9 de septiembre de 2011

¡Mi vuelta al cole será rusa!


De momento, y en exclusiva, la cubierta. 
Muy pronto os hablaré de este lanzamiento de Editorial Nevsky que he tenido el honor de coordinar.
Desde ya os digo (y no es pasión de madre) que si no lo leéis os perderéis uno de los mejores libros del otoño.
Estará a la venta en octubre.
De momento, y para que os vayáis ambientando, podéis ver las portadillas que ha diseñado Zuri Negrín para los diversos textos.

8 de septiembre de 2011

Revista Eñe de septiembre con relato inédito


Este cuadro se llama como mi cuento, bueno, en realidad es el cuento que se llama como el cuadro. Es decir Atardecer con perro escabullido. El cuadro es de Jorge Izquierdo Vera Tudela. Puede verse en el MEAM, el nuevo Museo Europeu d'Art Contemporani de Barcelona, que aprovecho para recomendaros.

Para ir a EÑE, AQUÍ

7 de septiembre de 2011

Supermami de agosto


6 de septiembre de 2011

Utilidades del verano


En nuestro verano ha habido gatos. Cinco, para ser exactos. Mis hijos les han alimentado con las más variopintas viandas (desde pan con nutella a la piel churruscada de un cordero o los bordes sobrantes de una pizza tamaño familiar). Los gatos han demostrado ser unos sibaritas, porque no todos los alimentos eran recibidos con igual interés. El resto del tiempo, entre comida y comida, los gatos y mis hijos se observaban mutuamente. Por las noches, los osados felinos se metían en la casa, y en más de una ocasión tuvimos que expulsar a alguno del salón, donde no se sabe si acudían en busca de compañía o, como dijo Elia en algún moemnto, a ver la película que, sin excepción, se programaba en el cine infantil familiar. Mi hija estaba convencida de que los gatos tenían todo el derecho del mundo a ver algunas cintas, como "Los aristogatos" o "La dama y el vagabundo" (donde los gatos son los malos, ah). 
De vez en cuando, los niños buscaban a los gatos por el enorme jardín. Al regresar de la expedición, informaban: hay dos bajo el coche, uno entre los arbustos del fondo y el resto, desaparecidos. A mí me daba por pensar que los gatos debían de hacer lo mismo, y al llegar a su cuartel general, donde su mamá gata les debía de estar esperando con la cena, decían: Hay un niño en el comedor, otro en el porche y dos no sabemos. Y la madre gata debía de pensar lo mismo que yo: mientras no los toquen, me encanta que vean gatos, y aprendan a respetarlos, aprendan a convivir con criaturas diferentes, que normalmente no forman parte de su vida diaria.  Aprendan a asombrarse. Al fin y al cabo, pienso, las madres somos iguales en todas partes, ¿o no?

La aventura gatuna ha sido una parte muy pequeña de nuestras vacaciones familiares, donde también ha habido horas de lectura familiar, un viajero llamado Ulises surcando los mares, los mismos mares que se han separado para dejar pasar a los israelitas en otro libro de aventuras tremebundas, ha habido sol y lluvia y olas que nos mecían y olas que nos amenazaban, y miles, miríadas de preguntas (algunas sin respuesta) y constelaciones recién descubiertas en el cielo, y películas que han gustado también a los adultos, y girasoles del tamaño de una niña de 8 años, y el primer sushi y el primer sashimi de Adrián, y paseos por el margen de una era y cielos azules impresionantes y amigos que se quedaban a cenar y a dormir y manos queridas que se despiden hasta pronto y despiertan una catarata de llanto y dibujos de casi todo (cafeteras, pies, árboles, dibujados y guardados para siempre en la caja de los dibujos) y ha habido, en suma, mucho futuro por delante. Porque eso es, sobre todo, lo que el verano vaticina: muchos otros veranos estupendos por llegar. Por eso nunca es triste despedirlo, volver a la rutina, porque sabemos que cuando llegue otro, encontraremos el modo de incorporarlo a nuestros mejores recuerdos.

