26 de julio de 2007

Instancia


Yo, Care Santos Torres, mayor de edad, con DNI talycual, residente en Mataró

EXPONGO

Que no hace ni diez minutos he estado a punto de caerme por las escaleras de mi casa, lo cual me ha llevado, de pronto, a reflexionar sobre la conciencia de la cuenta atrás, que te alcanza sin previo aviso mientras estás a tus cosas.
Que, una vez hecho el pertinente análisis, declaro tener mucho quehacer pendiente.
Que, tras un somero cálculo, estimo en veinte años el tiempo necesario para dejarlo todo convenientemente resuelto. Mejor si son veinticinco. Eternamente agradecida si se me conceden treinta. Más, sería un despilfarro.

Según lo cual

SOLICITO

Una prórroga de, al menos, veinte años (7.300 días, 175.200 horas, aproximadamente diez millones y medio de segundos) que invertiré en terminar las tareas pendientes y saldar mis deudas (las económicas y las otras).

Y para que así conste, lo firmo en Mataró en el año 2007, dos días antes de marcharme de vacaciones.

25 de julio de 2007

La parejita en South Park



Buscad vuestra personalidad South Park aquí

Nómadas y sedentarios

Dice Walter Benjamin al hilo de la obra de Nikolai Leskov que existen dos clases de escritores: los viajeros y los sedentarios. Los primeros viajan primero y cuentan después; entroncan con la tradición oral del viejo contador de historias que experimentó en carne propia. Necesitan a sus oyentes para existir, de modo que cuidan mucho la seducción que ejercen sobre ellos.
Los segundos meditan, reflexionan y no necesitan ir sino a la esquina para estar convencidos de que tienen algo que decir. Quién hay al otro lado no importa en absoluto, ya que ellos no necesitan a nadie ni de nadie para seguir existiendo. Su introspección es autógafa. Y es en esa autofagia donde radica su fuerza.
Kafka, Conrad, Melville, Turguéniev, Balzac, Flaubert, Faulkner, Dostoyevski... Si no fuera tan fácil saber a cuál de los dos grupos pertenece cada uno podríamos considerar que este entretenimiento es un juego.
Claro que están también los inclasificables, los que beben de las dos tradiciones: el propio Leskov que inspitó a Benjamin en su reflexión, Borges, Cervantes, Virgilio...

Walter Benjamin afirmar que la novela del XIX terminó para siempre con el gusto por seducir de la narración oral.
No hace tantos días se hablaba de seducción en el Congreso Atlas Literario Español, en Sevilla. También allí había dos grupos de narradores bien diferenciados, que tal vez se habrían identificado con esta clasificación de Benjamin.

Colofón: ¿No existirán también dos grupos de personas: las viajeras que vuelven para contarlo y las sedentarias que nunca parten y nunca regresan?

24 de julio de 2007

Refutación de la barbarie

Montaige: Cada cual llama barbarie a lo que no forma parte de sus costumbres

Barbarie: Rusticidad. Falta de cultura.

Costumbre: Modo habitual de obrar establecido por tradición o por repetición.

Cultura: Resultado o efecto de cultivar los conocimientos humanos y de afinarse por medio del ejercicio las facultades intelectuales del hombre, como la lectura.

Lectura: Acción de leer.

Leer: Comprender o interpretar un texto.

Comprender: Abrazar, ceñir, rodear por todas partes una cosa, alcanzar, encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de otro.

Abrazar: Estrechar entre los brazos en señal de cariño.

Ergo, como se deduce de la lectura atenta y acostumbrada del diccionario, leer fulmina la barbarie.

23 de julio de 2007

Existir

En Bailando sobre la tumba, una de mis lecturas para este verano, afirma su autor, el antropólogo Nigel Barley:

«No es preciso haber existido para que a uno le lloren».

No es preciso existir para ser amado. De niña, solía enamorarme de los personajes de ficción. Miguel Strogoff, qué gran mito erótico de mi juventud. Muchos años después volví a enamorarme de algún hombre ficticio, pero ni yo era ya la cándida preadolescente que sale indemne de todas las pasiones ni él —me temo— tenía el porte ni los bigotes del correo del zar.

¿Existo porque amo? ¿Amo para existir? ¿Me aman lo suficiente para lograr mi existencia?
Colofón: Vivimos 150 años. 80 nos los permite la biología. Los otros 70 nos los otorga el recuerdo que dejamos en nuestros sucesores.

20 de julio de 2007

El jueves secuestrado


Malpensados: son Tom Cruise y Katie Holmes, ¿o es que no se nota?
La noticia tal y como la ha publicado El Periodico de Catalunya está aquí y no tiene desperdicio.

19 de julio de 2007

El filo de la hierba, de Harkaitz Cano

A veces los fragmentos superan en belleza a la totalidad: también las casas vacías son con frecuencia más sugerentes que las habitadas y los cuadros de Turner inacabados son más hermosos que los clausurados con la última pincelada; el mismísimo Guernica de Picasso emanaba muchísima más fuerza antes de ser acabado. Nada puede superar la fuerza de una obra de arte abierta. No existe obra cerrada que supere a una obra de arte dejada a medias. La libertad, finalmente montada, ensamblada y atornillada, puede convertirse en algo francamente irritante.

