24 de julio de 2008

Cuatro


Unos amigos esperan el cuarto. De cuanta gente conozco, son los únicos.
Los embarazos ajenos invitan a la reflexión. Hay gente sabia a quien le provocan repulsión hacia cualquier cosa que tenga que ver con niños. Hay gente sabia a la que, por contra, le provocan deseos de tener hijos. O más hijos.
Este concreto y ajeno embarazo ha generado bastante debate en casa durante las últimas semanas. Hemos pasado del lugar común («Qué valientes, ¡cuatro!» o «Qué barbaridad, ¡cuatro!») a las miradas desconfiadas de mi compañero, cuando observó que yo me quedaba pensando una vez la conversación ya había terminado. Luego llegó el debate real, cuando él me preguntó en serio —bastante preocupado— si yo tendría el cuarto. Primero dijo, por si acaso su postura no había quedado clara: «A mí me daría una pereza horrible...». A continuación confirmó sus temores, porque yo asentí.
Atacó: «¿Ya no te acuerdas de lo mal que lo pasaste en el embarazo de Álex?».
«No lo pasé tan mal», repuse yo.
«¿Ves? ¡Ya no te acuerdas!», insistió él.
Se queda pensativo. Parece ausente. Le he dejado descolocado.
Unos minutos después, pregunta, estupefacto:
«¿De verdad, tendrías otro hijo?».
Sí, navegantes, soy así de perversa, degenerada, suicida, valiente, inconsciente, infantil, inmadura, envidiosa: si por mi fuera, tendría un cuarto hijo.
Se lo dije a mi madre. Utilicé el tiempo condicional. Frunció los labios en una mueca de desaprobación.
Susurró: «¡Por favor!».
Dos palabras pueden decir mucho más de lo que querrías saber.
Luego preguntó: «¿Y para qué?».
Pregunta rara. No se tienen hijos para nada. En todo caso, se tienen hijos por algo (aunque es bastante difícil explicar por qué). Las razones por las cuales deseas tener un hijo no pueden reclamarse ni esgrimirse. No son egoístas, pero tampoco altruistas completamente. No tienen pies ni cabeza, no son sostenibles, ni siquiera son muy legítimas.
En mi caso, mis deseos de ser mamá por cuarta vez surgen cuando miro a mi hijo Álex, que en septiembre cumple 3 años. Acaba de dejar el pañal y está a punto de empezar P3. Le miro y pienso, con esa mezcla rara de orgullo y tristeza: «Ha crecido». Siento nostalgia de bebé. Sí, lo sé, un sentimiento peligroso. Mi compañero está aterrado, cuando se lo digo.
En fin. Respira, mamá: no voy a tener el cuarto. También por muchos motivos, que serían largos de explicar aquí.
Pero envidio —y admiro— a quienes sí se atreven.

La fotografía es de Cristopher Gilbert

23 de julio de 2008

22 de julio de 2008

Agatha Christie habla de cremalleras

La vida, hoy en día, está dominada y se ve complicada por la implacable cremallera. Blusas y faldas que se abren y cierran con cremallera, trajes para esquiar con cremallera por todos lados. Vestidos ligeros con trozos de cremallera perfectamente innecesarios, sólo como adorno.
¿Por qué? ¿Hay algo más terrible que una cremallera que se pone testaruda? Te deja en una situación mucho peor que los comunes y corrientes botones, broches, cierres de presión, hebillas y corchetes.
En los primeros tiempos de las cremalleras, mi madre —estremecida por tan deliciosa novedad— se mandó hacer un par de corsés a medida, con cremallera en la parte de delante. ¡Los resultados fueron sumamente desafortunados! No sólo tuvo que librar una dolorosa batalla en la primera subida sino que después las cremalleras se negaban con obstinación a bajar. ¡Quitárselos era prácticamente una operación quirúrgica! Y debido al encantador pudor victoriano de mi madre, durante un tiempo nos pareció posible que viviera el resto de sus días metida en esos corsés: ¡una especie de mujer moderna con corsé de castidad!
Desde entonces, siempre miro las cremalleras con cierta desconfianza.

