13 de junio de 2006

Nunca deshago las maletas

Los humanos necesitamos sentir que vamos hacia alguna parte. Siempre he pensado que, en el fondo, la vida sedentaria va contra nuestra naturalera y acelera el envejecimiento. ¿No dijo Einstein que la velocidad enlentece el tiempo?

* * *

¿Por qué viajamos? No hay una única respuesta: viajamos para desentumecer las piernas y las ideas, para aprender, parta descubrir el mundo y a nosotros mismos, para conocer gente, por el placer de volver, para relatar —y exagerar— aventuras lejanas, por el gusto de descansar después de la travesía, por aburrimiento, por capricho, por temeridad, para ampliar horizontes y vaciar bolsillos, para vencer el miedo, la monotonía, la uniformidad...

Francesc Miralles, Cafè balcànic (Llibres de l'Índex, 2004)


Esta noche, amigos navegantes, dormiré en Roma.
¿Para qué este nuevo viaje? Pocas veces lo tengo tan claro: para ver a una de las personas a quien más quiero del mundo. Para dejar de ver a la persona a quien más quiero del mundo.

12 de junio de 2006

Drácula a Jonathan Harker


—¡Cuidado! Los que duermen imprudentemente sufren pesadillas.

11 de junio de 2006

Todo es literatura


Los rumanos están muy indignados con que cada vez que alguien menciona su país sea para referirse a vampiros, demonios o lugares siniestros. Y, de hecho, no les falta razón: Transilvania es una región idílica, tan tenebrosa como pueda serlo el escenario de Heidi, poblada por hospitalarias gentes. Bram Stoker, el creador de Drácula, jamás estuvo allí. Tiene mérito, porque de la región dijo en su célebre novela más o menos lo mismo que os acabo de decir yo después de dos días de pasear entre coníferas. Para crear a Drácula, Stoker se basó en la figura de Vlad Tepes, un príncipe del siglo XIV que luchó por la independencia de Transilvania. Para los transilvanos es todo un héroe, pese a su fama de sanguinario. Aunque la Edad Media no fue precisamente una época propicia para el respeto de los derechos humanos. En rumano, Tepes significa "el empalador", un sobrenombre que el gobernante se ganó merced a su gusto por empalar a sus enemigos. La leyenda dice que llegó a empalar 40.000 en un solo día (la población total del país por aquel entonces era de 500.000 habitantes) y también que gustaba de cenar entre los empalados, mientras los escuchaba agonizar. Stoker supo de Vlad Tepes en la Biblioteca del Museo Británico de Londres y desde allí inventó a su conde vampiro. Qué cosas tiene la literatura.
Pues bien. En Rumanía pueden visitarse algunos de los monumentos relacionados con Vlad Tepes, entre ellos su casa natal en Sighisoara. Sin embargo, hay una fortaleza defensiva del siglo XIV a la que todos los años acuden miles de turistas y que se vende como "el castillo real de Drácula" y que no es sino un engaño. Está en Bran, una pequeña población a unos 140 kilómetros de Bucarest. El castillo reviste cierto interés y alberga una colección de muebles antiguos, pero la única relación que guarda con Vlad Tepes es que probablemente -ni siquiera es seguro- estuvo aquí preso alguna vez. Durante toda la visita al lugar no encuentra el viajero ni una sola referencia a Vlad Tepes o a Drácula. Es, simplemente, un engaño pensado para atraer turisas y dar de comer a las muchas familias que se dedican a la venta de recuerdos en la plazuela de acceso al castillo.
Con todo, la visita al lugar no está mal. Se puede disfrutar de lugares como el de la fotografía, por ejemplo, a la que debería poder añadirse el silencio, los trinos de pájaros y el murmullo de las aguas del original.

9 de junio de 2006

Transilvania, los espejos y yo


¿Una copita?


Para ir empezando la noche...

Drácula no: Dionysos




Os presento a Dionysos. Lucía así de barbudo y yacente esta misma mañana en uno de los laterales del castillo real de Sinaia, en Rumanía. Carol I, el rey que mandó construir este lugar, denominó el ala que ocupa «Jardín clásico».
Os prometo que al lado Dionysos, no hay vampiro que valga (aunque acaso tenga él mismo algo de deliciosamente vampírico). Mañana os hablo de Transilvania y de Drácula. De momento, hoy os deseo lo mismo que quiero para mí: una larga noche dionisiaca. Amén.

7 de junio de 2006

Me voy de caza a Transilvania

En apenas unas horas, estaré aterrizando en Bucarest, capital de Rumanía. Mañana tengo una cita con el castillo de Bran, en Transilvania, famoso por estar relacionado con el personaje que inspiró el personaje de Drácula, la novela de Bram Stoker.
En estos momentos de mi vida, un vampiro es exactamente lo que necesito. Mañana por la noche, a la puerta de mi habitación —mi hotel se llama House of Dracula, qué felicidad—, colgaré un letrerito anunciando a los vampiros interesados que recibo las 24 horas. Qué gusto ser sorprendida en pleno sueño por un mordisco en un lugar inconfesable. Precisamente a ese tipo de mordiscos estoy ahora de lo más receptiva.
Se me ocurrió ayer explicarle todo esto a una amiga. Me hizo un encargo sorprendente:
—Ya que vas, traeme un par —dijo.
Se refería a un par de vampiros, claro. Le pregunté para qué dos. Si no le bastaba con uno.
—Ay, no. Uno nunca es suficiente. Mejor dos, por si uno falla —dijo, muy segura de lo que habla.
Como mi amiga tiene más experiencia de la vida que yo, resolví hacerle caso en eso como en otras cosas. Traeré también dos para mí, si las pesquisas se me dan bien.
Aunque, dada mi voluntad de servicio, he decidido anunciarlo, por si hay alguien más que desee hacerme algún encargo. No me importa, ya que voy, traer recuerdos transilvanos para mí y para las demás.
En un par de días, tendréis los resultados de mis pesquisas. Lo que ya no sé es cómo estarán las comunicaciones en Transilvania para poder cumplir con mi cita diaria con vosotros.
Si no me véis, pensad que me estaré dejando morder. Nunca me lo he montado con un vampiro, pero seguro que son deliciosamente perversos. Qué gusto.

6 de junio de 2006

Óscar Sipán

En la entrada del 30 de marzo hablé del último premio del escritor aragonés Óscar Sipán. Ahora Óscar, un entusiasta del mundo de la letra impresa, un escritor excepcional y, para mi suerte, amigo mío, desembarca en la sección Biblioteca de mi web.

Si queréis conocerle mejor sólo tenéis que pinchar aquí. Feliz lectura, navegantes.

5 de junio de 2006

Qué de acuerdo estoy

El mundo no es un sueño;
el dolor: la condena del recuerdo.

Nacida en cautividad, Ángela Vallvey (Algaida, 2006)

4 de junio de 2006

Feria del Libro sin mí

Si una cita anual me gusta en el calendario editorial es la Feria del Libro de Madrid. Los años en que por fuerza ha tenido que transcurrir sin mí —como éste, por ejemplo— me siento extraña, triste.
Por eso os pido que vayáis por mí y me lo contéis. Ved el ambiente, tomad el sol, curiosead en las casetas, saludad a los amigos. Y, si puede ser, pasad hoy por la caseta de Destino entre las 7 y las 9 de la tarde y dadle de mi parte un achuchón muy grande a Marta Sanz, que estará firmando Susana y los viejos, la novela con la que resultó finalista del Nadal. Lo dejo en vuestras manos, amigos, navegantes.
El año que viene, lo prometo, estaré allí.

2 de junio de 2006

Elección

Algunas personas crecemos a golpes. Otras, suavemente. Otras... no crecen, me dice en un correo electrónico alguien a quien no conozco.

Ahora mismo, no soy capaz de elegir cuál de las tres prefiero.

1 de junio de 2006

No sé decir que no

Suena el teléfono. En la Biblioteca Municipal están elaborando, en colaboración con otras 24 bibliotecas municipales agrupadas en no sé qué red, un libro acerca de las bibliotecas, la lectura, los lectores y toda esa apasionante ristra de cuestiones que tanto afectan al mundo moderno. Me dicen que buscan un autor local que se identifique con la biblioteca y que lo prefieren vivo y de sexo femenino.
Cumplo los requisitos, respondo.
Parecen alegrarse mucho de que no sea hombre ni me haya muerto aún. Me ponen el ejemplo de Salvador Espriu, que también vivía en la comarca: él no podrá colaborar, lo más seguro, porque feneció, lamentablemente, hace 11 años, me informan (aunque conocía el dato y lo demás lo podía sospechar).
Pregunto qué tengo que hacer.
Me dicen que responder a una entrevista. Me amenazan con venir a entrevistarme a domicilio.
Les pido, por favor, que me remitan las preguntas por correo electrónico.
Aceptan. El lunes me mandarán las preguntas.
El lunes. Sólo faltan tres días. Ay, a ver cuándo coño aprenderé a decir que no.

31 de mayo de 2006

Tal vez la palabra no sea placer...

Escribir es una actividad que parezco necesitar para sobrevivir. Me siento muy mal cuando no lo hago. No es que escribir me produzca un gran placer, pero es mucho peor cuando no lo hago.
(Paul Auster al periodista Larry McCaffery)
¿Tal vez escribir sea más bien una necesidad?

