24 de abril de 2012

De dragones y rosas. Crónica gráfica de otro Sant Jordi (primera parte)






Los dragones de galleta estaban riquísimos. Los compré en Rambla de Catalunya. Los de la segunda foto, junto con las rosas de la tercera, los hicieron los alumnos del Colegio Andersen Galdós, de Terrassa. La rosa es la mía, la que a última hora, cuando estoy rendida de firmar, me trae todos los años el hombre de mi vida. En la última, la rosa como acompañante, robada desde un taxi en plena prisa.

Sant Jordi: Signatures

Durant la Diada de Sant Jordi signaré en aquests llocs. Tant de bo ens hi poguem veure:

-De 11 a 12: Laie Pau Claris 

-De 12 a 13 del matí a Maite Libros, de Via Augusta. Seré amb l'il·lustrador Dani Cruz, l'autor de les il·lustracions de la col·lecció Milena Pato.

-De  13 a 14, El Corte Inglés de Plaça de Catalunya

-De 17 a 18, Abacus de Plaça de Catalunya

-De 18 a 19, FNAC El Triangle

-De 19 a 20, Llibreria Catalònia


Prometo crònica i fotos, com cada any.

23 de abril de 2012

Cosas maravillosas que ocurren sólo en Sant Jordi

Todo el mundo mira el cielo desde primera hora de la mañana.


Las rosas presumen.


En la foto de familia del Hotel Regina cada vez hay más gente y muchos son colegas queridos.


En el hotel Regina se da una concentración de besos nunca vista. Café, poco y abandonado.


Parece que todo el mundo lee mucho y todo el año.


Siempre aparece alguien a quien hace mil años que no ves pidiéndote que le firmes un libro.


Los políticos parecen humanos.


Los humanos son multitud.


Los colegas dan conversación mientras no firman (y tú también, claro).

Hay gente que cruza toda la ciudad (o que viene de otra) para ver a un escritor que le gusta.

En el cóctel de Edicions 62 los periodistas están contentos.


La fiesta de Dry Martini parece un antro de perdición.

La crónica de Sant Jordi me sale de lo más irreverente.

* La imagen: esa preciosidad adorna mi jardín.

21 de abril de 2012

De tertulias y tormentas


Javier Rodríguez Álvarez es el propietario de una pequeña y maravillosa librería de Alcalá de Henares llamada La librería de Javier, uno de los mejores dinamizadores culturales que he conocido. Alrededor de su librería se congregan, gracias a su trabajo y entusiasmo, escritores, lectores y amantes del libro en general, que acuden a las citas que él organiza con desasosegante regularidad. Digo desasosegante porque Javier parece -tal vez es- incombustible. Para dar a conocer sus actividades, Javier manda una circular por correo electrónico en la que informa del nombre del autor y el libro que centrarán la próxima tertulia. Yo recibo esas circulares porque alguna vez tuve el honor de ser la autora invitada a esa tertulia. Las leo con arrobo y envidia. En la del pasado 12 de abril, leo lo siguiente:

Debido a las previsiones meteorológicas, que pronostican la tormenta del siglo para el próximo sábado 14 de abril, y que a su vez irá acompañada de rayos y truenos por doquier, con un alto porcentaje de granizo de calibre 12,5 parabellum y tifones provenientes del Atlántico, a la que se unirá si Dios no lo remedia una soberana tormenta de nieve que atravesará los Pirineos para llegar a nuestra ciudad a, más o menos, las ocho menos cuarto de la noche, con los consiguientes cortes en carreteras y de electricidad, falta de abastecimiento y aislamiento de casas y ciudades, el Excmo. Ayuntamiento de Alcalá de Henares ha dispuesto pasar la festividad de la Noche en Blanco al 9 de junio, día sobre el que la Agencia Nacional de Meteorología aún no se ha pronunciado.

Ignoro qué respuestas obtendría Javier a este mail, pero un día después, envió este otro, que os dejo para que lo disfrutéis:

Han llegado a mis oídos noticias que me han causado gran alarma y desasosiego. Entre ellas que el señor obispo, a resultas de mi previsión meteorológica, ha cogido media docena de santos y una tienda de campaña y se ha subido a compartir nido con las cigüeñas. De la misma manera, me han comentado que las lanchas fueraborda de Leroy Merlin se han agotado en pocas horas así como que la población de Alcalá ha acabado con las reservas de alimentos y chucherías de todos los bazares chinos del centro histórico monumental de esta bella ciudad patrimonio.
Pongamos las cosas en su sitio. Yo dije que para este sábado había una probabilidad de un 90% de grandes tormentas sobre la ciudad, no que la ciudad se quedara inundada por las tormentas en un 90%, que es muy diferente. Por lo tanto: sí, va a llover, y va a llover a cántaros, pero la situación no es tan desesperada como para pedir asilo a familiares lejanos ni huir en desbandada. Ruego a los que hayan escapado al monte que vuelvan antes de que cojan un resfriado y, a los que compraron las fueraborda, que conserven el ticket de compra para poder hacer el cambio por cualquier otra chuminada que se le antoje a la parienta. Y al señor obispo, por favor, que baje ya del nido de las cigüeñas, que ellas no tienen la culpa de las tormentas que va a haber.


