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4 de febrero de 2013

La librería Robafaves sin escaleras



En el camino de todos nosotros existió un buen día una librería a la que entramos atraídos por algún indicio poco claro, un rastro que no se sigue con ninguno de los cinco sentidos. Un lugar donde hacer descubrimientos y trepar hasta una altura diferente. La mía se llamaba Robafaves, está en la ciudad en la que nací y donde vivo, después de algunas vueltas por el mundo (Mataró), y hace apenas unos días bajó la persiana, no se sabe si para siempre.
Nadie crea que lo de trepar a las alturas es sólo una metáfora. La primera librería Robafaves estaba en la calle de Santa Teresa y era un espacio estrecho y largo —ensanchado al final, si la memoria no me falla—, donde los libros se amontonaban de techo a suelo, en un orden más bien caótico. Para alcanzar los más altos, que tal vez mi recuerdo sitúa más arriba de donde estaban en realidad, había en la tienda una escalera de gato, inestable, que tal vez debía de ser sólo de uso de los dependientes. Cuando miro con la memoria hacia aquella librería, la primera, la de la infancia, me recuerdo siempre subida en aquella escalera, inspeccionando los estantes superiores, cargados de tesoros que yo ambicionaba. Recuerdo haber sacado de allí mi primera edición propia de La dama de blanco. También los poemas de Salinas, los de Hierro, los de Yeats, los de Claudio Rodríguez. Deduzco ahora que por aquellas alturas vivía la colección Libro de Bolsillo de Alianza, puesto que los tres últimos formaban parte de ella. No ya La dama de blanco, que compré en la edición de Montesinos, carísima para mi economía de entonces, invirtiendo un regalo de cumpleaños (¿el décimosegundo? ¿el decimotercero?). De hecho, entrar en Robafaves después de un cumpleaños era una maravilla: llevaba en el bolsillo cinco o seis mil pesetas, la recaudación de varios regalos en metálico, y la intención de gastarlas íntegramente en libros, dejándome llevar por el olfato, hojeando a mi antojo, hasta dar con algo. Me sentía rica; una marquesa en la corte. Y también una buscadora de tesoros.
Lo peor era que en lo alto de la escalera no me dejaban en paz. Enseguida aparecía alguien y me preguntaba si buscaba «algo en concreto». Me invitaban a bajar. «Ya lo busco yo», me decían. Todas esas expresiones deberían estar prohibidas en una librería como esa, donde parte del placer lo obtienen los clientes husmeando por sí mismos. Es distinto el cliente que interpela al librero. Yo no buscaba nada, salvo a mí misma. Porque entre el contenido de aquellos anaqueles, los altos y los bajos, descubrí casi todo lo que soy, lo que era, lo que quería ser, lo que nunca sería. Como todo lector, está claro.
Con los años supe que salvo yo, pocos osados se atrevían a utilizar la escalera, y que mis pocos años unidos a mi escasa agilidad les hacían temer que aquel interés literario mío terminara en desgracia.
Hubo otras Robafaves. La de las primeras presentaciones —propias y ajenas—, la de los amigos libreros a quienes valía la pena consultar y obedecer, aquella en la que siempre me sentí en mi propia casa. Muchas tardes de amigos y de libros, de palabras que de ninguna manera se llevó el viento, porque siguen ahí, en la memoria. Toda mi vida de escritora transcurrió ya en la Robafaves moderna, la del carrer Nou, la que se expandió con un ansia que tal vez ahora reconozcamos excesiva. La que conquistó aquel espacio maravilloso de la librería Robafaves Jove, una maravillosa librería dedicada a los libros para niños y jóvenes, que fue la primera en perderse cuando comenzó a flojear la fortuna.
Hoy se ha perdido una librería de la que muchos presumimos. La casa de un grupo de gente que lucharon porque la literatura fuera algo importante para todos nosotros. Está claro que lo consiguieron.
Todos perdemos algo cuando se cierra una librería. Una parte importante de nuestro pasado. Y también una porción de futuro. Vendrán otras, qué duda cabe, pero no serán la misma. Tampoco nosotros lo seremos: cada vez habrá menos escaleras por las que trepar. O menos ganas de hacerlo.

* La imagen tiene casi 20 años. De derecha a izquierda: Pep Duran -uno de los fundadores de la librería-, Albert Calls, José Agustín Goytisolo y yo misma.


21 de abril de 2012

De tertulias y tormentas


Javier Rodríguez Álvarez es el propietario de una pequeña y maravillosa librería de Alcalá de Henares llamada La librería de Javier, uno de los mejores dinamizadores culturales que he conocido. Alrededor de su librería se congregan, gracias a su trabajo y entusiasmo, escritores, lectores y amantes del libro en general, que acuden a las citas que él organiza con desasosegante regularidad. Digo desasosegante porque Javier parece -tal vez es- incombustible. Para dar a conocer sus actividades, Javier manda una circular por correo electrónico en la que informa del nombre del autor y el libro que centrarán la próxima tertulia. Yo recibo esas circulares porque alguna vez tuve el honor de ser la autora invitada a esa tertulia. Las leo con arrobo y envidia. En la del pasado 12 de abril, leo lo siguiente:

