Navegantes: nos han dado un premio. A vosotros, que hacéis posible la existencia de este blog, y a mí, que tengo la suerte de saberos ahí, al acecho.
Viene del blog "Había una vez", un punto de encuentro para amantes de la literatura infantil y juvenil. Es decir, de los libros, en general.
Para verlo, podéis hacer click AQUÍ.
Muchísimas gracias, de corazón.
31 de enero de 2011
25 de enero de 2011
Nueve
Nueve años. Hoy hace nueve años que me convertí en lo que soy ahora. Una mujer multifuncional, sin tiempo para nada, con el corazón repleto. Antes de la transformación, a menudo me sentía desaprovechada, con mucho que dar pero nadie que realmente supiera valorarlo, con un potencial dormido que estaba deseando explorar. Hoy sé que no estaba equivocada. Sirvo para esto. A veces me supera -soy humana, supongo-, a veces necesito romper un poco con todo, darme tiempo, buscar el silencio, escribir, leer sin interrupciones, viajar lejos y regresar con añoranza. Pero soy una mujer feliz que, en el fondo, sabe que lo tiene todo y que no desea nada importante, además de lo que tiene.
Hace nueve años que me río, con grandes carcajadas, de quienes consideran que mi transformación me limita, me empobrece, me vuelve una cuentabatallitas insulsas o una mujer de temas limitados o una escritora que sólo hablará de maternidad y de niños. Me río de los falsos intelectuales que se ríen de mis prioridades. Me río de los que quieren restarle importancia a mi día a día a favor de labores más elevadas. Me río de los apocalípticos, de los que creen que hace diez años era más libre, más auténtica, menos cursi, menos sedentaria. Me río de los que piensan que leer a Joyce es más importante que escuchar el relato del día a día de un niño. Me río de quienes opinan que si nada de esto hubiera pasado, mi trayectoria profesional sería más brillante. Me río de quienes denostan ciertos temas literarios como puramente femeninos. Me río de los que pronostican una adolescencia insoportable. Me río de quien no quiere comprender.
Hace nueve años me convertí en la que soy ahora. No fue una transformación fácil ni rápida. No siempre fue placentera. No siempre lo es asumir la nueva condición, nueve años después. Pero pienso en aquella mujer sin hijos de 2001 y siento una rara conmiseración hacia ella: cuánto le quedaba por saber, cuánto por dar, cuánto por recibir, cuánto por disfrutar, por valorar, por priorizar, cuántos abrazos, risas, actividades por compartir. Cómo iba a cambiar su mundo, a mejor, aquel 25 de enero de 2002.
Hoy mi hijo mayor cumple nueve años y estoy de celebración.
21 de enero de 2011
Verdad no: verosímil.
Mi nueva novela está casi lista. Escribo este post durante una interrupción de la tediosa tarea de revisar galeradas. El lunes las entregaré y me habré librado para siempre de una historia que me ha perseguido durante los últimos dos años. O me habré librado de las preocupaciones y las obsesiones que esta historia me ha proporcionado, para pasar a gozar de la etapa posterior: aquella en la que tu argumento ya pertenece a los lectores y son ellos quienes lo reviven cada vez que te hablan de él. Estoy deseando.
Sin embargo, hay algunas personas que ya han leído la novela, por obra y gracia de mis editores, quienes estas pasadas navidades realizaron una impresión no venal del libro y lo regalaron a algunos libreros de confianza. Alguno de ellos, con quienes tengo amistad, me han comentado ya sus impresiones sobre la historia. La más interesante ha sido la de una de las mejores libreras de este país, que además es una lectora atenta y con buen gusto, quien me llamó "tramposa" porque se había pasado un par de horas buscando a mi personaje principal en Internet, sin ningún éxito.
Sonreí mientras me explicaba que leía la novela al borde del escándalo, preocupada por las consecuencias que podía traerme haber difundido los secretos más escondidos de un conocido pintor barcelonés de finales del XIX. Su sorpresa fue mayúscula al comprobar que el pintor no figuraba en ninguna parte y que su obra era por completo ficticia y hasta me pareció un poco contrariada por el descubrimiento, como si hubiera querido -a mí me ocurre lo mismo- que Amadeo Lax fuera real.