30 de mayo de 2006

Cursillo de natación (perfeccionamiento)

Una de mis sensaciones favoritas: estar en el agua. Dejarme flotar. Zambullirme. Desplazarme. Creo que aprendí a nadar casi a la vez que a caminar.
Hoy me he calzado por primera vez unas aletas de buceo. Lo peor es descubrir, cuando te las quitas, de qué poco sirven tus pies.
Lo dice Adrián al ir a ponerse sus sandalias nuevas:
—Mamá, ya no tengo calcetines. Sólo tengo pies.
Es un defecto de la mayoría de nosotros: sólo tenemos pies y los pies no valen de mucho. Para avanzar, hace falta más.
El problema, a veces, es saber qué, exactamente (no siempre hay a mano unas aletas de buceo).

29 de mayo de 2006

El Alma enferma

Un amigo bastante mayor que yo al que sólo conozco por teléfono cita a Galeno en nuestra última conversación, que no es una despedida sino un «hasta el año que viene».
—Tres son las cosas que curan los males del Alma —me dice. Y añade: —Apúntalo, por si te sirve.
Le escucho con atención. Habla cadenciosa y un poco teatralmente. Prosigue:
—Lo primero: Lejanía. Después: Luengo tiempo. Si con lejanía y tiempo no surge la melancolía, lo mejor es no regresar jamás.
(No regresar. Recuerdo a Sabina preguntándome si tiene razón: «En Macondo comprendí / que al lugar donde has sido feliz / no debieras tratar de volver»).
Mi amigo telefónico me desea suerte.
—Y que cuando nos veamos el año que viene, todo lo qe te ocurre esté resuelto —me desea.
Hoy, más que nunca, las palabras ayudan a vivir.

23 de mayo de 2006

Abrazos que trae el correo

Estimada Care:
Hoy, hace unos minutos, he escuchado a Almudena Grandes hablar muy bien de la novela de Óscar Esquivias Inquietud en el paraíso. He ido a buscar información sobre la editorial que lo había publicado, por ver si aun seguía en Algaida, y me he encontrado con tu página Web.
Hace ya un tiempo, junio de 2000, la suerte me deparó la satisfacción de estar unas horas junto a ti. He ido a buscar el libro donde te pedí que escribieras a bolígrafo el comienzo de tu novela Trigal de cuervos. Me lo escribiste en espiral y al lado me dibujaste un caracol con una morcilla que dice: «Qué cosas me haces hacer, Carlos, por Diosss…» En otra página me pones una dedicatoria que, por si es posible el recuerdo, dice: «Para Carlos, en una noche luminosa de sidra, canciones y amistad, en un Oviedo mejor que nunca».
Me alegra saber que sigues publicando, en prácticamente todas las editoriales, con un éxito notable. De igual manera por Óscar que, en noviembre del mismo año en que te conocí, también apareció por esta vetusta ciudad.
Espero que al recibo de este mensaje te vaya todo bien aunque me desasosieguen un poco tus palabras de despedida en el blog.
Te recuerdo sonriente y vital… deseo que así sigas.
Suerte y salud.
Carlos Romero

Entrevista virtual

Me manda un mail Anna Serra para advertirme que una entrevista que me realizó ¿hará cuánto? (creo que bastante...) se acaba de publicar en la revista on line Premura. A falta de algo mejor que compartir con vosotros, os la dejo aquí.

21 de mayo de 2006

7 visitantes multicolores


Adrián sigue trayendo amigos. Éstos han llegado hace un rato. No sabemos si son una mamá-mariposa y sus seis niños multicolores (¿serán de seis padres distintos, cada uno de un color? ¿Elegirá sus amantes la mariposa-mamá según el color que le falta? ¿Según el color del ánimo de cada momento?) o siete colegas muy bien alineados de mayor a menor. Les he pedido que se queden una tenporada. Después de todo, aquí hay sitio para todos y donde caben 5, caben 12.

17 de mayo de 2006

Un payaso (sirve para sonreír)


* Por supuesto, quien ha traído este personaje a casa es mi hijo Adrián. No sabemos cómo se llama, ni él ni yo, pero lo averiguaremos si conseguimos que se quede un tiempo.

15 de mayo de 2006

Ofrenda

I

Agarro tus manos:
las manos que han tenido mi cuerpo tantas veces,
las primeras que hallaron, al nacer, nuestros hijos,
las que tocan, reparan y disponen las cosas
que llenan mi presente.

Agarro tus manos
y dejo sobre ellas los fragmentos
de este corazón casi rendido.
Desmóntalo como a un reloj,
clasifica las piezas,
púlelas, límpialas, deséchalas,
trata luego que encajen
para que todo quede como estaba,
para que su tic tac sea el mismo de siempre,
para que no rezumen de óxido las grietas.

II
La fe que tengo en ti se debe, en parte,
a que conoces bien el artilugio
(desde aquel primer día en que fuimos suicidas
jamás estuvo lejos de tus manos)
y también a lo mucho que recuerdo tus gustos.
Por ejemplo: montar y desmontar mecanismos
y ufanarte después de tus habilidades evidentes.
Por ejemplo: el orgullo de ver que nuestra vida
empezó hace algún tiempo en una cuerda floja
y es por eso que no nos da vértigo la altura
ni tememos caer, si es intenso el instante.

Yo soy igual que tú, ¿no lo recuerdas?
La loca, la suicida, la que no piensa en nada
excepto en que, por ti, lo apostaría todo
una vez y otra vez, y mil si es necesario.
Sólo quiero saber que tu mirada
contiene más futuro que pasado
y es cruce de caminos que aleja del infierno.

Gracias

Amigos:
Estoy de vuelta.
Lo primero que quiero deciros es que en estos días de verdadero infierno, me habéis ayudado a respirar.
A algunos de los 64 que habéis añadido algún comentario estos días os conozco, poco o mucho. A la mayoría no os he visto jamás. Vuestro cariño, el de todos, me ha abrigado el corazón en el peor momento de mi vida, y no lo olvidaré.
Los que han aprovechado el mal momento para sus gilipolleces no me han sorprendido en absoluto; afortunadamente, tengo enemigos. Pobre de quien no los tenga con 36 años. Yo soy lo bastante interesante y me va lo bastante bien como para que algunos lo lleven fatal (y perdonad la chulería, que no es mi estilo).
Por último: he sobrevivido, sí, pero no sólo eso. Casi en el último momento, la única persona que podía hacerlo, me ha regalado aire con que respirar. De modo que estoy aquí por él... porque, una vez más en nuestra vida, ha sido valiente. Y ya de paso, despejo incógnitas: nadie ha muerto, ni siquiera yo. Y no me han echado de El Cultural, al menos, que yo sepa.
No sé si, de momento, me veo con ánimo de estar aquí todos los días. Sólo sé que estaré. Seguid conmigo. Un abrazo tan grande como el ciberespacio, de Cancún a Mataró, pasando por Chile, Madrid, El Salvador, Austria y todos los lugares que se me olvidan, desde los que estos días habéis estado aquí.

10 de mayo de 2006

Adiós

Por razones que tal vez algún día escriba, voy a cerrar este blog. Me temo que durante una buena temporada, no tendré nada que decir aquí y tal vez en ningún otro sitio. Es lo que nos ocurre a los farsantes: cuando la verdad nos supera, no sabemos qué hacer.
En algún momento de mañana jueves, todo esto desaparecerá sin dejar rastro. Como ciertas cosas de la vida, por cierto.
Volveré, de eso estad seguros. Soy una superviviente nata. No me faltéis tampoco ese día.

8 de mayo de 2006

David Kidd, Historias de Pekín (y Flok)

Calvito era nuestro perro. La edad o quizá una enfermedad le habían hecho perder el pelo. Algunas veces, en plena noche, soltaba un par de ladridos inseguros, pero la mayoría del tiempo se lo pasaba durmiendo. Sin embargo, Tía Qin creía a pies juntillas que Calvito era nuestra mejor protección contra los hombres de la noche, y quizás estuviera en lo cierto, porque las autoridades comunistas sentían un odio tal por esos animales que habían sumido a la ciudad entera en una capaña anticanina. Los perros no eran productivos, decían, y se alimentaban de una comida que no se habían ganado (...). Si los comunistas odiaban a los perros era porque de un modo muy palpable el perro, que es leal a las personas y no a las ideas, encarnaba la última defensa del ciudadano contra el entrometimiento creciente de la policía, la comunidad y el Estado.
(...)
Cada vez había menos perros en Pekín y sus dueños los tenían como oro en paño. Para Tía Qin, Calvito no era tan sólo un perro: por muy achacoso que estuviera, era el único defensor de nuestro derecho a fumar opio y a jugar al mahjong, de pegar a los hijos y tener secretos, de hacer el pino por las mañanas y acostarnos por la noche con nuestros pijamas morados y verdes. Y aunque Tía Qin insistía en que no le gustaban los perros, empezó a dar de comer a Calvito de su mano, y éste terminó queriéndola más que a nadie de la familia; la miraba con ojos tristes y húmedos, como nunca la habían mirado sus gatos. Una buena mañana pocos días después de que Tía Qin hiciera esos comentarios acerca de los hombres de la noche, el viejo Calvito desapareció. Cuando al cabo de una semana seguíamos sin noticias suyas, la familia sintió que había perdido algo muy valioso. Y estaba en lo cierto.

