30 de noviembre de 2006

Ausencias y no

Voy a estar fuera un par de días.
Si hay alguien que no se alegra de que me vaya y me echa de menos ni que sea durante un nanosegundo, os propongo algo divertido.

Desde inicios de esta temporada dirijo y presento en una emisora de radio local un programa (¿de qué va a ser?) de libros. Nos lo pasamos bien y tratamos de hacer que a la audiencia le ocurra lo mismo. Se llama NO ENS AVORRIREM (No nos aburriremos), algo que (creo) cumplimos hasta el paroxismo semana tras semana.

Advertencia: la mayor parte del programa es en catalán, anque muchos de los invitados condicionan el cambio de idioma, claro. Esta semana una de nuestras colaboradoras, Regina Bou, entrevistó a los ganadores de los Premios Planeta, Álvaro Pombo y Marta Rivera de la Cruz.

Si tenéis curiosidad, sólo tenéis que hacer click aquí www.mataroradio.com hoy jueves por la tarde (de 18 a 19, hora española, claro), y volverlo a hacer en la pestaña superior "Directe".

Allí nos escuchamos, navegantes.
* No soy ubicua: el jueves estaré en Valladolid. El programa es grabado. Y a este blog, más o menos, le ocurre lo mismo.

29 de noviembre de 2006

Os prometo que no le he mandado un jamón (o la primera crítica a El dueño...)

Existen aspectos, como la constante capacidad de experimentación e innovación, que convierten a Care Santos en una de las escritoras más atractivas, literariamente hablando, del actual panorama juvenil. Y es que siguiendo su trayectoria se constata que desde Hot Dogs (2001), novela realista en la línea de las modas de lecturas juveniles de hace unos años, pasando por el atrevido puzle literario de Los ojos del lobo (2004), hasta llegar a El dueño de las sombras, la autora catalana no ha cesado de experimentar con temáticas, con la estructura de la novela y con los puntos de vista del narrador. Un ejercicio encomiable, no falto de riesgos ni de algunos errores, que convierten a esta escritora en un valor a seguir.
Y es que El dueño de las sombras se aparta del realismo crítico de múltiples colecciones destinadas al joven lector y se atreve a realizar una incursión en el mundo de ultratumba, centrándose especialmente en las múltiples presentaciones del mal. Un tema que se remonta, como bien hace Santos al final del libro, hasta los románticos, como Gustavo Adolfo Bécquer, y que en la actualidad cultivan con acierto Agustín Fernández Paz, Fernando Latorre y César Mallorquí, entre otros.
Aunque este es un género difícil de abordar, la nueva mirada femenina de Santos lo enriquece de matices y ofrece un protagonismo diferente a las mujeres de la familia Albás, situado en el extremo contrario de las típicas chicas histéricas de las películas americanas de terror. Pero si con esto no hubiera bastante, la autora deleita con una de las miradas más singulares del lado oscuro del mundo: Eblus, nombre que recibe el demonio protagonista de todos los males, es el narrador de los peores momentos. Un relato en segunda persona, que se dirige al lector, con preguntas ad hoc, y que despierta en él sus miedos más ancestrales. Esta es, sin duda, la obra más ambiciosa de esta gran autora juvenil, que da muestras de una gran maestría del arte de novelar.

Joan Portell Rifà
Suplemento Exit, El periódico de Catalunya / El periódico de Aragón
noviembre 2006

28 de noviembre de 2006

Juan José Millás, Todo son preguntas

Francisco Franco, aquel analfabeto que se pudrió antes de morirse, hazaña biológica que el presidente de la Xunta * está dispuesto (...) a repetir y mejorar.

Verdaderamente, continúa habiendo dos Españas. Una es la España satinada, sutil, sedosa, limpia y optimista de las ocho ministras que posaron de forma absolutamente discreta (...) para Vogue y otra es la España casposa, cutre, maloliente, meapilas, inculta, tétrica, antigua y funeraria que representan ciertos individuos. ¿Cuál de ellas le hiela a usted el corazón?