Porque eso me parece que hago en verano, navegantes, por encima de cualquier otra cosa: construyo sus recuerdos.
Me encanta estar de vuelta.


5 de septiembre de 2011

José Luis Gómez Toré me manda este manifiesto, para indignarse y pensar. Aquí os lo dejo.

LA CULTURA POR LA DEFENSA DE LA ENSEÑANZA  PÚBLICA DE MADRID A TODA LA CIUDADANÍA DE NUESTRA COMUNIDAD:

Como profesionales del mundo de la cultura y como ciudadanos que trabajamos y vivimos en la Comunidad de Madrid, los abajo firmantes queremos expresar nuestra preocupación y nuestro más decidido rechazo ante los drásticos recortes que, con la excusa de la crisis, está llevando a cabo el gobierno regional en la educación pública y que se concretan en las instrucciones para el curso 2011-12. La educación y la cultura no deben ser realidades separadas: ambas siempre han sido, y son, la garantía de una sociedad plural, democrática, participativa y crítica, y por ende libre. Una educación pública de calidad constituye una conquista irrenunciable de nuestra democracia, sin la que difícilmente puede hablarse de justicia social y menos aún de igualdad de oportunidades. Una educación de todos y para todos es un pilar básico para el crecimiento personal de cada individuo así como para el desarrollo de un país en su conjunto. Por todo ello, resulta especialmente preocupante el modelo que quiere imponer el gobierno regional, que tiende a crear guetos y a profundizar la brecha de las desigualdades económicas y sociales.

Si bien los recortes se han presentado a los madrileños como una consecuencia indeseable pero inevitable de tal crisis económica, lo cierto es que se enmarca en la política de sustracción de recursos a la escuela pública que ha llevado a cabo durante años la presidenta Esperanza Aguirre en beneficio de la escuela privada-concertada. El gobierno regional ha decidido ahora recortar drásticamente las plantillas de los centros públicos, que verán reducido su cupo en el curso que comienza en 3000 profesores (lo que se suma a los recortes de años pasados, unos 5000 en total, según estimaciones de los sindicatos de docentes). Mientras los recursos en Primaria e Infantil siguen siendo insuficientes y no se garantiza el mantenimiento a largo plazo de programas fundamentales como la Compensatoria y las Aulas de Enlace, el ajuste presupuestario supone un importante número de docentes menos no sólo en la ESO y en el Bachillerato, sino asimismo en la Formación Profesional, las Enseñanzas Artísticas y las Escuelas Oficiales de Idiomas. La decisión impulsada por la Consejera de Educación Lucía Figar, sin tener en cuenta la opinión de los sectores afectados, no va precisamente en apoyo de la calidad de la enseñanza y desde luego dista mucho de esa excelencia en educación que reclama para sí la Consejería. Los primeros perjudicados son los alumnos, que en muchos casos no sólo no contarán con horas de tutoría, sino que también en no pocos centros verán cómo desaparecen horas de laboratorio y desdobles en asignaturas como Lengua, Matemáticas e Inglés.

          El reajuste va a suponer que un buen número de profesores va a engrosar las ya de por sí abultadas listas del paro, mientras muchos otros docentes se verán desplazados de sus centros de destino. Mientras el Gobierno de la Comunidad malgasta el dinero en costosas e inútiles campañas publicitarias de fomento del respeto al profesor, con medidas como éstas demuestra todo su desprecio a la meritoria labor que llevan a cabo los docentes que trabajan en la escuela pública así como a su alumnado. La mejor forma de garantizar el respeto a los profesores es dotarles de los medios necesarios y asegurarles unas condiciones dignas de trabajo. La educación, y mucho menos la educación pública, no es un lujo del que se pueda prescindir en época de crisis: es, por el contrario, una oportunidad de futuro y una garantía de cohesión social y de salud democrática. La enseñanza pública constituye, en definitiva, una de las bases fundamentales del estado social, democrático y de derecho, y si la atacamos, estamos minando la democracia misma y lesionando gravemente el derecho que todo ciudadano tiene a recibir una EDUCACIÓN DIGNA y DE CALIDAD.

