2 de octubre de 2007

10 amores (de pareja) que hay que vivir antes de morir


1-Amor platónico
2-Amor erótico
3-Amor virtual
4-Amor clandestino
5-Amor intelectual
6-Amor a distancia
7-Amor imposible
8-Amor adúltero
9-Amor express
10-Amor para toda la vida

¿Cuál os falta?

1 de octubre de 2007

Invitación

La Editorial Impedimenta y Alibri Llibreria
tienen el placer de invitarles a la presentación del libro

Nikolai Leskov
La pulga de acero


El acto contará con la asistencia de

Care Santos
(escritora, y autora de la introducción de La pulga de acero)
Enrique Redel
(editor de Impedimenta)

Miércoles, 3 de octubre, 19.30h

ALIBRI LLIBRERIA. Balmes, 26, Barcelona. (Metro Universitat)

http://www.impedimenta.es/ficha_pulga_acero.htm

23 de septiembre de 2007

Cerrado por tradición familiar

ESTE BLOG VOLVERÁ EL 1 DE OCTUBRE
(entonces os lo cuento)

21 de septiembre de 2007

Un magnífico cuento de Elia Barceló

Un viejo escritor, recién elegido Premio Cervantes, vuelve a su pueblo natal -Elda-, después de 70 años, para reencontrarse con los sabores, olores y miradas de su pasado. Nostálgico, con final feliz, maravillosamente escrito y plagado de pequeños detalles.

Os aseguro que suena mejor en voz de su autora y en Elda, pero si lo imprimís y lo leéis en el sofá de casa tampoco estará mal.
Me lo agradecereis, seguro.

Para leer el cuento:
http://www.poudelaneu.com/poudelaneu/documentos/cuento2005.pdf

20 de septiembre de 2007

Pequeños crímenes conyugales, de Eric-Emmanuel Schmitt

CARLA: ¿Qué tipo de hombre es usted?

ALEJANDRO: ¿Tal vez el suyo?

CARLA: No lo dude ni un momento. Cuando estoy a su lado, apenas puedo hilvanar una frase, me entran sudores fríos y siento como si mi cerebro fuera a estallar. Todos los síntimas de una enfermedad llamada atracción irresistible.

ALEJANDRO: Lo siento, no conozco el remedio de esa horrible enfermedad.

CARLA: Usted es el remedio.

19 de septiembre de 2007

Atlántico Norte





18 de septiembre de 2007

La pulga de Leskov


Dijo Walter Benjamin en su ensayo "El narrador", dedicado a Nikolai Leskov, que existen dos tipos de narradores: los que recorren el mundo y regresan para contarlo y encandilar con ello a sus oyentes; y los que jamás salieron de su casa y jamás pensaron en el otro mientras escribían. Kafka, Proust, García Márquez, Stevenson... es relativamente fácil -y muy divertido- colocar a cada uno en su lugar. Algunos son inclasificables, como Shakespeare. Hubo mentirosos magistrales, como Verne. Pero la regla, con sus excepciones, puede que se cumpla.

Nikolai Leskov, dice Benjamin, pertenece a ambos grupos. Viajó por su adorada Rusia, derrochó pasiones hacia el mundo eslavo y algunos de sus componentes, y escribió para compartir esa admiración. Pero también miró hacia adentro, reflexionó sobre la fe, criticó al clero ruso, a las costumbres ancestrales y a la cerrazón de su gente. Supo practicar ese deporte ruso —Nabokov dixit— de hablar mal de su propia gente, pero lo hizo con tan fino sentido del humor que pocos le entendieron y muchos le malinterpretaron. Fue ninguneado y utilizado. Le rechazaron los imperialistas y los comunistas, los europeístas y los patriotas orgullosos. Los líderes del comunismo le utilizaron como ejemplo en sus discursos, pero también loos zaress. Finalmente, todos le olvidaron.

Hasta los años 80 no se publicaron en Rusia las obras completas de Nikolai Leskov. En España ha sido conocido por traducciones de dos de sus obras: Lady Macbeth de Mtsensk, sobre todo (hay una edición en Libro amigo, de Bruguera y otra en Alba, mucho más reciente) y por esta La pulga de acero, que algunos han llamado El zurdo. Esta edición, el segundo título de Impedimenta, la nueva osadía editorial de Enrique Redel es una ocasión magnífica de descubrir a Leskov en una traducción atrevida y estupenda de un texto divertido, crítico, profundo e inteligente. Palabra de (afortunada) prologuista.