* Se refiere a Manuel Fraga. La información envejece deprisa, ya se sabe.

Quinteto, 2006

27 de noviembre de 2006

El corazón del monstruo (microcuento)

El paradigma de mis terrores infantiles era una enorme máquina de rayos equis que parecía un animal antediluviano y que habitaba en un cuarto trasero, más allá del lugar donde los pacientes de mi padre se tumbaban dócilmente en la camilla. Mi padre la utilizaba para observar a personas enfermas, siempre ataviado con su mandil y sus guantes de plomo. En su presencia, ella se hacía la inofensiva, hasta la simpática. Tenía un pedal hidráulico en el cual mi padre jugaba a divertir niños —arriba, abajo, arriba, abajo…— y una pantalla verde que de vez en cuando mostraba lo que ningún ojo podía ver: lo que había más allá, en el interior.
La verdadera faz de aquel monstruo sólo se mostraba de noche, cuando alguien me mandaba a buscar algo al consultorio, y yo intuía en el cuarto de atrás la presencia callada y amenazadora de la máquina. Pensaba que en cualquier momento podía capturarme con aquellos elásticos que servían para sujetar a los bebés, o acercarse a mí con sigilo de reptil gigante y sorprenderme. Para mi extrañeza, el monstruo nunca jamás me atacó, ni siquiera franqueó la puerta del cuarto donde le teníamos encerrado. Aunque en más de una ocasión le descubrí tramando algo, preparándose para salir, odiándome en la oscuridad y el silencio que siempre le acompañaban.
Cuando fui un poco más mayor traté de comprender: tal vez yo también odiaría con toda la fuerza de mis entrañas oxidadas si me obligaran a vivir en aquellas condiciones de soledad, estrechez y trabajo forzado. Jamás nadie lo limpiaba. Jamás nadie reservaba para él las alegres horas de la diversión familiar de que sí gozaban otras máquinas de la casa. De todos los miembros de la familia, sólo mi padre acudía de vez en cuando al cuarto trasero para preocuparse por su estado. Encendía la luz, murmuraba algunas palabras, pulsaba algún interruptor y volvía a salir de inmediato.
Cuando mi padre murió, la vieja máquina quedó sumida en su silencio. Se desvalijó el consultorio y mi madre dispuso que el cuarto de atrás se utilizara como trastero. Libros de texto viejos, zapatos, muñecas descabezadas… Cualquier cosa que nadie quería acababa en aquel angosto lugar. La máquina parecía imperturbable. Cuando iba de visita a casa de mi madre procuraba no demorarme nunca demasiado entre las pilas de cosas, y jamás apagar la luz antes de cerrar la puerta. Creo que disfrutaba abandonándola allí, a oscuras, rodeada de basura inservible. Era mi venganza, muchos años después.
Cuando mi madre murió y nos vimos en la penosa circunstancia de vaciar la casa, la vieja máquina fue el mayor problema. Un mecánico la desmontó pieza por pieza —la mampara, la plataforma, el cuadro de mandos…— hasta dar con un cilindro azulado de algo más de un metro. «Aquí está el alma de este mamotreto. Deben tener cuidado. Es terriblemente tóxico».
Resolví llevarme el tubo a casa mientras encontraba el modo de deshacerme de él. Lo dejé en el baño de la entrada, uno muy pequeño que jamás se usa. Y cerré la puerta.
Cada vez que paso por allí siento latir el corazón del viejo monstruo. Sé que aún espera su oportunidad. Aunque a veces tengo la impresión de que a quien espera es a mi padre.