Debido a las previsiones meteorológicas, que pronostican la tormenta del siglo para el próximo sábado 14 de abril, y que a su vez irá acompañada de rayos y truenos por doquier, con un alto porcentaje de granizo de calibre 12,5 parabellum y tifones provenientes del Atlántico, a la que se unirá si Dios no lo remedia una soberana tormenta de nieve que atravesará los Pirineos para llegar a nuestra ciudad a, más o menos, las ocho menos cuarto de la noche, con los consiguientes cortes en carreteras y de electricidad, falta de abastecimiento y aislamiento de casas y ciudades, el Excmo. Ayuntamiento de Alcalá de Henares ha dispuesto pasar la festividad de la Noche en Blanco al 9 de junio, día sobre el que la Agencia Nacional de Meteorología aún no se ha pronunciado.

Ignoro qué respuestas obtendría Javier a este mail, pero un día después, envió este otro, que os dejo para que lo disfrutéis:

Han llegado a mis oídos noticias que me han causado gran alarma y desasosiego. Entre ellas que el señor obispo, a resultas de mi previsión meteorológica, ha cogido media docena de santos y una tienda de campaña y se ha subido a compartir nido con las cigüeñas. De la misma manera, me han comentado que las lanchas fueraborda de Leroy Merlin se han agotado en pocas horas así como que la población de Alcalá ha acabado con las reservas de alimentos y chucherías de todos los bazares chinos del centro histórico monumental de esta bella ciudad patrimonio.
Pongamos las cosas en su sitio. Yo dije que para este sábado había una probabilidad de un 90% de grandes tormentas sobre la ciudad, no que la ciudad se quedara inundada por las tormentas en un 90%, que es muy diferente. Por lo tanto: sí, va a llover, y va a llover a cántaros, pero la situación no es tan desesperada como para pedir asilo a familiares lejanos ni huir en desbandada. Ruego a los que hayan escapado al monte que vuelvan antes de que cojan un resfriado y, a los que compraron las fueraborda, que conserven el ticket de compra para poder hacer el cambio por cualquier otra chuminada que se le antoje a la parienta. Y al señor obispo, por favor, que baje ya del nido de las cigüeñas, que ellas no tienen la culpa de las tormentas que va a haber.


* La imagen de hoy: Tránsito en Medellín, octubre 2011

2 de abril de 2008

Cosas que hacer en Bologna

-Dar vueltas y vueltas hasta marearse por la International Children's Book Fair, o la Fiera Internazionale de Livri per Ragazzi o la Fiera Internacional del Libro para Niños.
-(Consecuencia directa de lo anterior) Preguntarse cien veces por minuto por qué diablos escribo, con la cantidad de gente que lo hace.
-Pensar que no debería haber venido (demasiada gente, demasiada prisa, demasiados libros, demasiados negocios...)
-Alegrarse de estar aquí.
-Hablar con gente a quien te apetece conocer.
-Comer / cenar con gente con quien te apetece cenar.
-Asistir a la subasta de un libro que será la bomba de la temporada que viene (o eso desean sus hipotéticos futuros editores) y ver la cara que se les pone cuando gana la subasta otro.
-Encontrar colegas por los pasillos, y poner cara de ¿y tú qué haces aquí? cuando todo el mundo sabe qué hace el otro aquí (lo mismo que tú, por cierto).
-Conseguir dominar esta terrible claustrofobia libresca (la librostrofobia, neologizo) y dar un paseo en paz, para ver libros y disfrutarlos. Sólo entonces...
-Descubrir algunos autores a quien me gustaría poder leer en castellano. Bernard Beckett (podré leer "Génesis", su última novela, pero a mí me apetecería más que alguien tradujera "Malcom and Juliet" o "Jolt"); Greg Pyers, Erlend Loe, Ellen Hopkins y el estupendo Patrick McDonell, un autor de libros para niños que me ha enamorado con un álbum precioso llamado "The Gift of Nothing" (El regalo de nada).
Y también con otros a quien ya puedo disfrutar en castellano: Oliver Jeffers, por ejemplo (a los que tenéis niños o todavía lo sois: no os perdáis "De vuelta a casa", un precioso cuento publicado por Fondo de Cultura Económica).
-Disfrutar con las ilustraciones de la exposición de ilustradores, envidiando poder utilizar un lenguaje tan universal como el suyo.
-Visitar al Neptuno que preside la fuente junto a la Piazza Maggiore.
-Comerse un helado en la Gelateria Il Gelatauro (calabaza y canela, chocolate a la naranja...mmm) en compañía de Alicia.
-Hablar italiano como si supieras.
-Entrar en una librería del centro de la ciudad como si no hubieras tenido suficiente.
-Comprar pasta fresca y mortadela para llevar en Tamburini, una tienda histórica. En la bolsa dice: "antica salsamenteria bolognese". ¡Qué bien me van a recibir en casa!

La imagen de hoy: de Pablo Zweig uno de los ilustradores descubiertos en la muestra, dedicada a Argentina como país invitado.