De Ven y dime cómo vives. Memorias (Tusquets, 2008)

Y la imagen, «Margarita de cremallera», de Marilú, en Flickr

21 de julio de 2008

Encajar

Leo en la novela —todavía inédita— de un amigo que comienzas a ser escritor el día en que comprendes que no encajas en ninguna parte.

Hay épocas del año que evidencian mucho más que otras esa realidad. La pieza del puzzle que representas ha salido deforme, hay que ensamblarla a martillazos. Y, en verano, ni así.
Llegan las vacaciones, los niños quieren hacer cosas de niños normales y la verdad es que no tienen la culpa de tener una madre-ermitaña que quisiera pasar el verano en una biblioteca o en una isla desierta o en La Roca, con tal de que hubiera libros. Las ceremonias familiares te sientan ante el abismo —aunque a simple vista parezca una mesa presidida por una paella— de saber que nada tienes que ver con aquellos con quienes compartes sangre, historia, referencias y paisaje de la memoria. En realidad, te pasas el rato observando a la familia como si fueran actores de una serie de televisión. De una que ni siquiera te gusta. No como House o Roma.
Luego está el calor, tan poco apropiado para la creación literaria, y yo comienzo a añorar Groenlandia, esa tierra a la que no pude llegar a pesar de que lo intenté. Yo me exiliaría en Siorapaluk, donde no hay neveras porque no hacen falta, y leería y escribiría bajo una manta de piel de yak.
La tele habla. Un conductor sin carné puede ser condenado a dos años y medio de prisión. Pienso: «Qué gusto, dos años y medio en la cárcel sin preocuparse de cocinar ni de hacer la cama».
Realmente, me estoy volviendo muy rara.



La imagen de hoy, del blog Hijo de Zeus.

18 de julio de 2008

Harry Potter en pasado

«La cicatriz llevaba diecinueve años sin dolerle. No había nada de que preocuparse.» Trece palabras para un final, tal vez el más esperado de la historia de la literatura. J. K. Rowling lo ideó -dice- hace 18 años, cuando apenas esbozaba la serie en aquel inspirador trayecto Manchester-Londres, y sólo hace algunos meses llegó a los lectores españoles. Algunos fans las tomaron por algo parecido al apocalipsis. ¿Qué van a hacer ahora los lectores, huérfanos de su mago predilecto?
Será raro, la verdad, ver pasar un año sin que llegue un nuevo volumen a las librerías, no poder asistir de nuevo a esa ceremonia del misterio, de las cajas precintadas que se guardan en un almacén hasta que llega la hora de revelar el secreto; del revuelo informativo que esa inteligente operación de marketing ha levantado una y otra vez. Tendremos que contentarnos con esperar la edición de la colección completa mientras aprendemos a contener la nostalgia.
Yo nací en 1970, así que mi infancia no conoció Hogwarts, el internado donde estudian los niños magos. Sí, en cambio, aquel otro, poblado por niñas perversas y repipis a partes iguales, llamado Torres de Malory. Era un escenario creado por Enid Blyton, a quien podríamos considerar, por edad y filiación, una suerte de abuela de J. K. Rowling. Escribió 187 novelas, vendió 400 millones de libros en innumerables traducciones y aún hoy es una de las autoras más traducidas del mundo. Sus libros todavía se encuentran en las librerías de nuestro país y cada vez que tropiezo con uno –en ediciones modernas, que sólo vagamente se parecen a las que yo recuerdo- me invade la melancolía de tener de pronto entre las manos una parte de mi pasado que yo siento muy importante.
Les ocurrirá lo mismo, dentro de unos años, a los lectores que hoy lloran el final de Harry Potter. Un día se descubrirán en una librería con un libro de la serie entre las manos, descubriendo que ya son personas adultas, tal vez padres y madres de familia, y que ese volumen parece contener algo muy importante de ellos mismos. A su alrededor, la librería estará repleta de lectores en busca de emociones. En los anaqueles habrá buenos títulos, talentosos autores o volúmenes de éxito, tal vez crecidos en la tierra abonada que dejó Potter.

