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Estoy solo


Se hablaba ayer de secretos en la presentación barcelonesa de los libros galardonados con el Premio Nadal. Carmen Amoraga dijo que en todas las familias hay un secreto y defendía el secreto de los enamorados como la clave para mantener viva la chispa del amor. Felipe Benítez Reyes dijo no saber nada acerca del papel que el secreto tiene en la vida de cada uno de nosotros, pero tener muy claro el que juega en la ficción, donde el secreto, lo que no se dice, la información que no se le facilita al lector, resulta tan importante. Tanto, añadió, que a veces es el pilar que sustenta toda una trama.
Desde entonces, mi vida se convirtió en un infierno. Da igual lo que me ocurra de dia, qué personas conozca, qué lugares exquisitos pise por primera —o por última— vez. No importan las pequeñas o grandes vanalidades de que se aliña el día a día de los profesionales de la letra impresa, si por las noches voy a seguir topándome con el espíritu vengativo del becario. Recuerden que les dije que le maté hace ocho años. Lo cual eleva a 2.937 las noches que he pasado ya en su nada deseable compañía. Comprenderán que no haya podido casarme, o fundar una familia en condiciones. Tenía un marido por aquel entonces, cuando comenzó todo, como algunos recordarán, pero me dejó poco después, incapaz de seguir compartiéndome noche tras noche con el memo, que inexplicablemente le acribillaba a preguntas también a él. Lo mismo hizo con los (pocos) amantes que he tenido en este tiempo. Recuerdo uno en concreto, que se levantó a mear en mitad de la noche y regresó preguntádose por qué un señor muy raro que había dentro de la bañera le había preguntado cómo veía el panorama actual de la narrativa española. Por la mañana el fantasma ya no estaba en mi bañera, y el amante tampoco estaba en mi cama.
Una vez, cuando yo misma trabajaba en la sección de "Cultura y espectáculos" de un rotativo con mucho más pasado que futuro, me enviaron a entrevistar a Mariano Antolín Rato. Había escrito una novela llamada "Madrid Blues" en la que la capital era un lugar con catedral -en aquellos tiempos la Almudena seguía en obras perpetuas- y hermosas playas de arena blanca y fina. La había publicado Anagrama y Antolín Rato recibía a los periodistas en la editorial, de la que guardo un vago recuerdo de cuartos estrechos, moquetas polvorientas y sofás de imitación de piel (aunque, ahora que lo pienso, es posible que mis recuerdos me engañen en esto).
Es paradójico, pero no sé apenas nada de la vida de aquel infeliz, salvo que yo le puse fin. Meses más tarde de aquella tarde en que llovía sobre Oviedo, supe que tenía una novia, que luego resultaron ser dos (el chaval era sociable). El jefe de sección de su periódico le consideraba un idiota, lo cual en algún momento me ayudó a tranquilizar mi conciencia («un idiota menos en el mundo», pensé, «deberían darme un premio por haberlo hecho»); con su padre (su madre había muerto años atrás) mantenía con él una relación cercana a la antropofagia.
Lo confieso: una vez maté a un periodista. 
Voy a estar fuera un par de días.
Los abajofirmantes, editores de libros infantiles y juveniles, convencidos de que la lectura es fuente de placer y pieza clave en la formación integral de las personas y decididos a trabajar juntos por su fomento y en beneficio de los niños y jóvenes, que han de ser capaces de formarse, escoger y armar su propia biblioteca y su itilerario como lectores
El Consell Català del Llibre per a Infants i Joves (CCLIJ) es un organismo que desde 1982 trabaja para la difusión y la promoción de la literatura infantil y juvenil en Catalunya. Es una entidad sin ánimo de lucro que colabora con un montón de organizaciones, entre ellas, el International Board on Books For Young People (IBBY), o la Organización Española para el Libro Infantil (OEPLY).
La grapadora era de línea clásica, cromada, con apertura frontal antibloqueo para cien grapas, capacidad de grapado de cuarenta hojas, 345 gramos de peso y cinco años de garantía. Llevaba la marca y el modelo escritos en un lateral. Samuel tenía el mal vicio de jugar con ella mientras estaba concentrado en la lectura de los originales pendientes y aquel día la había dejado desmayada y abierta sobre la mesa nada más ver aparecer en la oficina a Nora empujando su carrito de bebé. Fue un despiste fatídico.
Si un autor quiere transmitir que la mujer vestía ropas que combinaban dos azules y que estos colores armonizaban igualmente con sus ojos, Dashiel Hammett lo reduce a esto: «Iba vestida en dos tonos de azul, elegidos pensando en los ojos». Es lo mismo, pero también es otra cosa.
