25 de abril de 2007

Convocatoria: Bilbao

Hoy jueves, de 18,30 a 20,30 horas estaré firmando La muerte de Venus * en la sección de librería de El Corte Inglés de Gran Vía, en Bilbao.

* O cualquier otra cosa que traigáis, incluidas: camisetas, calzoncillos, fotos (propias y ajenas)y hasta papel higiénico de doble capa.

¡Allí nos vemos!

24 de abril de 2007

Cien monos (cuento para la ocasión), de César Mallorquí

Dicen que si cien monos se sentaran frente a cien máquinas de escribir y pasaran una eternidad pulsando aleatoriamente los teclados, al final, por puro azar, alguno de ellos acabaría redactando El Quijote. Con el objeto de comprobar la veracidad de tal aserto, el emir Zayed ibn Abdullah, soberano de Uqbar, mandó traer cien simios de lejanas selvas y los encerró en la sala de recepciones de su palacio, donde previamente había ordenado instalar cien procesadores de textos. Luego, tras asegurarse de que los monos se entregaban con entusiasmo a la tarea de impactar alocadamente sus zarpas contra las teclas, Abdullah se retiró al serrallo y, en compañía de sus seiscientas dieciséis esposas, aguardó los resultados del experimento.
Como era de esperar, ninguno de los monos redactó El Quijote. El primero en concluir -un robusto gorila de lomo plateado- escribió el Tristram Shandy de Sterne. El segundo, un chimpancé de rojiza pelambrera, puso punto final a una versión anotada de Alicia en el País de las Maravillas. Los siguientes treinta y seis simios redactaron por orden alfabético todas las obras dramáticas atribuidas a William Shakespeare. El mono trigésimo noveno concluyó Cien años de soledad y el que hacía número cuarenta La divina comedia. Los cuatro siguientes primates escribieron correlativamente El Ulises, Lolita y los dos primeros tomos de En busca del tiempo perdido, e incluso se dio el inusitado caso de un pequeño tití que, desdeñando el teclado y habiéndose hecho, quién sabe cómo, con una estilográfica Montblanc, redactó a mano y con pulcra caligrafía El jardín perfumado de Nefzawi.
Ésa fue la gota que colmó el vaso. Abdullah alzó una ceja con hastío, dejó de examinar los textos y abandonó la sala de regreso al serrallo, no sin antes ordenarle a sus guardias que sacrificaran a los cien monos y quemaran los manuscritos que estos habían redactado. Luego, el emir pareció olvidarse por completo del asunto, aunque muchos años después, cuando siendo ya anciano decidió redactar sus memorias, dedicó un par de líneas a aquel fallido experimento, limitándose, en cualquier caso, a señalar las conclusiones obtenidas. A saber: escribir es más fácil de lo que parece y los monos son muy poco originales.

23 de abril de 2007

¡Feliz día del libro, navegantes!


Mi programa (barcelonés) para hoy:

Por la mañana:
De 11 a 12: Corte Inglés, Plaza Catalunya
De 12 a 13: Libreria Catalonia, (frente al Corte Inglés de pl. Catalunya)
De 13 a 14: Casa del Llibre de Passeig de Gràcia

Por la tarde:
De 17 a 18: Corte Inglés, Avda. Diagonal
De 18 a 19: Fnac, L'Illa
De 19 a 20: Corte Inglés, pl. Francesc Macià

Para almas ortográficamente sensibles: Nótese que hoy me he tomado el tiempo y la molestia de abrir en vuestro honor las exclamaciones.

20 de abril de 2007

Sant Jordi: programa para el sábado 21

Librería Robafaves. c/ Nou, 9, de Mataró

Estaré allí firmando de 19 a 20.

Os espero a todos!

19 de abril de 2007

Convocatoria: Burgos

SE BUSCA LECTOR INTELIGENTE QUE SE DEJE EMOCIONAR
O LA BUSQUEDA DEL INTERLOCUTOR)
por Care Santos.


Sala Polisón del Teatro Principal, 20:15 horas
Paseo del Espolón s/n


Nota al pie: los árboles de ramas entrelazadas del paseo del espolón son como un pasadizo de cuento de hadas. Una de las razones por las que me gusta Burgos.
La otra es Óscar Esquivias.

18 de abril de 2007

De Javier Alas, dos fotos recién descubiertas




Sus títulos: Two y Reflections (pero, ¿cuál es cual?)