* La imagen de hoy: Tránsito en Medellín, octubre 2011

19 de abril de 2012

Sant Jordi 2012: signatures

Durant la Diada de Sant Jordi signaré en aquests llocs. Tant de bo ens hi poguem veure:

-De 11 a 12: Laie Pau Claris 

-De 12 a 13 del matí a Maite Libros, de Via Augusta. Seré amb l'il·lustrador Dani Cruz, l'autor de les il·lustracions de la col·lecció Milena Pato.

-De  13 a 14, El Corte Inglés de Plaça de Catalunya

-De 17 a 18, Abacus de Plaça de Catalunya

-De 18 a 19, FNAC El Triangle

-De 19 a 20, Llibreria Catalònia


Prometo crònica i fotos, com cada any.

11 de abril de 2012

22 de marzo de 2012

La pluma y la aguja


Leo que Concepción Arenal tenía siempre la caja de costura junto a su mesa de trabajo y que era una estupenda costurera "de labor de aguja, de punto o, simplemente, de remiendo" y me invade una tristeza muy decimonónica de ser una tarada para estas cosas.
Descubro que en mi vida ha habido varias personas empeñadas en enseñarme a bordar, a hacer punto o, simplemente, a lo más útil, como cambiar una cremallera o poner un botón. Ah, aquellas labores de calceta con que mi madre se desesperaba las tardes de verano. Ah, sor Margarita, la pobre monja que lidiaba conmigo en clase de  labor, en mi ya no tan tierna infancia. Las dos terminaron por resignarse a que yo no aprendiera nada de nada y, lo que es peor, a que no mostrara el más mínimo interés por redimirme.

Siento que la biógrafa de Arenal me regaña cuando dice: 

Un trabajo bien dirigido demuestra que hay tiempo para todo. Que se puede ser perfecta ama de casa y al mismo tiempo desarrollar una labor intelectual: que no se menoscaban las aptitudes de pensamiento por dedicar algunos ratos a una labor doméstica; que mientras se remienda una sábana pueden elaborarse proyectos para mejorar la situación del preso o del pobre. *

No es tarde, amigas. Voy a cambiar. Prometo empezar hoy mismo. Romperé una sábana para poder remendarla. Me esmeraré en el bordado primoroso, en el zurcido del calcetín, en el dobladillo de la bainica, en el nudo del festón; retomaré las labores de mi infancia: los patucos de lana que nunca comencé, la almohada que salió constreñida como un dolor de tripa, los ojales -¡ay, los ojales!- y sus correspondientes botones del muestrario. No seré un caso perdido. Por fin podré exclamar claro y fuerte, con la cabeza bien alta: yo, amigas, lo he logrado a los cuarenta y un años. He dejado el teclado y he empuñado la aguja, nunca más una mesa de trabajo sin cesta de costura. ¡Ya sé coser!


* La mujer española en el romanticismo, de Concha Marco. Editorial Teide, 1969

** La imagen de hoy: una mercería de Nueva York, donde todo es grande y hermoso, y donde no compré nada porque aún no estaba redimida, claro.

19 de marzo de 2012

15 de marzo de 2012

La ausencia

Hay muchos tipos de ausencias. Una puede irse al otro lado del mundo o puede ausentarse sin salir de su propia casa. Digamos que mi ausencia de las últimas semanas ha sido un híbrido entre ambas cosas, que no son para nada irreconciliables. Por mi vida ha pasado la experiencia más traumática y feliz de cuantas se conocen: una mudanza. Conseguí que mi vida entrara en un par de centenares de cajas y me la llevé a otra parte. Luego mi vida quiso salir de las cajas, porque ella también reclamaba su espacio, y cuando logró hacerlo no acababa de entender qué le había ocurrido. Pobre vida, la mía, deambulando arriba y abajo sin saber dónde meterse. O, mejor: queriendo meterse en cuanto rincón encontraba a su paso. Mi vida comenzó a reflexionar. Qué cosas necesitas para ser feliz, corazón. La lista no es muy larga, pero hubo que completarla. Un sillón para leer, una luz potente y regulable, un limonero en el jardín, un poco de orden. Ah, esa última palabra ha sido difícil de conseguir. Las cosas, he descubierto, tienen una tendencia peligrosa a la disgregación, y gran parte de su tiempo lo ha pasado mi vida persiguiendo sus cosas por un lugar nuevo, que poco a poco va dejando de ser extraño.
Hasta que eso ha sucedido, felizmente, no han vuelto las palabras. He aquí otro descubirimiento: en tiempos de tribulación y mudanza, las palabras estaban asustadas, idas, incapaces de salir del escondrijo en que estuvieran agazapadas, fuera el que fuera. Me di cuenta de que todo comenzaba a regresar a la normalidad el día en que a la hora del desayuno me descubrí maquinando el destino de un personaje en lugar del de una de las cajas que aún quedan por abrir.
A todo esto, han pasado algunas cosas, que estos días intentaré ir explicando. Perdonadme la ausencia y el silencio, navegantes. Ya sé que este sitio se llama Silencio es lo demás y que últimamente más bien debería haberse llamado El Siencio es esto o El Silencio soy yo.
Decía que tengo algunas novedades. La más importante es que hoy estreno novela nueva para jóvenes: Esta noche no hay luna llena (SM). Hay edición en catalán: Aquesta nit no hi ha lluna plena, traducida por mí, como siempre y publicada por Estrella Polar. Os dejo las cubiertas, el acceso al booktrailer que ha hecho SM, el link al blog de Estrella Polar, donde hablaremos tanto Fosca, la protagonista (Oscura, en castellano) como yo misma. Por cierto: atención al lujazo de tema que ha compuesto Francesc Miralles para su grupo, Nikosia, y en la que la voz preciosa de Rocío Carmona canta uno de los poemas que Weirdo le escribe en la novela al amor de su vida.  Se llama Mil noches más y es triste e intenso, como casi todo en él. También tenéis el link a la misma canción, en castellano.