Confieso que me sentí feliz. Es estupendo que mi amiga librera me haya tomado tan en serio. La verdad en literatura es algo muy relativo, pero la verosimilitud es fundamental. No dejo de pensar en ella cuando escribo. No importa que algo sea verdad. Importa que sea verosímil. Para establecer los límites entre ambas cosas, suelo incluir una nota final en todos mis libros, donde desvelo mis fuentes y mis propios engaños. En esta novela, el engaño se inserta en una realidad histórica y social muy reconocible, cargada de personajes reales y de sucesos documentados. Tal vez fue eso lo que despistó a mi primera lectora. Lo cual es, ahora que lo pienso, mejor aún.
Verdad no. Verosímil. Amén.
Sin embargo, hay algunas personas que ya han leído la novela, por obra y gracia de mis editores, quienes estas pasadas navidades realizaron una impresión no venal del libro y lo regalaron a algunos libreros de confianza. Alguno de ellos, con quienes tengo amistad, me han comentado ya sus impresiones sobre la historia. La más interesante ha sido la de una de las mejores libreras de este país, que además es una lectora atenta y con buen gusto, quien me llamó "tramposa" porque se había pasado un par de horas buscando a mi personaje principal en Internet, sin ningún éxito.
Sonreí mientras me explicaba que leía la novela al borde del escándalo, preocupada por las consecuencias que podía traerme haber difundido los secretos más escondidos de un conocido pintor barcelonés de finales del XIX. Su sorpresa fue mayúscula al comprobar que el pintor no figuraba en ninguna parte y que su obra era por completo ficticia y hasta me pareció un poco contrariada por el descubrimiento, como si hubiera querido -a mí me ocurre lo mismo- que Amadeo Lax fuera real.
Confieso que me sentí feliz. Es estupendo que mi amiga librera me haya tomado tan en serio. La verdad en literatura es algo muy relativo, pero la verosimilitud es fundamental. No dejo de pensar en ella cuando escribo. No importa que algo sea verdad. Importa que sea verosímil. Para establecer los límites entre ambas cosas, suelo incluir una nota final en todos mis libros, donde desvelo mis fuentes y mis propios engaños. En esta novela, el engaño se inserta en una realidad histórica y social muy reconocible, cargada de personajes reales y de sucesos documentados. Tal vez fue eso lo que despistó a mi primera lectora. Lo cual es, ahora que lo pienso, mejor aún.
Verdad no. Verosímil. Amén.
19 de enero de 2011
16 de enero de 2011
15 de enero de 2011
14 de enero de 2011
Entusiasmo y lecturas
Cada vez que se habla de jóvenes y literatura hay alguien que deja escapar un comentario apocalíptico sobre los hábitos de lectura: que cada vez se lee menos, que los jóvenes de hoy día prefieren jugar a la videoconsola que abrir un libro... A menudo se olvida que los jóvenes derrochan entusiasmo hacia todo lo que les interesa, y que para entusiasmar a un joven -me temo que a cualquiera de nosotros- sólo hace falta alguien con pasión suficiente para transmitirla por contagio. Yo nunca olvidaré al profesor de literatura -catalana, por cierto- que hizo eso conmigo. Se llamaba Josep Rebugent y era leridano y no sólo me inició en la lectura de los clásicos catalanes, de Ibsem, Shakespeare y los clásicos grecolatinos, sino que fue la primera persona a quien me atreví a mostrarle un texto escrito por mí. Yo tenía 17 años.
Sospecho que algo parecido le pasa todoslos años a un profesor amigo del IES Vega del Táder de Murcia, cuyos alumnos tienen la suerte de contar con él y con su pasión por la literatura. Rubén Castillo, quien además de profesor es crítico y escritor, es uno de esos docentes que tanto hacen por incentivar la lectura en nuestro país. Sin ellos, quienes nos dedicamos a esto estaríamos mucho más perdidos pero, lo más importante, sin ellos muchos lectores no habrían descubierto la felicidad de adentrarse en un mundo imaginado por otro.