17 de abril de 2007

De Elena Medel: Animal de compañía (microcuento)

Al menos lo intentamos, mastica. Rompimos el lunes; hoy almorzamos en un parque cercano a su oficina. Ensalada para mí, siempre a dieta, y filetes empanados que tranquilicen su apetito asesino. Ni yo quería hijos ni tú a mi perro, y se entrega a la mostaza, ojo por ojo, diente por diente. ¿Ya está todo en casa de tus padres? Asiento. Oye, qué rico esto. Mentón de norte a sur, y sonrío imaginando cómo busca a Trueno en la cocina, en la terraza, en el aparcamiento, en parques y avenidas, creyendo —iluso— lo de la correa rota y el trote imparable, mientras mi ex digiere los restos de su mejor amigo.

16 de abril de 2007

14 de abril de 2007

Convocatoria


Razones para coleccionar libros dedicados:
1) Descifrar dedicatorias es un juego recomendable para tardes de aburrimiento (¡qué letra tienen algunos, por dios!).
2) Pueden enseñarse a las visitas en las sobremesas, añadiendo algo de cosecha propia a las palabras de unos y otros.
3) Se puede esperar a que muera el autor para vender el libro por 30 veces su precio.

EL PROXIMO MARTES, DIA 27, DE 19 A 20 HORAS, FIRMARÉ EJEMPLARES DE "LA MUERTE DE VENUS" EN EL CORTE INGLÉS DE PORTAL DE L'ÀNGEL, EN BARCELONA.

(A todos los que vengáis con el libro prometo:
1) Forzar una caligrafía ligeramente jeroglífica.
2) Escribir una dedicatoria deliciosamente ambigua, que dé lugar a interpretaciones diversas.
3) Morirme, en un plazo de como mínimo 25 y como máximo 45 años.

13 de abril de 2007

De Óscar Esquivias: microcuento

La plancha es el transatlántico de las telas, siempre con sus calderas prendidas y humeantes, dispuesta a surcar las olas de algodón y lino con elegancia y recta derrota. Todas las planchadoras sueñan con servir en barcos lujosos que las lleven de un extremo a otro del mundo, muy lejos de su ciudad interior y fría y de sus amas despóticas (sólo echarán de menos al señorito adolescente, a quien mandarán una postal desde cada puerto y un cablegrama el día de su cumpleaños). Cuando oyen la palabra “Génova” o “Montevideo” o “Nagasaki” sienten un escalofrío, porque saben que ellas deberían estar allí, en un yate de recreo, y no en aquel estrecho y escondido cuarto de la plancha, repasando unas sábanas de hilo y mojándolas con su sudor.

11 de abril de 2007

Oda a la amistad (y a mis amigos)

No me avergüenzo de confesar que tengo un talento: buen gusto a la hora de elegir a mis amigos.

No di muestras de él a temprana edad (en eso no fui una niña precoz), sino más bien tarde. Durante la infancia tuve pocos amigos (¿alguien conoce la amistad verdadera antes de, digamos, los 14?) y en la primera adolescencia no me caractericé por mi buen ojo. Las cosas comenzaron a ser ditintas de verdad cuando cambié de colegio. Dejé atrás un colegio de monjas del que tengo recuerdos terroríficos (y no sólo por las monjas) y llegué a otro de curas en el que por vez primera vi a un chico sentado a un pupitre. Recuerdo que la primera vez que vi un varón en clase pensé: «Qué bonito queda, qué diferencia». Y de inmediato descubrí algo que hoy ya asumo como una verdad absoluta: a lo largo de mi vida, he congeniado mucho mejor con los chicos que con las chicas. Mis mejores amigos han sido hombres, con alguna honrosa excepción. Por eso el nuevo colegio (Valldemia, en Mataró), fue sinónimo de uno de los mayores descubrimientos de mi vida: la amistad.

Hay muchas razones por las cuales considero que la amistad es una relación más ventajosa que otras (por ejemplo, la pareja o el matrimonio):
1) Apenas exige. Puedes no ver a un amigo en un año, pero cuando te reencuentras con él es como si el tiempo no hubiera pasado.
2) No es exclusiva (ésta es una gran ventaja): nadie te fuerza, ni siquiera el propio amigo, a tener sólo un vínculo de amistad en tu vida. Puedes tener dos, varios, docenas, centenares de amigos y puedes incluso quedar con varios de ellos a la vez, proponer planes comunes. Incluso puedes soñar con presentar a tus amigos y que surja entre ellos una bonita amistad. ¡Y nadie te acusa de degenerada!
3) Los amigos están ahí cuando el guión de tu vida da un quiebro inesperado. Es más: los quiebros inesperados sirven, entre otras cosas, de prueba de selección de los verdaderos amigos.