17 de septiembre de 2007

De Casa de misericòrdia, de Joan Margarit

L'home trenca el passat com una guardiola /
i dintre no hi havia més que fosca.

(El hombre rompe el pasado como un hucha /
y dentro no había más que oscuridad)

Proa / Visor (2007)

14 de septiembre de 2007

Vero, verosímil


En el siglo IV antes de Cristo, el navegante griego Piteas salió de Massilia (la actual Marsella) en un barco de remos, atravesó el estrecho de Gibraltar, navegó a través del océano Atlántico hasta las islas británicas, que rebasó, y se adentró en el Mar del Norte, al que llamó «el Océano Helado». Fue el primero en describir la costa atlántica de Europa, las islas británicas y la isla llamada Última Thule, comúnmente aceptada como Islandia, aunque también hay quien dice que podría tratarse de Groenlandia. Al regresar, como no podía ser menos, Piteas narró su extraordinaria aventura en un libro que tituló En el océano, cuyo último ejemplar se destruyó en el incendio de la biblioteca de Alejandría. Ninguno de sus conciudadanos tomó en serio la narración del navegante pionero aunque, paradójicamente, su narración ha llegado hasta nosotros a través de las referencias de otros, como Polibio, Estrabón o Plinio el Viejo, la mayoría de los cuales jamás le tomó en serio.

Un par de siglos más tarde, otro escritor en lengua griega, aunque nacido en Siria, llamado Luciano de Samosata, narró una supuestamente verídica excursión selenita en una hilarante historia llamada Viaje a la Luna, donde se cuenta que en nuestro satélite habita una civilización más avanzada que lleva ojos de quita y pon y que es capaz de hilar el vidrio y el acero como si fueran seda. También se narra la guerra entre el emperador del sol y el de la luna, en lo que se ha dado en considerar la primera obra de ficción científica de la historia de la literatura, que muchos de sus contemporáneos receptores tomó como cierta.

Verdad no es verosimilitud. Lo vero es un lastre. Lo verosímil, un trabajo. A veces lo verdadero es completamente inverosímil. El arte del contador de historias es el de ser verosímil, no veraz.
Qué lástima por Piteas, dijo ella, aplaudiendo con entusiasmo a Luciano.

13 de septiembre de 2007

12 de septiembre de 2007

SBI


Últimamente padezco el Síndrome de Bloqueo Inicial (SBI). Hasta hoy me tenía muy preocupada (otra vez: esto es cíclico) y si hoy me atrevo a hablar de él es porque acabo de superarlo. Siento cuando ocurre. Hay un "click" que suena en mi cerebro —lo oigo— y, de inmediato, lo veo todo claro. El principio, el lío y el desenlace de la novela en la que estoy trabajando. Las ideas se alinean como si todo fuera fácil. Hasta ese momento, lo que había mantenido con las ideas era un combate cuerpo a cuerpo.

Desconozco si hay más escritores a quienes les afecte el SBI. El síndrome consiste es ser incapaz de ordenar mínimamente la información que quieres manejar para cuajar con ella una mayonesa de palabras que llenen las primeras 30 páginas de una historia.
Nunca comienzo a escribir sin saber qué pretendo contar, de modo que el problema no es el contenido, sino la forma que hay que darle. El problema es si empiezo por un reclamo al lector, por un anzuelo, una pequeña dosis de provocación o por una descripción menos agresiva y más insípida; si el protagonista debe aparecer por primera vez caminando por su propio pie o si algún secundario debe nombrarle a la vez que cuenta de él detalles que luego resulten fundamentales.

No hace tanto, tal vez tres meses, me enredé durante semanas —sí, sí, semanas— en una escena en la cual un chaval groenlandés debía levantarse de la cama, mirar por la ventana, ver que su hermano mayor pretende largarse sin él y salir en su busca a través de la nieve y la oscuridad de una noche boreal. Parece sencillo, pero el muchacho parecía muy reacio a abandonar su litera (la de arriba) y pasó un día tras otro saliendo y entrando de la cama, calzándose botas de nieve (y de foca, y de montaña, y descansos), cogiendo un puñal (que enseguida sustituí por una linterna, porque la novela es pala niños), poniéndose calcetines de lana (y de algodón, y de gore-tex), peinándose (detalle inútil: mejor dejarle despeinado), pensando mucho (mis personajes tienen ese grave defecto, al revés de lo que me ocurre a mí: piensan mucho, piensan todo el rato), recordando cosas que no venían al caso y demorándose muchísimo en algo que debía ser mucho más sencillo. Finalmente, un día ocurrió el "click", el chaval bajó de la cama de un salto, se puso sus botas y su anorak y se echó a la noche helada en un periquete. No volví a encallarme y en un mes la novela estaba terminada (85 páginas). Es lamentable: tardé más en conseguir que el chico bajara de la cama que en hacer que le ocurriera todo lo demás (que es mucho, por cierto).