           Por todo ello, mostramos nuestra solidaridad con toda la comunidad educativa afectada del sector público en Madrid y nuestro apoyo a sus movilizaciones, así como también nuestro más rotundo rechazo a las citadas instrucciones, que deben ser retiradas de inmediato.
 
¡NO A LAS INSTRUCCIONES para el curso 2011-12 en la Comunidad de Madrid!
 
¡Por una EDUCACIÓN PÚBLICA DE CALIDAD y de VERDADERA EXCELENCIA DE TODOS y PARA TODOS!

5 de agosto de 2011

Cerrado por vacaciones


4 de agosto de 2011

Laxitud e ilusiones

Me encantan estos días laxos de agosto. El teléfono no suena. La gente anda por ahí, disfrutando de su ausencia. Las horas parecen hechas para desperdiciarlas. Los libros gordos, gordísimos, nos reclaman con su pasividad a gritos. Los rincones más lejanos del Atlas parecen hechos para que nos perdamos en ellos, aunque nunca lo hagamos, porque es odioso viajar en agosto. 

No, agosto es un mes para el sedentarismo. Para los descubrimientos más cercanos: el asombro en los ojos de los niños, el placer de la lectura compartida, las películas clásicas en la penumbra del aire acondicionado, los olores del pan recién hecho en nuestro propio horno, el lujo de la calma en compañía.


Este año, navegantes, he alcanzado agosto con una sensación inédita en mí: necesito vacaciones. Ha sido un curso intenso, del cual ahora no voy a hablar porque mucho he insistido ya en eso, y en este sitio. Por delante, se extiende otro cargado de trabajo y de ilusiones. Por primera vez en mucho tiempo, antes de afrontarlo, necesito quedarme en blanco. Tumbarme bajo los árboles en mi pueblito castellano de todos los veranos. Vigilar al castillo vigilante. Ver pasar las nubes. Preparar grandes jarras de limonada. Charlar hasta las tantas de la madrugada mientras los grillos cantan para nosotros. Tener cerca a alguien que durante el año siento cerca aunque esté lejos.


Me llevo la maleta cargada de lecturas, eso sí. No son novelas de Dickens, ni de mi adorado Wilkie Collins. Son textos de principios del XIX, la mayoría biográficos o memorialísticos., algunos inencontrables, comprados a precio de oro en librerías anticuarias. Documentación para mi próxima novela. Alimento para el monstruo, en suma. Cuando regrese, en septiembre, pondré fecha al inicio de la escritura, aunque ya hay cuadernos garabateados con párrafos,  esquemas y hasta algún que otro  principio de capítulo. También hay título, aunque por ahora me lo reservo (ya sabéis: los novelistas debemos mantener el suspense). 

En estos momentos, la historia por contar es una gran emoción y una ilusión desbordante.  Estoy deseando hincarle el diente a una historia que estará repleta de bibliotecas y de locos de los libros. Con ellos me despido, comportiendo la alegría con todos vosotros, hasta más ver. Estaré de vuelta cuando agote las nubes castellanas o cuando ellas se cansen de mí.
 

Feliz laxitud agostina, amigos.