Pues bien, navegantes, después de 37 años de guión, después de varios quiebros inesperados (en que mis amigos me salvaron literalmente la vida), después de muchas idas y venidas, y de muchas cenas compartidas, de muchos paseos por muchas ciudades diferentes (algunos con lluvia torrencial), de centenares de conversaciones cargadas de descubrimientos, camaradería, lágrimas, risas, después de muchas docenas de miles de palabras... Hoy me hace muy feliz entonar esta ODA A LA AMISTAD en este lugar que, lo sé, frecuentáis mis amigos.
Quiero seguir aprendiendo de vosotros otros 37 años.


P.S. Mañana empezaré a publicar vuestras aportaciones a mi felicidad con motivo de mi cumpleaños. De modo que durante algunos días, este blog será vuestro. Gracias a todos, de todo corazón.

10 de abril de 2007

De Villa Amalia, de Pascal Quignard

Dicen que la tela, según su superficie, su forma, su solidez, sus señuelos y su belleza, teje la araña que le es necesaria.
Las obras inventan al autor que precisan y elaboran la biografía adecuada.

Página 257. Espasa, 2007

9 de abril de 2007

Una visita a mis rusos muertos






De arriba a abajo: tumbas de Chéjov, Gógol, Maiakovsky, Stanislavsky y Shostakovich en el cementerio de Novodiéviche, de Moscú.

6 de abril de 2007

El cumpleaños del Gran Gatsby

Todo el mundo tiene sus rarezas o sus cursiladas. Una de las mías es que ME ENTUSIASMA celebrar mi cumpleaños. Organizaría una fiesta al estilo del Gran Gatsby todos los años. De hecho, una vez hice algo parecido, cuando cumplí 30 y me pareció que el cambio de década lo merecía. En fin.
El caso es que este domingo, 8 de abril, cumplo 37 castañas y se me ha ocurrido pediros algo a los habituales de este sitio.

Aquí tenéis un correo electrónico creado para la ocasión:

elaprendizajedelasoledad@yahoo.es

Me gustaría que me enviarais algo, lo que queráis: un poema (propio o ajeno), un minicuento, una reflexión, una frase, una foto de lo que sea (animal, mineral o vegetal), un dibujo, un link... En fin, lo dejo a vuestra elección, que para eso demostráis cada vez que entráis que sois gente con buen gusto.
Iré colgando todo lo recibido aquí mismo, para ufanarme de ello y tener la sensación de que mi cumpleaños dura todo el tiempo que nos dure el juego.
¿Qué os parece? ¿Jugáis?
El lunes, prometo crónica de lo ocurrido.
Y gracias de antemano, navegantes.

5 de abril de 2007

Un sueño realizado (y 2)



Pues bien, esta es la segunda parte de la historia. Os había dejado en un café del barcelonés barrio de Gracia. El café se llama Noa y es un lugar muy especial. Fue allí donde Francesc Miralles y yo acordamos:

1) Que la primera frase de su novela sería la última de la mía. La frase es "La muerte es sólo el principio".

2) Que íbamos a compartir un personaje: Hunter, un perro lobo que en mi novela acompaña a un investigador parapsicológico, pero se escapa de manera repentina para aparecer de pronto en su novela, resolver un misterio de la trama y regresar a la mía, donde llega algo desnutrido, al final.

3) Que su novela saldría en la mía (la lee Mónica, mi protagonista, en la página 93) y la mía en la suya (la lee Cloe, su mejor personaje, en la página 108).

Y algún que otro juego, que no termino de desvelar por dejarle algo al lector aficionado a la caza del guiño.

Escribimos las novelas al mismo tiempo. A diario, o casi, nos hacíamos llegar los capítulos. Él viajó a la isla de Montserrat, donde termina su trama, y yo a Pompeya y Herculano, donde ocurre parte de la mía. Pusimos el punto final casi a la vez, y lo celebramos con una conversación telefónica con más de 1.000 kilómetros de por medio.

