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19 de enero de 2013

Futuro imperfecto



"Tómese una de éstas antes de acostarse y soñará con el futuro inmediato (hasta un máximo de doce meses). Si toma dos, verá aún más allá (unos diez años). Nunca tome más de dos, no es recomendable".
Muerto de curiosidad, una noche tomé cuatro. Soñé oscuridad y silencio. Al final del sueño, me devoró una manada de perros rabiosos.
Desde entonces, no he dejado de aumentar la dosis. El destino que os espera es peor que el mío.

23 de diciembre de 2012

Objetos perdidos (Micros del fin del mundo)


Un anillo de oro en forma de serpiente enrollada, con dos esmeraldas por ojos. Lo perdí a los dieciocho años. Me lo regaló alguien especial, para celebrar mi llegada a la Universidad. Alguien a quien le importaba que ya fuera Universitaria. Lo busqué durante años, por todas partes. Sobre todo, lo busqué en los resquicios de un viejo escritorio, porque estaba convencida de que allí lo había visto por última vez. Cuando mandé restaurar el mueble tenía treinta y cinco años y lo primero que le dije al artesano fue: Si al desmontarlo encuentra un anillo de oro en forma de serpiente, avíseme enseguida.

Anoche soñé con mi anillo perdido. Por la mañana, al despertar, lo encontré sobre la mesita de noche. Mientras escribo esto, en anillo brilla en el anular de mi mano derecha. Está como nuevo, como recién pulido. Las esmeraldas brillan como si pudieran entenderme.

Sobre la mesa tengo otros objetos: Una muñeca Nancy vestida de azafata de Iberia (uniforme de los años 70). Un pendiente de bisutería que fue de mi abuela, verde, en forma de lágrima. Una edición de La dama de blanco en dos tomos, ajada y amarillenta. Un chal de lana de alpaca, de color violáceo. Catorce guantes de piel (todos negros, abundan los de la mano izquierda). Siete paraguas (cuatro de ellos, plegables; tres de ellos, de color naranja). Dos pares de gafas de sol (de marca). Una pluma estilográfica marca Omas. Y varias cosas más, que perdí para siempre en algún momento de mi vida.

Observo todos estos objetos, que han aparecido de pronto en mi vestíbulo, como si la marea del tiempo los hubiera arrastrado hasta mí. Tienen un significado. Es éste: ahora somos lo mismo.
Nadie va a venir a buscarnos.

22 de diciembre de 2012

Terminar es difícil


El juez dictaminó que la muerte se había producido poco después de la medianoche del 22 de diciembre de 2012. La causa era evidente, pero la escribió de todos modos, con su letra ilegible: Asfixia (producida por ahorcamiento). Junto al cuerpo del suicida se encontró una nota que rezaba:

No soporto que las cosas no terminen cuando deben.

21 de diciembre de 2012

El reflejo del alma


A las nueve de la mañana del jueves detecté que me había salido un granito en la piel del cuello, cerca de la clavícula. A las dos de la tarde el zarpullido me cubría de la barbilla a las tetas. Por la tarde avanzó hacia el ombligo. Aquella noche avazó rápido. Las piernas, la espalda, las plantas de los pies... El viernes me levanté transformada por completo. Un monstruo purulento.
Llamé al dermatólogo. A varios de ellos. Ninguno podía darme hora para antes de un mes. Resolví encerrarme en casa. Después de descolgar, uno por uno, todos los espejos.

No me di cuenta de que las calles estaban desiertas hasta que sonaron las alarmas de las viviendas. Todas al mismo tiempo. Algunos vecinos asomaron las tímidas cabezas a las ventanas.

Sentí asco sólo de ver sus rostros. Estaban cubiertos de granos purulentos.
En el contenedor de la esquina, apilados, descubrí todos los espejos del barrio.

20 de diciembre de 2012

Biofilia (Micros del fin del mundo)


Como cada domingo, pasé la mañana en el jardín. Amontoné las hojas otoñales, podé el rosal, admiradé la buganvilla. Fue al ir a aplicar al limonero el tratamiento antiminadores de cítricos cuando reparé en que el fumigador estaba vacío. Me quité los guantes de jardinería y antes de salir lancé un último vistazo. Creo que fue una mirada de orgullo, porque las plantas no habían estado nunca tan frondosas, tan brillantes, tan perfumadas. Ni yo había tenido nunca ningún talento para la jardinería antes de mudarme aquí.

El centro de jardinería estaba cerca. No tardé ni cinco minutos.
Cuando regresé, encontré mi casa bajo una maraña de gruesas raíces, ramas superpobladas y hojas de un brillo amenazador. Tan espesa era la capa vegetal que no logré abrirme camino hacia la puerta.
"Así había de ser, tarde o temprano, me dije. Lo vegetal siempre espera un descuido nuestro para avanzar".
Y me marché con lo puesto.

19 de diciembre de 2012

I'ts a small world after all (Microcuento del Fin del mundo)


Los niños esperan para entrar. Esta es la única atracción del parque donde la cola avanza deprisa. Una barquita para ocho personas, un recorrido absurdo, muñecas cantarinas vestidas con trajes típicos de todas las regiones del mundo. It's a world of laughter, a world or tears / its a world of hopes, its a world of fear / theres so much that we share... Y lo único que tú tienes ganas de compartir es tu asco. Tu asco hacia todas estas estúpidas personas que, como tú, esperan su turno. Y al cabo, ¿para qué? ¿Para dar vueltas en una barquita viendo unas odiosas muñecas cantarinas?

De pronto, llega Mickey Mouse. El que faltaba, piensas. Los niños  salen de la cola y corren a abrazarle. Quieren que les hagas una foto con Mickey. Mickey Mouse abre la boca. Parece que  también va a cantar la maldita canción. Pero en lugar de decir It's a small world after all dice Diabolus missit me et consumatum est. Entonces saca la metralleta que llevaba escondida en el calzón rojo y comienza a disparar.

No te habías dado cuenta: la canción lleva un rato sin sonar.