Y os dejo algo mucho más importante: mi agradecimiento por los mailes que he recibido en estos días. Que te echen de menos es siempre un privilegio. Gracias.



Y las (preciosas) cubiertas


28 de enero de 2012

Es fantástico estar en esta foto


De derecha a izquierda, primera fila: Jordi Cervera, Rodrigo Muñoz Avia, Ángeles González-Sinde, Miquel Rayó, Agustín fernández-Paz, Elia Barceló, Jordi Sierra i Fabra, Fina Casalderrey, Marta Gené, Pilar Mateos y Andreu Martín
Segunda fila: Albert Roca, Gabriel Janer Manila, Pasqual Alapont, Maite Carranza, Paloma Bordons, Pilar Lozano, Fernando Lalana, Carmen Gómez-Ojea, Edna López, Susana Vallejo, Pau Joan Hernàndez, Andreu Sotorra y yomisma. Y en la unipersonal tercera fila, el único e inimitable César Mallorquí.

La imagen se tomó el jueves, día 26, al final de la ceremonia de entrega de los XX Premios Edebé de Literatura Infantil y Juvenil. Para celebrar el número redondo, nos tomaron esta foto de familia a los ganadores de las ediciones anteriores. Faltan muy pocos.

27 de enero de 2012

Habitaciones (griegas) cerradas


Me parece atrevida y radicalmente preciosa. 
Ah, y me gustaría tener ese vestido.

26 de enero de 2012

Oggi sono italiana!


Hoy llega a las librerías de Italia Il colore della memoria, la traducción italiana -de Claudia Marseguerra- de mis Habitaciones cerradas, publicada por Salani. Me siento feliz imaginando esos libros en la distancia, viviendo sin mí su propia vida. Creo que se parece un poco al momento en que los hijos se marchan de casa y les va bien. Aquí os dejo parte del pliego promocional, correspondiente a la descripción del cuadro que centra gran parte de la trama. Me encanta la orlita.

24 de enero de 2012

El segundo antes de saltar al vacío

Suelo ponerme una fecha para comenzar la escritura de una novela. En esta ocasión, era el 25 de enero. Mañana. Un dia importante para mí. Sin embargo, esta noche tengo la certeza que no comenzaré ese día. No comenzaré a escribir propiamente, aunque tal vez cumpla con algunos rituales: crear el documento que albergará la novela, estampar el título, un par de citas, preparar el resto como hace el pintor con el lienzo, eligiendo el tipo y cuerpo de letra en que siempre trabajo (Trebuchet 12), seleccionando el modo "justificado" y el interlineado de 1,5. Luego, lo más probable es que cierre la sesión de trabajo y me dedique a otras cosas, que ya están muy previstas también.

Sé bien qué me ocurre. Los días antes de empezar la escritura, mariposeo mucho. Busco datos inútiles. Repaso mis notas. Me pregunto si algunos de los pilares de la historia no podrían ser otros. Me impaciento, me pongo nerviosa. En realidad, siento pánico. Ahora, vuelve a ocurrirme. Llevo unos diez meses leyendo sin parar, seleccionando temas, persiguiento respuestas difíciles. He disfrutado más que nunca mientras tramaba un nuevo argumento. Pero ahora que llega la hora de la verdad, me paralizo. ¿Y si lo estropeo al escribirlo?

De ese miedo, me temo, nacen todas mis novelas. Esta no va a ser una excepción.

A veces se lo he escuchado a otros escritores. La novela no escrita es perfecta, ideal. Da pavor no ser capaz de hacer algo que se le parezca ni que sea un poco.

De modo que aquí estoy, veinticuatro, tal vez cuarenta y ocho horas de escribir la primera línea de una nueva cosa, filosofando en el blog.

* La imagen: mis sempiternas acompañantes de la escritura, esperándome: Las Suites para Cello Solo de Bach.

23 de enero de 2012

Una entrevista para Librosquevoyleyendo

1. ¿Qué has hecho en los últimos meses?
Trabajar en la documentación de mi nueva novela. Leer, leer y leer.

2. ¿Cómo va la promoción de tu libro?
Terminó ya, por fortuna. Ahora estoy en barbecho, temiendo a la próxima.

3. ¿Estás trabajando ahora mismo en una nueva novela? De ser afirmativa la respuesta, ¿De qué trata y para cuando tienes previsto publicarla?
Sí, pero no estoy segura de saber de qué va. Mis novelas surgen por acumulación. Lo único que sé es que me tiene obsesionada y entusiasmada. Preveo terminarla antes de que acabe 2012. No sé cuándo se publicará. Tal vez me retrase. O tal vez no. Las incógnitas forman parte del juego, por fortuna.

4. ¿Con qué te quedas del 2011 y qué le pedirías al 2012?
2011 ha sido para mí un año estupendo gracias a los lectores y su entusiasmo por Habitaciones cerradas. Al 2012 y a todos los siguientes le pediría no decepcionar a esos mismos lectores.