31 de marzo de 2008

De vuelta, pero nunca del todo

He hecho muchas cosas en estos días de ausencia. He sido parte del jurado del premio de libros de relatos del Ateneo de Sevilla y he tenido la satisfacción de ver premiado un buen libro (de Lluís Oliván. Se llama Títulos robados), y eso no pasa a menudo. Antes de eso, estuve en Madrid viendo ganar otro premio, el Gran Angular de literatura para jóvenes, a mi admirado Fernando Marías. En la misma fiesta se premió con el Nacional de Ilustración a Tàssies (qué bien), con el Barco de Vapor a Ana Isabel Conejo y Javier Pelegrín, los autores de La llave del tiempo (Anaya) y con el Premio Jordi Sierra i Fabra (para novelas escritas por autores de menos de 18 años) a África Vázquez (que pronunció el discurso más emocionante de la noche). También habló Letizia Ortiz de ser mamá y leer libros, en un discurso emocionante y sincero. Lo hace tan bien, que me estoy planteando comenzar a pedir firmas para que los Borbones dejen de hablar en público y en representación lo haga siempre Doña Letizia. Habla mejor que todos ellos juntos, ya tocaba alguien de la casa real a quien se le entendiera bien. La nota infantil la pusieron sendas fuentes de chocolate, como colofón del cocktail, en las que se podía una casi bañar o, en su defecto, remojar pedacitos de fruta, ¡o gominolas! He aquí la razón por la que me sigue gustando SM, a pesar de que la entrega del premio parecía un vistazo a la España cañí: el clero, la monarquía, los guardia civiles de la entrada y Esperanza Aguirre de anfitriona, ejem. Su poder de convocatoria con respecto a los autores de la casa sigu siendo la mejor, eso sí. Da gusto ir a los premios de SM para ver amigos.
Pero lo mejor fue ver a Ana Prieto (jefa de comunicación de SM) a punto de comenzar su baja por maternidad. Y hablando de mamás: Eugenia Rico, con quien coincidí en el jurado del Ateneo, me eneñó la foto de su hija antes de comenzar eso que llaman "las deliberaciones". Cuando llegó el presidente del jurado -y a la sazón de la santa casa que nos acogía- dijo: "¿Ya estáis hablando de niños?". Pues claro, ¿acaso hay algo mejor de lo que hablar?
Todavía en Madrid, estuve en un par de colegios madrileños y acompañé a dos amigos a comprar una lavadora, en calidad de entendida, pero eso lo dejo para otro día para no aburriros con más cosas.
A la vuelta, me encuentro con que Javier Alas ha dado a este blog mío un premio desde el suyo, Exquisiteces del ocio: el Premio Arte y Pico.
Para corresponder, debo hacer lo mismo: premiar a 5 blogs que me gusten, "razonando mi respuesta". Bien. Como se acerca mi cumpleaños, mi entrega de premios coincidirá con ese día: 8 de abril.
Se admiten candidaturas, pequeños detalles y grandes sobornos en el Apartado de correos 181 de Mataró (Barcelona, España) 08302.



La imagen de hoy: Doña Letizia discurseando.

6 de febrero de 2008

Biblioteca Breve: la crónica anual

Esto del Premio Biblioteca Breve es como si Seix Barral, una vez al año, tuviera la amabilidad de reunirnos a los amigos para que nos veamos y nos pongamos al día. Este año la convocatoria era en el MACBA —un lugar muy apropiado para mirar y poco para escuchar, como quedó claro después del parlamento de Elena Ramírez, editora de Seix Barral, que nadie logró oír— y se celebraban los 50 años del premio. 50 años con trampa, todo hay que decirlo, como se desprende del hecho de que en 50 años haya sólo 22 premiados. El Biblioteca Breve se otorgó por vez pimera en 1958 a la novela Las afueras, de Luis Goytisolo. Siguió otrogándose hasta 1972 —cuando lo ganó J. Leyva— y "resucitó" en 1999, con Jorge Volpi y su En busca de Klingsor . Desde entonces lo han ganado (por este orden): Gonzalo Garcés, Juana Salabert, Mario Mendoza, Juan Bonilla, Mauricio Electorat, Elvira Lindo, Luisa Castro, Juan Manuel de Prada y Gioconda Belli, la escritora nicaragüense que ayer se alzó con el galardón en esta convocatoria del medio siglo con su novela El infinito en la palma de la mano (para los impacientes, copio resumen argumental facilitado por los organizadores: «sorprendente novela que nos presenta al primer hombre y la primera mujer descubriéndose y descubriendo su entorno, experimentando el desconcierto ante el castigo, el poder de dar vida, la crueldad de matar para sobrevivir y el drama de amor y celos de los hijos por sus hermanas gemelas». Juraría que hay algún error sintáctico en ese resumen, pero yo sólo copio. Agrego que nunca nada de lo que he leído de Belli me ha gustado, ni siquiera Waslala, pero habrá que darle crédito porque no se debe prejuzgar sin conocer (extendido error) y porque la gente aprende. Incluso los escritores. Y cierro el paréntesis, que me estoy desmadrando).