3 de agosto de 2011

Desaveniencias con Mr. Pickwick


Hace unos días sentí la urgencia de leer Los papeles póstumos del Club Pickwick, la que a decir de algunos es la mejor novela de Charles Dickens. Durante el curso no puedo permitirme estos lujos de más de mil páginas, como tantos. Después de un proceso de búsqueda no exento de grandes desilusiones  (tropecé con libreros que ni siquiera conocían el libro ni lo habían tenido jamás), y de descartar la edición de bolsillo, en tres volúmenes, de Alianza, encontré -en manos de mi librero de cabecera, esto es, Luis, de  Librería Laie, en Barcelona- lo que andaba buscando: la edición de Mondadori, en tapa dura, colección Grandes Clásicos. Me tumbé con él en la cama, dispuesta a pasar toda una tarde sumergida en  sus páginas.¿Habrá mayor placer?
Ahora que lo he dado por terminado, puedo decir que lo que más me ha gustado de ese libro es el prólogo y las notas de José María Valverde. La novela me parece ingenua hasta la desesperación (no podía ser de otro modo, me digo: su autor la escribió con 24 añitos), tediosa, repetitiva y armada con la técnica del collage, muy poco favorecedora en este caso. Echo de menos personajes verosímiles, construidos con la profundidad de los grandes. Echo de menos un humor menos infantil, una peripecia más emocionante.  Me sobran algunas de las historias intercaladas y quisiera que otras fueran en sí mismas novelas dickensianas. Incluso echo de menos más espectros y fantasmas (y eso que el prologuista le recrimina a Dickens su gusto por lo fantasmagórico). En fin.
El prólogo habla de la génesis de la obra. Apareció por entregas, como otras de su autor, y fue su primer trabajo serio  (antes de escribirla, apenas había publicado unos cuentos bajo pseudónimo.) El Club Pickwick, calcado a otras sociedades de la Inglaterra de su tiempo, surgió por iniciativa del editor del periódico, quien le proporcionó a Dickens no sólo el título de la novela, el tema y los personajes, sino las ilustraciones de Robert Seymour a las que el escritor debía ceñirse escrupulosamente. Lo hizo -sólo hay que leer la descripción de los miembros del club- hasta que su criterio se impuso al de Seymour, y ganó la batalla. Luego, Seymour se ahorcó y tuvo que ser sustituido por otro ilustrador. En alguna parte he leído que esas vicisitudes en la sustutución de los dibujantes eran moneda de uso corriente cuando se publicaban novelas tan extensas. Dickens escribió 15.000 palabras cada quince días durante más de un año.
La novela fue un acontecimiento en su época. La aparición de algún personaje secundario disparó las ventas y lo convirtió, por imperativo categórico, en casi principal. Los lectores estadounidenses fueron al puerto de Nueva York a esperar el barco que traía el desenlace de la historia. 
Qué bonita imagen. Un puñado de personas ávidas de conocer cómo termina el cuento.

2 de agosto de 2011

El arte de la amistad


31 de julio de 2011

Biblioteca con limonero al fondo


Me encantan los libros que hablan de bibliotecas, de cómo ordenarlas, de cómo vivir con ellas, de cómo padecer la falta de espacio que genera el aumento progresivo de libros. Me encantan las anécdotas de mudanzas con biblioteca. No me asusta trasladarme con mis libros. Me encantan las cajas llenas de ellos, los volúmenes por colocar, pacientes, que aguardan sin prisa.
Mi biblioteca (nueve mil volúmenes) espera ahora, conteniendo la risa, a ser trasladada. Cuando llegamos a este piso donde ahora apuramos las últimas semanas, él dijo: "Ojalá me hubiera liado con una analfabeta". Éramos entonces una pareja recién constituida, apenas nos conocíamos. A veces, el pasado nos dejaba sin habla. Sombras extrañas paseaban de vez en cuando entre nosotros. Entre estas paredes comenzamos a mirarnos a los ojos de verdad. Luego, el tiempo pasó.
Juntos, todo comenzó a multiplicarse. Los libros son ahora mucho más numerosos que cuando llegamos. Y eso a pesar de los expurgos y la resistencia a quedarme con muchos de los que pasan por mis manos. Construimos entonces estanterías de obra, adaptadas a los muros como una piel. Ahora nos urgen anaqueles nuevos. Tenemos los libros, pero sus estantes se quedan aquí. Como tanto de nosotros.
No es fácil elegir una estantería para una biblioteca. Los libros pesan mucho. Las dimensiones habituales no les son propicias. Hacen falta baldas estrechas, abundantes, regulables. Todos los que tenemos libros sabemos que sus tamaños difieren mucho y cambian con el tiempo. 25 centímetros de anchura como máximo. De suelo a techo. 
Luego está el color. Madera. Blanco. Negro. Hay pros y contras para todas las opciones. Debatimos mucho. Miramos. Entro en las tiendas y fotografío estanterías. Construyo un sueño nuevo. Busco casa para mi biblioteca. Calculo cuántos caben. En ello estoy invirtiendo este año parte de mis vacaciones.
El ser humano, ya se sabe, se hizo sedentario para poder tener libros.

