29 de marzo de 2006

Desnudarse ante extraños

Encuentro con lectores en Fraga, ayer por la noche. Me preguntan por detalles de Intemperie, uno de mis primeros libros, que acaban de leer. Me doy cuenta de que no puedo contestar. Hay cosas que no se cuentan. No quiero dar explicaciones sobre la génesis de ese libro. A veces dar explicaciones es lo más parecido a desnudarse. Y no es cuestión de desnudarse delante de sesenta desconocidos. Una se desnuda cuando y ante quien quiere.
Por ejemplo, aquí. Escribí ese libro en el peor momento de mi vida. Al contrario que la mayoría de mis novelas, y que yo misma, es un libro triste. Se nota que está escrito con las tripas. O desde una posición cercana al desequilibrio. A veces me duele incluso recordar todo lo que lo hizo posible -qué ausencias, qué presencias, qué desenlaces indigeribles, qué viajes...-. Más aún darme cuenta de que en algunas cosas que entonces no sospechaba, llegó a ser premonitorio. Cuando quiero que alguien me conozca un poco más que el resto de la gente, o cuando alguien me importa, le regalo Intemperie. Suelo pensar que si sale indemne de su lectura, si no se deja abrasar ni congelar por sus temperaturas extremas, es alguien que debe quedarse. Tiene coherencia: este es un libro por el que pasó mucha gente que ya no está. La gente que me quiere de verdad suele amar también este libro.
En fin. Me preguntan por sus historias, por sus nombres, por su razón de ser. Ante la imposibilidad de callar, hago lo de siempre: invento. En este caso, es un acto equivalente a ponerse un disfraz. Uno que proteja la piel de cualquier agresión, uno que me haga sentir a resguardo.

5 comentarios:

Darkverzight dijo...

Care, no sabía qué significaba este libro para ti, pero si recuerdo la dedicatoria que me escribiste en él, y lo nada indiferente que me dejaba cada cuento, cad uno con su propia temperatura, y que aún hoy puedo recordar la sensación que dejaba cada cuento entro de mí.
Y aunque el libro sea genial (no todos los libros consiguen desperat "eso" dentro de una), me alegro que esa etapa haya quedado atrás...porque aunque esos momentos suelen ser muy creativos literariamente hablando, y se aprenda mucho de una misma, no valen la pena...
Un besazo Care
(a ver si nos vemos un día de estos....:-)

Matías dijo...

Pues yo ahora mismito lo tengo delante. Creo que esta mañana me leeré de nuevo el cuento de la escultora de hielo. Va por ti.
Yo a ver si el año que viene me hago mi librito de cuentos y consigo moverlo.

Amaia dijo...

Pues yo no lo he leído :(
Miwok, ¿me lo dejarás?

miwok dijo...

Te lo dejaré,Ako...yo no sabía que era tan "especial" este libro...

mazarbul dijo...

Sin llegar a la truculencia y al morbo por el morbo, me confieso interesado por saber cómo gestaron los escritores tal y cual novela. No quiero decir si en ese momento pasó por tal penuria o desgracia, sino al hecho de cómo se fue gestndo, de donde vinieron las ideas, los cambios posteriores, etc... Hay escritores que son celosos de su intimidad como tal, les da miedo mostrar sus manías o costumbres a la hora d eescribir. Pero lo reconozco, me atrae saber las circunstancias de escritura, los motivos que le llevaron a tal tema, y porqué decide una cosa u otra. Disfruté enormemente con las cartas de Flauvert a una amante mientras escribía Madame Bovary, contándole lo mal que lo pasaba (y a mi me parece que yo lo paso mal, aquel hombre sufría de lo lindo). Pero ya digo, sin morbo, más bien por conocer la arquitectura que por convertirlo todo en un gran hermano