Durante la comida, por cierto, hubo quien se quejó del carácter demasiado latinoamericano del premio. «Habría que apoyar a los autores de aquí», decía, como si los «de allá» no merecieran apoyo. Para los curiosos: estadísticamente, el Biblioteca Breve de la resucitación apoya a partes iguales «a los de aquí» y a «los de allá»: 5 latinoamericanos y 5 españoles. Y es casi igual de paritario en lo que a sexos se refiere: de los 10 ganadores de los últimos tiempos, 4 son mujers y 6 hombres. Lo cual significaría, si hacemos caso a las pronósticos, que el año que viene tocaría mujer, aunque no sabemos si española o latinoamericana porque ambas podrían ser. ¿Lo ideal sería una canaria?

Por lo demás, entre las blancas y luminosas estancias del MACBA se dieron cita ayer los mismos de siempre, más o menos, con alguna que otra incorporación. Allí estaba Hipólito G. Navarro, con su secreto a cuestas, recién llegado de Pekín y a punto de estrenar antología en Páginas de Espuma. También Guillermo Bustil, encorbatado como impone su cargo (ya se sabe: los hombres importantes llevan corbata). Y Juan Manuel de Prada, a quien le han salido canas en la perilla juraría que desde la última vez que le vi (y no hace tanto, fue en julio, claro que entonces estaba oscuro y yo iba un poco alegre). Marta Rivera de la Cruz parecía tener frío, pero igual era el susto que le habían dado al coger el avión. Juan Marsé parecía haber pactado con el diablo. Mercedes Abad presumía de sobrina lista (Mercedes: te fuiste sin darme su teléfono para mi hijo). Joan Barril hablaba de su tercer viaje a Namibia y Eva Piquer tomaba notas y le pedía al fotógrafo que la acompañaba que nos retratara «en vertical». Félix Romeo parecía tener prisa (¿o es diligencia, conociéndole?). Eduardo Mendoza iba en compañía de su amiga Rosa Novell y José Manuel Caballero Bonald también iba en pareja, de lo cual se desprende que hay que tener más de 65 para asistir a estas cosas con el legítimo o la legítima. El momento estelar lo protagonizó Juan Gabriel Vasquez cuando le dijo a Álvaro Colomer que el cierre del Opencor de su calle ha sido el mayor drama de su vida, junto con la muerte de Malcom Lowry. Se entiende (porque Juan Gabriel lo explicó): es papá de gemelos, y en ese simpático lugar se abastecía de papillas y pañales. Estaba yo pensando que los niños estropean mucho las conversaciones cuando llegó Rosa Montero y se lanzó al cuello del papá confeso al grito de: «¡El escritor más guapo de la literatura colombiana» (particular en el que, sin quitarle toda la razón a Montero, discrepo levemente).
Y en fin. Que se comió, se bebió y se departió. A las cinco todo el mundo levantó el campo: las agentes, a sus reuniones. Los editores, a sus presentaciones («hay que hacer girar la rueda para que no se detenga», dijo Esther Pujol, de Columna), la delegación andaluza, al aeropuerto, junto con la madrileña. Y la premiada, a hacer la digestión del día de hoy, que será de los grandes de su vida.

De camino a casa, leí algunas de las impresiones sobre el premio que se recogen en el librito Premio Biblioteca Breve (1958-2008). Un buen comienzo, que nos han regalado a todos los asistentes. Luisa Castro no puede ser más lacónica: «Me vestí como para una fiesta. Ese día creí en la Literatura». Elvira Lindo lamenta haber pronunciado un discurso demasiado emotivo en un texto cargado de emotividad: «Creo que es de las veces en mi vida que he estado más descolocada. El diseño de los mandos del hotel se me hizo casi imposible de controlar y cuando quería dar la luz del baño se me encendía la televisión. Pero ese desarraigo se vio siempre compensado por el cariño de mis editores. No sé si me sentía como una niña o como una vieja, lo cierto es que padecí algo de desequilibrio emocional esos días». Pero para emotividad a de Juan Manuel de Prada en su sorprendente texto, al hilo de la escritura de El séptimo velo: «Yo vivía una pesadilla que me había convertido en la sombra de un hombre; pero cuando me encerraba en mi cuarto a escribir esa sombra muda se ponía a cantar, en contra incluso de mi voluntad, como si por efecto del dolor se produjera en mí una transferencia o desdoblamiento. (...) De modo que el Premio Biblioteca Breve me confirmó que somos hombres sucesivos, que de los restos del hombre antiguo nace uno nuevo; y que el arte, que se alimenta de nuestro dolor, es capaz de emanciparse de él».

La imagen de hoy es la cubierta del mencionado regalito.
Prometo ser más breve mañana, navegantes.

17 de octubre de 2007

Premio Planeta 2007: una crónica a retazos


1) Boris Izaguirre llevaba un traje gris precioso, con chaleco y gemelos de oro. Cuando salió a recoger su flamante Finalista, bromeó al respecto: Yo no sabía dónde venía, a pesar de cómo voy vestido. Cenó poco. Apenas probó los macarrones rellenos que nos sirvieron de primero y el rape casi no lo probó (en parte porque los camareros "castigaron" a tres caballeros de nuestra mesa, entre ellos, Boris). Al postre llegó demasiado nervioso para saborearlo. Durante las últimas votaciones se le veía cansado de todo aquello. Le entiendo: cenar esperando algo así es una tortura. Salió bien, por lo menos.