Habrá escritores para ellos desconocidos que, como Rowling, o como antes Blyton, serán capaces de establecer una comunicación sin trabas con sus lectores, de seducirles hasta lograr aquel milagro que tan bien describió George Steiner: que apaguen la televisión para leer centenares de páginas en silencio.
Cada vez que uno de los lectores de la serie llegue a las trece últimas palabras, ese momento estará un poco más cerca.



La imagen: así me vio la revista Mujer Hoy en un reportaje sobre las herederas de Rowling, qué cruz.

17 de julio de 2008

Diagonales VIII

16 de julio de 2008

Unamuno le cuenta a Marañón

...no sé si sabrá usted que me casé a mis veintisiete años con mi mujer —mi costumbre— dos meses mayor que yo, que es la única que he conocido —me ha bastado— lo que me ha permitido dedicarme, además de a mi familia, a la patria, a la universal y a mi Dios desconocido. Mis relaciones de noviazgo —las más epistolares— (...) ¡duraron... quince! Y acaso de aquella correspondencia casi infantil, tomó arranque mi estilo, siempre epistolar, esto es: de hombre a hombre. A ella, mi mujer, a su inquebrantable alegría infantil —hoy a sus 68 y medio sigue tan niña— es a lo que más debo.

15 de julio de 2008

Gregorio Marañón le cuenta a Miguel de Unamuno sobre Alfonso XIII

Mi querido Don Miguel: almorcé una mañana de primavera con el Rey. Me invitaron y acepté porque me convenía hablarle para el asunto de los médicos extranjeros. Por cierto que prometió ayudarme en la batalla que riño contra una gran canallada nauseabunda que se está perpetrando; y no sólo no me ayudó, sino que decidió, poco días después, la suerte a favor de los contrarios. Le he quedado muy agradecido y dispuesto a servirle *.

Nada hay en España comparable a este vicio desenfrenado, contra el que no podrá nadie, porque el Jefe de la Nación es también el número uno de los puntos. Esta temporada, en el Tiro de Pichón, el espectáculo es bochornoso. El Rey juega, aproximadamente, de 4 a 5.000 pesetas por tiro, esto es, por minuto. En la tarde de ayer, ha ganado 60.000 pesetas; y a este tenor las demás tardes. El partido de los "pajareros", que él capitanea, lleva sacados a los "escopeteros" más de 400.000 pesetas en lo que va de temporada. No quiero decirle, porque son detalles que requieren la palabra hablada y aun el oído próximo, las artes que allí se ponen en juego para el regio desplume. Este año quedarán algunas familias en estado mísero a consecuencia de todo esto. Y, lo terrible, es que no se perpetra en un garito, sino a la vista de todo Madrid, bajo el sol de mayo, con acompañamiento de gritos ensordecedores.

* Carta de comienzos de verano de 1921
** Carta sin fecha, de 1921

De Epistolario inédito. Marañón, Ortega, Unamuno (Espasa, 2008)

14 de julio de 2008

Anton Chejov escribe a la actriz Olga Kniepper *

«El arte es un campo en el que resulta imposible avanzar sin titubear.»

«Volverá usted a encontrar grandes dificultades y dolorosas desilusiones; hay que estar preparado para todo ello. Hay que aguantar. Y a pesar de todo, hay que conservar la cabeza con una energía decidida, casi fanática.»

«Hay que dejar de una vez por todas esa obsesión respecto a los éxitos y los fracasos. Que eso no le afecte. Su tarea es trabajar paso a paso, cada día, estar preparada para cometer errores y, eso es inevitable, para obtener fracasos. Es decir, para mantener estoicamente su propia línea artística. Es a los demás a quienes les toca contar cuántas veces se sube el telón.»

«En cuanto a mí, he estado enfermo tres o cuatro días. Ahora permanezco en casa. Recibo una cantidad intolerable de visitas. Las lenguas provincianas se agitan, ociosas, y me producen enfado. Estoy furioso, rabio y envidio a la rata que vive bajo las tablas de vuestro teatro.»

«Te quiero y te querría aunque me dieras golpes con un bastón.»