No sé si tendrá algo que ver el silencio que de pronto reinaba hoy en mi casa (San Vuelta al Cole bendito), pero el caso es que a eso de las diez ha sonado el «click». Desde principios de julio estaba intentando resolver dos escenas: la primera, que narra una matanza, estaba más o menos redactada. Pero cada vez que la leía me parecía horrorosa. Arreglándola se me iba toda la jornada. Al día siguiente volvía a leerla y volvía a rehacerla... durante todo el día. Y así ha sido durante julio, agosto y lo que llevamos de septiembre, tiempo en que la maldita escena me ha atrapado como si fuera una selva frondosa.
En momentos de tedio, he logrado escribir unas 20 paginitas más, todas infumables, en forma de diario adolescente de la protagonista femenina (habrá también uno masculino). Un horror. Hoy lo he tirado todo a la papelera nada más sentarme ante el ordenador. Como comienzo de la jornada no está mal. Luego he revisado la escena-selva. Ahí es cuando se ha producido el «click». En dos horas estaba acabada. El resto del día lo he dedicado a reecribir el primer capítulo de la primera parte.
Ahora me queda otro inmenso trabajo: ver qué hago, qué aprovecho, qué quemo, de 95 páginas que escribí de esta misma historia hace más de un año. Y que ahora, cómo no, me parecen una birria. Pero eso será mañana, y sé que podré hacerlo. Porque ya ha terminado, por esta vez, el temible SBI.

11 de septiembre de 2007

Último día de vacaciones por todo lo alto


Los pingüinos nunca habían tenido más fervientes admiradores.

10 de septiembre de 2007

Velociudad *

Ciudad donde un día dura un abrir y cerrar de ojos, los niños crecen tan rápido como los calabacines, el cole no comienza porque siempre está terminando y los edificios invaden las montañas como si fueran plantas trepadoras.

Adrián, que es un impaciente, parpadea y dice:
—Vamos, date prisa.



* Término acuñado por Adrián, inventor del lenguaje.

6 de septiembre de 2007

Grimsey (Islandia)





