25 de febrero de 2006

El pasado en un diario

Durante un año de su vida, entre agosto de 1997 y agosto de 1998, la escritora estadounidense Phyllis Dorothy James, conocida en todo el mundo por sus novelas negras y de misterio, decidió escribir un diario. No quiso que fuera un diario íntimo:

Guardo muchos recuerdos en los que me resulta dooloroso detenerme. No veo la necesidad de escribir sobre ellos. Pertenecen al pasado y deben ser aceptados, comprendidos y perdonados, no se les debe otorgar más que el lugar que corresponde en una vida larga, en el transcurso de la cual siempre he sabido que la felicidad es un don y no un derecho.
En su diario, P.D. James no habla de intimidades, no hace inventario de su vida privada, pero sí habla, y mucho, de su oficio, de sus trucos como escritora, de sus inicios y de su éxito. También reflexiona sobre el pasado, al que dedica un jugoso párrafo en el prefacio de la obra:
El pasado no es estático. Sólo vive en la memoria, y la memoria es una estratagema para olvidar tanto como para recordar. Ésta tampoco es inmutable. Redescubre, reinventa, reorganiza. Como un pasaje de prosa, puede ser revisada y puntuada de nuevo.
Durante 22 años, yo también escribí un diario. 35 cuadernos. Tiempo atrás pensaba que quería ser incinerada con ellos, pero más tarde cambié de ópinión: no habría ataúd capaz de contenernos a todos; o afearía mucho el funeral la presencia de un ataúd cuadrado, o redondo. Además, un buen día, dejé de escribir diarios. La reorganización de mi magma interior dejó de interesarme. Ahora mis cuadernos se llenan de otras cosas: listas de libros escurridizos, nombres de personajes, posibles títulos, esquemas de novelas, documentación, citas, lecturas... Algún día que tenga ánimo suficiente, emprenderé la obra faraónica de rescatar de mis viejos diarios los pasajes que quiero conservar. Presumo que serán pocos, poquísimos. El resto, lo quemaré yo misma, no vaya a ser que alguien sienta a mi muerte la tentación de leerlos.
De algún modo, este blog rescata aquella vieja vocación mía de cronista del día a día. Sé que algún día tendrá que terminar, como ayer anunció mi amigo Ivan Thays el final de su blog Moleskine, que ha administrado durante 2 años. Puede que también haya para mí "causas de fuerza mayor" que me obliguen algún día a cesar este aprendizaje de la soledad pero, por ahora, las siento lejanas y ajenas.
También he decidido que si un día me diagnostican una enfermedad incurable, comenzaré un diario. En la red, naturalmente. "La creatividad es un recurso interno resuelto con éxito", cita P.D.James en ese prefacio. O los escritores podemos ahorrar mucho en psiquiatras, digo yo.
Por cierto, el diario de P.D. James se titula La hora de la verdad, y está publicado por Ediciones B. Otrosí: tengo una salud de hierro, amigos y amigas que me sufrís, me seguís, me alegráis la vida.

7 comentarios:

Braulio Llamero dijo...

Esperemos que tengas al lado un amigo tan bueno -o tan desobediente- como Kafka, para que llegado el momento se te impida quemar esa montaña de diarios. Una vez escritos, ¿estás segura de que soy tuyos y solo tuyos hasta el derecho a la destrucción? En casos similares, la señor Posteridad siempre ha respondido No, me parece recordar...
Por lo demás, que tus dedos sigan volando ágiles y felices sobre todo tipo de teclados. Amén.

Peonia dijo...

Yo creo que también he pasado por un proceso parecido. A partir de los seis años rellenaba cuadernos y cuadernos de cuadritos con todo lo que me ocurría. Al llegar a los veinte años (más o menos) empecé a escribir desorganizadamente lo que me afectaba, los libros que quería leer, pensamientos, bocetos de novelas,... Ahora he descubierto los blogs y estoy encantada aunque reconozco que escribo con más pudor que si se tratara de un cuaderno íntimo. Yo creo que volveré al cuaderno de cuadritos más tarde o más temprano.
El año pasado se murió una amiga de cáncer y estuve una noche sin descanso buscando sus fotos y lo que yo había escrito sobre ella en mis cuadernos. Encontrarlo fue como si pudiera volver a tener algo suyo... Considero que esta manera de escribir me salva del "psicólogo" o del "psiquiátra" cuando hay situaciones que no entiendo como las enfermedades o la muerte.
El otro día observé en la parada del autobús al exmarido de una amiga saliendo de un ambulatorio médico con una radiografía en la mano, hablando consigo mismo y haciendo por la calle unos tremendos aspavientos. Me quedé perpleja y al llegar a casa se me ocurrió un cuento. Los escritores no escribimos la realidad pero creo que la anécdota parte muchas veces de esa realidad que queremos controlar o explicar.
Un besote.
P.D.: Guarda los diarios y tu última voluntad sobre si quieres que se publiquen o no.

Matías dijo...

Yo la verdad es que nunca he sido capaz de hacer un diario. Me aburría enseguida, pero siempre me pareció muy cool la gente que lo tenía.
Ahora con lo del blog he subsanado -poquito, poquito, de acuerdo- esta asignatura pendiente.
¡Que el aprendizaje siga aquí por muchos años!

miwok dijo...

Yo he llevado diarios en la adolescencia, tenía la necesidad de escribir todo lo que no decía, y en situaciones especiales, mi verano en York y mi curso Erasmus en Escocia. Es interesante releer lo que pensabas, sentías...Ah, por cierto, durante una época me gustó bastante P.D.James, pero en ese estilo, prefiero a Patricia Cornwell.

miwok dijo...

Sólo una cosa más, mirad mi blog...que ya le estoy haciendo caso.

cristian dijo...

"El otro día observé en la parada del autobús al exmarido de una amiga saliendo de un ambulatorio médico con una radiografía en la mano, hablando consigo mismo y haciendo por la calle unos tremendos aspavientos."

Qué bueno! Espero nos dejes leer el cuento, peonia.


"o afearía mucho el funeral la presencia de un ataúd cuadrado, o redondo" XD

Amaia dijo...

Yo nunca he conseguido escribir un diario con regularidad, auqnue la idea y el propósito sí lo he tenido en mente más de una vez.
Sí que me ocurrió lo que a Peonia con veinte años, pero con seis, siete, ocho y nueve. No, miento. Los bocetos de novelas los sigo escribiendo en papeles sueltos aún ahora.