El resto, es más o menos público.
El Quart Reich, de Francesc Miralles, acaba de salir en Edicions 62. La versión castellana lo hará en septiembre en MR.
La muerte de Venus, finalista del Primavera, está recién publicada por Espasa.
Las dos han llegado al mismo tiempo a las mesas de novedades.
El 23 de abril, día de Sant Jordi, puede que coincidamos en alguna parte firmando libros, porque los dos tenemos el día a tope de compromisos.
Aún tenemos pendente una presentación conjunta, que promete ser una fiesta.
La fiesta de la amistad y la literatura, podríamos subtitularla.

4 de abril de 2007

Un sueño realizado (1)


Hace un tiempo, una noche de otoño, quedé para cenar con Francesc Miralles en un lugar con poco glamour pero mucho encanto llamado El celler de Macondo, en el barrio del Born, de Barcelona. Yo estaba atravesando una mala racha: acababa de salir de una crisis personal, estaba cargada de trabajo que no terminaba de apetecerme y no encontraba por ninguna parte un buen argumento al que hincar el diente y escribir con la motivación de otras veces. Como siempre, hablamos sin cesar. Como nunca antes, pregunté más yo que él (fue la primera vez). Estábamos en una terraza. Comenzó a llover. Grandes goterones otoñales. Tuvimos que salir huyendo y ponernos a resguardo. El lugar: el bar Mudances, en la calle Vidrieria. En un rincón del diminuto piso superior, frente a un par de tés. Fue allí donde le hablé de un proyecto aparcado: la idea para una novela. Algo así como: "Una fantasa de hace dos mil años se les aparece a una pobre pareja recién instalada en una vieja casa". Allí mismo, Francesc comenzó a animarme para que escribiera esa historia.
Él estaba a punto de comenzar una novela, me dijo. Se reservó el argumento para más tarde (Francesc es un maravilloso narrador, esta estrategia de reservar información interesante para después, suele caracterizar sus conversaciones) pero allí mismo, sobre la mesa de mármol de aquel café, hicimos una apuesta. La hizo él, en realidad.
Había un periódico sobre la mesa. Señaló la cabecera y dijo:
"La fecha de hoy. Antes de un año, o tu novela o la mía estarán en las listas de más vendidos de este mismo periódico".
Me pareció una locura. O un sueño. Algo irrealizable sobre lo que valía la pena decir tonterías, y nada más.
Ya en la calle, mientras esperábamos bajo a lluvia —yo tenía los pies sumergidos en un enorme charco— me contó su novela. El Cuarto Reino, una trama con nazis en busca de algo pero también de islas volcánicas habitadas por seres inverosímiles. Comprendí en el acto que lo que me acababa de contar sería oro en sus manos. De hecho, no fui la única: ya había varios editores tras su pista.
De camino a casa comencé a meditar en sus palabras: tal vez dejar todos mis compromisos aparcados y dejarme llevar por el entusiasmo, aunque fuera ajeno, no estaría mal.
Al día siguiente, lo vi claro: me concedí diez días para entregar algunos de los compromisos más urgentes y fijé un día para el inicio de la escritura de La muerte de Venus, mi novela de fantasmas.
Creo que fue más o menos en esos días cuando decidimos que las novelas serían hermanas, que las llenaríamos de juegos para los lectores pero también para nosotros mismos. Quedamos otra tarde lluviosa en Gracia, para establecer las reglas. Incluso establecimos un ritual de inicio de novelas, creando allí mismo, en un portátil, un documento con el título de cada una de ellas.
Ahora pienso que tal vez todo eso nos dio suerte.
Aunque esa conversación la dejaré para mañana. También yo sé mantener el suspense, qué creéis.
Ciao, navegantes. Regresad y sabréis.

3 de abril de 2007

2 de abril de 2007

Felicidad rusa (I)


Hay muchas Rusias simultáneas en la cabeza de quien, como yo, nunca salió de Rusia. Está la imaginada, jamás vista, de Julio Verne en Miguel Strogoff —una novela que, curiosamente, en Rusia nunca existió—; está la San Petersburgo que mata de frío a los personajes de Gogol; está la Colina de los Gorriones, donde no es difícil imaginar a los personajes de Padres e hijos, de Turguéniev; están los edificios stalinistas que debieron de asutar a Dovlátov hasta la misma mañana de su viaje al exilio de Nueva York, donde escribiría La maleta, una novela que canta la grandeza de las cosas mínimas; está el Borodino que Tolstoi visitó para documentarse antes de escribir Guerra y Paz. Está la Rusia que soñaron los zares y luego volvieron a soñar los máximos dirigientes soviéticos, y que sólo realizaron a medias. Está la Rusia que estremeció al mundo y la que hacía estremecer a sus siervos, que lo fueron mucho más tiempo que en cualquier otra parte del mundo. La Rusia de la tristeza, que aún parece que impide sonreír a sus ciudadanos.

