4 de marzo de 2006

Una de blinis!

Los blinis entraron en Rusia hace diez siglos procedentes de Oriente Medio. Sólo hay que verlos para reconocer su parentesco con los mezze, los entremeses típicos de países como Siria, Turquía o Grecia. También recuerdan a las tortas de pan griego, aunque son más esponjosos. Se sirven como aperitivos antes del plato principal. También se suelen dar a las embarazadas antes de parir o servirse en las cenas de los funerales, esas solemnes celebraciones en que los rusos comen y beben hasta hartarse. Lo suyo es servirlos con caviar (de Beluga, el más grande, o cualquier otra variedad: Osetra, Sevruga, Paiusnaya o Malossol), y también con aranque y salmón. A partir de ahí, el sincretismo hace que puedan darse blinis con cualquier cosa.
Para que nadie se quede con las ganas, he aquí la receta de unos perfectos blinis:

250 gramos de harina
2 vasos y medio de leche
3 huevos
1 cucharada de azúcar y otra de sal
100 g de mantequilla

Se mezclan todos los ingredientes hasta obtener una masa homogénea y se fríen brevemente y por ambos lados en una sartén previamente engrasada con mantequilla. Se sirven recién hechos, aún calientes, cubiertos con una cucharadita de caviar o cualquier otra cosa, al gusto.

Y si preferís que os los den hechos, permitidme una recomendación: Restaurante Rasputín, en la calle Yeseros, de Madrid. Allí celebré, en buena compañía y honda coherencia, el premio a El anillo de Irina, mi novela rusófila.

4 comentarios:

Amaia dijo...

Ese restaurante es muy bueno, sí, la comida está deliciosa... mmm
Además, no está mal de precio, y la música de ambiente es muy bonita.

Vaya, que yo también os animo a ir si no lo conocéis =)

miwok dijo...

Pues habrá que ir, tiene muy buena pinta...

Anónimo dijo...

He comido sólo dos veces en ese restaurante. La primera fue muy especial, y no sólo por lo iniciática, éramos seis. Hablamos mucho de literatura (por aquellos entonces Irina se gestaba aún, lo sé), comimos, nos reímos, e incluso hubo alguna que otra proposición interesante en el baño compartido (de ésas que lo son más por pretenecer a ese espacio difuso de lo que sólo se imagina). La segunda vez, recién premiado El anillo. Comí poco ese día, la verdad. Me alimenté de cariño y de la compañía, variada y algo exótica por cierto. Dos escritoras, una actriz y su representante. Todas mujeres. Hubo también algunas ausencias, por eso hay que volver una tercera a brindar por la amistad, uno de esos regalos que nos da la vida.

mazarbul dijo...

Me apunto el dato, y la proxima vez que viaje a los madriles, intentaré hacer hueco para comer allí.