea, tenía la documentación, tenía el entusiasmo y el 8 de abril, justo el día en que cumplí 40 años, decidí tirar a la basura las casi 200 páginas de la novela en la que trabajaba desde noviembre de 2009. Por fortuna, antes de tirarla se las envié a cuatro personas de mi absoluta confianza, sufridores de casi todos mis borradores y salvadores de no pocos: Ángeles Escudero, Francesc Miralles, Deni Olmedo, Sandra Bruna. De un modo u otro, todos me animaron a rescatarla de la papelera. El más gráfico de todos -siempre, siempre- fue Olmedo, quien dijo: "Tus personajes parecen amebas". Tenía razón. Mis personajes estaban como aletargados.
Dediqué los siguientes meses a hacer (o intentar) que mis personajes dejaran de ser amebas. Reescribí lo que llevaba hasta entonces, suprimí personajes, seguí leyendo y leyendo, se supone que para documentarme. Libros sobre Barcelona, sagas familiares, novelas ambientadas a fines del XIX y principios del XX, libros de viajes, memorias, biografías, tratados de arte, catálogos de exposiciones, epistolarios... Creo que me dejé abducir un poco por el proceso de documentación, algo que suele ocurrirme con demasiada frecuencia cuando el tema me interesa (hay que tener mucho cuidado con eso o la documentación te secuestra). Llegué al verano con otras 200 páginas y un montón de documentos llenos de fragmentos descartados. Releí el texto antes de irme de vacaciones. No me gustó. La segunda muerte de la misma historia, donde por cierto hay varias muertes y alguna resurrección, estaba a punto de producirse.
Entonces me fui a
Como. ¿Fue para documentarme? A estas alturas, ni lo sé. Planeé el viaje de todos los años con mi amiga Ángeles. No queríamos ir lejos, no queríamos gastar mucho, nos gusta Italia, yo llevaba tiempo queriendo conocer el Norte, había buenas ofertas a Milán... a veces una casualidad cambia tu vida. Casi siempre las casualidades cambian -y mucho- las novelas. Fue una casualidad lo que me llevó a Bellagio. Allí, dando un interminable paseo por el lago, pensé y pensé. Conocí Nesso, vi casonas decadentes hundiendo sus cimientos en las aguas, pensé en lo adecuado que es ese lugar para alguien que desea alejarse de su vida, olvidar, olvidarse, entregarse a otra persona. De pronto, miré hacia la orilla y los vi allí: Amadeo, el personaje central de mi novela, mirándome con sus ojos gélidos desde un balcón necesitado de una mano de pintura. A su lado estaba ella, desnuda, recostada en la cama, a punto de ser abandonada para siempre. Pensé qué diría su nieta, varias décadas después, si escribiera una carta de desagravio. Pensé en la memoria, tan parecida al paisaje lejano que rodea al lago. Cuando llegué de nuevo a Bellagio, la novela estaba resuelta. Sólo faltaba escribirla.
En eso estoy desde entonces. Ya la nieta de esa mujer ha escrito su carta. Ha causado, por supuesto, un gran revuelo. Mis personajes han vuelto a ponerse en danza y ahora sé que no son medusas. Completo, reescribo, aprovecho, monto y desmonto una historia que ya parece un patchwork, por tercera -espero que última- vez. Me sé la vida de mis muchos personajes como si formara parte de su familia. Hasta sé qué rincón de esa casa familiar cercana al
Paseo de Gracia, que por supuesto nunca existió, es mi favorito. Todos los días paseo por la Barcelona de 1890, de 1920, de 1932, de 1936. Y por la mía, que es protagonista también.
No sé por qué o de qué forma ocurren estas cosas, pero el lago de
Como desbloqueó mi historia. Ahora, sólo tengo que dejarme arrastrar por ella, escribirla con urgencia, porque todas las horas me parecen pocas, y desear que llegue abril de 2011 para compartirla con otras personas.