Navegantes, amigos: He seleccionado este fragmente del magnífico y único libro del estadounidense David Kidd, Historias de Pekín (recién publicado por Libros del Asteroide) no sólo porque es una buena muestra de lo que en él se cuenta: la interesante —y dolorosa— transición de la China imperial a la China comunista. También porque hace apenas unos días que murió mi perra Flok, y tenía ganas de rendirle este inútil homenaje. Era una amiga y también una sobreviente de muchas cosas, como yo misma. Quienes hayáis tenido perros alguna vez, seguro que me comprenderéis.
*En la foto que acompaña estas líneas, podéis ver a Flok en su faceta más digna, con una pose propia de los emperadores de cuyo final habla Kidd.

7 de mayo de 2006

6 de mayo de 2006

Con correos como este, ya puedo morir tranquila

Hola Care:
Me llamo X y soy la madre de un chaval (Y) con el que has estado esta mañana (por ayer, viernes) en la Fundación Germán Sánchez Ruipérez de Salamanca.
Mi e-mail es como agradecimiento infinito...
Te voy a explicar: llevo 15 años, que es la edad de Y, leyéndole, dedicándole y regalándole todo tipo de libros con la esperanza de que se aficionara a la lectura, y pensando en que el libro que le regalara en cada momento iba a ser el definitivo.
Y en esto... llegaste Tú con un libro titulado El anillo de Irina, que encima era un préstamo de su Instituto, y en tres días y tres noches, le dejaste fulminado y enganchado a la lectura.
Esta mañana me hubiera gustado estar con vosotros en la Fundación y poder abrazarte para agradecerte el trabajo que has hecho. En nuestra casa, esto es un gran regalo ya que los otros tres que componemos la familia, adoramos la lectura.
La dedicatoria que le pusiste en el libro le ha dejado huella.
Sin más, muchas gracias por tus libros.

Así lo vio la prensa salmantina.

5 de mayo de 2006

Las muñecas de la Casa Lis

Ayer me dejó plantada un periodista justo en el mismo instante en que salía el sol en Salamanca. Recordé la recomendación de una amiga: "Ya que vas a Salamanca, no dejes de visitar la Casa Lis, donde hay una de las mayores colecciones de muñecas antiguas de Europa". El interés por las muñecas me viene desde que imaginé una colección de muñecas bastante diabólicas en mi última novela, El dueño de las sombras, en vías de publicación. "Dan bastante yuyu", añadió mi amiga refiriéndose a las de la Casa Lis, pero también a las mías, que habitan un desván.
Decidí, pues, visitar la Casa Lis, un palacete modernista construido a iniciativa de un industrial salmantino, Miguel Lis, enamorado del Art Noveau. Está en un promontorio, desde donde se disfruta de una magnífica vista del río y de la ciudad. Sin embargo, su artífice disfrutó del paisaje poco tiempo, porque murió poco después de terminarse la casa. Entonces ésta pasó a manos de un rector de la Universidad, Esperabé, y de esas a otras manos hasta terminar en la ruina de la que la rescató el municipio en los años 80. Hoy es un interesante museo de Art Déco y Art Nouveau situado en pleno centro de Salamanca, justo detrás de la catedral, que alberga una amplia colección y que, además, es en sí mismo un placer para la vista.
La colección de muñecas es soberbia, desde luego: de porcelana, de celuloide, de trapo... Las hay desde mediados del XIX; francesas, italianas, alemanas. De los mejores fabricantes de su época: Schmitt, Thuillier, Petit & Dumontier, Steiner, Jumeau (la de la ilustración lo es), Barrois, Huret... Las hay enormes y la mayoría están muy bien conservadas. Su situación en grandes vitrinas les da cierto aire de novias sepulcrales. De cosa viva que nos mira desde la muerte. O tal vez será la influencia de las muñecas de mi novela, que me fuerzan a escuchar sus bisbiseos desde más allá de la línea que separa la realidad de mi imaginación.
Hablando de realidad. Antes de entrar en la Casa Lis descubrí que se halla situada en la celebérrima calle de El Expolio. Aún se ve la argamasa que sirvió para sujetar el nuevo rótulo de la calle, sólo 24 horas después de que por fin se devolvieran los célebres papeles.
Algo más tarde, charlando por las calles crepusculares con mi amigo Luis García Jambrina, supe que el alcalde de la ciudad, Julián Lanzarote, no había tomado en consideración la opinión de nadie, ni esperado casi nada, para modificar el nombre de la hasta ese día calle Gibraltar.
La expendedora de tiques de la Casa Lis le quitó importancia al asunto cuando le pregunté por la anterior nomenclatura. Ella tenía en la mano mi documento de identidad, donde se leía con claridad mi procedencia: Barcelona. Tal vez por eso se esforzó en ser conciliadora:
-Antes se llamaba Gibraltar -dijo, sin expresión- y pronto se llamará de otra manera, seguro.
Lo dudo. Por lo visto, el señor Lanzarote también mantiene un contencioso con la Casa Lis. Desde luego, la delicadeza, la luminosidad, la voluptuosidad, el colorido, las formas curvilíneas, las múltiples influencias que confluyen en el modernismo nunca han tenido mucho que ver con las grandes moles de perpendiculares y paralelas de las arquitecturas fascistas.
Qué hombre este Lanzarote, qué gran sensibilidad, pienso. Y lo digo.
Luis ríe. En Luis, hasta la risa parece importante.

4 de mayo de 2006

Venezuela me ha dado un premio

Lo siento, pero no puedo esperar a mañana para contaros esto.
El Banco del Libro de Venezuela, una entidad sin ánimo de lucro dedicada a la promoción y difusión del libro infantil y juvenil, acaba de elegir mi novela El anillo de Irina como una de las 5 mejores del año 2006 de entre todas las escritas y publicadas en español.
Y para que veais que esto no es un microcuento, os invito a entrar en su página.
Ya de paso, constanto la importancia de iniciativas como el Banco del Libro o la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, en España (en cuya sede de Salamanca me hallo en este preciso instante) para acercar la literatura a los niños y los no tan niños.

E de Editora (palabrario personal)

El primer editor al que conocí era un chorizo. Pareció que la vida me advertía de algo al ponerle en mi camino. Como si enseñándome la peor cara del mundo de la edición fuera a curarme de espantos para siempre. En cierto modo, fue así. Ya nada me sorprende. No lo hace, por ejemplo, esa pregunta maldita (en los años que llevo publicando me la han formulado dos veces, la primera cuano entregué la primera novela y la segunda hace apenas cinco meses):
—¿Te importaría quitarle 100/40 páginas a la novela?
—Pues claro que me importaría —dije en ambas ocasiones. En ninguna de las dos acepté quitar ni un folio, por supuesto, aunque en ambas trataron de convencerme de que lo hiciera.
En este tiempo he conocido también a editores que no leen (por falta de tiempo, dicen), a quienes reniegan de sus autores fugados o de los autores, en general; a quienes prometen pero no dan, a quienes fingen un entusiasmo que no sienten, a quienes tardan seis meses en leer dos folios, a quienes juzgan moralmente el contenido de los libros, a quienes sugieren cambios estúpidos guiados por ideas estúpidas, a quienes censuran y lo reconocen, a quienes censuran y no lo reconocen, a quienes tratan de pagarte el 4 por ciento de derechos de autor y a quienes te lo pagan sin que puedas evitarlo, a quienes te esconden información y a quienes juran que apuestan por ti sin mover un dedo.
He tenido tiempo de pensar en mi editor ideal: es alguien que sienta un cierto entusiasmo con lo que lee (incluidas mis cosas), que se maneje con una cierta diligencia, que posea una cierta conversación libresca, buen oficio a la hora de leer (también mis cosas), moderación y tino con las correcciones y el necesario buen gusto que debe manifestarse a la hora de tomar decisiones. Si, además, viene de tarde en tarde a cenar a casa, me siento feliz. He de decir que, para mi fortuna, he conocido media docena de estos últimos. Debería hablar en femenino, puesto que casi todas ellas son mujeres. Y no me duelen prendas al decir que todas ellas han mejorado en algo mis novelas con sus anotaciones al margen, con sus correcciones, aunque sea en detalles mínimos. Ellas (y algún que otro él) nunca serán el enemigo, que es lo que son todos los demás.
Por último, hay algo más sutil que caracteriza a un buen editor. Su sabiduría para permanecer en segundo plano. No lo había pensado jamás hasta que hace unos pocos días recibí un correo electrónico de A., una de las mejores editoras que he conocido. En él decía algo muy valioso, que utilizo como colofón de esta segunda entrega del Palabrario:

Que unos u otros se atribuyan méritos me da lo mismo, porque siempre he dejado claro que yo no soy editora para brillar, sino para ver brillar a los libros: y yo quiero que este libro brille... ¡QUE BRILLE!... más que cualquier estrella de toda galaxia conocida.