Cuando la estantería esté en su lugar, me sentaré frente a ella y abriré el portón del patio. La brisa entrará, suave, animada por los juegos de mis hijos. Apenas unos metros más allá, habrá un limonero que habré plantado con mis propias manos. Ese limonero, que quienes mejor me conocen sabrán reconocer enseguida -puede que con una sonrisa- es el mismo del que llevo hablando años, aunque no haya existido jamás fuera de mis sueños.
A la sombra de ese limonero veré pasar los años, amigos, sin hacer nada distinto de lo que hago. Inventar historias, escribirlas, disfrutar el efecto que tienen en los demás y comenzar enseguida a inventar otras.
Ese limonero será mucho más que un árbol en mi jardín. Será un sueño. Un símbolo. Un atajo entre el pasado y el futuro.
Jamás había sentido, como ahora, estar llegando al lugar donde siempre he deseado estar.

22 de julio de 2011

Revista de prensa: Isabel Marín habla de "Habitaciones cerradas" en Mujer de Hoy

Habitaciones cerradas incluye todos los ingredientes para hacer de ella una novela recomendable: secretos familiares, relaciones tortuosas, amores crueles, mansiones abandonadas y habitaciones llenas de secretos que esperan ser descifrados. Ambientada en la Barcelona modernista, es un buen reflejo de una época de esplendor truncada por la Guerra Civil, con los míticos almacenes El Siglo como clave de la trama. Habitaciones cerradas es una obra perfectamente circular, donde las primeras y últimas páginas encajan a la perfección, pues el inicio contiene ya todas las claves que, perfectamente desarrolladas a lo largo de la novela, darán la solución al caso que se presenta. 

PARA LEER
LA RESEÑA COMPLETA

19 de julio de 2011

Supermami de julio


18 de julio de 2011

Un correo y una historia preciosos que llegan desde muy lejos y que me llenan de felicidad

Acabo de terminar Habitaciones Cerradas. Vivo en Puerto Rico y lo compré durante mi viaje a Barcelona y Madrid en junio.  Quiero darte las gracias por haber escrito un libro tan maravilloso. Mi familia es originalmente de Barcelona y se trasladaron a Puerto Rico en 1890. Tenían centrales de azúcar, pero la tatarabuela se quedó siempre en Barcelona. Pienso en ella con el personaje de Maria del Roser. Al su hijo casarse con mi bisabuela (hija de catalanes ya viviendo en Puerto Rico) viajaron a Barcelona de luna de miel a conocer a la familia y ella (la suegra) le regaló los muebles para su casa de Puerto Rico (algo que haria Maria del Roser con Teresa). Los muebles son iguales a los que hay en el museo de La Pedrera, en la parte donde vivía la familia Milà. Yo los heredé y son los que ahora están en mi casa.
Tu libro me ha hecho sentir que he visitado la Barcelona de la época de mis tatarabuelos y bisabuelos y me parece haberlos podido conocer mejor a través de tus personajes. ¡He llorado la muerte de Violeta por horas! Y también la de Maria del Roser. Me siento con un nudo en la garganta al haber acabado el libro, porque quisiera que nunca terminara.