2) Millás, en cambio, no parecía nervioso. No parecía tener ganas ni de salir al escenario recoger el premio de manos de José Montilla. Cuando lo hizo, después de hacerse de rogar, nadie sabía quién tenía que darle el premio. Montilla no estabas en su lugar. Millás, tampoco. Hubo una recolocación de los personajes para los fotógrafos. Finalmente, posaron para la foto, pero a mí no me pareció que nadie le hubiera entregado a nadie ningún premio.

3) Eduard Estivill está cada vez más moreno y Marina Castaño, cada vez más delgada.

4) Un misterio: ¿Cómo se sujeta el moño Espido Freire? Qué pelo más perfecto lleva, qué envidia.

5) Aunque cueste de creer. Con el calor que hacía, ¡había editoras con estola de visón!

6) Ildefonso Falcones (en la misma mesa que Francesc Miralles) no le dirigió la palabra a Sandra Bruna (su agente, la responsable de sus triunfos) en toda la noche. Por algo será. De hecho, al parecer no le dirigió la palabra a casi nadie. Según lo que yo pude ver, tampoco a Francesc Miralles. En cambio Eduard Estivill la besaba (a Sandra Bruna) delante de su propia mujer (la de Estivill). Por algo será también.

7) Habría que darle un premio a la elegancia a Lorenzo Silva.

8) Un último comentario respecto a los miembros del jurado: qué apuro que, erigido en portavoz o correvaidile del jurado, Carlos Pujol no pueda cenar. Soledad Puértolas parecía ataviada con su mejor camisón para asistir a la gala. Y de Rosa Regás se olvidaron en el primer recuento de miembros del jurado, lo cual, con toda justicia, generó un discreto abucheo entre los presentes.

9) Terminamos todos en la discoteca del lugar, bailoteando en la más absoluta oscuridad. Una constatación: los escritores bailan peor que los editores. Y los agentes se acuestan temprano, como personajes de Proust.

29 de junio de 2007

Atlas Literario Español (y III)

Luis Manuel Ruiz: "Puede hacerse calidad y llegar al gran público"

Joaquín Pérez Azaústre: "La metaliteratura que me interesa es aquella en que los límites entre la realidad y la ficción se borran y el autor se implica personalmente, la que tiene que ver con el deseo de ser otro"

Toni Iturbe: "Todos los meses llegan 800 novedades a la redacción de la revista Qué Leer. Es imposible hablar de ellas"

Espido Freire: "Cuando empecé me presentaba a muchos concursos, pero los ganaba todos Juan Manuel" (por Juan Manuel de Prada)

Cristina Cerrada: "Hoy todo el mundo quiere escribir"

Juan Manuel de Prada: "Yo no escribo, ni he escrito nunca, para comunicar nada. Yo escribo para mí, es un acto de autocomplacencia".

Para acabar: (impresionante) lista de nuevas tendecias y/o ¿géneros? narrativos y/o etiquetas modernas que en distintos países sirven para reconocer diferentes corrientes. Gentileza de Álvaro Colomer (gracias):
literatura de evasión
postcolonial
de fronteras
ciberpunk
post-futurista
tecnothriller o tecnoficción
avant-pop
neo-neo vanguardia
del simulacro
neogótica
televisiva
de adicciones
de la antipatria
del desencanto
extraterritorial
de estilo internacional
post-humana
absoluta
de la conspiración
auto-ficción
fantástica
de la inmigración
mestiza

28 de junio de 2007

Atlas Literario Español II

José Manuel Caballero Bonald (en la cena de bienvenida): "La hospitalidad está garantizada, las temperaturas no son por suerte tan cálidas como la hospitalidad y la noche no tiene paredes"

David Castillo: "Imaginad qué gran placer sería escribir en una lengua muerta"

Toni Sala: "Nada te asegura que un escritor va a ir mejorando con la edad"

Anton Castro: "Mi blog es el making-off de mi vida"

Vicente Luis Mora: "Está por aparecer el gran escritor que le dé sentido a todo esto" (en relación a la literatura hecha por internet)

Mario Cuenca: "Toda apuesta implica un riesgo de banalización (...) Es el tiempo el que decide cuándo un gesto tiene un significado profundo y cuándo es insustancial"

Pablo Aranda: "Añadir adjetivos a la palabra escritor siempre es limitarlo. El mejor escritor andaluz tal vez sea Faulkner"

Luis Manuel Ruiz: "Soy un fontanero de la literatura. Todo es cuestión de trabajo"

Lolita Bosch: "Cuando voy a escribir algo le hago una pregunta al texto. Si la respuesta es fácil, me da pereza escribirlo"

Joaquín Pérez Azaústre: "El estilo es la respiración del escritor"

Cristina Sánchez Andrade: "Veo muy negra la situación de la nueva narrativa"

