13 de marzo de 2006

Ahora lo entiendo todo

Dice el editor Jaime Salinas (ex-Barral, ex-Alianza Editorial, ex-Alfaguara, ex-Director General del Libro) hoy en El País:


Nunca fui un gran lector, ni creo que tenga una lectura suficientemente formada. Mientras trabajé con Barral comprendí que no se trataba de publicar los libros que me gustaran, así que mi relación con los libros era a través de terceras personas, los que me sugerían que se publicaran. Yo raramente leía los libros que iba a publicar... (...) Lo aprendí de Einaudi, en Italia. Giulio Einaudi me invitó a estar en su comité de lectura, que era impresionante. Sólo intervenía cuando se atascaba el diálogo. Luego me explicó que él no leía los libros, se dejaba llevar por lo que iba escuchando. Y yo, que no era un gran lector de libros, adopté esa actitud. (...) En Alfaguara, más que un editor fui lo que los anglosajones llaman un publisher. Yo no he desempeñado, como editor, una labor de tipo intelectual; me encargaba de la organización, de la estructuración de los programas, de las relaciones públicas...

Es como si tu médico te recetara algo no por lo que él ha visto al reconocerte, sino por lo que tus familiares le dicen sobre tu estado general. Como si un cocinero mezclara los sabores guiándose por cómo le dicen que son sus ayudantes de cocina. ¿Tendrán también los anglosajones una palabra para esto?
En realidad, los más cercanos a estos editores que describe Salinas, son los políticos. La política, ah, ese territorio donde el asesor gobierna y el mandamás acata. Otro feudo de la mediocridad, por cierto.

7 comentarios:

César dijo...

Todo puede contemplarse desde muchos puntos de vista, Care. Si supiéramos qué libros le gustan a Jaime Salinas, quizá consideraríamos acertada su postura de fiarse de las opiniones ajenas para elegir qué publicar. A lo mejor no se trata más que del humilde reconocimiento de las propias limitaciones ;-)

Amaia dijo...

Si tiene esas limitaciones... que se limite a otra profesión, ¿no?

sfer dijo...

Jamás entenderé a la gente que dedicándose a alguna de las profesiones relacionadas con los libros, no lee. Es una lástima que sea algo tan común, por ejemplo, entre los bibliotecarios. No imaginaba que también fuera algo común entre los editores, pero por lo visto así es...

miwok dijo...

Yo quiero ser editora y lo de este hombre me parece bastante fuerte...

Braulio Llamero dijo...

Sed realistas: pese a su confesión, Salinas era todo un intelectual comparado con quienes hoy toman las decisiones en las grandes editoriales. Estos no es que no lean, es que ni deletrean. De ahí lo que se publica...

nane dijo...

A mí, sus palabras me parecen un ejercicio de sutil autojustificación. Aunque no parece estar pidiendo perdón a los autores y autoras a los que no leyó, quizás alguno de ellos piense ahora que existió una razón distinta a la mediocridad o a la falta de calidad literaria, para que alguien rechazara su original. Bendito sea este día si alguien en algún lugar se siente un poco mejor.

Javier Esteban Gayo dijo...

No sé, pero no me ha parecido entender Salinas "no lea", sino que prefería dejarse asesorar por otra gente con un criterio que reconoce como valioso en lugar de dejarse arrastrar por sus propios prejuicios (de lo que "acusa" un poquito a Barral, por ejemplo.) Y también me ha parecido un gesto de humildad, más que otra cosa.