Roca Editorial, 2007

18 de julio de 2007

Forum del Fnac, L'Illa, Barcelona, hace una semana


En la foto, con Alicia Soria, que dijo cosas inteligentes de El síndrome Bovary. La foto, es de DOG, que hizo horas extras por estar allí.

17 de julio de 2007

Gemelas

Hace algunas semanas me ocurrió algo muy raro. Fue en un avión, una azafata a quien yo no había pedido nada se me acercó de pronto y me preguntó si por casualidad tengo una hermana gemela. Le dije que no, claro. Entonces me soltó:
—Perdona, pero es que conozco a una chica que es exactamente igual que tú. Sois como dos gotas de agua.
No en vano el doble es uno de los grandes temas de la literatura. Es fascinante. Todos hemos pensado alguna vez en este calco de nosotros mismos que, dicen, pulula por el mundo, como si tuviera algún sentido que la mitad del planeta fuera la imagen especular de la otra mitad.
En una de mis pesadillas más recurrentes regreso a casa después de un viaje o de una cena y me encuentro con la doble, la usurpadora. Duerme en mi cama, gasta mi champú, se sienta frente a mi ordenador, se come mis pipas y contesta al teléfono cada vez que preguntan por mí. Lo hace con la naturalidad con la que hacen las cosas los monstruos.

Leo en la prensa que una adolescente colombiana de catorce años salió a almorzar con sus padres a un restaurante y en el lavabo tropezó cara a cara con su pesadilla. la muchacha que se lavaba las manos en la pila era calcada a ella. Calcada. Cromosoma a cromosoma.
La solución al enigma es como de serie sin presupusto para el argumentalista: el padre de la primera de las dos chicas es un médico que, hace catorce años, atendió el parto doble de una adolescente. Una de las niñas se dio en adopción de manera legal. A la otra se la llevó a casa a escondidas. En el certificado, firmado por él, afirmó que sólo había nacido una. Por lo visto no tuvo en cuenta que antes o después todos terminamos recibiendo noticias de nuestro doble.
A modo de conclusión y ahora que lo pienso: mi pesadilla ya no me parece tan terrible. La próxima vez que tropiece con mi doble, le daré trabajo. Puede ayudarme con los montones de ropa que siempre tengo por planchar o llevar a los niños a la piscina o preparar algo de comer. Puede que la repostería se le dé mejor que a mí. Y tal vez ella sí sepa coser.
Qué coño, formaremos un gran equipo.

16 de julio de 2007

George Orwell: Por qué escribo

Dejando aparte la necesidad de ganarse la vida, creo que hay cuatro grandes motivos para escribir, por lo menos para escribir prosa. Existen en diverso grado en cada escritor, y concretamente en cada uno de ellos varían las proporciones de vez en cuando, según el ambiente en que vive. Son estos motivos:

1. El egoísmo agudo. Deseo de parecer listo, de que hablen de uno, de ser recordado después de la muerte, resarcirse de los mayores que lo despreciaron a uno en la infancia, etc., etc. Es una falsedad pretender que no es éste un motivo de gran importancia. Los escritores comparten esta característica con los científicos, artistas, políticos, abogados, militares, negociantes de gran éxito, o sea con la capa superior de la humanidad. La gran masa de los seres humanos no es intensamente egoísta.

Después de los treinta años de edad abandonan la ambición individual -muchos casi pierden incluso la impresión de ser individuos y viven principalmente para otros, o sencillamente los ahoga el trabajo. Pero también está la minoría de los bien dotados, los voluntariosos decididos a vivir su propia vida hasta el final, y los escritores pertenecen a esta clase. Habría que decir los escritores serios, que suelen ser más vanos y egoístas que los periodistas, aunque menos interesados por el dinero.

2. Entusiasmo estético. Percepción de la belleza en el mundo externo o, por otra parte. en las palabras y su acertada combinación. Placer en el impacto de un sonido sobre otro, en la firmeza de la buena prosa o el ritmo de un buen relato. Deseo de compartir una experiencia que uno cree valiosa y que no debería perderse. El motivo estético es muy débil en muchísimos escritores, pero incluso un panfletario o el autor de libros de texto tendrá palabras y frases mimadas que le atraerán por razones no utilitarias; o puede darle especial importancia a la tipografía, la anchura de los márgenes, etc. Ningún libro que esté por encima del nivel de una guía de ferrocarriles estará completamente libre de consideraciones estéticas.

3. Impulso histórico. Deseo de ver las cosas como son para hallar los hechos verdaderos y almacenarlos para la posteridad.

4. Propósito político, y empleo la palabra "político" en el sentido más amplio posible. Deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir. Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí misma una actitud política.