5 de septiembre de 2007

Legados de verano: Ya sé hacer sushi


4 de septiembre de 2007

Decapitación de Esquilo por Calixto Bieito

Calixto Bieito comenzó siendo un director con ideas que se atrevía a lanzar una mirada moderna sobre los clásicos. Sus primeros montajes fueron sensacionales. Su Anfitrión (1995), su Galileo Galilei (1996)o su Hamlet (2003). En El rey Lear (2004) sorprendió a todos haciendo que sus protagonistas sacaran sendas sierras mecánicas y se agredieran con ellas. No entremos en la discusión de si a Shakespeare le hubiera gustado o no. Puede que le hubiera encantado. Pero era un recurso fallido, efectista, sin mucho sentido, que sólo provocaba sufrimientos en el público viendo los problemas que tenían los intérpretes para sujetar las sierras mecánicas. Además, hubiera sido denmasiado ponerlas en marcha allí mismo, de modo que el ruido se sustituía con una banda sonora atronadora que no resultaba nada convincente. A pesar de todo, era sólo una mácula en un buen espectáculo.
Luego llegaron los muchos triunfos internacionales de Bieito. En 2006 estrenó en el Grec de Barcelona Peer Gynt, de Ibsen. Por supuesto, le fui fiel, como siempre (había llegado a ser uno de mis directores favoritos). Resultado: no aguanté más de media obra. Esta vez su idea de la modernización de los clásicos era tan desquiciante que no pude soportarlo. Hiperactuación, acrobacias de los actores, "morcillas" en el texto que nada tenían que ve con Ibsen. No sé si con alguna finalidad, además de la de poner en peligro a los intérpretes, subió la acción a una suerte de andamio. Se habló de "desnudez escenográfica" pero yo vi otra cosa. Yo vi "modernidad al límite". Y un andamio que también preocupaba a las almas sensibles como yo por lo mucho que se movía: yo temí que el elenco entero se escalabrara allí mismo.
A pesar de este disgusto final, regida por el convencimiento de que todo el mundo se puede equivocar -incluso mucho-, volví a confiar en Bieito. Esta vez recorrí 400 kilómetros, desde Segovia hasta Mérida, para ver su puesta en escena de Los persas, de Esquilo, la tragedia que ostenta el mérito de ser la primera que se conserva de todas las escritas jamás. El texto original es magnífico: una mirada sobre el derrotado (el ejército persa) lanzada por el vencedor (un griego), después de la batalla de Salamina, durante las Guerras Médicas. Es un texto psicológicamente muy profundo, donde se habla del sinsentido de la guerra pero también de la necedad humana, de la búsqueda desmedida de triunfos, incluso cuando éstos escapan a nuestra alcance. Darío, el padre de Jerjes, regresa desde la tumba para decir que el ejército persa ha perdido la batalla a causa de la excesiva ambición de su hijo. Le da un tirón de orejas que anticipa a Hamlet, y que es una de las pocas, poquísimas apariciones de fantasmas de todo el teatro griego. La obra termina con una frase brillante y emotiva: "Te escoltaré con lúgubres gemidos".
Pues bien, de todo eso no hay nada en la obra de Bieito, que comienza con el himno de la legión cantado por los actores, que se presenta como un falso musical (falso porque los cantantes no están a la altura, ni siquiera la sorprendente y siempre buena Natalia Dicenta) y que acaba siendo sólo un alegato burdo contra la guerra, donde se nos viene a decir lo obvio: que la guerra es mala, que hace daño, que es fuente de calamidades.
Para eso no hacía falta recorrer 400 kilómetros. Ni sin moverme del sitio se me habría ocurrido perder mi tiempo en algo tan obvio.
Bieito se empeña, además, en ensuciar el escenario (es una tendencia creciente en él, según observo: cuanto mayor se hace, más deja las tablas hechas unos zorros) con símbolos y más símbolos: octavillas animando a la gente a unirse al ejército, muñecas decapitadas, arena, coches calcinados... un verdadero vertedero. El magnífico Darío es aquí un seguidor del Atlético de Madrid amargado por las derrotas de su equipo y, de paso, por la muerte de su hija. Jerjes, el general perdedor, es aquí Natalia Dicenta, y es soldado española. Los persas son Estados Unidos. Hay enormes monólogos acerca de la violencia de los videojuegos y de la estupidez de la violencia. Monólogos que, por supuesto, jamás hubiera escrito Esquilo, ni de poder hacerlo. Hay mucha sobreactuación. Menos mal que está ahí Natalia Dicenta para salvar la situación de vez en cuando, aunque una se termina preguntando por qué.
En fin. Con Esquilo, Bieito acaba haciendo lo mismo que con las muñecas. También le deja, al final de la obra, decapitado sobre el escenario, listo para lanzar el clamor que Jerjes lanza en la versión original:

Cuando me cuentas
estas desgracias
tan odiosas,
inolvidables,
sí, inolvidables,
canto que evoca
nobles amigos
tú me sugieres.
Grita, sí, grita
dentro del pecho
mi corazón.

En fin. Nadie que le haga eso a Esquilo tiene nada que hacer conmigo. Calixto Bieito y yo hemos roto para siempre.

3 de septiembre de 2007

Espíritu viajero


¿Para qué viajamos?
¿Para explicarlo al regresar? ¿Para tener la ocasión de volver a casa? ¿Para encontrarnos a nosotros mismos? ¿Para correr tras un sueño? ¿Para ser durante unos días otra persona? ¿Para alejarnos de quienes somos realmente?
Viajar siempre es un aprendizaje, cualquiera que haya hecho las maletas alguna vez lo sabe. Lo realmente importante no es marcharse muy lejos, sino mantener los ojos y el corazón bien abiertos incluso al asomarse al portal.
Mi amigo Óscar me contaba hace unos días un insólito viaje al alcance de cualquier economía. Consiste en buscar en un callejero la primera y la última calle de tu ciudad según el orden alfabético y recorrer la distancia que las separa saliendo del primer punto y llegando al segundo. Supongamos que esta peculiar singladura la realizamos en Barcelona: iríamos de la calle Abadessa Olzet a la plaza Zurbarán, dos emplazamientos que tienen en común el estar situados casi en el límite superior del mapa de la ciudad. Nada más localizarlos sobre el papel, ya siento deseos de realizar el recorrido. Cualquier día de estos, tal vez me animo.

