Hace unos días pasó por aquí, como un ser-de-vuelo, que diría mi querida Chantal Maillard. Care se ha convertido en un ser-de-vuelo. Pero Chantal no se refiere exactamente a lo mismo a lo que yo me refiero cuando lo aplico a la escritora Care Santos. Ella un ser-de-vuelo y su obra literaria un huracán. Vive prácticamente subida a un avión y su edad no llega al número de obras que ha escrito, que rozan ya las cuarenta. Con la última, La muerte de Venus, ha quedado finalista del Premio Primavera de novela. Y no ha escrito bodrios como otros. Ni siquiera su única obra poética lo es, aunque ella dice que no es el género donde más feliz se encuentra. Pero a ella se le nota que es feliz mientras no le falte papel, lápiz, y un hueco suficientemente amplio, aunque sea por intenso, a través del que dejar un trozo de sus labios repitiendo te quiero como un eco en el aún cuerpo menudo de sus hijos, que ya son tres.
Nos vimos unas horas pero hablamos de lo humano y lo divino; en catorce años sólo habíamos podido darnos un par de besos en Madrid hará unos cuatro o cinco. Pero la Care de entonces, la de ese octubre del noventa y tres, en la que ambos éramos desconocidos, ya no es la Care de ahora en la que yo sigo siéndolo. La literatura ha escogido y la ha elegido a ella y no se ha equivocado. Donde sigue siendo exactamente igual es en sus adentros, esos no han cambiado. Ella me dice que durante estos años ha aprendido, por ejemplo, a utilizar las preposiciones, a conocer sus límites, a entender a los editores, a temer a los correctores, a abominar de los críticos (labor que ejerce con autoridad aunque no sea del todo de su agrado). Ha adquirido el “oficio” de escritora. Pero yo digo que además de todo esto, que no es poco, lo que de verdad ha aprendido es trazar ese puente que une su escritura deliciosa y los miles de lectores que la siguen. El puente lo ha fabricado con la pasión que muestra por la vida. No hay otra forma de hacer literatura que no sea desde el amor a la vida, desde sus sinsabores a veces tan duraderos; hasta sus placeres, tan frecuentemente efímeros.
-Care, está usted en Murcia-, me contó que le susurraba el otro día una lectora al darse cuenta de que al firmar para ella uno de sus libros (en los que gusta de escribir la fecha y la ciudad) se quedó paralizada sin saber exactamente en qué ciudad del mundo se encontraba.
mialdea@auna.com
Mostrando entradas con la etiqueta LA MIRADA AJENA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LA MIRADA AJENA. Mostrar todas las entradas
20 de junio de 2007
29 de noviembre de 2006
Os prometo que no le he mandado un jamón (o la primera crítica a El dueño...)
Existen aspectos, como la constante capacidad de experimentación e innovación, que convierten a Care Santos en una de las escritoras más atractivas, literariamente hablando, del actual panorama juvenil. Y es que siguiendo su trayectoria se constata que desde Hot Dogs (2001), novela realista en la línea de las modas de lecturas juveniles de hace unos años, pasando por el atrevido puzle literario de Los ojos del lobo (2004), hasta llegar a El dueño de las sombras, la autora catalana no ha cesado de experimentar con temáticas, con la estructura de la novela y con los puntos de vista del narrador. Un ejercicio encomiable, no falto de riesgos ni de algunos errores, que convierten a esta escritora en un valor a seguir.
Y es que El dueño de las sombras se aparta del realismo crítico de múltiples colecciones destinadas al joven lector y se atreve a realizar una incursión en el mundo de ultratumba, centrándose especialmente en las múltiples presentaciones del mal. Un tema que se remonta, como bien hace Santos al final del libro, hasta los románticos, como Gustavo Adolfo Bécquer, y que en la actualidad cultivan con acierto Agustín Fernández Paz, Fernando Latorre y César Mallorquí, entre otros.
Aunque este es un género difícil de abordar, la nueva mirada femenina de Santos lo enriquece de matices y ofrece un protagonismo diferente a las mujeres de la familia Albás, situado en el extremo contrario de las típicas chicas histéricas de las películas americanas de terror. Pero si con esto no hubiera bastante, la autora deleita con una de las miradas más singulares del lado oscuro del mundo: Eblus, nombre que recibe el demonio protagonista de todos los males, es el narrador de los peores momentos. Un relato en segunda persona, que se dirige al lector, con preguntas ad hoc, y que despierta en él sus miedos más ancestrales. Esta es, sin duda, la obra más ambiciosa de esta gran autora juvenil, que da muestras de una gran maestría del arte de novelar.
Joan Portell Rifà
Suplemento Exit, El periódico de Catalunya / El periódico de Aragón
noviembre 2006
Y es que El dueño de las sombras se aparta del realismo crítico de múltiples colecciones destinadas al joven lector y se atreve a realizar una incursión en el mundo de ultratumba, centrándose especialmente en las múltiples presentaciones del mal. Un tema que se remonta, como bien hace Santos al final del libro, hasta los románticos, como Gustavo Adolfo Bécquer, y que en la actualidad cultivan con acierto Agustín Fernández Paz, Fernando Latorre y César Mallorquí, entre otros.
Aunque este es un género difícil de abordar, la nueva mirada femenina de Santos lo enriquece de matices y ofrece un protagonismo diferente a las mujeres de la familia Albás, situado en el extremo contrario de las típicas chicas histéricas de las películas americanas de terror. Pero si con esto no hubiera bastante, la autora deleita con una de las miradas más singulares del lado oscuro del mundo: Eblus, nombre que recibe el demonio protagonista de todos los males, es el narrador de los peores momentos. Un relato en segunda persona, que se dirige al lector, con preguntas ad hoc, y que despierta en él sus miedos más ancestrales. Esta es, sin duda, la obra más ambiciosa de esta gran autora juvenil, que da muestras de una gran maestría del arte de novelar.
Joan Portell Rifà
Suplemento Exit, El periódico de Catalunya / El periódico de Aragón
noviembre 2006
12 de noviembre de 2006
16 de enero de 2006
11 titular

La gente de la revista Qué Leer ha elegido (en el número correspondiente a este mes de enero) a un supuesto 11 titular de la Literatura para jóvenes de todo el mundo y me ha nombrado ¡central! Es más, dicen que soy «la central ideal» (yo, que no sé distinguir un balón de baloncesto de uno de rugby) y me definen como «prolífica» (eso es verdad) y «fiable» (uy, qué equivocados están estos señoreeees). ¿Mis compañeros de equipo? Cornelia Funke, Philip Pullman, Eoin Colfer, Cristopher Paolini y la inefable J. K. Rowling entre los extranjeros. De los nacionales: Andreu Martín, Fernando Marías, Laura Gallego, Gema Lienas y Rafael Ábalos. El divertido artículo lo firma Milo Krmpotic, que podría ser algo así como el seleccionador. Gracias Milo, intentaré estar a la altura.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