3 de mayo de 2006

Asuntos pendientes (microcuento)

Doce años y veintinueve días después de su muerte, el señor H. regresó a su hogar, aquel cuya hipoteca terminó de pagar su súbita defunción a los cincuenta y seis años. Tuvo que llamar al timbre. Le sorprendió comprobar que su esposa no demostró mucho entusiasmo al volver a verle. Más bien al contrario, le preguntó contrariada qué estaba haciendo allí y él le contestó la verdad, que venía a liquidar algunos asuntos pendientes que no le dejaban descansar tranquilo.
El nuevo marido de su esposa le pareció un ser esquinado y desagradable, pero reconocía que en su opinión pudo influir mucho el hecho de que el fulano llevaba nueve años para diez durmiendo en su cama, mientras que a él le tocó dormir en el sofá. El mismo sofá que compró en una liquidación veintidós años atrás, por cierto, y que tenía los muelles destrozados, como al día siguiente lo estaban sus articulaciones. De sus tres hijos, ninguno mantenía el matrimonio que él bendijo. La pequeña se hacía ahora arrumacos con otra mujer, de muy buen ver, por cierto (en un tris estuvo de sobarle el culo, pero se abstuvo porque en la tierra las cosas no suceden como en el cielo). El mediano tenía dos hijos mellizos en algún lugar de la península por determinar. Al mayor le había dejado su santa, una chica muy hacendosa que nunca le mereció, después de una sucesión de amantes cada vez más golfas. La última era una empresaria de Gijón a la que había conocido en el ordenador (nunca supo si esto lo había entendido mal o qué). Al contemplar una fotografía de su nieto mayor quien, según todos decían, tanto se parecía a él, se topó frente a frente con la mirada inquisidora y azul de su suegra, a quien en la eternidad había frecuentado bastante (muy a su pesar). Preguntó por el perro, pero le dijeron que había muerto sólo un mes después que él a causa de una apendicitis. Aunque la peor sorpresa fue, desde luego, que todos se interesaran, con evidente inquietud, por cuánto tiempo pensaba quedarse.
Al buscar consuelo fuera de casa se encontró con que su mejor amigo estaba recluido en un asilo regentado por enfermeras que parecían soldados de asalto. Su última amante, la única a la que pudo localizar, se meaba encima y no era capaz de recordar ni su propio nombre. Su hermano menor seguía bien, aunque, si aun estando vivo no le había dirigido la palabra durante más de quince años, no era cosa de hacerlo ahora, doce después de dejar este mundo. El paseo marítimo era ahora un horrible bulevar de hormigón y hierro pintado de colorines. Ni la televisión podía soportarse: los políticos no sabían hablar y los famosos no lo eran en absoluto. Lo único que merecía la pena eran las tetas que a veces asomaban a altas horas de la madrugada, mucho más generosas que las de años atrás (por no hablar de las de los primeros setenta). Al fin y al cabo, una teta siempre será una teta, se dijo.
En vista de tal estado de cosas, decidió agilizar sus gestiones. Un lunes por la mañana, después de una noche de constante conflagración con los muelles del sofá, acudió a un par de oficinas, hizo cola ante un funcionario asomado a su ventanilla y hasta le quedó tiempo para adquirir en un quiosco un periódico deportivo y un par de revistas del corazón. Para el camino, les dijo a los de casa cuando llegó a despedirse. Su mujer le acompañó hasta la puerta, como hacía siempre con el de la compañía de la luz cuando venía a tomar la lectura del contador, no por ser amable sino para que no hurtara algún jarrón del pasillo.
Pues bueno, dijo ella. Y él se vio con ánimo de intentar un atrevimiento: ¿No me rascarías un poquito ahí donde me gustaba tanto?, preguntó.
Ay, hombre, ahora, que tengo las manos pringadas de sofrito.
Lo entendió. Se despidió con mucha prudencia hasta la próxima y bajó andando las escaleras porque ya tendría tiempo allí donde se dirigía de utilizar el ascensor.

2 de mayo de 2006

Es más fácil darse de baja de la Iglesia que de Vodafone



* Apreciada señora: Con fecha de hoy y atendiendo a su petición, hemos procedido a registrar vuestra baja como fiel de la Iglesia Católica. Atentamente, Jaume Riera Rius, Provicario general.

En la entrada del día 13 de abril, Jueves santo, anuncié el principio de esta historia. El desenlace llega tan rápido que no sé si alegrarme o sentirme defraudada por lo deliciosos capítulos intermedios, que han brillado por su ausencia. En fin.


** Y sí, para quienes no lo supierais aún, mi nombre oficial es esa cosa folclórica y rimbombante.

1 de mayo de 2006

Miami Beach: una mirada




30 de abril de 2006

Sábado noche en Cayo Vizcaíno

Última noche en Estados Unidos. Son las 00.24 en Miami, las 6.24 en España, y me meto en la cama después de un día agotador en la Miami International University (agotador a la estadounidense, es decir a-go-ta-dorrrr). Para despejarnos un poco y regalarnos un fin de fiesta a la altura de las circunstancias, nuestros anfitriones nos llevan a cenar a un restaurante cubano de Cayo Vizcaíno, un lugar paradisiaco que parece un parque temático o el decorado de una película. Buena cena, violinista tocando de todo -incluso cha cha cha-, espontáneos bailando, una parejita celebrando sus bodas de oro acompañados de un séquito de nietos, luna mora en el cielo estrellado, calita de arena blanca, yates flotando en el agua y las luces de Miami Beach en algun lugar de la lontananza. Se escuchan risas en la lejanía y sopla la brisa marina. De postre, pastel de queso con lima. Luego, un paseo por la oscuridad de una calzada junto al agua, en la que Gonzalo Moure -el colega con quien he compartido los últimos dos días- miraba, como yo, los aviones que cruzaban en cielo sobre nuestras cabezas pensando, seguramente: mañana a esta ahora estaré allí arriba.
Así es. Mañana nos espera un último y obligado paseo, a Miami Beach, por supuesto, y ya el camino del aeropuerto y el regreso a casa. A estas horas, dentro de casi 24, ya estaré en casa. Estaré a punto de abrazar a mis hijos, recompensa de todos los regresos.
Ya en casa, un último consuelo: Los viajes sólo terminan al deshacer las maletas.
Buenas noches, visitantes. El lunes llegaré un poco tarde, pero llegaré.

28 de abril de 2006

La conferencia alternativa

Cada vez que me siento ante ustedes
señoras y señores, asistentes a esta conferencia
donde no diré nada que ustedes no supieran
o por sus medios no pudieran saber.
Cada vez que les miro y me dispongo
a hablar de lo de siempre ante ojos nuevos
lo que hago en realidad es ofrecer
mi cuello de piel blanca y aún suave
y poner en sus manos un enorme cuchillo
y rogarles: por favor, señor, señora, sea
so kind y rebáneme el cuello
delante de esta gente que nos mira,
curiosa.
Jamás se vio tamaño desenlace
para una conferencia.
Y no crean que no me agradaría
el espectáculo.
Así me siento ahora.
A punto del degüello.
Da igual que me desnude diez veces cada día
delante de decenas de personas.
no importa si me gusta o si me mata.
Me juego la vida cada vez que me calzo
estas botas de andar, de ser otra persona.
Camino por el mundo en la impostura
y lo más terrible es que soy verosímil
como sabemos serlo los buenos narradores.
Incluso aquel para quien me disfrazo,
para quien miento y poso, y soy otra
sólo porque deseo que se quede
(aunque a veces se aleja),
incluso él me cree sin fisuras.

Me haces falta esta noche y ya me asusta
esta cruel traición de las palabras
que también llegará
como llega contigo todo aquello que temo.
Llegará ese segundo, tal vez adormecido,
loco, cargado del deseo que quema,
en que veré en tus ojos el motivo
para apostar el cuello a lo de siempre
(a las cosas que no tienen remedio).
Como no lo tendrá que agarres el cuchillo
con firmeza
después de comprobar la calidad del filo
y lo hundas en mi piel mientras me juras
“siempre estaré a tu lado, alma mía”.

Y alrededor, contentos de la farsa,
aplaudirán todos los asistentes.