Viajar a Rusia sirve, para alguien como yo que vivió lo que cuentan los escritores rusos, para ser capaz de recordar una sola Rusia: la real, la que se puede pasear, oler y escuchar. Una Rusia desligada de los sueños pero a la vez tan reconocible en ellos.

En la foto se me ve sonriente junto a Gorki y quien ha hecho posible esta felicidad rusa de la que esta semana daré más noticias en este sitio: Víctor Andresco, director del Instituto Cervantes de Moscú —y traductor, y escritor...—, quien es también —para mi suerte— mi primo ruso.

24 de marzo de 2007

HASTA EL 2 DE ABRIL

23 de marzo de 2007

Cierto: no sólo la Callipygos tenía un buen culo


¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, ALICIA!!

21 de marzo de 2007

Lo dijo Ibsen

Escribir es someterse al juicio implacable de uno mismo

20 de marzo de 2007

19 de marzo de 2007

críticos en el correo (o Sergio Fernández me da su opinión con un estilo frondosillo)

Te he escrito para decirte que tu libro no me ha gustado por ser simple, tener un final previsible,ponerte en un punto de vista en el que te lo dicen como si fueras tu y suena como una orden, aparecen demasiados personajes los cuales a veces no tienen que ver en la historia,lo que hicieron en el futuro que dudo que le importe a alguien y lia el tema,que el alto y el gordo no tengan nombre cuando te molestaste por los animales, que la chica tenga tantasuerte, quede repente los secuestradores se pongan nerviosos de repente,el tema de la vidente es magico,que un bipolar criminal no vaya al psiquiatrico,que con lo facil que era un simple error de los secuestradores y no tenía que haber magia cuando se supone que es ralista,y que un libro asi se el mejor de los tuyos y te hayan dado un premio y 100.000 euros el sector debe de estar undido por lo menos hasta el nucleo de la tierra.
En mi opinion el libro, no vale nada y me ha parecido un insulto a los libros que valen la pena.

Todo esto sin animo de ofender y como critica constructiva y para que a ser posibleno se repita lo digo desde mi punto de vista y me considero un buen lector.

16 de marzo de 2007

Juan Antonio González Iglesias en El País después de ganar el Loewe de poesía

Hay momentos en los que necesitamos estar con nuestro tiempo. Hay muchos aspectos del arte contemporáneo que son superiores a los clásicos. Por ejemplo, el intento de democratización, acomodarse al tiempo humano. Mucho arte contemporáneo es efímero, ni mármol ni bronce. Su duración es la nuestra. El riesgo es que en vez de ser democrático sea demagógico. Dar lo que el público espera es muy fácil. A veces se dice que cualquiera puede ser un artista y es verdad. Como cualquiera que en el mundo clásico tuviera educación literaria podía ser un poeta, con grados, claro.

15 de marzo de 2007

De Re Coquinaria (III)

Dos felices encrucijadas: escribir de platos y cocineros, qué placer. Cómo se me nota, para bien de quien le guste y aborrecimiento de quien no, que mi otra vocación es la cocina. En mis novelas comen, beben, se describen los platos, los rebozados, las guarniciones, los vinos, las añadas, las cosechas...
Y cuántas novelas pueden pensarse, cuántos asesinatos truculentos, cuántos desenlaces, cuántos personajes pueden nacer y crecer, mientras se cumplen los tiempos de cocción o se remojan las legumbres.

