30 de diciembre de 2005

Otra de Amis para la polémica

La vida de los escritores es toda ansiedad y ambición. Nadie les reprocha la ansiedad, pero sobre la ambición deben mantener la boca cerrada.

10 comentarios:

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Misión cumplida. La noticia ya está elegida y publicada.

Braulio Llamero dijo...

Niego la mayor. Ningún gran escritor se caracteriza por la ansiedad o la ambición. Otra cosa son los pequeños, los "mercenarios", los profesionales. Los grandes son terriblemente humildes: saben que, en el mejor de los casos, apenas logran el diez por ciento de lo que intentan. Aunque ese resultado sea para otros una obra maestra. La frase de Amis la intuyo freudiana; es decir, autobiográfica.

gologos dijo...

Llamero,

Va a parecer que adoro contradecirte a la vez que me apasiona Martin Amis.

Creo que le estás dano la razón a Amis. Él dice que si un escritor habla de que tiene ambición, no va a quedar bien parado. Bien, Amis habla de ambición, -de acuerdo contigo, su ambición-, y sale mal parado criticas.
Entonces, Amis tiene razón, ¿no crees?

Por otra parte, opino que un artista puede ser ambicioso económica o socialmente pero dejar de serlo, en ese sentido, mientras crea o en relación a su arte.

Sí, abundan más los ejemplos de noqueados por la ambición como dices.

Creo que Amis incluye la ansiedad cómo tópico de contraste entre lo admitido a un escritor y lo que no. Puede ser ansioso (depresivo, melancólico, borracho...) pero no ambicioso. No es correcto serlo.
La generalización, a mi entender, reforzaría la universal admisión y veto de los dos topicazos.

(Buen año a tod@s)

Peonia dijo...

No creo que la ambición esté habitualmente en la mente de un escritor. Quizás en la del que busca sólo el éxito. Me he acordado de esta frase: "Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo". Fernando Pessoa

Care dijo...

Hay muchos tipos de ambición, Peonia, y la económica sólo es una de ellas. Una de las ambiciones de todo escritor bueno, y más inalcanzables, es la de escribir un buen libro, un libro redondo, magnífico, lo mejor que puedes dar de ti. Por supuesto, estoy completamente de acuerdo con la cita de Amis (por eso la he escogido) y me identifico con ella, aunque ya adivino que la ambición a la que él se refiere no es precisamente ésta. Bueno... la económica no es una ambición ilegítima, siempre y cuando venga acompañada por algo más. Y la de conquistar el prestigio tampoco. Respecto a la ansiedad... también tiene muchas caras. La que te lleva al descontento sempiterno, por ejemplo, ante lo ya hecho. Es como una enfermedad, que yo sufro de forma endémica.

Feliz 2006, amigos, amigas.

Braulio Llamero dijo...

Gologos:
Adoro que me contradigas. Más que nada porque lo haces de tal forma que a la postre no logro ver la contradicción. Más bien me parece que ensanchas, enriqueces o elevas al cubo aquello que yo traté de decir de forma más esquemática y simple (deformación periodística, acaso).
Aunque tu primer párrafo, oye, me ha sugerido a esos ingeniosos abogados de película capaces de retorcer un argumento en un sentido u otro, según convenga al "cliente". Dicho sea con tanta admiración como divertimento.
Por lo demás, Care, a mi sí me parece ilegítimo que un escritor ambicione dineros y honores. Veo bien y deseo que los consiga, si su obra lo merece, pero sus ambiciones deben ser puramente estéticas, de exigencia literaria. Lo primero ha de ser consecuencia, nunca causa o motor. Si te fijas, la mala literatura que nos anega tiene siempre ese arranque, ese motor, esa causa.

Care dijo...

Dineros y honores como toda ambición me parecen detestables, llamero. Es lo que dijo García Márquez: hoy día los jóvenes no quieren ser escritores, quieren ser famosos. Sin embargo, una vez has dado de ti cuanto crees que puedes dar, y si el resultado te deja medianamente satisfecho, ¿por qué ha de ser ilegítimo ambicionar todo lo demás? Creo que eso del escritor purista sólo preocupado por cuestiones estéticas es un tanto hipócrita. Buena literatura, sí. O, mejor: la mejor literatura que podamos dar. Y luego, lo que se pueda. Eso sí, otra cosa es tener los cojones de admitir que además de escribir bien te preocupa conquistar cuantos más lectores, mejor, cuantos más mercados, mejor y durante todo el tiempo posible. Y que te paguen por ello y, si puede ser, bien. Yo los tengo. Los ovarios, en mi caso, como me afearía Marina Mayoral si me estuviera leyendo. Salú!

Braulio Llamero dijo...

Supongo que no me explico bien. No digo que sea ilegítimo ambicionar dinero y honores. Digo que eso no debe ser la prioridad, el motor o causa a partir del cual, de las cuales, se ponga uno a hacer Literatura. Digo que eso, el dinero, los honores, deben ser consecuencia o frutos de un pasion previa, que ha de ser el motor: la pasión literaria. Digo que los resultados suelen ser muy distintos según cual de esos dos motores hagan funcionar a cada escritor.
Por lo demás, querida Care, sin saber que eso era cuestión testicular, yo siempre he defendido que el escritor debe escribir para muchos, para todos a ser posible, llegando a cuantos mercados pueda y, por supuesto, forrándose si lo consigue.
Por lo demás, Feliz Año y que los hados te sigan sonriendo.

Care dijo...

Es fantástico terminar el año con esta sensación de estar de acuerdo, llamero. Qué gusto. Besotes y buenos hados (o los mismos) también para ti.

César dijo...

Así que polemizando en mi ausencia, ¿eh?... Vamos a ver, todos los escritores somos ambiciosos, ya que no hay mayor ambición que suponer que nuestros textos puedan interesarle a alguien. ¿Ansiosos? No lo creo; escribir es una labor demasiado lenta como para ejercerse con ansiedad.
¿Escribir por dinero? Claro, ¿por qué no? Escribir es un trabajo como otro cualquiera; un escritor es un profesional, no un samaritano. Otra cosa, claro, es basar la creación literaria en el dinero, porque entonces entra en juego el marketing, que es el verdugo de toda creatividad (y lo sé por experiencia).
De todas formas, y casi no me atrevo a decirlo, porque aquí hay mucho admirador de Amis, todas las frases del amigo Martin que han aparecido en este ilustre blog me parecen solemnes obviedades. Ese tipo es un maestro de la rimbombancia; no sé, me parece que estoy empezando a cogerle manía...