24 de noviembre de 2006

prólogos

Cuentan que en el recibidor de casa de Rafael Alberti podía leerse un rótulo que decía:

NO SE HACEN PRÓLOGOS

En mi casa no hay ninguno, pero de haberlo, diría esto:

SE HACEN PRÓLOGOS
SÓLO A LOS AMIGOS

23 de noviembre de 2006

manifiesto

Los abajofirmantes, editores de libros infantiles y juveniles, convencidos de que la lectura es fuente de placer y pieza clave en la formación integral de las personas y decididos a trabajar juntos por su fomento y en beneficio de los niños y jóvenes, que han de ser capaces de formarse, escoger y armar su propia biblioteca y su itilerario como lectores

CONSIDERAN:
1. Que lo editores de libro infantil y juvenil trabajan por ofrecer BIEN CULTURAL, en mayúsculas.
2. Que este BIEN CULTURAL es esencial para el proceso de formación y crecimiento de niños y jóvenes.
3. Que la lectura ha de arraigar en la vida de los niños y jóvenes lo antes posible para despertar interés y crear hábito lector.
4. Que editar libro infantil y juvenil implica un grado de especialización que debería ser reconocido tanto a nivel social como empresarial.
5. Que en el ámbito de la Literatura Infantil y Juvenil, a las tareas propias de la edición se le añade la responsabilidad que supone publicar para un lector en formación, tanto por lo que respecta a la competencia y comprensión lectoras como al espíritu crítico.
6. Que nos duele la invisibilidad de la Literatura Infantil y Juvenil —que tan a menudo denunciamos— sólo rota cuando surge un best-seller, cuando intervienen fuertes campañas mediáticas o en un par de fechas señaladas, a lo largo del año.
7. Que querer encuadrar la Literatura Infantil y Juvenil —especialmente la que se dirige al mercado escolar— dentro de lo que en este marco se considera “políticamente correcto”, es discutible y ajeno a su razón de ser.
8. Que la clasificación por franjas de edad es una imposición añadida para orientar al adulto, que es quien a menudo actúa como mediador.
9. Que la convivencia entre BIEN CULTURAL y producto editorial se hace dificil por las presiones empresariales y comerciales que rodean el mundo editorial.

POR TODO ELLO SOLICITAMOS
Que la literatura infantil y juvenil se incorpore como una necesidad vital en la vida diaria de los niños y jóvenes y cuente con la implicación de TODOS: no sólo de aquellos que partcipan en la elaboración y difusión de los libros: editores, escritores, ilustradores, libreros y bibliotecarios, sino también con la de otros sectores como pueden ser los padres y madres, escuelas, instituciones, medios de comunicación...

Que la Literatura Infantil y Juvenil no sea una literatura pequeña porque es la que nos hace mayores y más libres.


-Publicacions ABADIA DE MONTERRAT. Sr. Jordi Úbeda
-EDICIONES B, Sra. Alicia Soria
-Edicions BAULA, Sr. Josep Llussà
-Editorial BARCANOVA, Sr. Eduard Cerreda
-Ediciones BEASCOA, LUMEN infantil y MONTENA, Sra. Núria Cabutí
-Edicions BROMERA, Sr. Joan Carles Girbés
-Editorial CASALS, Sr. Ramon Casal
-Editorial CASTELLNOU, Sr. Xavier Blanch
-CERCLE DE LECTORS, Sra. Anna Vázquez
-COMBEL Editorial, Sra. Noemí Mercadé
-Editorial CRUÏLLA, Sra. Montse Ingla
-DESTINO Infantil y Juvenil, Sra. Marta Vilagut
-Grup EDEBÉ, Sra. Reina Duarte
-Editorial EKARÉ, Sr. Pablo Larraguibel
-Editorial EMPÚRIES, Sra. Eugènia Broggi
-LA GALERA Editorial, Sra. Lara Toro
-Editorial JUVENTUD, Sra. Elodie Bourgeois
-Edicions LYNX, Sra. Marta Fenollar
-Editorial MEDITERRÀNIA, Sr. Eduard Fornés
-Editorial MOLINO, Sra. Mar Peris
-Editorial MOLL, Sr. Francesc de B. Moll
-Editorial PAGÈS, Sr. Ramon Badia
-Edicions del PIRATA, Sra. Maria Grau
-Editorial SALAMANDRA, Sr. Joan Milà
-Editorial SERRES, Sra. Poppy Grijalbo
-Edicions TÀNDEM, Sra. Rosa Serrano
-THULE Ediciones, Sra. Arianna Squilloni
-Editorial TIMUN MAS, Sra. Cristina Feliu

* Manifiesto leído en el Salón del Libro de Barcelona 2006.