Los hijos de Rosalía

Jueves en Miami: Con el aspecto con que me he levantado nadie hubiera querido escuchar mi conferencia de la tarde, así que decido ir a la peluquería. Está junto al hotel, sólo hay que caminar tres minutos bajo el muy ardiente sol. En la pelu, me reciben dos señoras mulatas y algo culonas. Les pregunto si puedo quedarme y me preguntan qué quiero hacer. Les informo de que dispongo de poco tiempo. Apremiada, la que parece más joven le dice a la otra:
-Rosalía, ¡métele mano!
Rosalía es talludita, rellenita, mulata y muy parlanchina (eso lo averiguo más tarde). Se acerca a mí con diligencia. Me pongo a la defensiva (ni siquiera tanta soledad va a hacer que me rinda a los encantos de Rosalía o, por lo menos, que se lo ponga fácil), pero enseguida descubro sus verdaderas intenciones: pretende lavarme la cabeza. Lo hace con tanto brío que es como si me atendiera un águila real. Apurado el trámite, pasamos al tocador, donde, mientras tira de mi pelo con ninguna clemencia (ella lo llama "secar"), Rosalía procede a contarme su vida. Ah, eso es lo que más me gusta de ir a la pelu en países extranjeros. Es una oportunidad de oro para conversar durante un buen rato con gente del lugar. También para una inmersión a lo bestia en la realidad de cada sitio, merced a las revistas y otras basuras que se amontonan en los revisteros de esos nobles establecimientos. Hoy he sabido, por ejemplo, y gracias a un revista llamada Self, que el 54% de las estadounidenses ha fantaseado alguna vez con tirarse a su jefe. O que el 92% prefieren perder 10 libras (unos 4,5 kilos) a disfrutar de 10 días extra de vacaciones. ¿Será para que el jefe se fije en ellas?
Rosalía me cuenta con su natural rudeza las maravillas de unos potingues que vende para adelgazar. Me aseguraba que ella ha perdido 22 libras sólo con tomar unas pastillitas. Dios mío, cómo estaría antes, he pensado, y que bien que la gente de la U.M. (University of Miami) me invitó precisamente ahora y no hace cuatro meses, en que el ataque de Rosalía habría parecido el de una osa parda. Rosalía demuestra adorar los detalles: me cuentac en un momento cuánto gana en la pelu, cuánto gana vendiendo pastillitas a extranjeros, cuántas cajas de pastillitas lleva en el coche, de dónde es la empresa y por qué la ficharon, qué edad tienen sus hijos, de qué humor se levanta su jefa, por qué las peluqueras dominicanas como ella son más apreciadas en Miami, la historia de una hermana que se ha casado con un puertorriqueño y la crónica de su separación.
-¿Cuánto llevas aquí? -digo, intentando hacerme con los mandos de la conversación.
-19 años.
-¿Y tus hijos vinieron contigo?
-No, no, mi amor. Mis hijos se quedaron tres años con mi papá en la República Dominicana. La chica tenía tres añitos. El día en que partí a New York era su cumpleaños.
-Eso debió de ser terrible.
-Un inferno. Me moría sin ellos. Lo hice por puro egoísmo. Tenía que traerlos conmigo.
-¿Y dónde volviste a verlos?
-En mi país, tres años después.
-¿Y qué pensaste cuando los viste de nuevo?
-Los mayores habían crecido mucho. La pequeña casi no me conocía. Sólo pensé: qué mayores están, Dios.
-¿Y qué hiciste entonces, Rosalía? ¿Lo recuerdas?
-Claro que sí, mamá. Llorar. Sólo pude llorar.
Historias que me conmueven: padres / madres que luchan por sus hijos hasta que logran abrazarlos. En cualquier parte del mundo.

27 de abril de 2006

Biblihólicos: sintomatología y tratamiento

Si en Estados Unidos se puede encontrar de todo, en las librerías de Estados Unidos ocurre lo mismo. Descubro Books & Books gracias a Marta Morán, la asesora cultural del consulado español, y de algunos profesores venidos de España para enseñar en Miami durante un curso. En la sección de autoayuda, que en España nunca miro, encuentro algo que me interesa de inmediato: Biblioholism, The Literary Adiction (es decir, Bibliholismo, la adicción literaria). En la portada se ofrece una definición de este terrible mal (que padezco, debo reconocerlo en público, amigos) y que no es sino "la terrible costumbre de comprar, leer, almacenar, admirar y consumir libros en exceso". Junto al nombre del autor, Tom Raabe, aparecen un ángel y el demonio. El primero ordena: "Compra más libros". El segundo, contradice: "No compres más libros".
Los distintos capítulos tienen títulos impagables: "Confesiones de un biblihólico", "Test: ¿Eres un biblihólico?" (aun no lo he hecho, pero conozco los resultados); "Variantes del síndrome: Lectorhólicos, Bibliópatas, Biblioclastas, Bibliófagos", "Somos lo que compramos". El capítulo llamado "Reading" (Leer), está dividido en "Leer en la cama", en restaurantes, en el baño, durante los viajes, en el trabajo o en casas de los no biblihólicos. Horror, yo soy todos ellos, estoy mucho peor de lo que pensaba. Incluso hay un capítulo dedicado al préstamo de libros en el que el autor asegura que existen dos clases de biblihólicos: los que prestan y los que no prestan sus libros. Por supuesto, son casos más graves los del segundo grupo, al cual yo pertenezco.
Para cerrar el trabajo el autor ofrece un tratamiento al mal, que empieza por la total abstinencia (aconseja: sal de tu casa, no dejes libros sobre las sábanas, no busques libros en ningún lugar, ve la tele, haz cosas con las manos, corta el césped, limpia el sótano....), sigue con la recomendación de libros paliativos, algo así como la metadona de los libros, plagados de fotos y sin texto y termina con lo que dice que es la medida drástica pero definitiva para dejar de leer: casarse. En la última página, que sigue a una extensísima y muy interesante bibliografía, el autor se confiesa como un bibliólico irredento. Ha vivido en San Diego y Colorado y reconoce que "en sus días sin libros, aún fue capaz de viajar a Indonesia, Nepal, Afganistán, Irán, Turquía y Europa". Qué fenómeno. Lástima que no se haya traducido.
Con mi tesoro terapéutico en las manos, me dirijo a la deliciosa sección de literatura infantil y juvenil, como siempre hago en las librerías del mundo anglosajón, y disfruto un buen rato mirando, tocando y rebuscando entre los álbumes ilustrados algo que llevarle a mis hijos. Admiro de cerca por primera vez los libros de Eric Carle. Hay muchos y son verdaderas obras de arte. Están destinados a primeros lectores y en muchos casos ni siquiera contienen palabras, ni las necesitan. Después de muchas dudas me decido por uno, 1, 2, 3 to the Zoo, un libro para aprender a contar con animales. En la primera página hay un elefante. Es indispensable que en cualquier libro que se le regale a Adrián haya, por lo menos, un elefante (está loquito por ellos y yo ya soy una experta en libros con elefante). Unas horas más tarde merodeo por la página web de Carle, este admirado y prolífico pintor y contador de historias, nacido en Nueva York en 1929 pero emigrado a Alemania, donde cursó sus estudios y descubrió su vocación y desde donde regresó a su país natal en 1952. Su obra es extensísima y me sorprende descubrir que parte de sus libros -entre ellos el más popular, La pequeña oruga glotona (editorial Kokinos), traducido a 30 idiomas- se pueden comprar en cualquier buena librería española. He aquí una recomendación para papás con niños que empiezan a acercarse a la lectura y no se conforman con cualquier cosa. En la página web de Eric Carle -que contiene una sección dedicada a los libros en español- podéis encontrar todo sobre él.

26 de abril de 2006

Encuestas y cubanos lejos de Cuba


Desayuno en mi primer día estadounidense leyendo que un 29% de los ciudadanos de este gran país, consultados por el rotativo USA Today, desearían que Condoleezza Rice fuera presidenta del gobierno a partir de 2008. Un 40 por ciento se decantan por Hillary Rodham Clinton. No sabemos lo que piensa en 30 por ciento restante en esta encuesta ficticia, puesto que los encuestados responden solo acerca de leading women, mujeres líderes. Qué ganas de hacer encuestas irreales. Ayer paseé por la muy latinoamericana zona —Cuba, Puerto Rico, Peru...— de Coral Gables, sin dejar de escuchar acentos españoles ni poder olvidar que del estado de Florida fueron purgados 8.000 votantes en las elecciones presidenciales del 2004. Los mismos, claro, cuya no interesa en las encuestas. No sé si Cintia, la mujer cubana a quien hoy he encontrado adecentando mi habitación del Holiday Inn, estaría o no en el censo electoral. Lleva 27 años en este país, pasó 8 en España y su mayor sueño es regresar a Madrid, donde nació su hijo, donde ella fue más joven y donde, me ha dicho, pasó mucho frío. En lugar de eso, debe viajar de vez en cuando a Cuba a ver a su padre, muy enfermo, que vive en Santa Clara y llevarle medicinas, comida y algo de dinero. Le pregunto si vive bien aquí, se encoge de hombros y me dice que son ya muchos años.

Hay tres formas de mentira, dice más o menos Benjamín Prado en su última y excelente novela, Mala gente que camina, las falsedades, las ocultaciones y las encuestas.

Pues eso, navegantes. No os dejéis encuestar. Y gracias por estar aquí a la hora acordada.

25 de abril de 2006

Protesta con BILIS

La Plataforma BILIS (Bibliotecarias Independientes, Liberales, Inconformistas y Solidarias) lanzará esta semana una campaña en contra de la liberación de libros (ellos utilizan la palabra «abandono»). La movilización obedece al masivo número de libros —principalmente novelas— que se está produciendo alrededor del día del libro. Como primera medida, y con tal de concienciar a la ciudadanía, se va a lanzar una campaña publicitaria en la que se muestra un gastado ejemplar de La Regenta (primera edición) junto a la puerta de acceso a una vivienda unifamiliar, con el lomo y las cubiertas gastadas por la intemperie. Bajo la imagen puede leerse: Él nunca lo haría.
La presidenta de BILIS, Marciana Hipnótica, cree conveniente dar a conocer el destino de esos ejemplares abandonados «ya que las fuerzas de seguridad no pueden dar salida sino a un veinte por ciento de los mismos (gracias a las campañas de acogida). El resto, transcurrido un periodo de seis meses, son triturados y convertidos en celulosa que se vende a las fábricas de papel higiénico y rollos de cocina.
Luchemos por las causas nobles, sensibles navegantes. Evitemos el ignominioso final de los ejemplares liberados. Démosle la razón a BILIS. Mandemos correos masivos a favor de esta causa. SMS seguidos de la palabra «pásalo». Hagamos una campaña de recogida de firmas.
No abandonéis libros. Es mejor abandonar maridos.
* Amigos, amigas, navegates todos: cuando leáis esto yo estaré camino de Miami. Procuraré mantenerme fiel al blog estos días, pero tendrá que ser en horario de la costa Este de los USA. Es decir: 6 horas menos que en España. Buscadme en vuestra tarde-noche, pero no dejéis de buscarme, por favor.