El pasado mes de junio, Rubén Castillo se atravió a dar un paso más y abrió un blog para que sus alumnos consignaran sus opiniones sobre los libros que iban leyendo. El blog tiene una actividad muy intensa, con actualizaciones diarias (fines de semana incluidos) y reseña literatura de todo tipo -con preferencia por la denominada "juvenil", claro está-. Es una magnífica bitácora para todo aquel que esté interesado en la lectura, en los lectores y, sobre todo, en los buenos libros.
Os lo recomiendo de todas todas, sólo tenéis que pinchar AQUI. Desde hoy, lo tendréis también disponible en los "favoritos" de esta página.
10 de enero de 2011
Año nuevo, cabecera nueva
Nunca una foto había juntado mejor dos de las grandes pasiones de mi vida.
La imagen es de Asís G. Ayerbe.
La imagen es de Asís G. Ayerbe.
30 de diciembre de 2010
Rituales
Todos los años, ocupo una de las últimas horas del 31 de diciembre en anotar algunos propósitos para el nuevo año. Es el ritual ridículo de una mujer aficionada a los rituales (ridículos o no) desde antiguo.
Mientras escribo esto, tengo delante la lista de mis propósitos del año pasado. Hago balance. De los 10 propósitos, 8 se han cumplido. Uno de los dos restantes no me parece ahora importante. Al otro, le hemos puesto fecha para después de vacaciones de Navidad. Lo que se me ocurre ahora al ver la lista es que 10 propósitos son muchísimos, demasiados. Creo que este año sólo habrá 5.
El año que se va deja cosas magníficas. Pasé más tiempo con la gente que me importa. Hubo planes de futuro, muchos de los cuales no se cumplen aún (pero lo maravilloso de los planes de futuro no es que se cumplan, sino tener alguien con quien compartirlos). Hubo paisajes nuevos y otros viejos. Hubo un libro que me llena de emoción, ¿Qué estás pensando? (Baladí) porque es lo más sincero y lo más personal que he escrito nunca. Cumplí 40 años. Escribí mi primera obra de teatro (¡qué atrevimiento, pardiez!), que espero ver algún día sobre un escenario. Hubo muchas horas de trabajo y escritura, pero con un resultado que me emociona mucho y que verá la luz en un trimestre. Y, lo más importante, hubo tranquilidad y silencio y cosas que no cambian.
Por todo ello quiero hoy brindar con vosotros, navegantes. Mañana pensaré muy en serio mis 5 propósitos para 2011 pero, mientras tanto, brindo por lo bueno y también por lo malo que nos dejó 2010. Que lo malo nos haga fuertes y lo bueno nos regale lo mejor que puede poseer un ser humano: buenos recuerdos. La certeza de que alguna vez fue feliz y supo apreciarlo.
Mientras escribo esto, tengo delante la lista de mis propósitos del año pasado. Hago balance. De los 10 propósitos, 8 se han cumplido. Uno de los dos restantes no me parece ahora importante. Al otro, le hemos puesto fecha para después de vacaciones de Navidad. Lo que se me ocurre ahora al ver la lista es que 10 propósitos son muchísimos, demasiados. Creo que este año sólo habrá 5.
El año que se va deja cosas magníficas. Pasé más tiempo con la gente que me importa. Hubo planes de futuro, muchos de los cuales no se cumplen aún (pero lo maravilloso de los planes de futuro no es que se cumplan, sino tener alguien con quien compartirlos). Hubo paisajes nuevos y otros viejos. Hubo un libro que me llena de emoción, ¿Qué estás pensando? (Baladí) porque es lo más sincero y lo más personal que he escrito nunca. Cumplí 40 años. Escribí mi primera obra de teatro (¡qué atrevimiento, pardiez!), que espero ver algún día sobre un escenario. Hubo muchas horas de trabajo y escritura, pero con un resultado que me emociona mucho y que verá la luz en un trimestre. Y, lo más importante, hubo tranquilidad y silencio y cosas que no cambian.