Pablo Sánchez: "Nuestro compromiso es con el aquí y el ahora. Hay que escribir en el tiempo y para el tiempo en que se vive"

Mañana, más

27 de junio de 2007

Atlas Literario Español


He pasado los tres primeros días de esta semana en Sevilla, invitada por Seix Barral y la Fundación José Manuel Lara a participar en el encuentro de jóvenes narradores Atlas de Literatura Española. He aquí la foto de familia que nos hicimos la noche del lunes, minutos antes de la cena de bienvenida, con José Manuel Caballero Bonald, el padrino del encuentro. Mañana jueves y pasado, viernes, publicaré aquí un ramillete de citas, declaraciones, chistes y otras curiosidades recopiladas para vosotros de entre lo que se dijo en las cinco primeras mesas redondas (que fueron las que presencié o engordé).

La foto, por cierto, es de Javier Cuesta, y no estaría aquí sin la generosidad de la gente de El Correo de Andalucía. En particular, de Miguel Ángel Parra y de Francisco Cazalla Montijano.

28 de junio de 2006

Excursión a Hollywood (primera crónica)

Hoy he hecho algo que no pensé que haría: contarle a Derek Chan, el responsable de Digital Operations de Dreamworks, que la primera palabra que mi hijo Adrián (que entonces no llegaba a los 3 años) escribió fue, precisamente, el nombre de esta productora, fundada por Steven Spielberg y con sede en Hollywood donde, a la sazón, me hallo. Ya veis lo lejos que puedo traer mi pasión de madre.
¿Qué hago aquí? Pues se supone que escribir un reportaje para el suplemento Yo Dona, de El Mundo acerca del fascinante mundo de las nuevas tecnologías aplicadas al cine de animación. La realidad es otra: soy una espía enviada por mis hijos con la única misión de saber cuáles serán los personajes que les harán reír durante los próximos 4 o 5 años. Y como sé que en este blog entra mucha mamá y también mucho aficionado al cine, he decidido ampliar el número de mis informados. Allá voy.
Como sabéis, lo último de los creadores de Shrek se llama Over The Hedge. En España se estrenó el pasado 16 de junio con el sorprendente título de Vecinos invasores. Un mapache y una tortuga aliados en su lucha contra los residentes de una urbanización que han invadido su terreno. Los dos protagonistas en versión original son Bruce Willis y Garry Shandling. Si podéis, merece la pena verla sin doblar.
Flushed Away, el proyecto que se ultima en estos momentos, se estrenará (en España) la próxima Navidad. ¿Cómo será el sorprendente título hispánico? La historia ocurre en un mundo subterráneo construido con deshechos donde una rana, Toad, ejerce de mafioso y donde hay un par de ratones llamados Gilbert y Sullivan. Visualmente es muy atractiva, en la estela de Chiken Run y Wallace & Gromit (por cierto, el Oscar conseguido por Wallace & Gromit: Curse of the Were-Rabbit, emparejado con el que se llevó la primera Shrek, dan la bienvenida al visitante nada más entrar en los estudios).
Lo siguiente es Shrek The Third, la tercera entrega de la saga del ogro más famoso del cine, que incorpora personajes: el Rey Arturo, un menguado Merlín, Lancelot o diversas princesas clásicas -Blancanieves, Cenicienta, Rapunzel y Bella Durmiente- aliadas en la defensa de sus derechos. Nos han mostrado el storybord, las pruebas de color y de vestuario para los personajes y hasta el diseño de los tipos, entre los que habín un Shrek bebé. ¿Quiere eso decir que Fiona y Shrek van a ser papás? Ah, los de Dreamworks no sueltan prenda. Será la peli del verano de 2008.
Y seguimos. Bee Movie (juego de palabras entre abeja, bee y move, moverse, desplazar, pero también movie, película), una historia sobre abejas obreras que trabajan en una gran fábrica gris y subterránea, en contraposición al precioso y colorido mundo real, pero también la historia de un inconformista universitario en su lucha por cambiar de vida. El protagonista es Barry the Bee, con el actor Jerry Seinfeld de trasunto. Adam Matthew será Broderick y Reneé Zelweger, Vanessa, otras dos abejas del concurrido y tecnificado panal. Se estrenará en Estados Unidos el 2 de noviembre de 2008. Es decir, nuestros niños la verán un mes y medio más tarde.
Más aún: Kung Fu Panda. Ambientada en la china milenaria e inspirada en las películas de Kung Fu y Jackie Chan, es una aventura de animales que practican artes marciales. Lo gracioso es que Chan pretsa su voz y sus maneras a uno de los personajes, Monkey. El protagonista es un oso panda llamado Po (Jack Black) a quien acompañan una sensual y femenina serpiente llamada Viper (Lucy Liu), el tigre Tai Lung, la tortuga Oogway o el mapache Shifu. En este proyecto, que se estrenará en los USA en primavera del 2009, concentran actualmente los creativos de la productora todos sus esfuerzos.
La Navidad del 2009 veremos Monsters vs. Aliens (Monstruos contra aliens), una idea aún en desarrollo de la que apenas nos han enseñado algunos dibujos iniciales y una pequeña parte del storyboard: Niñas gigantes caminando sobre una autopista, monstruosos alienígenas que se acercan volando...
A partir de este título, la excursión por los pasillos y las estancias de Dreamworks, terminaba para mí y para los otros siete periodistas (malayos, chinos, japoneses y norteamericanos. En representación de Europa, yo misma) pero hay más, mucho más. Esta gente tiene la agenda llena hasta el 2011. De lo que sigue a los aliens y los monstruos, sólo tengo los títulos: Madagascar 2, Punk Farm, Shrek 4, Route 66, How to Train Your Dragon (Cómo entrenar a tu dragón, el libro puede leerse en edición española de SM), Rex Havoc, It Came From Earth! (Vino de la tierra!). En fin... que los 1.200 trabajadores que trabajan en Dreamworks tienen mucho que hacer.
Por cierto... un detallito. ¿A que no sabéis cuántas hojas hay en el seto que atraviesan los protagonistas de Vecinos Invasores? Yo sí. Doce millones. Colocadas ahí una por una, chicos. ¿Veis lo que se aprende viajando?
Hasta mañana, navegantes.