22 de noviembre de 2006

herramienta

El Consell Català del Llibre per a Infants i Joves (CCLIJ) es un organismo que desde 1982 trabaja para la difusión y la promoción de la literatura infantil y juvenil en Catalunya. Es una entidad sin ánimo de lucro que colabora con un montón de organizaciones, entre ellas, el International Board on Books For Young People (IBBY), o la Organización Española para el Libro Infantil (OEPLY).
Ayer por la tarde, el el II Saló del Llibre de Barcelona, el CCLIJ presentó un ambicioso proyecto: el Diccionario de autores y autoras de literatura infantil y juvenil en catalán. En la presentación, Marta Vilagut, la presidenta del CCLIJ, dijo que a partir de hoy miércoles el diccionario estará consultable en la red.
Para aquellos que estéis interesados, puede ser una herramienta muy útil. Lo encontraréis aquí:

21 de noviembre de 2006

Para qué da Unamuno (fragmento de novela inédita)

El profesor universitario Epicteto Morrón Villanueva, profesor titular del Departamento de Literatura Española de la Universidad Autónoma, se concentra en chupar con arte el pezón de la desconocida que le abordó esta tarde, al terminar su conferencia sobre Aspectos ornitológicos y volátiles en Miguel de Unamuno en el curso organizado en Toledo por la Universidad de Castilla-La Mancha.

Para seguir leyendo, AQUÍ

20 de noviembre de 2006

vitae

Hasta los 4 años, no se da la madurez de las estructuras límbicas del cerebro. Hay memoria precaria, pero no recuerdos.

«Hasta ese momento», dice Pascal Quignard, «uno vive. No se mira vivir»

Hoy, por aquello de la coherencia, más del autor francés en El Reino de Venus.

19 de noviembre de 2006

pensamiento de fin de semana

La vocación es la estrategia. El oficio y la técnica son el despliegue de fuerzas.
El éxito de la operación siempre depende de la oportunidad.

18 de noviembre de 2006

La santa cena, un 'micro' de Jordi Cantavella*

Jesús reunió a sus doce discípulos en un restaurante de los caros.
Después de pedir el café y las copitas de rigor, el Mesias solicitó silencio golpeando una botella con una cucharilla.
—En verdad os digo que uno de vosotros me traicionará.
En aquel momento dieron aviso de que Judas se había marchado sin pagar y que además había robado treinta monedas que alguien había dejado de propina en un platillo.
Pues bien, con los años, las cosas se exageran.


* Jordi Cantavella nació en Barcelona en 1967. Ha publicado tres novelas, Neopàtria (2002), La tètrica història de la Roser (2003), Pudor de cadàver (2006) y dos libros de cuentos, El Vals de la claveguera i Paper higiènic, todos en catalán. A éste último pertenece el cuento seleccionado y la traducción es de... pero, ¿de quién va a ser? Pues eso.

17 de noviembre de 2006

Harold Pinter

Cada obra fue para mí un tipo diferente de fracaso.
Y este hecho, supongo, me puso a escribir la siguiente.

La habitación / El amante
Losada, 2006

16 de noviembre de 2006

Petrus 226 (o ¿de quién es la grapadora?)

La grapadora era de línea clásica, cromada, con apertura frontal antibloqueo para cien grapas, capacidad de grapado de cuarenta hojas, 345 gramos de peso y cinco años de garantía. Llevaba la marca y el modelo escritos en un lateral. Samuel tenía el mal vicio de jugar con ella mientras estaba concentrado en la lectura de los originales pendientes y aquel día la había dejado desmayada y abierta sobre la mesa nada más ver aparecer en la oficina a Nora empujando su carrito de bebé. Fue un despiste fatídico.