5. Un libro que regalarías el día de Reyes
Don Quijote de la Mancha en una edición especial. Por ejemplo, la de Montaner y Simón de 1880.

6. Autopregúntate algo.
Perdonadme, pero las cosas que me pregunto a mí misma no son publicables.

La entrevista completa, y aumentada con las respuestas de otros dos colegas, aquí
* La imagen, sesión de trabajo en la biblioteca de la Real Academia de Historia.

19 de enero de 2012

Recomendaciones de enero


18 de enero de 2012

17 de enero de 2012

Supermami de enero


15 de enero de 2012

Una verdad

"La dicha de poseer libros supera la vanidad de ser rey".

 

Lo dice Antoni Palau i Dulcet, uno de los mayores bibliófilos (y libreros) que dio el siglo XX, en sus Memorias de un librero catalán (Librería Catalonia, 1935).

La imagen: escaparate de la Libreria Antiquària Farré, en el corazón de Barcelona.

4 de enero de 2012

Esos hombres felices que imitaban las costumbres de sus pasados


Ayer por la tarde di un paseo con mis hijos por las viejas calles de la Barcelona que más quiero. Nos detuvimos ante la capilla de San Cristóbal, en la calle Regomir. Observamos el santo, leímos el año inscrito en la piedra, sobre el arco de la entrada, y nos impresionamos de imaginar que hace quinientos años, este lugar ya estaba aquí. Y nosotros tan lejos. "1503", leyó Adrián, anonadado. Luego seguimos nuestro paseo. En el Pati Llimona, las bellas piedras romanas, salvadas desde no hace tanto por obra y arte de una magnífica restauración del edificio, nos llamaron la atención. El paseo se convirtió en un viaje en el tiempo y fui feliz contemplando la impresión que producía en los niños saber que esos pedruscos mal colocados, que en algunos puntos lucían como recién tallados, llevan en ese lugar más de dos mil años. Dos mil años es muchísimo tiempo para alguien que no llega a los 10.
Álex leía los rótulos de las calles, muy serio, con mucho esfuerzo y mucha seriedad. Es una tarea en la que es debutante: la lectura. La asume como un gran reto. La verdad es que la nomenclatura no se lo ponía nada fácil: Carrer del Bisbe, Carre de Sant Honorat. Sólo el Carrer de la Fruita le hizo sonreír, satisfecho, como el lector que entiende y sabe. Llegamos a Portal de l'Àngel. Ellos miraban juguetes y esquivaban transeúntes. Yo imaginaba cómo sería el convento de Montsió cuando ocupaba el extremo de la Plaza de Santa Ana. Hoy es difícil reconocer la plaza en esa avenida llena de gente apresurada, pero uno de los problemas -y una de las delicias- de llevar meses sumergida en otra época es que cuando levantas la mirada de los libros sigues allí, en 1820, cuando Barcelona estaba invadida por los conventos y tenía murallas y puertas de acceso. En el portal que quedaba justo aquí, donde hoy está el cruce hacia una de las entradas de El Corte Inglés, el ángel custodio de la ciudad, muy venerado por sus habitantes, montaba guardia permanente. Ayer me pareció verlo entre el gentío, satisfecho y orgulloso ante la mirada cargada de futuro de mis hijos.
En una guía de 1847 leo el apartado dedicado a la antigua capilla de San Cristóbal de la calle de Regomir, por donde hemos empezado. Dice así el cronista: "solían exponerse las reliquias del santo cierto día del año en que hacía fiesta todo el barrio, cuando había más sencillez en las costumbres y los hombres eran más felices imitando y respetando las de sus pasados".
¿Lo veis, navegantes? Soy decimonónica.


* La imagen también es del paseo de ayer tarde, cuando apenas comenzaba a anochecer y nosotros salíamos del cine, en el Maremágnum, ante esa imponente puesta de sol tras la montaña de Montjuïch.

31 de diciembre de 2011

Lo que espero del 2012


Con el paso del tiempo, cada vez me cuesta más trabajo hacer listas de deseos de cara al año que entra. Sin embargo, como soy mujer de rituales, incluidos los más cursis, me resisto a dejar escapar el año sin haber meditado un poco acerca de lo que espero del siguiente.
De modo que me dispongo a cumplir con esta ceremonia absurda, como cada día de fin de año. Sé que mis listas de deseos se han vuelto realistas, prácticas, humildes y, sobre todo, breves. Realistas porque, si alguna vez lo hice, hace mucho que no deseo nada que no esté a mi alcance. La Luna está bien donde está.
Prácticas porque ya no afeo mis deseos con los clásicos "sacarme el permiso de conducir" o "perder diez kilos". Hay que aprender a conformarse, tanto con lo que se es como con lo que no se es. Aboguemos por deseos que no nos hagan sentir mal ni nos carguen de obligaciones, por favor.
Humildes porque no deseo nada muy grandilocuente. Lo material no me interesa mucho (salvo las cuatro chucherías a las que soy adicta sin límite, algún día habrá que hablar de esas debilidades) y el dinero tampoco me quita el sueño. Mis deseos suelen tener que ver con paisajes soñados y personas lejanas. Aunque, pensándolo bien, esas cosas son, precisamente, mucho más inalcanzables si no tienes la suerte de contar con ellas.
Por último, la brevedad. Hace años en mi lista había diez deseos. Creo que alguna vez hubo quince. Ahora, con suerte, llego a los cinco o seis. Y ya no me propongo un número determinado. Terminados los deseos, cierro la lista.
En fin. Ha llegado el momento. Esto es lo que espero del nuevo año:

1. Quiero ver en los rostros de mis hijos la felicidad inolvidable que proporciona la sorpresa, lo desconocido, lo tantas veces soñado. Por ejemplo, la expresión de un niño al ver por primera vez la nieve es algo que difícilmente se olvida. Y, por supuesto, quiero hacer algo por tener algo que ver con ello.