15 de julio de 2011

Crónica casifotográfica de una felicidad madrileña

Nací para ser rata de biblioteca. A pesar de que lo sé, no siempre puedo ponerlo en práctica. Estos días, en Madrid y en la Real Academia de la Historia, lo he hecho. A veces pienso que sólo escribo novelas para poder hurgar en pliegos llenos de legajos.


Las plumas del XIX escribían bonito y sus autores, gastaban una prosa seductora.


¿Hay algún lugar donde todavía estemos en el XIX? Una librería anticuaria, desde luego. La foto corresponde a la Librería del Prado, donde recibí lecciones por partida doble. Esta librería, por cierto, sólo tiene un defecto: estar a 600 kilómetros de mi casa. 

Antes de que la novela comience a cobrar, ya estoy en deuda con algunas personas. Le debo estos primeros pasos a Luis Alberto de Cuenca y Jesús Marchamalo, pero sé que antes de que termine el año habrá muchos más nombres en la lista (soy una mujer afortunada). Ay, navegantes, si pudiera compartir ya con vosotros la historia que se me está ocurriendo...

8 de julio de 2011

Escrito en una Moleskine roja / ONCE MINUTOS PARA MÍ

Tener once minutos para mí,
espejismo de paz,
que remeda el descanso
de los muertos tempranos.
Me relajo a cualquier sombra,
trazo letras, echo cuentas,
descabezo un breve sueño imaginario
clasifico mi dicha por texturas
y soy (perdón) feliz,
pero en voz baja
porque ser feliz hoy día
requiere discreción.

En mis once minutos
propios, intransferibles,
escribo versos malos para nadie,
termino libros gruesos,
imagino fatales desenlaces,
contemplo el sol, que tiene mucha prisa
para ir donde siempre.
Y ronroneo
como si fuera un gato.


En mis once minutos
explota alguna estrella,
mueren y nacen seres inauditos,
alguien lejos de aquí 
pronuncia unas palabras importantes
o descubre ruinas que cambiarán el rumbo
de esta arbitrariedad que llamamos historia.
Luego, suena un chasquido
anunciando que algo llega a su fin.
Y clic, acaba todo esto
sin haber empezado.

La eterna acción regresa sin saberlo
al repetir solar de cada instante.
Mas mis once minutos
han servido de algo.
Algo mínimo, espúreo, fugaz y peregrino
que no le vale a nadie
y que me colma.


5 de julio de 2011

Quiero todo esto (al modo de José Agustín Goytisolo y por encargo de la Cadena Ser)