Almuerzo con editoras. Alguien explica que en una carta al director de La Vanguardia una señora se queja del último García Márquez, ése que se vendió, sin que nadie supiera cómo ni por qué, cuatro veces más que cualquiera de los libros anteriores del Nobel colombiano (¿será la enfermedad? ¿su edad? Los compradores son muy raros...). Yo aventuro una razón: Memoria de mis putas tristes es breve, seguramente va a ser la última novela que publique en vida y es de esos libros que hay que leer para haber leído. En fin. La señora de la carta al director está escandalizada por la temática de la historia. No sé si por el título, que también hay quien considera feo esas sonoras "putas", aunque son, sobre todo, honestas. Y musicales.
Las noches son, desde que nació Luis, un suplicio. Los bebés vienen al mundo con el empeño innato de fastidiar a sus mayores, algo que consiguen con asombrosa facilidad. Más cuando su madre profesa a ciegas la fe en determinadas organizaciones, como la Liga de la Leche, una confraternidad láctea universal que defiende con vehemencia las virtudes de la teta a todas horas y carga las tintas contra otras teorías, como la alimentación programada según un horario. Valentín está convencido de que La Liga de la Leche no es más que una estratagema política de la peor calaña: el viejo lobo de la sumisión femenina a los roles de esposa y madre disfrazado de la oveja moderna de la alimentación sana y los hábitos saludables.
Si queréis más, navegantes, lo tenéis AQUÍ.
* Sólo para los que lleguéis al final: en unos días, tendréis la respuesta a la pregunta de Valentín.
«El alimento favorito de la mezquindad es el miedo.»
Queridos navegantes, desde hoy tengo el placer de invitaros a formar parte de un nuevo sitio en el ciberespacio, un nuevo blog: El Reino de Venus. Es un trabajo a cuatro manos que durante algún tiempo informará del proceso de escritura de dos novelas: una de Francesc Miralles y una mía. Tienen muchas más cosas en común de las que podáis pensar, aunque a priori parezcan muy distintas. 
Ya es posible volver invisible un objeto, leo en el periódico, que no deja de darme sorpresas, cuando no disgustos. No me preguntéis cómo ni por qué, pero tiene que ver con la fibra de vidrio y también con la obviedad de que las personas estamos hechas de distintos materiales. Lo que de verdad me interesan son las aplicaciones del invento. por el momento, más bien escasa: sólo lo han conseguido com un pedacito de cobre de cinco centímetros y gracias a la visión en microondas (como lo leo lo transcribo, aunque la preposición me inquiete y confunda) interesa dejar constancia de que la preposición me inquieta y confunde. Siguen algunos datos objetivos, de aquellos que resultan entendedores e incluso pueden llegar a ser lógicos. Por ejemplo: ¿os parece cosa de magia o del maletín de James Bond esto de hacer desaparecer objetos a la vista? Pues entonces os resultará coherente que todo un Sir británico se encuentre tras la noticia: un tal Sir John Pendry. Y llegado este punto, todos nos estamos preguntando: ¿Y quien paga a Sir Pendry para que pueda trabajar con la tranquilidad que estas cosas de la invisibilidad requieren? ¿Un filátropo protector de las ciencias que cree en el progreso del mundo por caminos insindables? ¿Un mecenas fan de Juan Tamariz? Pues no. Las investigaciones de pendry las financia el Ministerio de Defensa de Estados Unidos, cuyos miembros salvan cual perros de Pavlov sólo de pensar qué aplicaciones militares puede tener el invento del británico Pendry. ¿Enviar invisibles detectives a casa de cada uno de los ciudadanos sospechosos de algo según el criterio del preclaro Bush? Esa medida, desde luego, resolvería el problema del desempleo. ¿Crear un cuerpo de torturadores invisibles? ¿Crear la máquina eléctrica invisible, que mata igual pero con disimulo infinito? ¿Proclamar una ley de invisibilización obligatoria para mexicanos en particular y latinoamericanos en general?... Aunque sólo con fines militares ya imagino un montón de ventajas. Por ejemplo, un batallón de soldados invisibles lo tendría mucho más fácil para violar y asesinar a familias enteras en Irak y ahorrarse las siempre latosas consecuencias.
Como imagino que en La fraternidad, el blog de César Phenomenon Mallorquí, todos encontraremos sabias referencias a filmografía terrorífica, yo he preferido para esta segunda entrega de nuestro común especial del Día de Muertos ablar del séptimo arte a partir de la elaboración de un listado de mis filias ymis fobias en lo que a cine de terror se refiere.No he querido marcharme sin dejaros, navegantes, en la mejor de las compañías: la de estos tres simpáticos amiguitos. No olvidéis visitar La fraternidad de Babel. Estará de miedo.