«...para qué voy a escribirte si nos vamos a ver pronto, pronto, pronto de nuevo, y te daré un pellizco en el trasero y más cosas como esa.»

De Correspondencia (1899-1904), Editorial Páginas de Espuma, 2008



* Chéjov se casó con Kniepper en 1901. Eran amantes desde un año antes. Chéjov murió en 1904.

En la imagen: la tumba en Moscú de Anton Chéjov.

11 de julio de 2008

II Encuentro de Escritores en la Fundación Camilo José Cela: Nosotros los de entonces, ¿aún somos los mismos?




En la foto (empezando por la derecha): Gabriela Bustelo, Lola Beccaria, Gloria Méndez, Blanca Riestra, Marta Sanz, Carlos Castán, Óscar Esquivias, Care Santos, Ignacio García-Valiño. Delante, Tino Pertierra. Detrás: Lucía Etxebarría, Toni Montesinos y Luis García Jambrina (escondido, sólo se le ve el tupé).

En la foto faltan algunos, que no pudieron quedarse a las conclusiones: Antonio Álamo, Ángela Vallvey, Lorenzo Silva, Hilario J. Rodríguez.

Para más información, HAZ CLICK AQUI

Por último, una frase para pensar, pronunciada por una de las autoras participantes:
«Tal vez tengamos más en común de lo que estamos dispuestos a reconocer».

La imagen: de El Faro de Vigo, publicada ayer.
Buen fin de semana, navegantes.

10 de julio de 2008

Dale nombre a tu vida, de Rebeca González *

-Mi nombre es Jimena y tengo catorce años.
Eso era todo lo que había que decir cuando entrabas en aquel grupo al que mi madre me había apuntado, como si la edad fuera el delito que habías cometido o como si fuera tu pecado; igual que los alcohólicos dicen en sus grupos de ayuda “me llamo Federico y soy alcohólico”. Reconocer que tenía 14 años era reconocer mi pecado, mi defecto, mi verdad, era el primer paso del camino de la recuperación: reconocer que tenía, que tengo, catorce años.
Mi madre me había dicho muchas veces que cuando yo nací, el día que yo nací, había sido uno de los días más felices su vida, que se sintió llena, realizada y otros adjetivos que yo ni siquiera entendía y a los que dejaba de prestar atención o buscaba algún motivo para dejarla con la palabra en la boca, porque ya me conocía yo esas sesiones de “mi niña pequeña y como ha crecido” y “¿por qué no vemos las fotos del álbum que te hice cuando eras pequeña?”. Si algo no soportaba era que mi madre se pusiera babosa conmigo e intentara hacer como si fuéramos amigos y eso era lo último que yo quería, que fuésemos amigas, porque era una amistad falsa, ella sólo quería información, meterse en mi vida, saber si yo fumaba, si tenía novio y esas cosas que preocupan a las madres.
Pero a mí lo que me preocupaba eran otras cosas, fumar no tenía, no tiene, importancia, soy joven y aún puedo fumar muchos años sin que mi organismo se resienta y además yo puedo dejarlo cuando quiera. Tener novio, “novio” una palabra que debería desaparecer del diccionario, para los tíos son de usar y tirar, me niego a que me hagan daño, o que intenten cambiar el rumbo de mi vida.
Anoche mi madre me dijo que mi padre, al que odio elevado a la enésima potencia, me había vuelto a llamar para hablar conmigo. Ya le he dicho yo mil veces a mi madre que no quiero ni verle, ni volver a oír su nombre y que para mí es como si estuviese muerto.
Por cierto al que voy a matar es a mi hermano pequeño otra vez le he pillado en mi habitación cotilleando mis cosas e intentando abrir mi diario, le he dado un manotazo que le he dejado todos los dedos marcados en la cara. Se ha ido llorando a decírselo a mamá; pero ya ves a mí lo que me importa, como me vuelva a poner la mano encima, otra vez, la vuelvo a denunciar al defensor de menores.
Estoy deseando tener los dieciocho para salir de esta casa y ser libre, estoy más que harta, de que mi madre me organice la habitación todos los días antes de irse a currar y de que me lave la ropa con ese detergente que huele a flores y que detesto, estoy harta de les dibujos que me regala mi hermano pequeño para que los cuelgue en mi habitación, él si que está “colgao” si cree que voy a poner esos garabatos al lado de mis pósteres de Tokio hotel o de Mario Casas.
El único que molaba en casa era mi hermano mayor, ¿dónde estará, el muy cabrón? Él sí que pasaba a tope, ponía la música a retumbar hasta que bajaba la vieja del tercero a protestar aporreando la puerta, cuando mamá no estaba, y la dejaba ahí hasta que se cansaba de llamar.
Mañana mi madre sí que se va a cansar de llamarme porque tengo que estar a las seis en la estación, al juez no se le ha ocurrido otra cosa que mandarnos a un hospital de parapléjicos donde tenemos que ayudarlos durante una semana, ya veré como me escaqueo.
Nueve meses más tarde.
Antes de ir al instituto he pasado por casa de mi hermano mayor para ayudar a su mujer, Marian, a levantarle la cama, lavarle y sentarle en la silla antes de que ella salga a trabajar. Es enfermera y una mujer excepcional, quiere a mi hermano con locura a pesar de todas sus limitaciones, le ha cambiado por completo y yo le veo ahora mucho más feliz que antes cuando podía andar
Mi madre y ella se llevan estupendamente. Además le ha conseguido un trabajo mucho mejor que el de antes, con mejor sueldo y menos horas, en el hospital en que ella trabajaba. Así mamá está conmigo y con mi hermano pequeño por las tardes y a mí me ayuda a estudiar, se sienta conmigo y me pregunta los temas y a Roberto, mi hermano pequeño, le ayuda con las divisiones.
Roberto ha ganado un concurso de dibujo y yo he enmarcado el dibujo premiado y lo he puesto en mi habitación, me encanta verlo por la noche antes de dormirme porque es un dibujo en el que aparecemos todos: mi madre muy guapa con su pelo rubio suelto, él, pintado en el cuadro, como Velázquez en Las Meninas, Marian y José, mi hermano mayor, en su silla de ruedas, a la que Roberto ha puesto alas y yo vestida de médico con el fonendo. Todos vamos dados de la mano y todos sonreímos.