Por todo ello quiero hoy brindar con vosotros, navegantes. Mañana pensaré muy en serio mis 5 propósitos para 2011 pero, mientras tanto, brindo por lo bueno y también por lo malo que nos dejó 2010. Que lo malo nos haga fuertes y lo bueno nos regale lo mejor que puede poseer un ser humano: buenos recuerdos. La certeza de que alguna vez fue feliz y supo apreciarlo.
FELIZ AÑO NUEVO
29 de diciembre de 2010
26 de diciembre de 2010
Feliz post-Navidad, cotidiano Año Nuevo
De entre las razones por las que soy un bicho raro, una de las más incomprendidas es mi ausencia de espíritu navideño. A la mayoría de la gente le suena terrible cuando digo que mis navidades ideales consistirían en que todos se olvidaran de mí y me dejaran largarme a algún sitio perdido y gélido donde escribir y leer de la mañana a la noche. ¿Sola?, me preguntan. Bueno, no necesariamente, respondo yo, podría ser en compañía de alguien que también quiera hacer algo -sin mi ayuda- de la mañana a la noche, y a quien encuentre entre las sábanas cuando ambos nos acostemos, cansados de nuestros individualismos. No existen muchas personas así, lo sé, y por suerte estoy casada con una de ellas, de modo que le elegiría a él -y sólo a él- para pasar mis navidades ideales. ¿Y los niños?, me preguntan las gentes de buena voluntad. Suspiro. Ay, los niños. Gran paréntesis. Bueno, los niños son los responsables de todas y cada una de las cosas que ahora hago en Navidad. Desde que el diez de noviembre (datos de este año) empezaron machaconamente a reclamar el árbol, el belén, el calendario de adviento y las vacaciones (por este orden) yo me sumergí en eso que detesto y que comúnmente se denomina "espíritu navideño". Comencé a almacenar turrones, compré adornos para el árbol de plástico -muy aparente- que guardo en el trastero, inauguré calendarios de adviento y calmé ánimos desatados. Y lo mejor es que lo hice del mejor humor, porque la felicidad de mis hijos me compensa con creces las molestias que todo ello supone y porque su espíritu navideño es tan efervescente que sería de idiotas no dejarse contagiar un poco. Pero en realidad, mientras hago todas esas monadas que odio, me relamo de pensar en cómo serán las navidades futuras, cuando ellos tengan novios y novias y encuentren ridículas algunas cosas o -más allá- cuando ellos tengan familia, belén y árbol propios, y yo sea una invitada a su mesa. Qué dulce placer. Les haré algo de comer que les guste y me presentaré como la suegra ideal (la que guisa, regala y no molesta) y a las cinco en punto me despediré alegando mucho quehacer y me iré a mi casa, a leer y escribir hasta que me dé la gana. O, mejor aún: en fin de año les diré que me quedo en casa. Sin excusas, con la verdad por delante: quiero estar tranquila, cenar como todas las noches y acostarme con un buen libro (y con su padre, aunque la manera de atender a ambos aún está entre mis asignaturas pendientes). No más compras compulsivas, no más luces parpadeantes invadiendo mi salón-biblioteca, no más villancicos a la hora de los postres. ¿Navidad? Sí, ajena y corta, por favor. Yo adoro la normalidad. Esa normalidad que me permite sumergirme sin cesar en lo extraordinario (que siempre está en negro sobre blanco), que me habla de la grandeza de lo sencillo y de la belleza de lo pequeño. Mi mundo.
Feliz post-navidad, pues, y muy cotidiano Año Nuevo.