24 de abril de 2006

Día de Sant Jordi en Barcelona (crónica)

Uf, dijo ella, al saber que se había terminado el infame día de Sant Jordi, aquel en que la gente se lanza en rebañil paseo a la calle con la (noble) intención de adquirir el libro. La misma (noble) intención que, por descontado, no abrazan el resto del año. Y allí estamos los escritores, gurús del día, nombres propios de las letras, dispuestos a soportarlo. Te sientas dentro de una caseta tras un rótulo con tu nombre y ves pasar las multitudes enfervorizadas. Si tienes la suerte de que alguno de los paseantes te dirige la palabra es para preguntarte cuánto vale el libro de Andreu Buenafuente. «Bueno», te dices, resignada, «algo es algo».
A mi lado, Empar Moliner le daba animada conversación a todos los que se acercaban con su libro ¿Desitja guardar els canvis? (Quaderns Crema):
—¿A qué te dedicas? —le preguntó a una rubia oxigenada y sonriente.
—Soy farmacéutica —dijo la rubia.
—Ah, los farmacéuticos, qué bien entendéis a la gente, cómo adivináis sus intenciones y hasta sus males.
La rubia puso cara de desconcierto.
—No, yo no adivino nada —responíó.
Empar continuó, impertérrita, profesional como es, haciéndole un dibujito a la farmacéutica esaborida en la primera página de su flamante libro nuevo.
Hace tiempo que conozco a Empar Moliner, y admiro su trabajo, pero ayer me dio renovados motivos de admiración. Se acercó un señor barbudo, acompañado de mujer e hija y le soltó, con aparente emoción: «¡Eres zurda! ¡A mí me encantan los zurdos!» a lo que Empar respondió: «Muchas gracias, señor, qué amable.» Yo le hubiera dicho: «¿Y por qué?». ¿Veis? ¡No tengo ningún futuro como dedicanta de libros!
Otro lector de Empar y otro diálogo cazado al vuelo:
Empar Moliner: ¿A qué te dedicas?
Lector: Soy químico.
Empar Moliner: Qué buenos lectores sois siempre la gente de ciencias.
(Ancha sonrisa satisfecha del químico en cuestión, naturalmente).
Mientras tanto, a mi lado, Eduard Márquez, otro colega admirado, me daba consejos acerca de cómo hay que responder entrevistas: te pregunten lo que te pregunten, tú respondes lo que te has preparado en tu casa, en tres bloques, procurando que cada uno contenga información esencial. Le dije que lo pondría en práctica en cuento tuviera ocasión.
Lo más lamentable del día: En una de las librerías donde firmé compartí mesa con una actriz joven (17 años, todo lo más) encumbrada gracias a su interpretación en un culebrón de TV3. En la serie, me contaron, su personaje escribe un diario personal. A un editor avispado se le ocurrió la idea de publicar ese supuesto diario. Se lo encargó a una escritora de 30 años cuyo nombre no figura en la portada y utilizó como reclamo de cubierta el rostro hermoso y maquillado de la actriz. Ayer la niña en cuestión se hartó de firmar ejemplares de ese libro que no ha escrito y que acaso ni siquiera ha leído ante una cola de más de 40 personas que se renovaba constantemente. Qué cosas ocurren en Sant Jordi.
Lo mejor fue constatar que Benjamín Prado está más moreno, más delgado y diría que más atractivo que hace un par de años, cuando le vi por última vez. Su novela, Mala gente que camina, tiene un principio prometedor. La leeré mañana, en el avión que me lleve a Miami. Me muero de ganas. Otra que cada vez está más guapa: mi amiga Pilar, visitante asidua de este blog, que debe de haber hechoun pacto con el diablo. Por cierto, el blog de Arcadio García, su pareja, estará entre los enlaces de este sitio desde hoy. Tercera constatación: Gustavo Martín Garzo es el escritor más parecido a las fotos que aparecen de él en las solapas que he conocido jamás.
Por último, dos regalitos que trajo el día: conocí a Ako y a Miwok, también navegantes, que demostraron mucho empeño en encontrarme y lo lograron. Y apareció T.M.G. Sí, sí, no hace mucho me lamentaba del tiempo que llevaba sin verle. Se lo dije y lo repito: Detesto echarle de menos. «Son raros los amigos, desaparecen», escribió Roberto Bolaño. «Son raros los amigos. A veces, vuelven a aparecer.»
Uf, dijo ella, lo mejor del 24 de abril es que faltan 364 días aún para que vuelva a ser Sant Jordi, ese día, al decir de todos, tan bonito y tan especial en que los escritores, en rebañil procesión, salimos a la calle a tener vivencias inolvidables.

23 de abril de 2006

La tormenta en un vaso


Hoy comienza una aventura largamente acariciada.
La tormenta en un vaso es una página de recomendación de buenas lecturas, realizada gracias al entusiasmo y al criterio de una cincuentena de personas, casi todos escritores, aunque también profesores y críticos. Hoy, día del libro, aterrizamos en la red con nuestra declaración de intenciones y algunos apoyos amistosos. A partir de mañana, nuestra bitácora para lectores hambrientos dará mucho que hablar.
Si quieres ser un lector zarandeado por esta agradable tormenta, haz click aquí (o, a partir de mañana, en los enlaces amigos de este blog).
Feliz tormenta, navegantes.

Feliz día del libro, navegantes


* En este multitudinario día de Sant Jordi, estaré firmando libros:
-En librería Laie (Pau Claris, 85), de 14 a 15.
-En la parada de la librería El petit príncep, compartida con editorial Cruïlla (Rambla de Catalunya) de 17 a 18.
-En la librería Proa (Diputació, 250) de 19 a 20.
Se agradecerán visitas que den conversación y ánimo.

22 de abril de 2006

En vísperas

Se publicaron unos 500 libros en 1550, unos 2.300 en 1650, unos 11.000 en 1750, unos 50.000 en 1850. La bibliografía acumulada hasta el año 2000 fue de 50 millones de títulos. En el primer siglo de la imprenta se publicaron unos 35.000 títulos. En la segunda mitad del siglo XX (1950-2000), mil veces más: unos 36 millones.
(...)
La humanidad publica un libro cada medio minuto.
(...)
Los libros se publican a tal velocidad que nos vuelven cada día más incultos. Si uno leyera un libro diario estaría dejando de leer 4.000, publicados en el mismo día.
Gabriel Zaid, Los demasiados libros (Anagrama, 1996)
* Si hoy, queridos navegantes que pacéis en las proximidades, tenéis ganas de salir de casa, estaré firmando libros en la parada de la Rambla de Librería Robafaves, de Mataró, junto con Xavier Gual y Albert Calls. De 12 a 13. Se agradecerán caras amables, conversación liberadora y cualquier otra distracción que creáis oportuna.

21 de abril de 2006

Más que un ejercicio

En el taller literario que estos días estoy impartiendo -y que hoy viernes celebrará su última sesión- insto a los participantes a reescribir la historia de Blancanieves y los siete enanitos desde otra óptica. Ahora Blancanieves es una peligrosa asesina a lo Uma Thurman en Kill Bill y los enanitos, sus víctimas. Hay que encontrar un modo de cargárselos. A los siete.
Tres alumnas optan por el veneno (el modus operandi más popular entre las mujeres asesinas, ¿por qué será?). Una de ellas escoge un asesinato a hachazos, mucho más sucio (además de mucho más cansado). Antes, sin embargo, ha obligado a los enanos a cavar sus propias tumbas, como si fueran víctimas de Corleone.
La mejor es una señora de más de 50 años que decide colocar un barreño de dinamita en la entrada de la mina. Boooooooum! Enanos muertos y enterrados todo en una, qué práctico. "Ay", suspira, sonriendo, cuando terminamos de leer en voz alta el ejercicio, "qué ganas tenía. Debía de ser algún trauma infantil".