14 de marzo de 2007

De Re Coquinaria (II)

Esto de cocinar, pienso a menudo, me gusta tanto porque se parece mucho a escribir. El segundo lugar del mundo, después de mi ordenador, donde he pasado más horas en mi vida es, sin duda alguna, mi cocina. O mis cocinas, porque ha habido varas. Veo similitudes, además, en el proceso que te lleva a guisar una buena fideuá o a escribir una buena novela. Hay que cuidar las materias primas, hay que echarle horas, y mimo, y originalidad, y también seguir ciertas reglas. En ambas cosas se mejora con el tiempo. Ambas dan un miedo atávico la primera vez que te enfrentas al propósito de elaborarlas. La pantalla en blanco es similar, pues, a la cazuela vacía. El buen aceite es como los adjetivos: mejor poco que mucho, mejor de textura única y mejor en frío, que en caliente. Al principio, son imprescindibles recetas, y proporciones exactas. No se puede cocinar sin recetario ni escribir sin guión: sería conjurar el fracaso. Luego, con el tiempo, después de muchas fideuás y de muchas narraciones, podemos permitirnos ciertas licencias: calcular a ojo la cantidad de tensión que le falta a una historia, no pesar los ingredientes como si nos fuera en ello el porvenir. Confiar los resultados a la cocción lenta de dos elementos imprescindibles que crecen con el tiempo: el talento y el oficio.

13 de marzo de 2007

De Re Coquinaria (I)

Si no viviera de encadenar palabras para formar historias, estoy convencida de que montaría un restaurante. Y no para delegar trabajo a otros, sino para pasar el día entre fogones, algo que me parece tan excitante como pasarlo entre papeles. Lo único que no tengo del todo claro es qué carta podría ofrecer a mis comensales. Como en tantas otras cosas de la vida, en cuestiones gastronómicas mi indecisión bordea lo patológico. Elegir un restaurante para cenar un sábado es una tortura semejante a la de quedarme con un solo plato de una carta apetecible. Del mismo modo, tratar de saber qué habría en la carta de mi hipotética, quién sabe si futura, casa de comidas, es tarea casi imposible. Debería estar presente el sushi, pero también el rossejat de la Costa Brava –con su picada y su alioli-. No podría fatar el cous-cous pero tampoco el salmorejo, con sus virutas de jamón y su huevo duro (a la cordobesa). Entre los postres, debería haber mucho chocolate, en muchas texturas diferentes, pero no podría faltar la canela, la menta, el té verde y la miel. Es decir, una mezcla del Oriente por llegar con el mundo árabe que fuimos y con lo mediterráneo que no queremos dejar de ser.

12 de marzo de 2007

El testigo ocular

Luis Manuel Ruiz inaugura blog. No os lo perdáis.

http://www.eltestigoocular.blogspot.com/

9 de marzo de 2007

Vidas paralelas, Plutarco

Obraré de modo que, purificando en mi narración lo fabuloso, tome forma de historia; mas si hubiera alguna parte que obstinadamente se resistiese a la credibilidad y no se prestase a hacer unión con lo verosímil, necesitaremos en cuanto a ella lectores indulgentes que no desdeñen el estudio de las antigüedades.

8 de marzo de 2007

El preámbulo a algo que estoy escribiendo ahora

Desde el origen de los tiempos hay una cifra mágica que nos gobierna en silencio: el 12.
I) 12 veces al año recorre la luna su camino interminable alrededor de nuestros sueños, y cada uno de esos períodos recibe un nombre diferente.
II) 12 horas de luz brillante dan lugar al día. Otras 12 transcurren en la oscuridad, inventando la noche. La plenitud siempre es el 12: la medianoche, el mediodía.
III) Las 12 de la noche es la puerta misteriosa que conduce a otro tiempo.
IV) 12 estrellas rigen nuestros destinos: Aldebarán, Antares, Régulus, Cástor y Pólux…; cada una de ella representada por un símbolo: el toro, el escorpión, el león, los gemelos…
V) 12 animales mágicos habitan el cielo: unicornio, dragón, hipogrifo, basilisco, cerbero, hidra, grifo, kraken, mantícora, quimera, tarasca, fénix y sirena. (Si alguno cuenta trece, deberá demostrar cuál de ellos finge ser lo que no fue jamás). De tarde en tarde, por cierto, todos ellos salen a pasear por la faz de la tierra. O tal vez siempre han habitado aquí, pero sólo los elegidos saben reconocerlos.
VI) 12 tribus o linajes dicen que dieron origen a todos los pueblos conocidos.
VII) Los lugares guardados detrás de 12 puertas, cerradas cada una de ellas con 12 llaves, esconden secretos mágicos incluso para quien no sepa verlos.
VIII) Los dados que gobiernan los destinos de todo lo que vive tienen 12 caras.
IX) 12 son las verdades que esconde el mundo a sus moradores. 12 las pruebas que habrán de superar en su camino hacia la sabiduría.
X) 12 opiniones sabias y justas nos libran de cualquier error. Por eso 12 personas justas y sabias son el consejo que cualquier gobernante necesita. El trabajo en equipo lleva el signo del doce, pero a veces también puede conducir al sacrificio, el dolor o el miedo…
XI) Todo lo que hay sobre la faz de la tierra se encuentra en 12 libros esenciales. Todo está en sus páginas.
XII) Doce veces cada doce años, 12 serán los elegidos. Aunque deberán aprender el camino de la sabiduría. Del mismo modo, tampoco jamás faltó entre ellos un desleal, un traidor. Por eso el 13 siempre ha sido el peor augurio, el innombrable, la cifra de la peor suerte, del olvido y la muerte. Si has tenido la desdicha de caer en él, sáltalo y olvídalo tan rápido como puedas.