Para leer más, AQUÍ

15 de noviembre de 2006

Ramiro Pinilla, Dashiel Hammett y la forma de estar en el mundo

Si un autor quiere transmitir que la mujer vestía ropas que combinaban dos azules y que estos colores armonizaban igualmente con sus ojos, Dashiel Hammett lo reduce a esto: «Iba vestida en dos tonos de azul, elegidos pensando en los ojos». Es lo mismo, pero también es otra cosa.
Si un autor desea contar que su personaje, para aquella ocasión, se había acicalado de manera no habituyal en él y arrostraba el cambio con todas sus consecuencias, Raymond Chandler así lo describe: «Estaba aseado, limpio, afeitado y sereno y no me importada que se notase». Es lo mismo, pero...
Se trata de un propósito del creador de hacerlo especialmente así, de gastar tiempo en ello: el motor de su paciencia es la fe en el resultado de lo que busca. ¿Cómo se alcanza este propósito? Sospecho que, más que de voluntarismos literarios, depende de emanaciones de la propia personalidad del escritor, de una manera de ser, de una forma de estar en el mundo.

Del prólogo a Nanga, primera novela de Willy Uribe
Leqtor, Barcelona, 2006

* Por cierto: la de la foto, es la última forma de estar en el mundo de Dashiel —Samuel D.— Hammett

14 de noviembre de 2006

Lo que se piensa pero no se dice

Almuerzo con editoras. Alguien explica que en una carta al director de La Vanguardia una señora se queja del último García Márquez, ése que se vendió, sin que nadie supiera cómo ni por qué, cuatro veces más que cualquiera de los libros anteriores del Nobel colombiano (¿será la enfermedad? ¿su edad? Los compradores son muy raros...). Yo aventuro una razón: Memoria de mis putas tristes es breve, seguramente va a ser la última novela que publique en vida y es de esos libros que hay que leer para haber leído. En fin. La señora de la carta al director está escandalizada por la temática de la historia. No sé si por el título, que también hay quien considera feo esas sonoras "putas", aunque son, sobre todo, honestas. Y musicales.
La capacidad de escándalo está barata, todo el mundo la lleva encima para cuando sea menester. La señora de la carta al director decía que la última entrega de Gabo era la novela de un pedófilo y se preguntaba, con ese tono indignado y soberbio de quien cree tener moralmente la razón, cómo se atreve, un hombre como él, a sus años. Como si a los ochenta uno no pudiera —o no debiera— tener perversiones. En mi almuerzo con editoras nadie le quitaba la razón a la señora de la carta. Sólo yo me atreví a decir que la literatura no es política, y por tanto no tiene por qué ser correcta, sino todo lo contrario. La literatura es provocación, escándalo, ir a contracorriente. Todo ello para emocionar, que es el fin último de toda obra de arte. Que el día en que la literatura deba ser correcta en todo, como la niña de buena familia que nunca más será, dejaré de escribir y, muy probablemente, de leer novedades. Que me refugiaré para siempre en Celine, en Rimbaud, en Nabokov, en De Quincey o en Jelinek
Debo reconocer que la capacidad de escándalo general me lleva a un infantil juego a la contra. No lo puedo evitar, ¡es tan divertido jugar a escandalizar lectores, potenciales escritoras de cartas al director, editores convencidos de que para agradar a muchos hay que limar todas las asperezas! Corre una el riesgo de caer en la facilidad, porque cuando el escándalo está tan barato, la provocación es cualquier cosa. Por esa empatía tan criticable como cualquier otra, defiendo a Elfriede Jelinek, la premio Nobel de hace un par de años, con garras y dientes. Para ser sinceros, la defiendo mucho más de lo que la disfruto como lectora. Su literatura —¿será culpa de la traducción? Que me perdone Carlos Fortea, el traductor de lo último que leí de ella— avanza a empellones, sin un hilo del que se pueda tirar, con la misma rudeza que gastan sus personajes, femeninos y masculinos. La Jelinek justifica su literatura por la opresión que la ultraderecha austriaca ha ejercido sobre intelectuales como ella. Sin embargo, creo que la provocación directa de sus novelas sienta muy bien a lectores de cualquier nacionalidad: los zarandea, los despierta de su letargo, les abofetea en las mejillas. Incluso en casos como el mío en que su lectura no provoca un gran placer.
La literatura de Elfriede Jelinek debería recomendarse con fines terapéuticos. Os aseguro que después de leer a esta chica mala, la gente estaría mucho menos susceptible. Eso no va a pasar, qué lástima. Sin embargo, no hay que dejar de celebrar su existencia. Menos mal que nos quedan Jelineks y que a García Márquez aún le inspiran algo las jovencitas, suspiro con alivio cuando conozco casos como los de la señora de la carta al director.
De la supuesta pedofilia de García Márquez, navegantes, podríamos hablar uyn día de estos. Vaya por delante que llamar pedófilo a Gabo es como afirmar que Ágatha Christie era una asesina reincidente.
Un apunte imprescindible: la literatura es el terreno de lo que se piensa pero no se dice. Es el terreno de lo que sólo unos cuentos se atreven a poner por escrito. Elfriede Jelinek se atreve a describir brutales violaciones del director de una fábrica de papel a su mujer en Deseo o nos cuenta cómo una madurita con tendencias masoquistas se practica una ablación de clítoris en su bañera por mero deporte en La pianista. Al lado de esta dama, Gabo queda como un viejito chocho en guayabera. ¿Se imaginan qué habría hecho Jelinek con la niña dormida de la novela de Gabo? Mmmm, yo sí.