22 de diciembre de 2010
19 de diciembre de 2010
13 de diciembre de 2010
11 de diciembre de 2010
Carta abierta a un librero de verdad
El mundo comenzará a morir el día en que cierre la última librería de verdad del planeta. Uno de esos rincones atestados de buenos libros -no de todos los libros, sino sólo de aquellos que se dirigen a los enfermos de literatura-, donde puedes demorarte durante horas contemplando los anaqueles o conversando con el librero. Porque una buena librería siempre está capitaneada por un librero de corazón, uno de esos que arruga la nariz cuando vende lo que no le gusta y que se siente feliz de que su clientela le pida y lea buenos libros. Uno de esos que organiza clubes de lectura, publica críticas de sus libros favoritos en su blog y siempre se toma infinitas e innecesarias molestias, porque profesa la religión de los libros con dedicación completa, sin descansar jamás. Nunca me cansaré de ponderar el papel de esos mediadores tan necesarios. Lo dice mi admirado Emili Teixidor: la lectura es un aprendizaje, una educación que, como toda formación, requiere un maestro, alguien que sepa guiarnos y aconsejarnos, que nos conozca -por dentro, claro, porque se lee desde dentro y lo leído anida en lo más hondo de nosotros mismos- y que nos aprecie. El librero que sabe es un mediador inmejorable.Esta semana uno de esos libreros de verdad ha dedicado su tiempo y sus palabras a mi último libro, ¿Qué estás pensando? Un año en Facebook y otros mundos virtuales. Ha escrito una reseña divertida, generosa, que roza el atrevimiento. En ella, su autor me recrimina no haberle aceptado como amigo en Facebook (glups) y me llama rica y Karen, parafraseando un capitulito del libro en cuestión, y una vieja publicación de esta bitácora. Podría haberle mandado un mensaje de agradecimiento, pero he preferido escribirle una carta abierta aquí. Es coherente, ya que nuestra relación ha estado siempre marcado por lo virtual.
Sin embargo, lo que Javier no sabe es que he estado varias veces en su librería y que siempre me he ido cargada de libros. Que, en cierto modo, estamos en paz: yo he sido feliz entre los anaqueles superpoblados de su casa y ahora él dice haberlo sido entre mis renglones. En fin, a veces las cosas suceden con un hondo sentido de la justicia que me hace feliz. Vamos, Javier, que gracias. Desde este momento, la Librería Cervantes de Alcalá de Henares será algo más que una parada obligada.
* La foto es de otra librería inolvidable, pero un poco más lejana: la Arkadian Bookstore de Nueva Orleans, donde compré la más hermosa edición de The Canterbury Tales que pueda imaginarse, y por 10 dólares.
Sin embargo, lo que Javier no sabe es que he estado varias veces en su librería y que siempre me he ido cargada de libros. Que, en cierto modo, estamos en paz: yo he sido feliz entre los anaqueles superpoblados de su casa y ahora él dice haberlo sido entre mis renglones. En fin, a veces las cosas suceden con un hondo sentido de la justicia que me hace feliz. Vamos, Javier, que gracias. Desde este momento, la Librería Cervantes de Alcalá de Henares será algo más que una parada obligada.
* La foto es de otra librería inolvidable, pero un poco más lejana: la Arkadian Bookstore de Nueva Orleans, donde compré la más hermosa edición de The Canterbury Tales que pueda imaginarse, y por 10 dólares.
18 de noviembre de 2010
Quince meses de obsesión
Hace quince meses, exactamente en agosto de 2009, decidí escribir una novela sobre la memoria de una familia burguesa. Comencé a leer. Biografías y memorias, al principio. Epistolarios, artículos, alguna que otra novela (pocas: leo pocas novelas cuando escribo una novela). Me sumergí, literalmente, en algunas hemerotecas reales y otras virtuales. Los seguidores habituales de este blog habéis ido encontrando pistas de esa búsqueda en este sitio, donde he ido colgando a lo largo de todo este tiempo de pesquisas publicidad aparecida en la prensa de principios del siglo XX o de finales del XIX, alguna que otra crónica digna de guasa y curiosidades por el estilo.
