4 de febrero de 2006

Celebración de la amistad


La amistad tiene una ventaja grande sobre el matrimonio: no es exigente. Puedes estar siete años sin ver a un amigo, apenas sabiendo de él por correos electrónicos dispersos, que a veces dicen poco o casi nada, pero puedes volver a verle después de ese tiemo, ir a cenar con él, y sentirte como si entre la última vez y esta cena hubiera habido un vacío, eso que en literatura se llama una elipsis. El amigo no te echa en cara que no le atiendas, o que atiendas más a otro que a él, o que te dediques a otras cosas. Tengo varios buenos amigos con quienes mantengo una relación epistolar de cartas muy distanciadas, y de los que, sin embargo, me siento muy cerca. Aunque a veces, también hay amigos que se divorcian de mí, que me dejan para siempre, y a los que nunca termino de echar de menos.
Todo esto viene a cuento de que ayer fue para mí una especie de día de celebración de la amistad a lo largo y ancho. A mediodía, aprendí de mis mejores amigos muchas cosas gracias a una pregunta que les formulé por correo electrónico y que ellos, tal y como esperaba, respondieron enseguida. Me pasa a menudo: aprendo de ellos, de mis mejores amigos. Son grandes tipos y tipas.
Por la noche, cené con Israel Centeno, a quien vi por última vez en Caracas en 1999. Estaba acompañado de su hija, que se encargó de recordarnos con su sola presencia el paso del tiempo: la última vez que la vi era una niñita. Ahora es una mujer camino de la exuberancia. Hablamos de política y de literatura. De amigos comunes: los cercanos y los lejanos. Recordamos a Graciela, su mujer, quien me enseñó a hacer arepas («está cocida cuando suena a tripa llena»). Brindamos por repetir el encuentro «aquí, allá o acullá» y nos despedimos deseando que fuera antes de 7 años.
No ocurrirá nada si no lo cumplimos.
(Desde hoy, además, Israel estará un poco más cerca gracias a este blog, que enlazo con el suyo.)

2 comentarios:

Matías dijo...

A mí me encanta que los abrazos con amigos suenen, durante un instante, a crujir de huesos. Es algo extraño, como si uno se fundiera. Se repite pocas veces.
Me encanta ese cuento tuyo de pequeñas resistencias (te lo dice un devorador de cuentos)

miwok dijo...

La verdad es que los buenos amigos son algo imprescindible en la vida...que bonito es saber que tienes a gente que siempre te va a escuchar, y a echar una mano. Y que bonito es saber que alguien cuenta contigo...