7 de marzo de 2007

Tadeusz Kantor

Hay en esa palabra mágica: REGRESO, un gran misterio de la vida.
La nostalgia humana del regreso.
La vida es, en el presente, huida, una lucidez mortal que intenta dominarnos por completo. La otra mitad de la vida se desarrolla en el pobre cuartucho de nuestra imaginación.

6 de marzo de 2007

Qué portada más bonita


El libro, traducción al catalán de la novela que en su día publicó SM, sale el 3 de abril.

5 de marzo de 2007

Una libertad propia

Fui una niña bastante aburrida, cuya máxima aspiración en la vida era crecer para dejar de ser una niña. El mundo de los adultos me seducía, todo lo que quería ser de mayor era, precisamente, eso: mayor. En mi universo doméstico y familiar, los libros desempeñaban un papel muy importante. Y para mí eran ventanas que miraban al mundo, a un mundo ancho y ajeno que era todavía un enorme misterio por resolver, pero también eran la única forma de rebelión, de trasgresión, que podía permitirme, un reducto de intimidad donde nadie dictaba sus normas ni nadie venía a imponerme nada. Leyendo, al revés de lo que solía ocurrir con el resto de actividades que llenaban mi existencia, era completamente libre. Y también escribiendo podía serlo, como descubrí de inmediato.
Una vez conquistado ese espacio único de libre albedrío, no toleré que nadie me lo arrebatara. Así, pronto me revelé en el colegio como una díscola lectora a quien, sencillamente, no le daba la gana leer lo que mandaban al resto de la clase. La literatura para jóvenes importada -nuestros autores apenas empezaban entonces a cultivarla y, desde luego, no tenía la resonancia que tiene ahora- me sonaba a artificio sin interés; la infantil pertenecía a una etapa superada: yo leía a Dostoyevski, a Byron y a Wilkie Collins. Recuerdo que de los dos primeros pensaba, cuando conocí sus biografías, que nos parecíamos: Ellos también habían desoído las normas que otros les dictaban.
Pronto descubrí lo que mis padres no deseaban que leyera. Descubrí el sexo en Crónica del alba, de Ramón J. Sénder y me enamoré de Garcés, su protagonista. Creo que fue mi primer enamoramiento. No conozco otro caso de amor verdadero por un ser de ficción. Y poco después llegué a La sonrisa vertical, claro, y mi despertar sexual fue teórico, arrebatado, clandestino y de la mano de los libros, como casi todo en mi vida. Fue literario muchos años antes de ser, digamos, empírico.
Si he contado esta ristra de intimidades no ha sido para responder de un modo categórico a la cuestión de si se debe intervenir en los contenidos de los libros para jóvenes, sino para ilustrar con el ejemplo que mejor conozco —el propio— de qué manera una sarta de lecturas que los educadores, los padres y muchos editores considerarían inadecuadas no han hecho de mí un ser deleznable, ni siquiera un ser atormentado, sino alguien capaz de vivir en sociedad y distinguir, a grandes rasgos, entre el bien y el mal. Sinceramente, creo que hubiera sido mucho más perjudicial para la niña insípida que fui, que también en ese terreno, el de los libros, el de la ensoñación, hubieran estado los omnipresentes adultos guiando mis pasos en todo momento. Entonces no hubiera dispuesto ni siquiera de esa mísera parcela de libertad, no habría sentido que cometía el peor de los pecados leyendo bajo las sábanas Historia de O, y probablemente me habría parecido que leer era una actividad gris, como lo era el resto de mi existencia. Probablemente exagero: no digo que no pueda ser de otro modo. Digo que para mí fue así. Aún ahora, la adulta que soy, y aquí no cabe la imaginación, sabe huir de la realidad a través de las ventanas abiertas al mundo que son los libros. Leer sigue arrebatándome, transportándome, llenándome de felicidad. Los libros me enseñan tanto como cuando el mundo entero era un misterio por descubrir, y ahora sé que esa sabiduría es inagotable si escojo bien mis lecturas. Y sigo leyendo como quien vulnera una norma, y eso me llena de placer: cuántas veces dejo de lado lo que debo leer, de lo que esperan con urgencia un comentario en mi periódico, para sumergirme, como cuando era una niña, en los libros que realmente me apetecen. Leer —y escribir, ahora ya sí, plenamente— es mi parcela conquistada de libertad, esa que siempre queda cuando todo falla, esa que nadie puede arrebatarme. Y todo eso lo aprendí de niña, mientras mis padres —lo supe luego— hacían la vista gorda.