20 de abril de 2006

HusbandCrossing (microcuento)

Es la última moda y es muy fácil: accedes a una página web (http://www.husbandcrossing.com/), rellenas un sencillo cuestionario (altura, peso, color de ojos, color de pelo, dimensiones del miembro, disfunciones sexuales, comida y postura favoritas…) y obtienes un número de registro y unas sencillas instrucciones que, una vez impresas en un papel autoadhesivo (lo facilita la organización contrareembolso de una cantidad irrisoria) es conveniente pegar en un lugar visible. En el apartado «Preguntas frecuentes» de la citada página, te explican que lo mejor es hacerlo en la espalda o en la parte posterior de los calzoncillos del marido a abandonar.
El siguiente paso es dejar al marido –ellos lo llaman «liberar»- en algún lugar donde otra persona pueda encontrarlo. Por ejemplo, un transporte público repleto de gente o una estación. Los aeropuertos o las dependencias oficiales están contraindicadas: lo más probable es que el marido liberado termine por parecerle sospechoso a alguien y acabe en comisaría, lo cual daría al traste con todo el proceso. Lo mejor es dejarlo en un parque (aquellos que frecuentan los que salen a correr muy de mañana son los mejores), a la salida de algún colegio (mejor si es de primaria), en alguna reunión de tupper-ware o en un centro comercial los primeros sábados de cada mes.
La trayectoria del marido una vez liberado —y esa es la gracia— se puede seguir luego sin ninguna dificultad a través de la web en cuestión.
Al acceder a ella, lo primero que llama la atención es la hospitalidad del sitio: «Has llegado a un lugar amistoso y te damos la bienvenida a nuestra comunidad de liberadoras de maridos». En la parte superior destaca un mensaje en letras rojas: «¿Has encontrado un marido con la etiqueta de HusbandCrossing? Si es así, por favor haz una entrada en el diario, ¡enseguida!». Al entrar en el diario, el usuario recibe nueva información:
«¿Encontraste un marido HusbandCrossing? Si es así, gracias por llegar hasta aquí. ¡Estamos contentos de contarte entre nuestros amigas! Hay al menos una usuaria anterior de tu nuevo marido que estará muy feliz de saber que está en buenas manos. Tan pronto como hagas una entrada en el diario en referencia al marido que has encontrado, nuestro sistema enviará un email a el/los miembro/s que hayan disfrutado de él antes. Y algún día en el futuro, asumiendo que le abandones de nuevo una vez lo hayas utilizado, ¡sabrás que bien se siente una!”.
Yo misma, atraída por la novedad, liberé hace tiempo un marido (número de registro RA-281095) dejándole en el Puerto Olímpico de Barcelona una noche de sábado. Al acceder hoy, cinco años después, a su página de seguimiento, he obtenido la siguiente información:

Alita from Vilanova y la Geltrú. Mal amante pero muy hogareño. Idóneo para ir al cine a ver películas de acción (pagando tú la entrada). Released in Hotel América de Sitges, Barcelona, Spain. A la media hora ya no estaba.

Browneygirl, from Madrid. Dejé al marido en las escaleras de la estación de metro de San Bernardo. Al día siguiente se lo habían llevado. Me parece una buena idea pero él era un poco flojo.

Spiderwoman, from Valverde de Leganés (Badajoz). Ejemplar algo estropeado. No muy bien dotado (algunas malformaciones, creo que congénitas). Se lo presté a mi prima, recién separada, mamá de 2 niños. No me dijo nada de cómo le fue. Lo tuvo en casa 3 años para ahorrarse dinero en canguros. Luego lo abandonó en el AVE Madrid-Toledo (compartimento de equipajes).

Es la última pista registrada. Si ha tenido más usuarias (o usuarios) no han optado por registrarse o han roto la cadena. Al lado de su número de registro HusbandCossing, aparece ahora una maleta con patas, lo cual indica que en este momento podría estar desplazándose de un lugar a otro, deseando que alguien le encuentre.
Sólo me queda añadir mi gratitud hacia HusbandCrossing y sus responsables. No sólo ofrecen una salida digna para quien, como yo, no soportaba más a sus legítimos. También nos recuerda el valor del reciclaje: siempre hay alguien que puede sacar un buen provecho de lo que a ti ha dejado de interesarte.

19 de abril de 2006

Las simpatías del biógrafo

Ian Gibson acaba de publicar Ligero de equipaje, una biografía de Antonio Machado (Aguilar). Preguntado por las diferencias entre sus trabajos sobre Lorca, Dalí o ahora Machado y el que dedicó a Camilo José Cela, Gibson fue así de sincero:

"Cela fue una sugerencia de la editorial, que acepté pero al que no le dediqué mucho tiempo. Para mí, Cela, el hombre que supo ganar es una aproximación al personaje. Además, no me caía bien y no quería dedicarle tanto tiempo como he dedicado a Lorca, a Dalí y a Machado. Pero yo me identifico más con los marginados, con los personajes que han sufrido."

¿Se os ocurre algo más desatinado que biografiar a alguien que te cae mal? Sí, sólo una cosa: encargar una biografía a alguien que no soporta a su biografiado.

18 de abril de 2006

BookCrossing

Con la finalidad de prepararme física y psicológicamente para el día del libro, he decidido sucumbir a una de las últimas modas tontas de Internet: el BookCrossing. Su inventor, un estadounidense llamado Ron Hornbaker, inventó el concepto de «liberar» libros en lugares públicos.
Para convertirse en un liberador de libros sólo hay que escoger un título de tu biblioteca, registrarlo en la web de bookcrossing (en inglés), pegar en su primera página unas sencillas instrucciones junto con un número de serie que ellos facilitan al finalizar el registro (también se puede escribir a boli, pero es menos elegante) y a continuación abandonarlo en algún lugar donde alguien pueda encontrarlo. Hay lugares buenos y malos para el bookcrossing.
Sus responsables alertan del exceso de celo de aeropuertos u oficinas de trámites gubernamentales (en Estados Unidos sobre todo, claro), donde lo más probable es que tu liberado libro acabe prisionero de la oficina de objetos perdidos, de donde nadie lo rescatará jamás. En cambio, los transportes públicos o las estaciones son buenos lugares, dicen. También hay sitios emblemáticos, como el hueco de cierto árbol de la calle Consejo de Ciento de Barcelona. Los liberadores de libros, eso en lo que he decidido convertirme, incluso tenemos ya nuestro día y nuestra fiesta (ya se sabe: nada existe realmente hasta que se le asigna un día en el calendario). El próximo 23 de abril, sin ir más lejos, va a producirse en más de una docena de ciudades españolas una “liberación masiva de libros”. Sólo tenéis que seguir los pasos descritor y abandonar un libro. En Internet, y gracias al número de registro que habréis conseguido, podréis seguir sus pasos. Investigando descubro, por ejemplo, que los liberadores españoles han decidido dar la libertad a once ejemplares de libros míos. Por ahí andan Okupada, La muerte de Kurt Cobain y hasta Hot Dogs, corriendo de mano en mano y de estación en estación. Bookcrossing ha conseguido 207.000 personas registradas, y el intercambio de 780.000 libros.
Para empezar a ser liberadora de libros, elegí tres volúmenes: Corazón tan blanco, de Javier Marías, en nueva edición anotada y prologada de Crítica; La bombilla que flota, de Woody Allen, en la edición de bolsillo de Tusquets y, por supuesto, uno mío: mi descatalogada primera novela, El tango del perdedor (Alba, 1997). Como Javier Marías es un ser petulante y orgulloso, decidí dejar su obra en algún lugar donde tuviera contacto con la gente de la calle. Nada mejor que mi mercado favorito: el de la Plaza de Cuba de mi emérita ciudad, Mataró. Lo dejé sobre una báscula, mientras la señora no miraba. Como curiosidad, me fijé en que pesaba 650 gramos.
Para Woody Allen elegí algo más acorde con su idiosincrasia: la sala de espera de mi ginecólogo, en Barcelona. A los veinte minutos había desaparecido.
Por último, para mi novela he elegido un destino más lejano. Aprovechando que el día 25 me voy a Miami, he decidido llevarla conmigo y abandonarla allí, en algún lugar que me parezca apropiado para ella, o tal vez en el avión.
Si encontráis alguno de ellos en esta biblioteca inmensa y gratuita en que los BookCrossers quisiéramos convertir el mundo, ya sabéis de dónde viene. Acogedlo como se merece.

17 de abril de 2006

Aburridos sexuales

¡Yo también soy Aries!, me dicen últimamenmte, entusiasmadas, el 23 por ciento —más o menos— de las personas que conozco. Claro, queridos, queridas, ¿y acaso nunca os habéis peguntado por qué somos tantos los Aries? Quitadle nueve meses a nuestra fecha de nacimiento y estaremos en el delicioso periodo vacacional de nuestros padres ene años atrás. Ya lo dijo hace no tanto la encuesta sobre hábitos sexuales realizada por la admirada casa Durex: los fines de semana, las vacaciones y las fiestas de guardar siguen siendo el mejor momento para la coyunda, matrimonial o no. En la citada encuesta, por cierto, quedó bien claro que somos acomodaticios y un poco aburridos. El 96% de la gente prefiere la cama a cualquier otro lugar. La cocina, en plan escena estelar de El cartero siempre llama dos veces, sólo la elige un 8%. Fuera de casa, el lugar preferido es el coche (12%) pero digo yo que eso tendrá su edad y su moemnto, ¿no? Las posturas estrella son: ella encima (un clásico, como el Barça-Real Madrid; 29%) o la enigmática «por detrás» (33%): ¿Seré demasiado complicada o aquí faltan datos para saber qué le gusta exactamente a la peña?
Por último, un dato revelador: sólo el 14% de las parejas heterosexuales utiliza juguetitos (y no valen velas o ropa provocadora, chicos, que eso no son juguetitos). Los que más los utilizan son los bisexuales (28%) y los homosexuales (25%), que nos ganan en imaginación por goleada. ¿Por qué los hetero no? He aquí algunas respuestas lamentables:
1) Para no acostumbrarse a ellos y preferirlos a la pareja (¿os imagináis?: Pepe, hoy duermes en el sofá, yo dormiré con el vibrador (réplica de Nacho Vidal, 22 cm., tres velocidades, látex super resistete).
2) Porque no les hace ninguna falta (jé, ay qué risa).
3) Porque no se lo han planteado (peor aún).
En fin.
Hace algunas semanas compartí con mi mejor amiga una experiencia única, que os recomiendo. Entramos en una sex-shop y compramos vibradores y otras chucherías. Parecíamos dos lesbianas. Y, además, estábamos muy orgullosas de parecerlo.