Si viajar siempre supone un aprendizaje, viajar solo lo es mucho más aún. Ese es el verdadero aprendizaje de la soledad. Permite saber mucho de lo que encentras en el camino, pero mucho más acerca de lo que queda dentro de una misma y del viaje constante en el que todos estamos embarcados.
Al regresar siempre lo haces convertida en otra persona. Ese es, para mí, el verdadero espíritu del viaje. Y también la razón por la que regresar siempre resulta tan difícil. Lo dijo muy bien Rosario Castellanos:

-¿Por qué no te vas?
-Porque no me gusta regresar.

31 de agosto de 2007

Diagonales III (bis)


Diagonales III


30 de agosto de 2007

Diagonales II



29 de agosto de 2007

¡Genio y figura!

28 de agosto de 2007

Laxdalshús (cuento inédito)


Para Alicia, partera

—Cuando llegué aquí, yo era como ustedes —dijo el hombre pálido del pelo rojo—. Yo también tenía prisa. Sentía una inmensa curiosidad. Me disgustaba cualquier contratiempo. Luego, el paso del tiempo se encargó de todo. A ustedes les ocurrirá lo mismo.
Sus pupilas, de un azul transparente como el hielo, rastreaban sin cesar la biblioteca repleta de volúmenes amarillentos. Miró hacia el fiordo solitario. Suspiró, dejándose caer en la butaca, y adoptó un aire melancólico. Vestía levita y aparatosos zapatones con hebillas. El disfraz hubiera causado mayor impresión después de un lavado y un zurcido.
Alicia apuró el café. El sonido de la cremallera de su mochila al cerrarse sonó como un colofón.
—Todo lo que nos ha contado es muy interesante —dijo mi mujer—. Ese señor Laxness que construyó la casa debía de ser un excéntrico cuando quiso vivir solo un lugar así y en aquellos tiempos.
—Le hubiera gustado mucho su proyecto, estoy seguro —intervine—. Los últimos moradores, en el mismo sitio que los primeros. Qué ingenioso.
—Gracias… —dijo nuestro anfitrión, mientras sonreía con orgullo.
—¿Hace lo mismo con todos los turistas? —prosiguió Alicia—. El café, esta estupenda conversación...
Mi mujer se encontraba a gusto allí. A las mujeres se les nota mucho cuando no lo están.
—No vienen muchos turistas por aquí —dijo el hombre pálido de pelo rojo, sin perder su cordialidad extrema—. Los anteriores a ustedes eran muy distintos…
Recogí la cámara y limpié la mesa de cristales de azúcar.
—No hagas eso —susurró Alicia—. Siempre con tus porquerías.
Al hacer girar el picaporte de la puerta de la calle, lo encontré bloqueado. Nuestro anfitrión nos miraba con expresión triste. Al tercer intento inútil, Alicia me apartó para intentarlo ella misma. Cuando se volvió hacia mí había perdido la sonrisa. El hombre parecía a punto de llorar cuando dijo:
—Síganme. Les enseñaré su habitación.
Alicia me miró con incredulidad mientras el hombre se alejaba escaleras arriba. Frunció los labios en una pregunta que formuló sin voz:
—¿Qué dice este hombre?
Subí tras él para reparar el malentendido. El hombre pálido de pelo rojo caminó por el breve pasillo de madera mientras un llavín tintineaba en sus manos. Se detuvo ante la habitación número cuatro. A través de la puerta entreabierta de la estancia contigua pude ver a una pareja de mediana edad. Eran mulatos, obesos y vestían del modo en que suelen hacerlo los turistas estadounidenses. Estaban en silencio, resignados.
Junto a la entrada de la número cuatro reconocí el mismo reclamo turístico que nos había conducido hasta aquel lugar:

Visite la vivienda de los primeros pobladores, conocida como Laxdalshús, o casa de Laxness. Fue construida en madera en el año 1795 y constituye una experiencia única, que le transportará en el tiempo.