13 de noviembre de 2006

El ruido y la furia (fragmento más o menos autónomo de mi novela inédita El síndrome Bovary)

Las noches son, desde que nació Luis, un suplicio. Los bebés vienen al mundo con el empeño innato de fastidiar a sus mayores, algo que consiguen con asombrosa facilidad. Más cuando su madre profesa a ciegas la fe en determinadas organizaciones, como la Liga de la Leche, una confraternidad láctea universal que defiende con vehemencia las virtudes de la teta a todas horas y carga las tintas contra otras teorías, como la alimentación programada según un horario. Valentín está convencido de que La Liga de la Leche no es más que una estratagema política de la peor calaña: el viejo lobo de la sumisión femenina a los roles de esposa y madre disfrazado de la oveja moderna de la alimentación sana y los hábitos saludables.

Si queréis más, navegantes, lo tenéis AQUÍ.

* Sólo para los que lleguéis al final: en unos días, tendréis la respuesta a la pregunta de Valentín.

12 de noviembre de 2006

La mirada ajena

11 de noviembre de 2006

Stephen King

«Mi trabajo consiste en hacerles olvidar a ustedes que tienen una cita, hacerles descuidar lo que tienen en el fuego... Si apagan la luz y sienten miedo de lo que hay bajo la cama, entonces, he ganado»


No os perdáis la crónica/entrevista/homenaje publicada hoy por Jacinto Antón en El País, AQUÍ

10 de noviembre de 2006

Abacus, Barcelona, jueves 9 noviembre 2006





En las fotos 1, 2 y 3: con Alicia Soria, editora de Ediciones B, y Jaume Balagueró, director de cine y presentador de excepción (por cierto, la próxima entrada estará dedicada a su cine).
En la 4: Sandra Bruna, Francesc Miralles y Jordi Cantavella, contándose cosas.
Fotos: Deni Olmedo.