* Rebeca González Ruiz nació en Madrid en 1994 y actualmente es alumna del IES Francisco de Goya / La Elipa de Madrid, barrio en el que vive. Quiere ser profesora de Primaria. Con el relato que hoy publicamos obtuvo uno de los galardones del Concurso Literario del IES Francisco de Goya de este año. Anterirmente había obtenido también el premio “Caja Mágica”.

9 de julio de 2008

Nueva York: Diagonales



8 de julio de 2008

Wabi-sabi


"Nada es perfecto en la naturaleza, al menos en el sentido euclidiano-geométrico en que lo concibe Occidente. Nada es permanente. ya que todo está en proceso, todo en la vida nace o muere. Nada es completo. Si lo fuera, sería perfecto y permanente. Lo completo no existe en la naturaleza, sólo en la fantasía humana".

Wabi-sabi es la madera, el cáñamo, el metal oxidado, la tela cruda o la cerámica.
Es un conceptó japonés qie surgió por oposición al perfeccionismo chino del siglo XVI. Se basa, entre otras cosas, en los vínculos emocionales que desarrollamos con las cosas que envejecen con nosotros.

Y para acabar esta entrada más o menos japonesa, algunos haikus que me han emocionado recientemente:

De Mizuta Maschide (1656-1723):

Cuando parta
dejadme ser, como la luna,
amigo del agua

De Arakida Moroitakes (1472-1549):

¿Una flor caída
volviendo a la rama?
Es una mariposa

De Taneda Santoka (1882-1940):

¿Qué pretendo encontrar
internándome en el viento?

La imagen de hoy es del artista Greg Spalenka.

