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20 de febrero de 2008

Ejercicio de composición

Ayer me preguntó un chico en un colegio de Salamanca cuál era la pregunta más extraña que me han hecho jamás. Le referí una vez en que un muchacho de una edad similar a la suya me preguntó si soy miope y si no me planteo, por ello, dejar de leer o de escribir (ojo, porque la preguntita encierra un mensaje terrible: leer y escribir perjudica, vade retro). Lo que no sabía era que una de las preguntas más raras que me han hecho jamás, aunque muy divertida de contestar, llegaría poco después, de boca de un muchacho de 15 años:
-¿Cómo te gustaría morir? -quiso saber.
Fui sincera:
-De repente. Entre los míos. Lúcida. No muy vieja.
Murmuraban, de ese modo en que lo hacen los adolescentes cuando algún tema les inquieta. Pensé que estaría bien hablar de la muerte. Les conté que no me importa hablar de mi propia muerte porque nunca me ha preocupado ni impresionado la idea de morirme. Puntualicé: desde que tengo hijos siento que no puedo morir todavía, que tengo unos 20 años de intenso trabajo por delante. Luego, ya qué más dará. Hay mucha gente en el mundo y nadie es insustituible.
Callaban y estaban muy atentos. El tema funcionaba.
Les expliqué que tengo escrito el texto que va a leerse en mi funeral. Me preguntaron por qué lo había hecho, qué decía. No desvelé el contenido, pero sí los motivos:
-Porque no quiero que a mi entierro venga cualquier gilipollas a decir cualquier cosa.
Se rieron. Debo confesar que eso, exactamente, era lo que yo pretendía.
Cuando ya me iba, la profesora me contó que la idea de escribir el texto de su funeral les había gustado: lo habían propuesto como tema para una composición en clase de literatura. Ella aceptó.
De modo que muy pronto habrá en Salamanca, por mi culpa, 60 chicos y chicas de 15 y 16 años escribiendo el texto que debe leerse en su entierro.
Espero que los padres me lo perdonen.
¡Cómo me gustan estos chicos!

La imagen de hoy: un buen sitio para pasar la eternidad en solitario. Grimsey.

12 de febrero de 2008

Criaturas que aparecen en primavera

Esta mañana he estado en uno de esos institutos que me tocan de vez en cuando en los que sientes ganas de no salir más de casa. Aclaro que cuando un encuentro entre alumnos y escritores va mal suele ser culpa del profesorado, nunca de los alumnos (y menos de los escritores, porque os aseguro que hacen falta ganas para ir por ahí predicando la buena nueva de la literatura entre los alumnos de secundaria).

A los chavales que me escuchaban les he contado mi primer encontronazo con la literatura erótica. La cosa estaba encuadrada en la parte de la charla titulada: "Libros que me apetecía leer de adolescente y libros de los que huía nada más olerlos". Entre los que más me tentaban de todos los libros que aún no debía leer (yo les llamo genéricamente, los libros "aún no") estaban los de la colección La sonrisa vertrical. Los compraba con mi paga y los leía a escondidas, muchas veces bajo las sábanas. Era tan ingenua que ni siquiera sabía lo que significaba el eslógan de la contracubierta: "una colección para leer con una sola mano". Me pasé bastantes ratos preguntándome por qué se dirigía a los mancos aquella colección tan simpática.
Debo aclarar que, a diferencia de lo que les ocurre a los chavales de hoy, yo no había gozado de una educación sexual nada completa.
Con semejante preparación, la lectura de los libros de las tapas rosadas eran para mí una especie de universidad en la materia, donde aprendí cositas muy útiles que con el tiempo terminaron por serme de gran provecho. Una vez cayó en mis manos un libro de relatos cuyo título y autora he olvidado por completo (qué cruel es la posteridad) en cuyo primer cuento se explicaba la siguiente historia: una mujer se dispone a fregar el suelo de su casa, para lo cual abre de par en par la ventana del salón. Cuando está a cuatro patas sobre las losetas, con la bayeta en la mano (muy a la antigua usanza), ve entrar revoloteando por la ventabna un pene alado. Semejante anuncio de la primavera le causa tan gran emoción que se lanza a la caza de la criatura, con quien muy pronto entrará en lúdica interacción.
¿Podéis imaginar los efectos que tan imaginativa aventura tuvo sobre la desinformada chiquilla que yo era entonces? Pasé una buena temporada pensando que los penes poseían la capacidad de levantar el vuelo en cualquier momento, y mirando hacia la ventana por si la primavera traía a alguno de ellos a anidar en el alféizar. Menos mal que salí de dudas antes de ver el primer pene de mi vida, o hubiera hecho un ridículo espantoso animándole a hacer aquello que yo sabía que podía hacer.


En fin. De una versión resumida y desapasionada de esta historia, y muchas otras cosas sobre pasión lectora, hemos hablado esta mañana con los alumnos que os decía. Sus risas y su atención han hecho, como siempre, que todo terminara valiendo la pena. Y la visión del Atlántico, con Rota y Chipiona al fondo, que tengo desde la habitación del hotel, compensan el resto.
Seguro que mañana será más fácil que las cosas salgan bien.

En la imagen, tomada hace 15 días, otra aparición primaveral: las flores de los almendros de Can Bruguera, en Mataró, que siempre son las primeras en salir.

29 de noviembre de 2007

¡Al diablo con los linces azules!

Pues sí, este fue el título que ganó "en vivo y en directo". Lo habéis adivinado, navegantes.
¿Coindidencia? No tanto. Los reclamos son los que son. Igual que lo que nos llama la atención.
Además, es un maravilloso título.
¿Qué tipo de novela imagináis? ¿El líder de una banda de rock llamada "Los linces azules" pacta con el diablo a cambio de reunir a la banda por última vez? ¿Un ecologista desengañado decide suicidarse en una reserva de linces azules? ¿Un hombre al que acaban de abandonar ve linces azules en sus sueños?
En fin...
La autora de tan magnífico título es Veronica Garcia (estudiante de 9º A), de la Institución Educativa El Hatillo, cerca de Medellín. Tiene 15 años.

28 de noviembre de 2007

El mejor título


La semana pasada organicé un concurso de títulos de novela entre unos alumnos de 14-15 años de la Instutución Edicativa XXX de Barbosa, en Colombia. A partir de algunas palabras elegidas previamente, ellos debían formar títulos sugerentes.
Estos son algunos de los mejores. Os animo, visitantes de este blog, a que elijáis el que más os guste. Veremos si coincidís con los votos de los estudiantes colombianos (En unas horas, la solución).

1) Pedro en México y su reloj

2) Antonia, una rosa de Medellín

3) En Medellín no hay reloj

4) ¡Al diablo con los linces azules!

5) La rosa de México

6) Un camino siempre despejado

7) La rosa azul de siempre

8) La rosa azul hacia Medellín

9) El camino nunca está despejado

10) Camino hacia la rosa mexicana

11) Despejado camino de Antonia

* Los de la foto son algunos de los participantes