22 de enero de 2006

Cocina y literatura

Es feliz entre los fogones, cocinando un arroz o inventando un pastel de chocolate. ¿La gastronomía es tan sugestiva o también forma parte de la identidad cultural?
La cocina es, como la literatura, parte de una tradición. Aunque en este mundo en que las distancias son —para algunos— cada vez más salvables, ya no hay tradiciones puras (afortunadamente) y además lo que ahora se lleva es el sincretismo. Estoy aprendiendo a hacer sushi por lo mismo que he leído últimamente Tokio Blues (estupenda, por cierto). Claro que también le doy a Philiph Roth, a John Berger o a Michel Houllebecq lo mismo que a la quiche lorraine, el taboulé o las hamburguesas tamaño familiar. ¿Sugestiva? Todo lo que se quiera. No hay tanta diferencia entre literatura y cocina. Ambas se deben al talento y a un innegable aprendizaje. Lo demás es imaginación.

(De una entrevista reciente)

11 comentarios:

blankutxi dijo...

Qué cierto es...Jiji la poseída por la gula y el placer por la lectura :)

Amaia dijo...

¿No lo decía ya Isabel Allende en su libro [i]Afrodita[/i]?

El placer de leer...el placer de comer...

César dijo...

Una pregunta, Care: como lectora, ¿cuáles serían tus hamburguesas? ¿O nunca comes hamburguesas?

Care dijo...

Blankutxi, Ako... ¿Y si leer adelgazara como, por ejemplo, montar en bicicleta? La obesidad dominaría el mundo!
César: Como hamburguesas, faltaría más. Y echo vistazos a "La historiadora", a -¡horror!- "El codigo Da Vinci" o "La sombra del viento" (aunque debo reconocer que más por curiosidad que por verdadero interés). Mis verdaderas hamburguesas deben de ser mis poetas cursis, todo el Stephen King que leí en mi juventud o la mala literatura de fantasmas que me entusiasmaba. A veces degluto con gusto cosas que no sé si son comida basura o delicatessen (a ti no te pasa?). Por ejemplo, ahora leo a Robert Bloch (Dulces sueños, Valdemar). Seguro que le conoces. Me divierte mucho. Y dicho esto, te (os) deseo lo mismo que dice el título de Bloch, pero sin doble sentido.

Amaia dijo...

Care, recomiéndanos un plato exquisito para degustar :) :P

miwok dijo...

A ver, ya sé que hay muchos tipos de literatura, que algunas publicaciones ni siquiera deberían llamarse así, pero...que no os siente mal...pero...las cruzadas contra los bestsellers...¿no os parecen un poco prepontentes?No todo el mundo puede ni quiere leer...no sé, Anna Karenia, por poner un ejemplo...Millones de personas han leído El código da vinci...que se puede criticar todo lo que queráis, igual que Harry Potter...pero si consiguen mover a tanta gente a comprar un libro, no es ya una victoria? ¿Qué pretendemos, que empiecen con La Metamorfosis? Kavafis??

Amaia dijo...

No hay por qué empezar con La Metamorfosis, pero también se puede evitar comenzar leyendo con Ángeles y Demonios, ¿no?

Que yo recuerde, pasé de leer libros 'juveniles', como se llaman, a clásicos como Kafka,ya que lo has nombrado.
Hay autores fáciles de leer que no caen en la deformación de la literatura si alguien quiere introducirse en el mundo de la lectura a los 30 áños.

Ojo, no estoy diciendo que deba prohibirse leer bestsellers, pero me da rabia que eso se considere buena literatura, o que la gente se quede en ese tipo de lecturas...

César dijo...

Te lo preguntaba, Care, porque los extremos están claros. García Márquez es alta cocina. Dan Brown es una hamburguesa. Pero, ¿qué pasa con lo que queda en medio? Citas a Bloch y es un buen ejemplo; a mi modo de ver, se trata de una delicatessen, pero también sé que muchos lo tildarían de comida basura. La verdad es que me gusta navegar por esa zona intermedia. Sería largo de explicar y no vale la pena hacerlo, pero te pondré un ejemplo: Marc Behm. Es un escritor policíaco cuyas novelas, en general, son bastante mediocres (o abiertamente malas). Salvo una, "La mirada del observador", una bellísima y poética historia de amor fou. Una pequeña y perturbadora obra maestra que jamás hubiera leído si no me diera por navegar por los océanos intermedios de la literatura. Hay muchas pequeñas (y grandes) obras maestras que el elitismo literario se niega, no ya a reconocer, sino sencillamente a conocer. Es una pena.

miwok dijo...

Vuelvo a la hamburguesa de Dan Brown, soy pesadita, que vale, una hamburguesa, sí, que ha conseguido que gente que nunca iría al Louvre, no se lo pierda, hay rutas por París para seguir los pasos al Código...es cultura, ¿Qué importan las razones? El Louvre sigue siendo el Louvre, que lo vean...Y si es gracias al Código, pues vale...

César dijo...

Siempre lo he dicho, miwok: más vale leer mierda que no leer nada. Ahora bien, la cosa ésa del Dan B. es, lo mires por donde lo mires, una hamburguesa del McDonlad's.

miwok dijo...

Si nos leyera el pobre Dan cogía una depresión...