9 de noviembre de 2006

Escribir con un mapa

Recomienda Robert Louis Stevenson a sus colegas presentes y futuros que nunca se sienten a escribir sin pertrecharse de un almanaque y un mapa. Dice que esa agudeza librará a más de uno de deslices muy fáciles de evitar, como por ejemplo… y llegado a este punto cita dos de los deslices más divertidos de Walter Scott, a quien —aseguran—admiraba mucho: en uno de ellos, el romántico escritor logra con su pluma la proeza de que el Sol se ponga por el Este. En el segundo, dos jinetes que viajan con sus monturas a gran velocidad llegan a alcanzar una media de crucero que ni el desguazado Concorde. En fin. Que no hay novelas —ni novelistas— perfectos es algo que seguirá alegrando por los siglos de los siglos a los enemigos de los novelistas.
Escribir con un mapa y un almanaque. Curioso consejo. Acaso Homero hubiera sabido que Penélope envejeció si hubiera tenido un almanaque a mano. Tal vez don Quijote hubiera sido de un lugar muy concreto de La Mancha si Cervantes hubiera dispuesto de un mapa. Nunca lo sabremos. Sin embargo, sí tenemos noticia de algunas ocasiones en que el proceso ha tenido lugar al contrario: un escritor, que tal vez en ese instante ni siquiera sabe que lo es, dibuja un mapa a partir de los dictados de su ensoñación. Sólo luego tiene la certeza de que a ese territorio imaginado le hace falta un sustrato de ficción, una historia.
Con el trazado de un mapa empieza la escritura de una obra paradigmática del siglo XIX: La isla del tesoro. Para entretener a Lloyd, el hijo de 13 años de su esposa Fanny, Stevenson dibuja en una hoja cualquiera la cartografía de una isla inexistente. Inventa hasta el último rincón de ese territorio inexplorado, hasta que nada en él queda sin nombrar. En alguna ocasión cuenta Stevenson cómo disfrutó bautizando las calas, las playas, las islas… Dando a entender que en realidad la cuestión no era tanto un reto cartográfico, o geográfico, sino filológico y toponímico.
De hecho, John Ronald Reuel Tolkien nunca se consideró a sí mismo un escritor, sino un filólogo. Cuando ideó la Tierra Media, o la Comarca, los escenarios de su tan llevada y traída El señor de los anillos, no estaba en realidad esbozando el escenario de ninguna acción, sino jugando a crear un territorio que mantuviera una coherencia estrictamente filológica en sus topónimos. Bebió de fuentes tan distantes como las leyendas germánicas, las lenguas nórdicas o ciertos rasgos de las mitologías grecolatinas y, finalmente, creó a Bilbo Bolsón y a todos los portadores, más o menos afortunados, de ese anillo que corrompe como siempre lo hace el poder, porque es el poder mismo.
Seguro que Tolkien tuvo siempre muy presente su mapa de la Tierra Media mientras escribía. De hecho, en su relato, la cartografía ideada por él mismo, cobró una importancia fundamental. Tanta como la tuvo la de la isla de Stevenson en su clásica novela. Sin embargo, Stevenson no tuvo suerte, ya que el mapa original se perdió y nunca más fue recuperado. Escribió los primeros capítulos de su Isla del tesoro de corrido, a raíz de uno por día, mientras el interés de su auditorio —formado por Lloyd y por otros miembros de la familia, entre ellos su propio padre— iba creciendo. De este modo dio por terminada la primera parte del libro. Luego llegó la duda, ese hemistiquio a veces insalvable en la escritura de toda novela. Stevenson dudó si debía terminarla. Finalmente lo hizo. La novela se publicó —huérfana de mapa— en la revista para jóvenes Young Folks. Fue un éxito tan inmediato que no tardó en publicarse en forma de libro y en reportar una merecida fama a su joven autor. Sin embargo, Stevenson narra esta época a partir de la desolación de no haber sido capaz ni de encontrar su mapa ni de dibujar otro igual.
No es extraño. Lo que ya existe es susceptible de adoptar cualquier nombre, incluso el de los sueños —lo supieron los conquistadores del llamado Nuevo Mundo al bautizar a la Patagonia o California con nombres que habían robado de las novelas de caballerías más leídas de su tiempo— pero, ¿cómo pensar en nombrar lo que ni siquiera está en la memoria? Stevenson respondió a esa pregunta con una novela perenne.