Luego, como siempre ocurre, la novela se encalló. Cambié el narrador. Fue la primera de las dos veces que lo hice (un horror). La di por perdida definitivamente el día de mi cumplaeños de este año, exactamente el día en que cumplía 40. Anuncié a mis cuatro lectores de confianza: "He tirado la novela". Los cuatro se enfadaron, cada uno a su modo, pero los tres quisieron leerla. Deni dijo: "Estos personajes parecen amebas. Haz que les ocurran más cosas y salvarás la novela". Francesc dijo: "Lo más interesante son los recursos A y B. Explótalos más y salvarás la novela". Sandra dijo: "Me dan ganas de saber más. Termínala". Ángeles dijo: "Los personajes son seres humanos. Quiero conocerles."
Así que la resucité, la reescribí de cabo a rabo. Hubo un momento en que tenía cuatro versiones (numeradas del 1 al 4), y no sabía cuál era la buena. Maté personajes, nacieron otros, le cambié la vida entera a la protagonista (le puse un amante, le quite el amente, la hice soltera, casada, malcasada, con hijos...), eliminé más de 120 páginas... Luego llegó el verano, me fui al lago de Como y allí, mirando las montañas, todo cobró sentido. A mi lado estaba Ángeles, y eso nunca es un detalle que deba ocultarse. Ángeles inspira. Tanto como el lago de Como o más.
Desde el 25 de agosto he escrito compulsivamente. Llegué al número de páginas que había previsto (300) pero la historia necesitaba más para cerrarse. Seguí adelante. En los últimos meses, he despertado casi casa noche urgida por apuntar escenas, y diálogos, y nombres y pequeños y grandes detalles. Algunas noches más de tres veces. Pura obsesión. Hace más de un mes que estoy "terminando la novela".
Y hoy, de pronto, a las 13:54, la novela se ha terminado. He escrito la última frase, que tiene 12 líneas, y el punto final. Luego: "Esta novela se escribió en Mataró, Madrid, Turégano y Como entre abril de 2009 y noviembre de 2010". Un segundo después, me daba lástima haber terminado la novela. ¿Cómo voy a vivir sin ellos? ¿Sin Amadeo, sin Rodolfo, sin Violeta, sin Teresa, sin Concha...?
Me queda la corrección y la larga y hermosa etapa de edición, mano a mano con Miriam, mi editora. Pero ellos, mis personajes, ya se han desgajado de mí. Ya sé que no hay quien me entienda, pero les echo de menos.
Y soy feliz de haber terminado una historia que, a decir de uno de esos lectores en quien tanto confío, a día de hoy es lo mejor que he escrito nunca. Ahora lo que más deseo es que llegue a otras manos y haga reír, emocione, permita disfrutar a otros. Será a partir de abril, y este lugar, el primero donde exista, claro.
¿Qué estás pensando?
Es coherente, y bonito, presentar aquí antes que en ninguna otra parte a esta nueva criaturita, que hoy mismo sale de la imprenta. En primer lugar, porque más de dos terceras partes de los textos que conforman este nuevo libro mío han salido de este blog. En segundo, porque siento que a vosotros, los que estáis al otro lado de la pantalla, os pertenece desde antes de existir. Creedme: si dispusiera de ejemplares suficientes, haría llegar uno a cada uno de los seguidores habituales de este rincón de la red.
Se trata de un libro misceláneo, que agrupa artículos sobre escritura y sobre virtualidad a partes iguales, pero también mucha autobiografía, mucha nimiedad cotidiana -esa que da pie a todo-, algún que otro poema, algún microcuento y varios aforismos. Y todo ello siguiendo el recorrido de un año sin salir de los mundos virtuales, del blog a Facebook -de ahí el título-, desde el 8 de abril de 2009 hasta el 8 de abril de 2010. Esto de las fechas es una ficción, porque en realidad el libro recoge textos escritos en los últimos 6 años, pero el calendario me sirvió como excusa para darle una forma y un sentido a un material muy diverso.
Como lectora, me encanta tropezar con libros así. Como autora, me siento feliz de que un par de editores valientes -David y Nacho, los jóvenes y prometedores Baladí- se hayan animado a publicarlo.