24 de abril de 2006

Día de Sant Jordi en Barcelona (crónica)

Uf, dijo ella, al saber que se había terminado el infame día de Sant Jordi, aquel en que la gente se lanza en rebañil paseo a la calle con la (noble) intención de adquirir el libro. La misma (noble) intención que, por descontado, no abrazan el resto del año. Y allí estamos los escritores, gurús del día, nombres propios de las letras, dispuestos a soportarlo. Te sientas dentro de una caseta tras un rótulo con tu nombre y ves pasar las multitudes enfervorizadas. Si tienes la suerte de que alguno de los paseantes te dirige la palabra es para preguntarte cuánto vale el libro de Andreu Buenafuente. «Bueno», te dices, resignada, «algo es algo».
A mi lado, Empar Moliner le daba animada conversación a todos los que se acercaban con su libro ¿Desitja guardar els canvis? (Quaderns Crema):
—¿A qué te dedicas? —le preguntó a una rubia oxigenada y sonriente.
—Soy farmacéutica —dijo la rubia.
—Ah, los farmacéuticos, qué bien entendéis a la gente, cómo adivináis sus intenciones y hasta sus males.
La rubia puso cara de desconcierto.
—No, yo no adivino nada —responíó.
Empar continuó, impertérrita, profesional como es, haciéndole un dibujito a la farmacéutica esaborida en la primera página de su flamante libro nuevo.
Hace tiempo que conozco a Empar Moliner, y admiro su trabajo, pero ayer me dio renovados motivos de admiración. Se acercó un señor barbudo, acompañado de mujer e hija y le soltó, con aparente emoción: «¡Eres zurda! ¡A mí me encantan los zurdos!» a lo que Empar respondió: «Muchas gracias, señor, qué amable.» Yo le hubiera dicho: «¿Y por qué?». ¿Veis? ¡No tengo ningún futuro como dedicanta de libros!
Otro lector de Empar y otro diálogo cazado al vuelo:
Empar Moliner: ¿A qué te dedicas?
Lector: Soy químico.
Empar Moliner: Qué buenos lectores sois siempre la gente de ciencias.
(Ancha sonrisa satisfecha del químico en cuestión, naturalmente).
Mientras tanto, a mi lado, Eduard Márquez, otro colega admirado, me daba consejos acerca de cómo hay que responder entrevistas: te pregunten lo que te pregunten, tú respondes lo que te has preparado en tu casa, en tres bloques, procurando que cada uno contenga información esencial. Le dije que lo pondría en práctica en cuento tuviera ocasión.
Lo más lamentable del día: En una de las librerías donde firmé compartí mesa con una actriz joven (17 años, todo lo más) encumbrada gracias a su interpretación en un culebrón de TV3. En la serie, me contaron, su personaje escribe un diario personal. A un editor avispado se le ocurrió la idea de publicar ese supuesto diario. Se lo encargó a una escritora de 30 años cuyo nombre no figura en la portada y utilizó como reclamo de cubierta el rostro hermoso y maquillado de la actriz. Ayer la niña en cuestión se hartó de firmar ejemplares de ese libro que no ha escrito y que acaso ni siquiera ha leído ante una cola de más de 40 personas que se renovaba constantemente. Qué cosas ocurren en Sant Jordi.
Lo mejor fue constatar que Benjamín Prado está más moreno, más delgado y diría que más atractivo que hace un par de años, cuando le vi por última vez. Su novela, Mala gente que camina, tiene un principio prometedor. La leeré mañana, en el avión que me lleve a Miami. Me muero de ganas. Otra que cada vez está más guapa: mi amiga Pilar, visitante asidua de este blog, que debe de haber hechoun pacto con el diablo. Por cierto, el blog de Arcadio García, su pareja, estará entre los enlaces de este sitio desde hoy. Tercera constatación: Gustavo Martín Garzo es el escritor más parecido a las fotos que aparecen de él en las solapas que he conocido jamás.
Por último, dos regalitos que trajo el día: conocí a Ako y a Miwok, también navegantes, que demostraron mucho empeño en encontrarme y lo lograron. Y apareció T.M.G. Sí, sí, no hace mucho me lamentaba del tiempo que llevaba sin verle. Se lo dije y lo repito: Detesto echarle de menos. «Son raros los amigos, desaparecen», escribió Roberto Bolaño. «Son raros los amigos. A veces, vuelven a aparecer.»
Uf, dijo ella, lo mejor del 24 de abril es que faltan 364 días aún para que vuelva a ser Sant Jordi, ese día, al decir de todos, tan bonito y tan especial en que los escritores, en rebañil procesión, salimos a la calle a tener vivencias inolvidables.