1 de marzo de 2007

Una parte del jurado


Son: Antonio Soler, Ana María Matute y Ramón Pernas (de izquierda a derecha). Así posaban minutos antes de dar a conocer el fallo, qué simpáticos. Faltan Ángel Basanta, Pilar Beltrán y Miryam Galaz.

28 de febrero de 2007

Qué bonita es la primavera


Escribo esto a las 23.38 de un día agotador, minutos antes de irme a la cama. Siguiendo con mis principios, mi principal objetivo ahora es olvidar todo lo que ha ocurrido hoy. Bueno, no todo. Lo que no quiero olvidar: la alegría de algunos amigos muy queridos (y algunas amigAS muy queridAS, ejem), el abrazo del hombre de mi vida al saberlo y una frase de mi madre de esas que hacen época («Por mucha gente que te felicite, por muchos que sean los que se alegren, ten presente que nadie se alegrará tanto como yo»).

Salvo esto, lo demás no importa. Ni los halagos, ni las llamadas de los periodistas ni esta vorágine de ojo de huracán, hermosa y falsa. Mi ego es algo así como bulímico: no le aprovechan este tipo de cosas. Ergo, en ese sentido estoy a salvo. Lo importante ahora es ser capaz de levantarme mañana y volver al ordenador, a mi mesa siempre desordenada, y ser capaz de hacer lo que debo (es decir, escribir) durante 5 o 6 horas. Escribir como si nunca hubiera pasado nada bueno. Como si aún estuviera todo por hacer. Como si me fuera la vida en ello.

Hoy ha sido un día agotador y especial. Cuando he acostado a mis hijos le he dicho a Adrián, el mayor (tiene 5 años), que hoy me han dado un premio. Sus ojitos luminosos han refulgido más aún y ha abierto la boca, como un pez, en señal de sorpresa.
«¿Y qué es?», me ha preguntado.
«Es un libro», he dicho.
«¿Un libro?», en su cara brillaba la emoción de lo fascinante. No parecía decepcionado de que su madre no haya ganado una medalla o una copa o una bolsa de caramelos.
Mientras le arropaba, le he contado un secreto al oído (le encanta que lo haga):
«Vosotros tres sois mi mejor premio», le he dicho.

Ha sido un día feliz. Gracias a todos los que lo habéis compartido conmigo.

27 de febrero de 2007

Venus se siente feliz

http://www.elcultural.es/noticias.asp?c=500809

26 de febrero de 2007

Romanos y augustos Augustos




23 de febrero de 2007

Maria Aurèlia Capmany habla de Pedrolo en 1975

La novela policíaca tiene (...) una exigencia: cierto grado de diafanidad; como la novela pornográfica rechaza la complicación formal, la matización psicológica, el idilio amoroso. La abstracción preside la auténtica novela policíaca, la novela problema. Sus personajes son arquetipos y pueden sucederse unos, intercambiarse, aparecer y reaparecer como los cimientos de un rompecabezas. La habilidad del gran novelista es hacerte caer en la trampa de su narración hasta el punto que, mientras sigues, la trama, estás convencido de la humanidad de los personajes. (...) En la novela policíaca nada tiene que sorprendernos excepto la conclusión final, nada debe distraernos de la trabazón lógica –aunque sea una lógica llena de falacias– que nos tiene que conducir al final. Pero ya sabemos que en arte sólo los mediocres respetan las normas, como sólo los mediocres son perfectos representantes de una escuela o de una moda.

El Noticiero Universal, 11 de maro de 1975

22 de febrero de 2007