2. Quiero acortar la distancia que me separa de algunas personas que me importan mucho. Quiero largas tardes de sol dorado para pasar en su compañía, en cualquier paisaje.

3. En mi lista de deseos siempre hay algunas ciudades a las que ir o regresar. Este año pondré Lisboa, Praga, Atenas, Florencia, Oslo, Estambul y, por supuesto, siempre Nueva York. Con una me conformo.

4. Que la novela que comenzaré a escribir a partir del 15 de enero no defraude todo lo que pienso de ella ahora que sólo existe en mi cabeza. Y que su escritura me proporcione nuevas sorpresas y muchísima emoción.

5. Y para el final lo más íntimo. Imagino a cuatro personas  que adoro mirando por primera vez el mar desde cierta terraza y sé que ese será uno de los mejores momentos del año. Deseo que las emociones que viviremos ese día nos inspiren y dejen huella para el resto de nuestra vida.


FELIZ 2012, NAVEGANTES

18 de diciembre de 2011

Elogio de la impaciencia compartida

Odio ser tan impaciente. Cuando era niña, todo debía ocurrir en el momento porque la vida no tenía espera. Ahora que soy adulta, todo debe ocurrir en el momento porque la vida sigue sin tener espera. El tiempo se escurre entre los dedos y a mí siempre me parece que todo va demasiado despacio. He aprendido que no tengo razón pero sigo siendo una impaciente.
Hace dos días hablé sobre la impaciencia con una de las personas a quien más quiero del mundo. "Nunca pierdas esas prisas", me dijo, "porque ayudan a vivir". Ella tiene más de 80 años y es una mujer sabia. Todavía vive con impaciencia, me confesó. Lo ha hecho toda su vida. La lentitud la asquea, ella desea que las cosas ocurran sin tregua y en abundancia. Ya lo dijo Salinas: todo con exceso. He aquí un lema por el que merece la pena vivir.
Estos días, estoy sumergida en las vicisitudes de un buen puñado de impacientes, con los que me siento muy identificada: los hombres y mujeres que personificaron en nuestro país el llamado espíritu romántico. Nacieron alrededor de 1810 en un país en horas muy bajas. Les tocó muchas veces bailar con la más fea y se comportaron como lo que eran: entusiastas, valientes, héroes.
Mañana a las nueve de la mañana espero estar de vuelta a los muchos papeles que me aguardan en la Biblioteca. El proceso de documentación está en lo mejor. Los libros me confirman las ideas que dan vueltas en mi cabeza. Existe una novela ya, aunque por ahora sólo yo lo sepa. Me emociono pensando en los personajes. Hace unas pocas noches soñé a mis dos protagonistas. Soñé una escena que me muero de ganas de escribir.
Aún no, me digo. Aún no toca escribir. La documentación me está fascinando, debo seguir disfrutando. Sí, sí, pero mi protagonista agarra la pluma en alguna parte de este no-existir de los personajes de ficción y comienza la novela por su cuenta: 

Nada tengo que dejar tras mi paso por este mundo, salvo mi  historia. En rescatarla del olvido he ocupado los últimos días de mi vida. Mañana avanzaré hacia el cadalso con la conciencia tranquila, sabiendo que estas páginas de mi puño y letra lo contienen todo: la única razón que me animó a vivir y aquella otra que me llevó sin remedio a la muerte. El amor, la venganza. Ambos alumbrados por un mismo sol: tú, Carlota, la razón de mi existir y de mi final.

Ambos, mi protagonista y yo, estamos impacientes por contarlo todo.

16 de diciembre de 2011

Mi cuestionario Proust


1. ¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
Tiempo, silencio, buen libro.

2. ¿Cuál es su gran miedo?
Ver morir a algún hijo mío.

3. ¿Con qué personaje histórico se siente más identificado?
 José Zorrilla. 

4. ¿Cuál es la persona viva a la que más admira?
Ana María Matute.

5. ¿Cuál es el rasgo que más le desagrada de sí mismo / a?
La impaciencia. El desorden. La vehemencia. 

6. ¿Cuál es el rasgo que más le desagrada de los demás?
La soberbia.

7. ¿Cuál es su mayor extravagancia?
Soy capaz de gastarme una pequeña fortuna en un libro antiguo.

8. ¿Cuál es su viaje favorito?
El viaje sin billete de vuelta.

9. ¿Cuál considera que es la virtud más sobrevalorada?
La religiosidad.

10. ¿En qué ocasiones recurre a la mentira?
Cada vez que alguien me pregunta si un libro mío es autobiográfico.

11. ¿Qué es lo que menos le gusta de su aspecto?
Mis dientes.

12. ¿Qué persona viva le inspira más desprecio?
Los que presumen de su ignorancia y su grosería.

13. ¿De qué palabras o frases abusa?
De modo que... 