* Por cierto, para dar con la refrescante ilustración superior, he intentado dos búsquedas en Yahoo: «plátano» (héla) e «higo». Ningún problema con la primera. Al intentar la segunda, he tropezado con un mensaje del servidor: «Los resultados de la búsqueda higo pueden contener contenidos para adultos». Emocionada, intento con «nabo». Ninguna alerta: algunas fotos de la verdurita en cuestión, algunos señores muy ufanos de criar sus nabos (los vegetales) y nada más. Otra desolación: al buscador de Yahoo tampoco le entiendo.

16 de abril de 2006

Marcianos vaticanos

En la Casa dels Concilis de Tarragona, muy cerca de la Catedral, se acaba de inaugurar el Museo Bíblico, donde puede admirarse, según leo en La Vanguardia, una reproducción de la Sábana Santa, fragmentos de las pinturas de las catacumbas de Roma (originales), una maqueta del Templo de Jerusalén, un cocodrilo disecado de Tebas o la momia de un halcón, proveniente de un enterramiento egipcio. He de reconocer que no esperaba esas veleidades zoológicas en el museo bíblico tarragonés. Todas las piezas fueron reunidas por el canónigo Josep Vallès durante sus numerosos viages a Tierra Santa, dice la noticia. Ya imagino al santo hombre expoliando antigüedades con exaltación cristiana.
Como todo el mundo sabe, el tráfico ilegal de obras de arte no es pecado. No ha dicho nada de ello, por lo menos, la Instrucción Pastoral que en estos días pascuales me ha tenido henchida de misticismo. Hablo del escrito otorgado por la Conferencia Episcopal Española y titulado «Teología i secularización en España. 40 años después delConcilio Vaticano II». Esto de los 40 años después lo especifican por si alguien puede llegar a pensar que el texto es contemporáneo del Vaticano II o incluso anterior. De hecho, me temo que el emperador Constantino era más moderno que la mencionada Instrucción.
En ese texto, la conferencia episcopal ha llamado públicamente al orden a algunos de sus más destacados discípulos, considerando que ofrecen «una concepción deformada de la iglesia». Concepción que han comparado con una patologia que afecta a un cuerpo humano y que conviene eliminar. Y eso han hecho, pública y notoriamente: extirpar patologías.
Marciano Vidal —qué afortunado nombre, en estas circunstancias— ha sido uno de los regañados. Este teólogo leonés de 65 años, muy influyente desde los años 70 y traducido a muchos idiomas (entre ellos el coreano) se atrevió a justificar en sus escritos conductas tan desviadas como la homosexualidad, la masturbación, la contracepción o la reproducción asistida. Válgame Dios. ¿Es cierto lo que leo? ¿Se atrevió el reverendísimo a afirmar que poner impedimentos a parir cada año es pecado, por ejemplo? ¡Me hago cruces! Por todo ello, con toda lógica, fue obligado por el pontífice Ratzinger-Z a retractarse públicamente, como un Galileo cualquiera (aunque con consecuencias más graves, porque al fin y al cabo que la tierra fuera redonda o plana no afectaba a la gente de a pie). Qué aficionada es la iglesia a esos «donde dijiste Digo di ahora Diego, guapo, o verás lo que es bueno».
Veamos un segundo ejemplo. El sacerdote jesuita Anthony de Mello, nacido en Bombay en 1931, ciudad donde murió en 1987. Sus doctrinas, seguidas por muchos fieles, son perniciosas por motivos algo menos inteligibles para esta humilde cronista matutina aunque la caza de brujas contra él es mucho más antigua. Ratzinger era cardenal cuando hizo que Juan Pablo II firmara una amonestación contra el jesuita. ¿Los motivos? A ver si vosotros comprendéis algo: «Por sustituir la revelación de Cristo por una intuición de Dios sin forma ni imágenes, hasta el extremo de hablar de Dios como de un vacío puro». Aviso para navegantes (qué apropiado): ¿Habláis de Dios como de un vacío puro? ¿Sustituís su revelación por una intuición sin forma ni imágenes? Pues tened cuidado, porque cualquier día os acusan de ser «una causa de grave escándalo para la comunidad eclesiástica». Por menos se han creado iglesias.
En fin. El objetivo de la Instrucción con que empezó esta Pascua y que hoy me ha traído hasta el teclado con tanto arrebato era, como ya he dicho, corregir «la concepción deformada de la iglesia». ¿Pensábais acaso que había cierta esperanza de modernización? ¿Que entre los obispos actuales hay alguno que pueda arrojar alguna luz en el oscuro y triste camino de los fieles? Pues no. Por fortuna para los afectos a la época de las cavernas, los obispos se han encargado de extirpar patologías a la vez que dejan claro el ideario de la casa: no al sacerdocio femenino (qué enrollados, estos tipos), no a las uniones homosexuales (al matrimonio, horror, ni mentarlo, claro), no a las absoluciones colectivas (¿has pecado? Pues jódete). Ser homosexual es pecado, igual que abortar o practicar la eutanasia. Masturbarse también los es. Como fornicar, aunque tranquilos, en este caso aún hay una posibilidad: si se fornica dentro del matrimonio y con finalidades reproductivas, está bien. Lástima que fornicar así inhibe la líbido de ambas partes.
Qué negro panorama, hermanos, hermanas. Claro que, siguiendo el ejemplo de la Curia, siempre nos queda entregarnos con entusiasmo al robo de obras de arte en Tierra Santa. Lástima no haberlo sabido un poco antes, porque nos podríamos haber montado unas vacaciones de Pascua de lo más alternativo.
Feliz último día de fiesta, visitantes.

15 de abril de 2006

Errare humanum est

Robert Louis Stevenson, el creador de La isla del tesoro, recomendaba a los escritores que jamás se sentaran a escribir sin un calendario y un mapa, para evitar así algunos errores que a él le gustaba afearle, sobre todo, a Walter Scott, a quien no soportaba Por ejemplo, señalaba uno muy divertido en El señor de Ballantrae, donde un jinete recorre en un día la distancia que le separa de su amada. El mismo camino, a la vuelta, lo hace en dos horas y media. ¿Sería acaso, que al enamorado se le eternizó la ida o que a la vuelta tomó la autopista?

He aquí algunos otros ejemplos de gazapos literarios, clásicos y no tan clásicos. Como quedará claro, uno de los problemas más graves con que tropezamos los autores es la descripción de los rasgos físicos de los personajes.

-La cicatriz en la mejilla de Rochefort, de Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas: en la pagina 29, le cruza la mejilla, en la 60 la tiene en la barbilla y en la 70 en la sien.

-El color de ojos de Emma, la protagonista de Madame Bovary, de Gustave Flaubert cambia tres veces a lo largo del libro. De miel a azul y de azul a negro. Fascinante.

-Las lágrimas del tuerto: En Sinuhé el egipcio, de Mika Waltari, se cuenta que Sinuhé compra un esclavo tuerto que es uno de los personajes secundarios de mayor importancia en la historia. Habla en varias ocasiones de su sirviente como "cíclope", en alusión a su único ojo. Casi al final, el cíclope, Kaptah, aparece con "los ojos llenos de lágrimas".

-Los bichos raros de Eco. En Baudolino, Umberto Eco (capítulo 32) dice que Baudolino y sus compañeros acuerdan entrenar a unos de los extraños habitantes de Pndapetzim, los PANOCIOS, para volar, ya que poseen unas orejas muy grandes. En un mismo párrafo se dice que Colandrino acostumbraba a los PONCIOS a volar (los poncios son otros raritos: tiene los órganos sexuales en el vientre) y que no se podía circular por la ciudad de Pndapetzim porque en cualquier momento te caían un PANOCIO en la cabeza. Un lío, ni el autor se aclara.

-El viaje interminable. En Bola de sebo, de Guy de Maupassant los personajes viajan once horas, según se dice. Pero si se suman bien los datos del autor (cuatro veces dos horas de reposo a los caballos = 8 horas + 6 de camino), dan 14.

-Extraterrestes lerdos. En Cazadores de sueños, de Stephen King, los extraterrestres envían una serie de números primos para demostrar su inteligencia, pero incluyen el 27, que no es primo.

-Tinte rápido. En El señor de las moscas, William Golding, se dice de Jack: "su pelo rojo resaltaba bajo la gorra negra.". Más adelante se habla de "su cabellera rubia, bastante más larga que cuando cayeron sobre la isla."

-Ojos cambiantes. En Hermosos y malditos, de Francis Scott Fitzgerald, se nos dice cuando se nos presenta al protagonista, Anthony Patch, que tiene los ojos azules. Hacia la mitad del libro, son negros. Al final, vuelven a ser azules. Sin duda esta es una patología que afecta a los seres de ficción. La misma que aquejó a Emma Bovary. A Fitzgerald le habría venido bien el calendario del que hablaba Stevenson: la acción se nos dice que transcurre en febrero, luego en mayo, y al final vuelve a ser febrero.