—Ésta es —dijo el hombre, mostrando el interior de una habitación pulcramente arreglada—. Espero que no echen en falta nada de lo que consideren realmente importante.
Depositó en mis manos el llavín. Su mano estaba tan helada como sus ojos.
—No es necesario que cierren la puerta al salir. Los otros huéspedes son de absoluta confianza —dijo—. El desayuno se sirve a las ocho, el almuerzo a la una y la cena a las siete y media. Abajo hay una pequeña pero bien surtida biblioteca, aunque para consultarla tendrán que aprender islandés. Yo mismo puedo enseñarles, si lo desean. Aquí tendrán todo el tiempo del mundo. Si necesitan cualquier cosa, sea la hora que sea, no tienen más que tocar el timbre.
Reparé entonces en que sus ropas no eran un disfraz.
—Disculpe, pero todo esto es ridículo. Nos alojamos en el Hotel Kea. Nos esperan unos amigos para almorzar dentro de quince minutos. Tenemos allí una doble por dos noches más.
Él negaba con la cabeza y sonreía con esa indulgencia que solemos emplear con los niños. Me mostraba dos hileras de dientes podridos. Dijo:
—Amigo mío: ya no.

Reykiavik, 24 de agosto de 2007

27 de agosto de 2007

Agosto en Islandia: Diagonales


27 de julio de 2007

Cerrado por vacaciones hasta el 27 de agosto



¿Apreciáis cuál es el enorme defecto de esta foto?
En efecto, agudos navegantes: Falto yo. Aunque por poco tiempo.

Este blog, amigos, amigas, permanecerá cerrado hasta fines de agosto. Volveré con mucho que contar después de pasar por un pequeño pueblo de la provincia de Segovia, por Islandia y (espero) por Groenlandia.

Para entreteneros las horas, os dejo en Gazpacho un cuento de fantasmas en 7 entregas, COMUNICACIÓN, que estos días saldrá publicado en los diarios del Grupo Joly.

Y para los que siempre pensáis en lo que vendrá después, en Wan-Tun encontraréis un avance de la siguiente jugada.

26 de julio de 2007

Instancia


Yo, Care Santos Torres, mayor de edad, con DNI talycual, residente en Mataró

EXPONGO

Que no hace ni diez minutos he estado a punto de caerme por las escaleras de mi casa, lo cual me ha llevado, de pronto, a reflexionar sobre la conciencia de la cuenta atrás, que te alcanza sin previo aviso mientras estás a tus cosas.
Que, una vez hecho el pertinente análisis, declaro tener mucho quehacer pendiente.
Que, tras un somero cálculo, estimo en veinte años el tiempo necesario para dejarlo todo convenientemente resuelto. Mejor si son veinticinco. Eternamente agradecida si se me conceden treinta. Más, sería un despilfarro.

Según lo cual

SOLICITO

Una prórroga de, al menos, veinte años (7.300 días, 175.200 horas, aproximadamente diez millones y medio de segundos) que invertiré en terminar las tareas pendientes y saldar mis deudas (las económicas y las otras).

Y para que así conste, lo firmo en Mataró en el año 2007, dos días antes de marcharme de vacaciones.

25 de julio de 2007

La parejita en South Park



Buscad vuestra personalidad South Park aquí

Nómadas y sedentarios

Dice Walter Benjamin al hilo de la obra de Nikolai Leskov que existen dos clases de escritores: los viajeros y los sedentarios. Los primeros viajan primero y cuentan después; entroncan con la tradición oral del viejo contador de historias que experimentó en carne propia. Necesitan a sus oyentes para existir, de modo que cuidan mucho la seducción que ejercen sobre ellos.
Los segundos meditan, reflexionan y no necesitan ir sino a la esquina para estar convencidos de que tienen algo que decir. Quién hay al otro lado no importa en absoluto, ya que ellos no necesitan a nadie ni de nadie para seguir existiendo. Su introspección es autógafa. Y es en esa autofagia donde radica su fuerza.
Kafka, Conrad, Melville, Turguéniev, Balzac, Flaubert, Faulkner, Dostoyevski... Si no fuera tan fácil saber a cuál de los dos grupos pertenece cada uno podríamos considerar que este entretenimiento es un juego.
Claro que están también los inclasificables, los que beben de las dos tradiciones: el propio Leskov que inspitó a Benjamin en su reflexión, Borges, Cervantes, Virgilio...

Walter Benjamin afirmar que la novela del XIX terminó para siempre con el gusto por seducir de la narración oral.
No hace tantos días se hablaba de seducción en el Congreso Atlas Literario Español, en Sevilla. También allí había dos grupos de narradores bien diferenciados, que tal vez se habrían identificado con esta clasificación de Benjamin.

Colofón: ¿No existirán también dos grupos de personas: las viajeras que vuelven para contarlo y las sedentarias que nunca parten y nunca regresan?