7 de febrero de 2006

Biblioteca Breve: crónica


Como cada año, ayer estuve en el fallo del Premio Biblioteca Breve. Un lugar estupendo para ver a los amigos a quienes sólo ves una vez al año en el fallo del Biblioteca Breve. Lo malo será que un año se lo den a uno de ellos y no podamos disfrutar de su compañía porque deberá atender a los medios de comunicación y hacer esas cosas horribles que hay que hacer cuando ganas un premio literario (emocionarte, sonreír, ser estupendo/a, en fin...). Luisa Castro, por cierto, recordaba con sus brillos a una bailarina de charlestón de los años 20. El lugar, un poco claustrofóbico y caluroso, la Casa Fuster de Barcelona (han repetido ubicación): muy bonito el primer piso, donde el cóctel, pero insufrible el sótano donde dan de comer («¿Qué sería esto antes? ¿El establo?», se preguntaba Robert Saladrigas). El poder de convocatoria de Seix Barral, enorme, como siempre, casi inverosímil (y eso que la verosimilitud es tan importante en la narrativa...). Eduardo Mendoza está cada día más joven. Le hablé de mis hijos: «Un hijo es como una novela que no se termina de corregir nunca», me dijo. Caballero Bonald me estrechó las manos cando le felicité por el Nacional de las Letras. Invité a cenar a casa a Jorge Volpi, que ahora vive en San Sebastián (Jorge, no te olvides). Ángela Vallvey estaba más guapa que nunca (las fotos jamás le hacen justicia), diciendo que las relaciones públicas no se le dan bien. Mentira. Andrés Neuman me tocó el culo. Creo que mi culo le gustó más que de costumbre. A mí él me gusta tanto como siempre (con perdón, ambas cosas, de Erika). Qué peligro tiene, tan guapo, tan inteligente y tan talentoso. Para ser perfecto a la par que de mi gusto le falta un palmo (mejor dos). Ah, y que el Caballero de Olmedo amenaza con tocarle el culo a su novia cuando nos veamos. Ejem. Poli G. Navarro estaba como siempre, efusivo, querible, peludo. Fernando Iwasaki, en cambio, tenía un cierto aire de dandy recién abandonado. Igual que Juan Manuel González, pero en él es más habitual, ya no sorprende. Yo siempre abandonaría, además, a un hombre que fumara en pipa. A Rosa Regás la vi algo más pálida y arrugada de lo que esperaba. Ana María Moix llevaba un abrigo horrible. Susana Fortes estaría más guapa con 10 kilos más. Emili Teixidor se escamaba de que la portada del libro ya estuviera en el punto de lectura que nos regalaron con el menú del almuerzo. Robert Saladrigas no encontró la hueva de trucha en la ¿ensalada? que nos sirvieron como primer plato. ¿Ensalada? Un yerbajo viudo. El segundo estuvo mejor (una muestra de cordero), y el postre, espectacular. Bien: mejor en sentido ascendente que al revés. Joaquín Pérez Azaústre está cada vez más guapo, qué ojazos, qué todo, y le dejé por Caballero Bonald, qué idiota soy (aunque creo que lo entendió y hasta lo aprobó). Ricard Ruiz, de negro como acostumbra, con esa sonrisa con hoyuelo incluido. Gabi Martínez, el hombre serio, también como suele. Y todos los que no nombro. Editores (ah, qué fascinantes), agentes (siempre a punto de despellejar a alguien), periodistas (se les reconoce por su libreta o su prisa, o ambas cosas). Una agente, por cierto, contó varias intimidades y algunas porquerías de la flamante ganadora de la velada en mi misma mesa. Entretenido pero imperdonable y, por tanto, irreproducible. La mía, en cambio, lo digo y lo diré hasta la muerte, se caracteriza por no cometer jamás este tipo de ordinarieces. Y luego estaba esa plasta de Care Santos, hablándole a todo el mundo de sus tres niños y del año estragado pero felicísimo que padece. Seguro que más de uno la evita a partir de ahora, a ella, al tema o a ambas cosas a la vez. Ah, y dejo para el final lo mejor: una periodista que también es escritora y también es inteligente, Eva Piquer, me felicitó, nada más llegar, por el punto final de la entrada de ayer y anticipándose a mi torpeza me dijo que lee este blog (hola, Eva, maca!), qué alegría. En fin. Sólo espero que esta crónica sesgada del Biblioteca Breve no sea como todo lo que se lee por ahí de los premios literarios, amigos y amigas que os detenéis aquí.