7 de julio de 2008

Breve crónica de algunos días de vida


Navegantes, héme. Lo prometido, es esto.
Tengo una novela más en mi haber y un verano por delante más o menos decente (sólo más o menos, porque hay una traducción por ahí que espera ser terminada, algunos encargos breves pero existentes y una novela de terror para adolescentes que tengo que rematar) pero puede decirse que estoy moderadamente satisfecha por cómo ha ido todo. Muy pronto comenzaré a hablar en futuro -porque mi otoño viene cargadito de compromisos- pero de momento, me refugio en el pasado para contaros algunas de las cosas que he hecho en todos estos días de ausencia bloggera.
1) Viajé a Nueva York con excusa mirallesca (me explico: mi amigo Francesc Miralles se fue a vivir un mes a la ciudad de los rascacielos, y yo me escapé sólo por el gusto de verle con aquel decorado de fondo). Cenamos en un restaurante giratorio con varios amigos, escuchamos cantantes de jazz amateurs en un bar de la tercera avenida llamado "La aguja de Cleopatra" y el resto lo dediqué a escribir y documentarme para escribir. Eso sí: como mi apartamento estaba justo al lado de Times Square, me escapé al teatro (no sería yo, si no) y vi una de las versiones más sorprendentes que creo que se hayan representado jamás de El despertar de la primavera de Franz Wedekind. Una obra por la que siento mucho cariño. A ver si un día os cuento por qué.
2) He escrito muchiííííííísimo. Tenía compromisos pendientes. Un cuento, precisamente sobre Nueva York, para la revista EÑE. Otro sobre deportes para el diario Público (¿deportes?, pregunté. Sí, pedimos a los autores cosas que no les van nada para que el resultado sea más sorprenente. Ah, lo será, desde luego, por lo menos en mi caso). Uno sobre bulling para una antología que prepara Fernando Marías para SM. Uno sobre el hombre invisible para una antología que prepara Fernando Marías para 451 (cómo trabaja Fernando Marías!), uno sobre lo-que-me-diera-la-gana para un libro en beneficio de la Fundación Sierra i Fabra de Medellín. Otro sobre lo mismo que prepara Sierra i Fabra y su Fundación para Editorial Norma (cómo trabaja Sierra i Fabra). Y mil menudencias con las que no os quiero aburrir.
3) Leí muchos libros raros en pos de la documentación. What Hapen When We Die (Que pasa cuando morimos). Heaven's Call (La llamada del cielo). The Big Book Of The Near-Dead-Experiences (El gran libro de las experiencias cercanas a la muerte). Todo comprado en Amazon. También otras cosas más al alcance: Elisabeth Kübler-Ross, Jung, Moody, di Nola... He entrevistado a gente que trabaja con moribundos, que ayuda a morir a enfermos terminales o que ha estado muerta y ha vuelto a vivir... Y todo para escribir la novela que me tenía abducida, HACIA LA LUZ, y que merecerá una entrada aparte un día de estos, cuando me vea con fuerzas. De momento estoy en la fase: trato-de-olvidar-lo-que-he-escrito. Para mí, es necesaria. Y con esta novela, que me tuvo 20 días sin dormir ni una noche (lo prometo, ni que fuera un amante espectacular), más aún.
4) Asistí al debut en un teatro grande de la bailarina -de 5 años- Elia Olmedo, no por casualidad mi hija. Fue un exitazo. Es la bailarina más feliz del mundo mundial, eso desde luego. Y su hermano Adrián, un espectador agradecido (¡que aguantó tres horas de actuación como un hombre!). También llegué tarde (por culpa ajena) a su primer actuación musical. Pero vi una exposición en la que Adrián emuló a Miró. Por cierto, Adrián dice que de mayor quiere ser policía, pescador y escritor (todo a la vez).
5) Pasé fugazmente por la Feria del Libro de Madrid (qué frío hacía), pero con tranquilidad. Participé en una mesa redonda con Julián Rodríguez, Doménico Chiappe y Félix Romeo, quien al terminar, mientras tomábamos patatitas en el chiringuito de la misma Feria dijo una frase que luego he pensado mucho: «Es triste que el único nacionalismo que existe en España sea el del fútbol».
6) Vi diluviar en (por este oden): León, Bilbao, Gijón, Madrid, Nueva York, Mérida, toda la provincia de Badajoz (o casi) y, por supuesto, Barcelona. ¡Menuda primavera lluviosa para no parar de viajar!
7) Conduje un taller literario en Badajoz donde lo pasamos muy bin (por lo menos yo) y donde tuve ocasión de disfrutar cara a cara de algún que otro visitante de este blog (un abrazo, Fernando, y gracias por tu entrada).
7) por último: os eché mucho, muchísimo de menos. Vamos a intentar reparar las ausencias, que yo soy de las que piensan que los cariños hay que alimentarlos. Así que, dejaros alimentar, navegantes, que la Santos ha vuelto.