14. ¿Cuál es su gran pesar?
No haber conocido a mi marido 15 años antes.

15. ¿Qué o quién es el gran amor de su vida?
El caballero de Olmedo. La escritura. Por este orden.

16. ¿Cuándo y dónde fue más feliz?
Nunca más que aquí y ahora.

17. ¿Qué talento le gustaría tener?
 El musical. Me encantaría componer música.

18. ¿Cuál es su estado de ánimo actual?
Satisfecha e impaciente.

19. Si pudiera cambiar una única cosa de usted, ¿qué elegiría?
Me reduciría los pies tres tallas.

20. Si pudiera cambiar una única cosa de su familia, ¿qué elegiría?
Añadiría un hijo al equipo.

21. ¿Cuál considera que es su gran logro?
Una vez le cosí el dobladillo a unos pantalones de mi hija.

22. Si muriese y se reencarnase en una persona o cosa, ¿qué cree que sería?
No creo que me reencarnase en nada ni nadie.

23. Si pudiera elegir en qué reencarnarse, ¿qué sería?
Una niña con los ojos muy abiertos.

24. ¿Cuál es su bien más preciado?
Mi colección de plumas estilográficas.

25. ¿Cuál es para usted la máxima expresión de la miseria?
La ignorancia.

26. ¿Dónde le gustaría vivir?
En una ciudad grande que mire al mar.

27. ¿Cuál es su pasatiempo favorito?
Cocinar.

28. ¿Cuál es su rasgo más característico?
Laboriosidad. Optimismo.

29. ¿Cuál es la cualidad que más le gusta en un hombre?
Sabiduría.

30. ¿Cuál es la cualidad que más le gusta en una mujer?
Sabiduría.

31. ¿Qué es lo que más valora en sus amigos?
Sabiduría.

32. ¿Quiénes son sus escritores favoritos?
Turguéniev, Chéjov, Carpentier, Ibsen, Rosario Castellanos, Pedro Salinas, entre otros.

33. ¿Quién es su héroe de ficción favorito?
Cyrano de Bergerac. 

34. ¿Quiénes son sus héroes en la vida real? 
Aquellos que hacen lo que es justo aunque salgan perjudicados.
 
35. ¿Qué es lo que más detesta?
Todo lo que me aparta de leer o escribir.
 
36. ¿Cuáles son sus nombres favoritos?
Elia, Ismael, Irina, Rebeca, Adrián.

37. ¿Cómo le gustaría morir?
Sin dar la lata y junto a mis tres hijos. 

38. ¿Cuál es su lema?
Ya se le pasará.

14 de diciembre de 2011

Cuestionario Proust

Nórdica Libros acaba de publicar Vanity Fair. Cuestionarios Proust, un hermoso libro en el que celebridades de todos los ámbitos contestan al célebre preguntorio que lleva el nombre -y se debe- al autor francés Marcel Proust, quien lo contestó dos veces. Hoy os propongo un juego, navegantes, tomado de las diversiones de salón parisinas de principios del XIX. ¡Respondamos al famoso cuestionario Proust, inventado por la hija del presidente francés Félix Faure para entretener a sus famosos invitados! Ellos lo hacían a mano en un cuaderno rojo, pero es lo mismo. Contestadlo todo o en parte, según os apetezca. Mis respuestas, con más tiempo, en unos días.

1. ¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
2. ¿Cuál es su gran miedo?
3. ¿Con qué personaje histórico se siente más identificado?
4. ¿Cuál es la persona viva a la que más admira?
5. ¿Cuál es el rasgo que más le desagrada de sí mismo / a?
6. ¿Cuál es el rasgo que más le desagrada de los demás?
7. ¿Cuál es su mayor extravagancia?
8. ¿Cuál es su viaje favorito?
9. ¿Cuál considera que es la virtud más sobrevalorada?
10. ¿En qué ocasiones recurre a la mentira?
11. ¿Qué es lo que menos le gusta de su aspecto?
12. ¿Qué persona viva le inspira más desprecio?
13. ¿De qué palabras o frases abusa?
14. ¿Cuál es su gran pesar?
15. ¿Qué o quién es el gran amos de su vida?
16. ¿Cuándo y dónde fue más feliz?
17. ¿Qué talento le gustaría tener?
18. ¿Cuál es su estado de ánimo actual?
19. Si pudiera cambiar una única cosa de usted, ¿qué elegiría?
20. Si pudiera cambiar una única cosa de su familia, ¿qué elegiría?
21. ¿Cuál considera que es su gran logro?
22. Si muriese y se reencarnase en una persona o cosa, ¿qué cree que sería?
23. Si pudiera elegir en qué reencarnarse, ¿qué sería?
24. ¿Cuál es su bien más preciado?
25. ¿Cuál es para usted la máxima expresión de la miseria?
26. ¿Dónde le gustaría vivir?
27. ¿Cuál es su pasatiempo favorito?
28. ¿Cuál es su rasgo más característico?
29. ¿Cuál es la cualidad que más le gusta en un hombre?
30. ¿Cuál es la cualidad que más le gusta en una mujer?
31. ¿Qué es lo que más valora en sus amigos?
32. ¿Quiénes son sus escritores favoritos?
33. ¿Quién es su héroe de ficción favorito?
34. ¿Quiénes son sus héroes en la vida real?
35. ¿Qué es lo que más detesta?
36. ¿Cuáles son sus nombres favoritos?
37. ¿Cómo le gustaría morir?
38. ¿Cuál es su lema?