Quiero una pluma estilográfica nueva
que sólo sirva para escribir poemas.
Quiero pasar una hora encerrada en una habitación
con el fantasma de mi padre.
Quiero ver nevar sobre Cracovia.
Quiero nadar en el mar la última tarde de octubre
antes de que llegue el frío.
Quiero ser la reina de Inglaterra
durante cinco minutos.
Quiero ver a mis tres hijos cuando tengan mi edad
por el ojo de una cerradura.
Quiero que se prohíban los libros
compuestos con letra diminuta y apretujada.
Quiero pagar mis impuestos sin dolor.
Quiero que la gente que no sabe ser feliz
reciba lecciones urgentes.
Quiero ser la primera bailarina
del New York City Ballet
una noche de estreno.
Quiero que vayan a la cárcel
los novelistas que aún escriben:
“Lágrimas tibias y saladas resbalaron por su mejilla”
y se quedan tan anchos.
Quiero encontrar zapatos del 42
en una zapatería de mi barrio.
Quiero que quienes no entienden nada
comiencen a entender algo.
Quiero que el hombre que duerme a mi lado
siga ahí dentro de treinta años.
Quiero salir al jardín a arrancar un limón
de un limonero plantado con mis propias manos.
Quiero una ducha con buena presión de agua.
Quiero ser un astronauta sin fecha de regreso
durante cinco minutos.
Quiero leche que sepa a leche.
Quiero viajar en el tiempo para asistir
a una comida de Navidad
en casa de mi bisabuela.
Quiero que me perdone –más aún, que me comprenda-
quien nunca va a comprenderme ni perdonarme.
Quiero pintar una pared de color naranja
con mis propias manos.
Quiero un sillón de leer de 90 x 95
y un escabel a juego.
Quiero besos, abrazos y caricias
(darlos, recibirlos, recordarlos).
Quiero conocer a un librero de viejo
con muchas ganas de hablar.
Quiero palabras que suenen bonito, 
como Pulpa, Almidón, Zascandil, Plantígrado.
Quiero que todos los bares del mundo
tengan tónica Fentimans.
Quiero hablar ruso
como si hubiera nacido en San Petersburgo.
Quiero abrir la puerta y encontrar
a Wislawa Szymborska en el rellano.
Quiero tener setenta años
durante cinco minutos.
Quiero ser estudiosa de algo insignificante
y consagrar a ello toda mi vida.
Quiero que los mosquitos no me zumben en el oído
mientras concilio el sueño.
Quiero un abrigo largo hasta los pies
para envolverme con él el próximo invierno.
Quiero ver la vida
desde el punto de vista de las medusas.
Quiero que los Reyes Magos no sepan la verdad.
Quiero morir, como mucho, a los 80 años.
Quiero silencio para leer.
Quiero un periódico sin sección de deportes.
Quiero conocer a gente
que aún no ha sido engendrada.
Quiero echar por la ventana
todos los televisores de la casa.
Quiero ser muy menudita y pesar 40 kilos.
Quiero aprender el arte de estar
en dos lugares al mismo tiempo.
Quiero disfrazarme de señora con polisón.
Quiero, lo antes posible, 
meter todos mis libros en cajas
y llevármelos a otra parte.
Quiero ser Jack el Destripador
durante cinco minutos.
Quiero admirar a mis amigos.
Quiero cantar el aria de la reina de la noche
de La flauta mágica.
Quiero aprender a hacer tiramisú.
Quiero ser un hombre durante los veinte segundos
que dura lo que ya sabéis.
Quiero asombrarme siempre y mucho.
Quiero no recordar nada de lo que quiero,
según esta lista,
la próxima vez que me pregunten
qué quiero.

3 de julio de 2011

Robin de Sherwood

The adventures of Robin Hood, llamada Robin de los bosques en España, está considerada la mejor película de aventuras de todos los tiempos. Fue rodada en 1938 por tres directores distintos, protagonizada por un Errol Flynn que es igualito -quienes tengáis niños seguro que sabéis de quién hablo- al Sportacus de Lazy Town. En el papel principal femenino tiene a una Olivia de Havilland tan desmayada como de costumbre, pero deliciosa. Fue una de las primeras películas filmadas en color y costó, leo, dos millones de dólares. Se llevó tres Oscar: al mejor decorado, a la mejor banda sonora y al mejor montaje. de permanente inalterable y que resulta igualito -quienes tengáis niños me entenderéis- al Sportacus de
Es una de las películas que más éxito ha tenido entre los críticos jueces de mis sesiones familiares de cine forum. No sólo por el tema -el ciclo artúrico nunca falla- sino también por otros méritos, más difíciles de encontrar en cine apto para todos los públicos de cualquier época: no es moralista, no es cursi, tiene un ritmo trepidante, los malvados son muy malvados y los buenos se rigen por suicidas causas nobles. Hay luchas, escenas emocionantes y un final feliz nada ramplón. Es seguro que volveremos a verla.
Ha sido una buena manera de ir intimando con Robin Hood, ese justiciero que tanto trabajo tendría hoy día y que nunca pasa de moda. Ni en los bosques de Sherwood ni en el salón de mi casa.