La imagen de hoy: un muy sonriente "m & m" publicitario en la noche de Times Square.

25 de junio de 2008

Coming soon

Estoy terminando mi novela HACIA LA LUZ, navegantes.

Volveré a mi vicio diario del blog a partir del próximo 7 de julio. No os despistéis, que luego os echo de menos.

29 de mayo de 2008


Esta foto es de esta mañana. Me la ha mandado, con mucha diligencia, Cecilio (a mi lado en la imagen, de oscuro), del IES El Pomar de Jerez de los Caballeros, en la provincia de Badajoz. Allí he estado esta mañana, en medio de la lluvia torrencial y en muy buen ambiente.
Muchas gracias, Cecilio, por la rapidez con que cumples tus promesas.

25 de mayo de 2008

Diagonales: MoMa, New York


19 de mayo de 2008

No, este aún no es un blog muerto. Ni póstumo.

¡Awafih!
Así se dice "hola" en arameo, una lengua que aún se habla en tres pequeños pueblos cercanos a Damasco. Es decir: no se trata de una lengua muerta, pero sí casi muerta.
"Anda, lo mismo que este blog", habréis pensado algunos, y no os faltará razón. Pero antes de daros la razón humildemente y explicaros las causas de que éste sea un blog casi muerto, dejadme explicaros algo.

"Cada día, señor, espabila mi oído para que escuche como los iniciados".
El viernes pasado tuve la suerte de asistir a una conferencia de la veterana y muy lúcida Montserrat del Amo. Fue en "Leer León", la Feria de Literatura Infantil y Juvenil, que este año ha rendido homenaje a la pionera del género, que tiene nada más y nada menos que 80 castañas. Esta cita de Isaías sirvió a Montserrat para describir cómo presta atención a la vida para luego escribir. Fue sólo el comienzo de una conferencia plagada de perlas, de las que tomé nota para servíroslas aquí, a modo de desagravio por mis ausencias. Espabilad la pupila, pues, que no tienen desperdicio:

"Yo vivo sola. No me siento sola, porque tengo mucho afecto a mi alrededor, pero para escribir, viene bien".

"El tiempo de imaginar es muy largo -largos paseos, momentos de insomnio...- y muy grato, porque en mi imaginación mi novela es perfecta, maravillosa".

"No sé escribir de un lugar que no haya visto previamente".

"Atención al oficio: ayuda mucho, pero también puede ser un peligro. Más que facilitar la tarea, la dificulta. A esto de escribir no se termina de aprender nunca".

"Cuando escribo sé que lo que hago podría estar mejor, pero forzosamente me veo obligada a escribir tendiendo a la montsidad"

"El escritor tiene que vivir del odio al editor"

"Lo malo es que las palabras bonitas no siempre significan lo que deberían".

¿Qué os parece? Fue un lujo conocerla, de verdad. Yo con 80 años quiero ser Montserrat del Amo, os lo aseguro. Y ahora, van las explicaciones: El año pasado, pacientes navegantes, cerré el blog mientras escribía LA MUERTE DE VENUS (Espasa, 2007). Lo hice porque me conozco: me entusiasmo tanto con la escritura que se me olvida hasta de respirar. Ya no digo de actualizar todos los días. Este año he andado de aquí para allá, terminando algunos compromisos previos, hasta hace poco: libros de no ficción, novelas a cuatro manos, cuentos por encargo... Pero llevo ya algunas semanas -creo que me lo habéis notado- absorta en mi próxima novela, HACIA LA LUZ, que también publicará Espasa. Esta es la (buena) razón de mi silencio bloggero. No quise colgar el cartel de cerrado por escritura para no descuidar el blog, pero lo he descuidado igual y encima, sin avisar. De modo que esta entrada de hoy es un modo de tranquilizar mi conciencia pero también una explicación y una disculpa: perdonad mi silencio, navegantes, estas próximas semanas estaré un poco más "callada" que de costumbre. La razón: ¡estoy escribiendo, emocionada como sólo ocurre de vez en cuando, una historia que me abduce! Iré volviendo, una vez a la semana si me aplico, para que no podáis pensar que este es, como el idioma arameo, un blog muerto. O póstumo, lo cual tendría su morbillo.