24 de julio de 2007

Refutación de la barbarie

Montaige: Cada cual llama barbarie a lo que no forma parte de sus costumbres

Barbarie: Rusticidad. Falta de cultura.

Costumbre: Modo habitual de obrar establecido por tradición o por repetición.

Cultura: Resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de afinarse por medio del ejercicio las facultades intelectuales del hombre, como la lectura.

Lectura: Acción de leer.

Leer: Comprender o interpretar un texto.

Comprender: Abrazar, ceñir, rodear por todas partes una cosa, alcanzar, encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de otro.

Abrazar: Estrechar entre los brazos en señal de cariño.

Ergo, como se deduce de la lectura atenta y acostumbrada del diccionario, leer fulmina la barbarie.

23 de julio de 2007

Existir

En Bailando sobre la tumba, una de mis lecturas para este verano, afirma su autor, el antropólogo Nigel Barley:

«No es preciso haber existido para que a uno le lloren».

No es preciso existir para ser amado. De niña, solía enamorarme de los personajes de ficción. Miguel Strogoff, qué gran mito erótico de mi juventud. Muchos años después volví a enamorarme de algún hombre ficticio, pero ni yo era ya la cándida preadolescente que sale indemne de todas las pasiones ni él —me temo— tenía el porte ni los bigotes del correo del zar.

¿Existo porque amo? ¿Amo para existir? ¿Me aman lo suficiente para lograr mi existencia?
Colofón: Vivimos 150 años. 80 nos los permite la biología. Los otros 70 nos los otorga el recuerdo que dejamos en nuestros sucesores.

20 de julio de 2007

El jueves secuestrado


Malpensados: son Tom Cruise y Katie Holmes, ¿o es que no se nota?
La noticia tal y como la ha publicado El Periodico de Catalunya está aquí y no tiene desperdicio.

19 de julio de 2007

El filo de la hierba, de Harkaitz Cano

A veces los fragmentos superan en belleza a la totalidad: también las casas vacías son con frecuencia más sugerentes que las habitadas y los cuadros de Turner inacabados son más hermosos que los clausurados con la última pincelada; el mismísimo Guernica de Picasso emanaba muchísima más fuerza antes de ser acabado. Nada puede superar la fuerza de una obra de arte abierta. No existe obra cerrada que supere a una obra de arte dejada a medias. La libertad, finalmente montada, ensamblada y atornillada, puede convertirse en algo francamente irritante.

Roca Editorial, 2007

18 de julio de 2007

Forum del Fnac, L'Illa, Barcelona, hace una semana


En la foto, con Alicia Soria, que dijo cosas inteligentes de El síndrome Bovary. La foto, es de DOG, que hizo horas extras por estar allí.

17 de julio de 2007

Gemelas

Hace algunas semanas me ocurrió algo muy raro. Fue en un avión, una azafata a quien yo no había pedido nada se me acercó de pronto y me preguntó si por casualidad tengo una hermana gemela. Le dije que no, claro. Entonces me soltó:
—Perdona, pero es que conozco a una chica que es exactamente igual que tú. Sois como dos gotas de agua.
No en vano el doble es uno de los grandes temas de la literatura. Es fascinante. Todos hemos pensado alguna vez en este calco de nosotros mismos que, dicen, pulula por el mundo, como si tuviera algún sentido que la mitad del planeta fuera la imagen especular de la otra mitad.
En una de mis pesadillas más recurrentes regreso a casa después de un viaje o de una cena y me encuentro con la doble, la usurpadora. Duerme en mi cama, gasta mi champú, se sienta frente a mi ordenador, se come mis pipas y contesta al teléfono cada vez que preguntan por mí. Lo hace con la naturalidad con la que hacen las cosas los monstruos.

Leo en la prensa que una adolescente colombiana de catorce años salió a almorzar con sus padres a un restaurante y en el lavabo tropezó cara a cara con su pesadilla. la muchacha que se lavaba las manos en la pila era calcada a ella. Calcada. Cromosoma a cromosoma.
La solución al enigma es como de serie sin presupusto para el argumentalista: el padre de la primera de las dos chicas es un médico que, hace catorce años, atendió el parto doble de una adolescente. Una de las niñas se dio en adopción de manera legal. A la otra se la llevó a casa a escondidas. En el certificado, firmado por él, afirmó que sólo había nacido una. Por lo visto no tuvo en cuenta que antes o después todos terminamos recibiendo noticias de nuestro doble.
A modo de conclusión y ahora que lo pienso: mi pesadilla ya no me parece tan terrible. La próxima vez que tropiece con mi doble, le daré trabajo. Puede ayudarme con los montones de ropa que siempre tengo por planchar o llevar a los niños a la piscina o preparar algo de comer. Puede que la repostería se le dé mejor que a mí. Y tal vez ella sí sepa coser.
Qué coño, formaremos un gran equipo.