13 de diciembre de 2011

Ahí estaremos


3 de diciembre de 2011

Anuncio

Se vende ático-duplex,
Semicentro.
Seminuevo.
Semigrande.
Seminuestro (la mitad es del banco).
Tiene un aseo y dos cuartos de baño,
cocina independiente,
aire acondicionado
y nido de palomas (habitado)
en el patio de luces.
La alfombra y las paredes
se impregnaron
de una felicidad
que no se va con nada.
El balcón es estrecho
pero en él los jazmines ven el mar
y parecen felices.
Se incluyen en el precio
dos vecinos que fornican a voces
tres veces por semana.
Ideal parejitas
que quieran inspirarse.

30 de noviembre de 2011

Pavos reales azules: una respuesta


No soy una bibliófila. Más bien soy una libromaníaca. Jamás me gastaría cantidades inmorales de dinero por poseer un libro único, antiguo, raro, que no pensara leer. No me gusta poseer libros que no pueden abrirse y leerse con normalidad, que hay que mirar sin tocar para que no se estropeen. No me gusta que el continente domine sobre el contenido.
Sin embargo, hay un tipo de libros ante los que no puedo refrenarme. Cuando tropiezo con ellos, los compro enseguida, sin regatear y temiendo siempre que alguien lo haya visto primero. Son -soy previsible, lo sé- aquellos en los que a un texto que me gusta, de un autor al que sigo y admiro, se une una bella edición. No hace falta que sea muy lujosa. Hace tiempo que aprecio la belleza de la sencillez, de lo pequeño, lo que no se hace valer por la nobleza de sus materiales sino por el buen gusto de quien lo ideó.
En esta línea, siento debilidad por algunas colecciones que todos los asiduos de este blog conoceréis, sin duda. Los libritos de la colección Áncora y Delfín, por ejemplo, pero sólo los de la primera época, encuadernados en una preciosa tela azul con el motivo que da nombre a la serie grabado en relieve en la cubierta. Aparecen a montones en las librerías de viejo, aunque comienza a no ser tan fácil encontrarlos en buen estado. A veces conservan la sobrecubierta de papel intacta como un pequeño milagro.
También me pirra la colección Biblioteca Crítica, de Barral, con sus delfinitos en el lomo y sus sobrecubiertas de papel con plástico protector. No hicieron muchos títulos, y los que hay son soberbios -Cernuda, Guillén, Vallejo, Salinas...- y empiezan a cotizarse, pero durante tiempo han sido muy asequibles. Y aún puede haber golpes de suerte.
Y los de editorial Apolo editados durante la Guerra Civil. Y los de Ediciones La Nave con ilustraciones fuera de texto. Y... podríamos seguir, pero en realidad escribo esta entrada para responder a una pregunta que alguien me formuló aquí hace un par de entradas: a qué libro me refería cuando dije que el que acababa de recibir me había disparado las pulsaciones del corazón.
Pues bien, hace poco he descubierto las ediciones preciosas -y a veces preciosistas- de la editorial inglesa Folio Society. Hace casi un siglo que editan maravillas, algunas realmente espectaculares, a precios más que asequibles. Uno de ellos llegó a mis manos desde una librería de lance de Cliftonville, en Kent, en Ingaterra, llamada Ryans Books y cuando lo abrí no podía creer que fuera aún más bonito que la foto que vi de él en la pantalla. Es una edición de Salomé, de Oscar Wilde, encuadernada en seda, con un precioso motivo de pavos reales en toda la cubierta, cinta de punto de lectura, papel bueno, texto a dos tintas -una de ellas azul, como la cubierta- y un buen puñado de grabados, preciosos, de Frank Martin. Viene metido en una cajita de cartón -como muchos libros de Folio- que está también casi intacta. La edición es de 1957 pero el libro parece haber salido del impresor ayer mismo. 
Mientras escribo estas líneas, los pavos reales de la cubierta se vanaglorian de su belleza frente a mis narices. Y yo me siento feliz de tenerlos a todos y a Wilde y Salomé con ellos, en mi biblioteca. Sé que no es un ejemplar único, ni mucho menos, que hay muchos a la venta sólo en internet, que pagué por él una miseria, pero me da lo mismo. A veces la felicidad está al alcance por muy poco. Y llega por correo. Explicado, pues, navegantes. A mandar.

29 de noviembre de 2011

Todo


Los deseados libros
salvados uno a uno
de la codicia ajena.
Las palabras que en ellos despertaron
angustias, anhelos, sueños:
los sueños de escribir
para que otros soñaran.
El cariño de media docena
de personas amadas
que, a veces, como libros
te otorgan enseñanzas
indelebles.
Los papeles que caen como hojas
de otoño
de dentro de otras hojas,
y en ellos, revelada,
la letra de algún muerto
distante, que se acerca
y nos habla.
El tiempo,
el inasible,
las cosas que perecen,
las que vuelven,
las que estaban detrás,
agazapadas,
aguardando, temiendo
el compás de los días por venir.
Las miradas, los signos,
el tictac de los pasos,
las páginas en blanco,
el polvo que convive con nosotros.
Lo felices que fuimos,
lo que dejan los años
y ningún polvo puede arrebatar;
lo pasado, lo hecho,
lo escuchado, el placer consumado
lo aprendido,
lo mucho que nos queda
después que las certezas
se deshagan.

