
1-Amor platónico
2-Amor erótico
3-Amor virtual
4-Amor clandestino
5-Amor intelectual
6-Amor a distancia
7-Amor imposible
8-Amor adúltero
9-Amor express
10-Amor para toda la vida
¿Cuál os falta?
La Editorial Impedimenta y Alibri Llibreria
Un viejo escritor, recién elegido Premio Cervantes, vuelve a su pueblo natal -Elda-, después de 70 años, para reencontrarse con los sabores, olores y miradas de su pasado. Nostálgico, con final feliz, maravillosamente escrito y plagado de pequeños detalles. .jpg)

Calixto Bieito comenzó siendo un director con ideas que se atrevía a lanzar una mirada moderna sobre los clásicos. Sus primeros montajes fueron sensacionales. Su Anfitrión (1995), su Galileo Galilei (1996)o su Hamlet (2003). En El rey Lear (2004) sorprendió a todos haciendo que sus protagonistas sacaran sendas sierras mecánicas y se agredieran con ellas. No entremos en la discusión de si a Shakespeare le hubiera gustado o no. Puede que le hubiera encantado. Pero era un recurso fallido, efectista, sin mucho sentido, que sólo provocaba sufrimientos en el público viendo los problemas que tenían los intérpretes para sujetar las sierras mecánicas. Además, hubiera sido denmasiado ponerlas en marcha allí mismo, de modo que el ruido se sustituía con una banda sonora atronadora que no resultaba nada convincente. A pesar de todo, era sólo una mácula en un buen espectáculo..jpg)

Dice Walter Benjamin al hilo de la obra de Nikolai Leskov que existen dos clases de escritores: los viajeros y los sedentarios. Los primeros viajan primero y cuentan después; entroncan con la tradición oral del viejo contador de historias que experimentó en carne propia. Necesitan a sus oyentes para existir, de modo que cuidan mucho la seducción que ejercen sobre ellos.
Montaige: Cada cual llama barbarie a lo que no forma parte de sus costumbres
En Bailando sobre la tumba, una de mis lecturas para este verano, afirma su autor, el antropólogo Nigel Barley:
A veces los fragmentos superan en belleza a la totalidad: también las casas vacías son con frecuencia más sugerentes que las habitadas y los cuadros de Turner inacabados son más hermosos que los clausurados con la última pincelada; el mismísimo Guernica de Picasso emanaba muchísima más fuerza antes de ser acabado. Nada puede superar la fuerza de una obra de arte abierta. No existe obra cerrada que supere a una obra de arte dejada a medias. La libertad, finalmente montada, ensamblada y atornillada, puede convertirse en algo francamente irritante.
Hace algunas semanas me ocurrió algo muy raro. Fue en un avión, una azafata a quien yo no había pedido nada se me acercó de pronto y me preguntó si por casualidad tengo una hermana gemela. Le dije que no, claro. Entonces me soltó:
Dejando aparte la necesidad de ganarse la vida, creo que hay cuatro grandes motivos para escribir, por lo menos para escribir prosa. Existen en diverso grado en cada escritor, y concretamente en cada uno de ellos varían las proporciones de vez en cuando, según el ambiente en que vive. Son estos motivos:
4. Propósito político, y empleo la palabra "político" en el sentido más amplio posible. Deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir. Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí misma una actitud política.
A mí lo que me interesa de la tradición es reventarla. Pero, obviamente, para destruir algo, y de esto saben los ingenieros que derriban casas, hay que conocerlo bien. A fondo. Hay que saber dónde están los cimientos, para colocar las cargas explosivas en el lugar exacto. Una bomba literaria colocada en un tejado no produce efecto alguno. Pero una sacudida en algunos cimientos de la novela, como el narrador omnisciente impersonal, o la linealidad del tiempo narrativo, es significativa. Alguien decía que en España se sigue haciendo novela como si Joyce, Musil o Beckett no hubiesen existido. Y tenía razón, así es. No hay que imitarles, hay que imitar su ejemplo, su capacidad innovadora, su reflexión crítica acerca de la tradición precedente. Suelo repetirlo: el 90% de lo que hoy consideramos clásicos indiscutibles eran autores que en su tiempo eran experimentales o fueron incomprendidos.