16 de julio de 2007

George Orwell: Por qué escribo

Dejando aparte la necesidad de ganarse la vida, creo que hay cuatro grandes motivos para escribir, por lo menos para escribir prosa. Existen en diverso grado en cada escritor, y concretamente en cada uno de ellos varían las proporciones de vez en cuando, según el ambiente en que vive. Son estos motivos:

1. El egoísmo agudo. Deseo de parecer listo, de que hablen de uno, de ser recordado después de la muerte, resarcirse de los mayores que lo despreciaron a uno en la infancia, etc., etc. Es una falsedad pretender que no es éste un motivo de gran importancia. Los escritores comparten esta característica con los científicos, artistas, políticos, abogados, militares, negociantes de gran éxito, o sea con la capa superior de la humanidad. La gran masa de los seres humanos no es intensamente egoísta.

Después de los treinta años de edad abandonan la ambición individual -muchos casi pierden incluso la impresión de ser individuos y viven principalmente para otros, o sencillamente los ahoga el trabajo. Pero también está la minoría de los bien dotados, los voluntariosos decididos a vivir su propia vida hasta el final, y los escritores pertenecen a esta clase. Habría que decir los escritores serios, que suelen ser más vanos y egoístas que los periodistas, aunque menos interesados por el dinero.

2. Entusiasmo estético. Percepción de la belleza en el mundo externo o, por otra parte. en las palabras y su acertada combinación. Placer en el impacto de un sonido sobre otro, en la firmeza de la buena prosa o el ritmo de un buen relato. Deseo de compartir una experiencia que uno cree valiosa y que no debería perderse. El motivo estético es muy débil en muchísimos escritores, pero incluso un panfletario o el autor de libros de texto tendrá palabras y frases mimadas que le atraerán por razones no utilitarias; o puede darle especial importancia a la tipografía, la anchura de los márgenes, etc. Ningún libro que esté por encima del nivel de una guía de ferrocarriles estará completamente libre de consideraciones estéticas.

3. Impulso histórico. Deseo de ver las cosas como son para hallar los hechos verdaderos y almacenarlos para la posteridad.

4. Propósito político, y empleo la palabra "político" en el sentido más amplio posible. Deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir. Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí misma una actitud política.

13 de julio de 2007

Vicente Luis Mora: Escritura, ideología, cultura de masas

A mí lo que me interesa de la tradición es reventarla. Pero, obviamente, para destruir algo, y de esto saben los ingenieros que derriban casas, hay que conocerlo bien. A fondo. Hay que saber dónde están los cimientos, para colocar las cargas explosivas en el lugar exacto. Una bomba literaria colocada en un tejado no produce efecto alguno. Pero una sacudida en algunos cimientos de la novela, como el narrador omnisciente impersonal, o la linealidad del tiempo narrativo, es significativa. Alguien decía que en España se sigue haciendo novela como si Joyce, Musil o Beckett no hubiesen existido. Y tenía razón, así es. No hay que imitarles, hay que imitar su ejemplo, su capacidad innovadora, su reflexión crítica acerca de la tradición precedente. Suelo repetirlo: el 90% de lo que hoy consideramos clásicos indiscutibles eran autores que en su tiempo eran experimentales o fueron incomprendidos.


* Me perdí la intervención de Vicente en Atlas Literario Español, el congreso de la Fundación Lara, en Sevilla. Ahora he podido recuperarla en su magnífico blog. Es una de las pocas cosas buenas que ha tenido toda una tarde pensando qué es, qué límites tiene y por qué interesa tanto a los suplementos (al mío, por lo menos), la llamada Generación Nocilla.
Cualquier día me arremango, y dedico un post al asunto.

12 de julio de 2007

REC, lo último de Jaume Balagueró

Se estrena a finales de agosto. No os lo perdáis.

11 de julio de 2007

Llega Impedimenta



Me pide Enrique Redel, que es el papá del invento*, que le diga qué logo me gusta más. Y yo os traslado la cuestión, navegantes, por si os apetece opinar.

* El invento es una nueva editorial que lanzará sus primeros títulos, suculentos, en septiembre. No os la perdáis, sibaritas.