Todo.
Todo lo que reunimos.
Todo lo que reunimos se perderá.

27 de noviembre de 2011

Supermami de noviembre


25 de noviembre de 2011

Errática escritura con conciencia



Comienzo a escribir pensando: No tengo ni idea de lo que voy a escribir. Deberías no escribir, entonces, dice mi conciencia. Sí, cierto. Pero la conciencia, ese mono iquieto, recuerda: ¿Cuánto hace que tienes descuidado el blog? Demasiado tiempo. Entonces, escribiré. Tú misma, dicta la conciencia. Y así, espalda contra espalda con tu vocecilla interior, compareces donde te espera el mundo entero y nadie al mismo tiempo.

Te dices: un poema, una de esas confesiones personales, una cita de altura, una recurrencia de las habituales (ya sabéis: escribir, librerías, los temas de siempre...). 
No. Qué pereza, repetirme. Mi conciencia: Ya, ahora pretenderás ser original, ¿no? Yo: Sólo quiero divertirme escribiendo algo en el blog. Al fin y al cabo, para eso escribo el blog, ¿no? Para divertirme. Debo de ser la única loca del mundo que se divierte haciendo lo mismo que hace 8 horas todos los días.
Bueno, entonces hagamos algo divertido. Una lista. ¿No te gustan las listas?
Eso es.

LISTA DE COSAS SORPRENDENTES 
QUE ME HAN PASADO EN LAS
ÚLTIMAS DOS SEMANAS:

-Un señor engominado visitó mi piso y sonrió 
al ver los libros, complacido de que me guste tanto leer.
-Un vendedor de libros del otro lado del planeta
alabó mi buen gusto.
-Pujé en la subasta de un objeto que no deseo.
-Le puse tareas a un Premio Cervantes.
-Fijé, por fin, el día en que dejaré de ser miope.
-Supe que antes de tener cuatro puntas, 
el tenedor tuvo dos y también seis.
-Hice una foto a mi sombra en movimiento. **
-Llegó (por correo certificado) un libro tan hermoso
que me disparó los latidos del corazón.
-Le expliqué a un neoyorquino que me escuchaba
muy interesado quién fue Amadeo de Saboya.
-Grabé un anuncio para anunciar los mercados de mi ciudad.
-Le expliqué a una desconsolada criatura de 8 años
por qué es mejor no tener tetas hasta más adelante.
-Descubrí dos lepismas erráticos en el parqué de mi salón *.

El post está escrito, ya puedes dejar de sentirte mal y dedicarte a todas esas cosas vulgares que tienes apuntadas en la agenda. 
¿Has comprendido ya por qué el tiempo a veces se estira hasta el infinito y otras veces se acartona y se quiebra en cuanto intentas manipularlo? Tranquila: yo tampoco.
Pero hoy el tiempo te ha dado para todo. Hasta para el blog. Mañana será otro día, navegantes.
Y la conciencia, satisfecha, se retira a sus aposentos.

* He aquí el verdadero tema, dice mi conciencia. De eso deberías haber hablado: de lepismas y de su influencia en tu vida última. No me dirás que no te da para una entrada. Bueno, respondo, tendrá que ser en los próximos días. Sea, pues.

** Como la imagen de hoy demuestra.

16 de noviembre de 2011

New York City, noviembre 2011


Hay un lugar 
junto a Bryan Park
en la Sexta con 42
en que una vez a Elia,
de seis años,
se le cayó una bola de helado
apenas sin probar.
Fue en uno de esos pasos
de peatones apresurados
en que una cuenta atrás,
desde el semáforo,  amenaza
con lo peor de un mundo
de muchedumbres, prisas
y ciudades hermosas que nadie 
se detiene a mirar.
Elia trastabilló
y la bola, nívea y dulce,
fue a dar en mitad de esa avenida
que todos llaman De las Américas.
Toda Nueva York se detuvo
en ese instante
a escuchar el lamento de una niña
preciosa como un sueño imposible
que acababa de ver una ilusión
estrellarse contra el asfalto ardiente.

Mas Elia miró el helado
como quien ve el final de un tiempo,
una quimera derritiéndose al sol,
un nevermore,
un goodbye love
y lloró lágrimas verdaderas
que abrieron una grieta, larga y recta
en la piedra dura sobre la que se cimentó
esta ciudad de locos,
del Lower hasta la 140.

Luego, Elia miró al frente
olvidó el percance
pensó en la milésima parte
de lo bueno y lo malo
que la vida habrá de depararle,
clasificó el asunto de la bola de helado
en el lugar correspondiente,
resolvió que no había para tanto
y echó a andar, decidida,
hacia donde el semáforo
amenazaba con el apocalipsis.

Elia aprendió a vivir
un poco, o tal vez mucho,
en esta Sexta con 42
junto a Bryan Park
por donde no consigo
pasar sin recordarla.
También yo recibí una lección,
de su mirada:
es así, dijo Elia,
como haremos que el futuro no duela.


Hoy, dos años después,
en mi memoria sigue
aquella bola helada derritiéndose
bajo el sol infernal de Nueva York
y aquellos ojos negros que me dicen:
cuando el sueño se acaba,
mamá,
siempre nos queda
un billete de vuelta a lo único que importa.


* La imagen: los árboles otoñales de la calle 49, el domingo pasado.