La imagen de hoy la tomé el verano pasado en Akureyri.

6 de mayo de 2008

Aventura dental

Hoy he llevado a mis hijos al dentista. A Adrián le salen los dientes definitivos sin que se le caigan los de leche (extraño prodigio de la naturaleza que no sabía posible), Elia se golpeó un incisivo (también de leche) y se le ha puesto de un color preocupante. En la sala de espera, mis dos gamusinos han ojeado revistas del corazón, fingiendo un severo interés por los asuntos frívolos. Luego han pasado, al trote, hasta la sala del fondo, donde nos esperaba una médica joven vestida de azul, con una mascarilla último modelo, a quien Adrián se ha apresurado a interrogar:
—¿Cómo te llamas, señora dentista? —le ha preguntado.
Y el misterio se ha aclarado en el acto:
—Carla —ha dicho Carla, bajándose la mascarilla y mostrando una ristra de dientes perfectos (supongo que este último punto es lógico).
La primera ha sido Elia. Se ha tumbado, muy contenta, en la silla de exploraciones, con la boca muy abierta incluso desde antes de que se lo pidieran. Sus ojillos negros iban y venían, curiosos y divertidos, de la lámpara cenital a las manos enguantadas de Carla. Parecía encantada de haberse convertido, de pronto y con tanta facilidad, en una paciente. Adrián, mientras tanto, quería saberlo todo:
—¿Por qué le metes la mano en la boca a mi hermana?
Lo de Elia ha requerido hasta una mini-radiografía, que le han hecho allí mismo, después de cubrirla con un mandil de plomo y pedirnos a su hermano y a mí que esperáramos fuera. Se ha portado tan bien que he salido pensando que es más íntegra que yo, la monita de 4 años.
Cuando le ha tocado el turno a Adrián ha habido exploración y diagnóstico: tiene que tocarse los dientes todo el tiempo, para que se caigan de una vez, y para que el ratoncito, las hadas de los dientes o los angelitos (esta parte de la mitología doméstica está por resolver) hagan su trabajo y le traigan muchos regalos. Con gran alborozo, Adrián ha descubierto que se le mueven 3 dientes, y allí mismo ha planeado en qué iba a pasar el resto de la tarde: en llamar a todos y cada uno de los miembros de la familia para contarles el gran acontecimiento.
En fin, ha sido una aventura completa, adornada de sillas que suben y bajan y señoras con la cara tapada, como en las comedias antiguas de capa y espada. Para rematar, les han regalado un guante de látex y una mascarilla a cada uno. Yo no me he atrevido a pedirle otros para mí.
Lo más impactante del día ha sido el momento en que Carla (qué familiaridad) me ha enseñado la radiografía que le ha tomado a Elia. Ahí está su diente maltrecho, intacto, tranquilo, libre de infecciones y culpas; justo encima, escondidas dentro de la encía, en apariencia inofensivas, dos paletas que triplican el tamaño de los dientes actuales, esperan agazapadas su turno. Ha sido impactante: como tener el privilegio de contemplar durante un minuto la hija que tendré, no la que tengo, la silueta invisible pero real de lo que nos aguarda en el futuro.
Qué cosas, ¿no? Llevo a mis hijos al dentista y termino metafísica.
Perdonadme, navegantes, son las altas horas, que me afectan a los órganos de pensar.


La imagen de hoy, de otra con tres y de Cristopher Gilbert.

1 de mayo de 2008

Because I'm the Mom