Por último, comparto con vosotros una última felicidad. Los colorines de la cubierta son obra de un artista plástico muy especial: para mí: Adrián Olmedo. Es mi hijo, de ocho años, y no podría haber debutado tan por todo lo alto sin el empeño -otra vez- de mis editores y el magnífico trabajo de su diseñador gráfico. Es una cubierta alegre y locuela, muy acorde con el contenido del libro, que me llena de ese baboso orgullo maternal.
Y como ahora corro el riesgo de ponerme pesadita hablando del joven artista, lo dejo aquí para no abrumaros, navegantes.
Feliz lectura.
Se trata de un libro misceláneo, que agrupa artículos sobre escritura y sobre virtualidad a partes iguales, pero también mucha autobiografía, mucha nimiedad cotidiana -esa que da pie a todo-, algún que otro poema, algún microcuento y varios aforismos. Y todo ello siguiendo el recorrido de un año sin salir de los mundos virtuales, del blog a Facebook -de ahí el título-, desde el 8 de abril de 2009 hasta el 8 de abril de 2010. Esto de las fechas es una ficción, porque en realidad el libro recoge textos escritos en los últimos 6 años, pero el calendario me sirvió como excusa para darle una forma y un sentido a un material muy diverso.
Como lectora, me encanta tropezar con libros así. Como autora, me siento feliz de que un par de editores valientes -David y Nacho, los jóvenes y prometedores Baladí- se hayan animado a publicarlo.
Por último, comparto con vosotros una última felicidad. Los colorines de la cubierta son obra de un artista plástico muy especial: para mí: Adrián Olmedo. Es mi hijo, de ocho años, y no podría haber debutado tan por todo lo alto sin el empeño -otra vez- de mis editores y el magnífico trabajo de su diseñador gráfico. Es una cubierta alegre y locuela, muy acorde con el contenido del libro, que me llena de ese baboso orgullo maternal.
Y como ahora corro el riesgo de ponerme pesadita hablando del joven artista, lo dejo aquí para no abrumaros, navegantes.
Feliz lectura.
14 de noviembre de 2010
Discovering Pedro Muñoz Seca
D. Pedro Muñoz Seca, celebre autor de La venganza de D. Mendo, vivía en Madrid, en una finca de la C/ Velázquez, y con pocos días de diferencia fallecieron los porteros de dica finca, una venerable pareja de ancianos, querida y respetada por todos, fueron enterrados juntos, y uno de sus hijos, le pidió a Muñoz Seca que le escribiera un epitafio para sus padres y éste, cumplió el encargo y le escribió el siguiente verso:
Fue tan grande su bondad
Tal su generosidad
Y la virtud de los dos
Que están con seguridad
En el Cielo, junto a Dios
En aquella época, los epitafios de las lápidas debían ser aprobados por el Obispo de la diócesis, y el de Madrid no lo aprobó, diciendo que Muñoz Seca no era quien para decir que los difuntos estaban en el cielo junto a Dios. Muñoz Seca, entonces, rectificó y escribió este otro epitafio:
Fueron muy juntos los dos,
El uno del otro en pos
Donde siempre va el que muere….
Pero no están junto a Dios,
Porque el Obispo no quiere.
El obispo se enfadó y envió un escrito a Muñoz Seca:
“Ni yo ni ningún representante de la Sta. Iglesia, intervenimos para nada en el destino de los difuntos, por tratarse de un misterio inescrutable, que ni usted, a pesar de su buena voluntad, ni nosotros estamos capacitados para aclarar”.
Muñoz Seca volvió a rectificar y escribió el epitafio definitivo:
Flotando sus almas van
Por el éter débilmente,
Sin saber que es lo que harán
Porque desgraciadamente
Ni Dios sabe donde están.
8 de noviembre de 2010
2 de noviembre de 2010
Pasando lista...
ALFONSO XIII
AMÈLIE
ALDO
ANTONIA
AURORA
BASSEGODA, RAMÓN
BESSA, MATILDE
BESSA, SILVIA
BRUSÉS, CASIMIRO
BRUSÉS, LUISA
BRUSÉS, MARÍA
BRUSÉS, SILVITA
BRUSÉS, TATÍN
BRUSÉS, TERESA
CANALS AMBRÓS, FRANCESC
CARMELA
CONDE GIMÉNEZ , EDUARDO
CONDE GÓMEZ DEL OLMO, OCTAVIO
DANIEL
DE LA CUADRA, EMILIO
DESPUJOLS, ALBERT
EUTIMIA
ESPELLETA TORRES, MONTSERRAT
GAMBÚS, DR.
GARCÍA, ARCADIO
GENTILE, SILVANA
GOLORONS, MARIA DEL ROSER
GOLORONS, HERMANOS
GÓMEZ DEL OLMO, CECILIA
JASON
JUANITA
LAX FREY, RODOLFO
LAX BRUSÉS, MODESTO
LAX GOLORONS, AMADEO
LAX GOLORONS, JUAN
LAX GOLORONS, VIOLETA
LAX RAHAL, VIOLETA
MALLAIS, MARGOT
MARIANO
MARTÍNEZ CRUCES, CONCHA
MAURA, ANTONIO
MONTULL, FELIPE
MONTULL, JULIÁN
MONTULL SERRANO, EULALIA (LAIA)
OLYMPIA
OTRANTE, FIORELLA
PAREDES, SARGENTO
PRIMO DE RIVERA, MIGUEL
RAHAL, VALÈRIE
ROSALÍA, SELVAS, RICARD
SERRANO, VICENTA
TORRES-SOLANOT, VIZCONDE DE
VICTORIA EUGENIA
VIVES, MIGUEL
WALDEN, DRINA
He aquí la lista, por orden alfabético, de los personajes de la novela que estoy terminando. No me puedo creer que sean tantos. Y por fin comprendo que me haya llevado tanto tiempo y tantos dolores de cabeza.
AMÈLIE
ALDO
ANTONIA
AURORA
BASSEGODA, RAMÓN
BESSA, MATILDE
BESSA, SILVIA
BRUSÉS, CASIMIRO
BRUSÉS, LUISA
BRUSÉS, MARÍA
BRUSÉS, SILVITA
BRUSÉS, TATÍN
BRUSÉS, TERESA
CANALS AMBRÓS, FRANCESC
CARMELA
CONDE GIMÉNEZ , EDUARDO
CONDE GÓMEZ DEL OLMO, OCTAVIO
DANIEL
DE LA CUADRA, EMILIO
DESPUJOLS, ALBERT
EUTIMIA
ESPELLETA TORRES, MONTSERRAT
GAMBÚS, DR.
GARCÍA, ARCADIO
GENTILE, SILVANA
GOLORONS, MARIA DEL ROSER
GOLORONS, HERMANOS
GÓMEZ DEL OLMO, CECILIA
JASON
JUANITA
LAX FREY, RODOLFO
LAX BRUSÉS, MODESTO
LAX GOLORONS, AMADEO
LAX GOLORONS, JUAN
LAX GOLORONS, VIOLETA
LAX RAHAL, VIOLETA
MALLAIS, MARGOT
MARIANO
MARTÍNEZ CRUCES, CONCHA
MAURA, ANTONIO
MONTULL, FELIPE
MONTULL, JULIÁN
MONTULL SERRANO, EULALIA (LAIA)
OLYMPIA
OTRANTE, FIORELLA
PAREDES, SARGENTO
PRIMO DE RIVERA, MIGUEL
RAHAL, VALÈRIE
ROSALÍA, SELVAS, RICARD
SERRANO, VICENTA
TORRES-SOLANOT, VIZCONDE DE
VICTORIA EUGENIA
VIVES, MIGUEL
WALDEN, DRINA
He aquí la lista, por orden alfabético, de los personajes de la novela que estoy terminando. No me puedo creer que sean tantos. Y por fin comprendo que me haya llevado tanto tiempo y tantos dolores de cabeza.
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