13 de julio de 2007

Vicente Luis Mora: Escritura, ideología, cultura de masas

A mí lo que me interesa de la tradición es reventarla. Pero, obviamente, para destruir algo, y de esto saben los ingenieros que derriban casas, hay que conocerlo bien. A fondo. Hay que saber dónde están los cimientos, para colocar las cargas explosivas en el lugar exacto. Una bomba literaria colocada en un tejado no produce efecto alguno. Pero una sacudida en algunos cimientos de la novela, como el narrador omnisciente impersonal, o la linealidad del tiempo narrativo, es significativa. Alguien decía que en España se sigue haciendo novela como si Joyce, Musil o Beckett no hubiesen existido. Y tenía razón, así es. No hay que imitarles, hay que imitar su ejemplo, su capacidad innovadora, su reflexión crítica acerca de la tradición precedente. Suelo repetirlo: el 90% de lo que hoy consideramos clásicos indiscutibles eran autores que en su tiempo eran experimentales o fueron incomprendidos.


* Me perdí la intervención de Vicente en Atlas Literario Español, el congreso de la Fundación Lara, en Sevilla. Ahora he podido recuperarla en su magnífico blog. Es una de las pocas cosas buenas que ha tenido toda una tarde pensando qué es, qué límites tiene y por qué interesa tanto a los suplementos (al mío, por lo menos), la llamada Generación Nocilla.
Cualquier día me arremango, y dedico un post al asunto.

12 de julio de 2007

REC, lo último de Jaume Balagueró

Se estrena a finales de agosto. No os lo perdáis.

11 de julio de 2007

Llega Impedimenta



Me pide Enrique Redel, que es el papá del invento*, que le diga qué logo me gusta más. Y yo os traslado la cuestión, navegantes, por si os apetece opinar.

* El invento es una nueva editorial que lanzará sus primeros títulos, suculentos, en septiembre. No os la perdáis, sibaritas.

10 de julio de 2007

Woody Allen rueda en Barcelona








Las imágenes están tomadas la mañana de hoy martes, día 10, a las 11.30 en Las Ramblas.
* En la segunda y la tercera se ve, allá al fondo, en mitad de Las Ramblas, al propio Allen. En la cuarta y la quinta, la chica de negro que arrastra un trolley es Scarlett Johanson. Sin olvidar a los de seguridad y a los paparazzi, que esta mañana tenían mucho trabajo.

Ayer terminó todo (hasta septiembre)

En Blue Monday

9 de julio de 2007

Sugerir

Hard Candy es una película rodada en Estados Unidos de forma independiente por David Slade, que fue la revelación del Festival de Cine Fantástico de Sitges del año pasado. La historia tiene como trasunto la pederastia, pero en realidad va mucho más allá: es una película sobre la crueldad. Sobre la humillación y la crueldad extremas. En ella, un hombre maduro se cita con una encantadora jovencita que resulta ser apenas una adolescente. Después de un primer encuentro en un bar, él la invita a su casa. Y una vez allí, las tornas de lo que era una relación claramente controlada por el adulto, cambian de un modo drástico.
La encantadora Hayley resulta poseer una mente capaz de planificar y llevar a cabo una orquestada maniobra con tal de aniquilar al presunto pederasta -que a lo largo de la película perderá el adjetivo que lo salva de ser un salvaje- y consumará su venganza.
Hay una escena terrible. No exagero si digo que en algún momento me faltó hasta el aire, de impresionada que estaba (reconozco que soy un alma sensible). No quiero desvelar mucho, pero en esa escena hay una bolsa de hielo, algunos instrumentos quirúrgicos, un hombre atado a una mesa y una adolescente con guantes de látex que juega a los médicos de la manera más sádica. También hay un engaño que no voy a desvelar, pero que es el meollo de toda la cuestión. Y qué meollo. Se termina la película y esa escena sigue en tu cerebro, como la carcoma: royendo, royendo... Y un detalle importante: a pesar de la enumeración, no hay ni una escena explícitamente desagradable en toda la cinta. Todo lo que nos impide respirar está en nuestra cabeza, no en la pantalla.
He aquí uno de los secretos de las buenas historias: su capacidad para evocar mucho más que para mostrar. Su capacidad de sugerir verdades que entendemos como objetivas cuando estamos inmersos en la ficción y que son capaces de despertar en nosotros intensas emociones.
Lo que consigue Hard Candy es exactamente aquello que yo misma persigo tantas veces, cuando me propongo contar un cuento: emocionar evocando. Si tenéis ocasión, un video club cerca y un estómago a prueba de bombas, no os perdáis esta película sobre la violación de la inocencia. Comenzando por la del espectador.

8 de julio de 2007

6 de julio de 2007

Abismo

Leo, conmocionada, el caso de un alto ejecutivo vasco instalado en Inglaterra. Lo tenía todo: juventud, un ascenso recién concedido, un trabajo (estupendo y bien pagado en una empresa de seguros mundialmente conocida). La propia empresa le costeaba el apartamento londinense donde vivía con su mujer y su hija de dos años, Yanire.

Un sábado de abril, el matrimonio y su hija viajan de Londres a Bilbao para asistir a la boda de un amigo. Allí son el centro de todas las mitadas, un modo como otro de decir que son la envidia de todo el mundo. A él, dicen los testigos, se le vio orgulloso en su papel de esposo y padre, la típica imagen del hombre feliz porque lo tiene todo.

Cuatro días más tarde sus amigos tropiezan con su fotografía en el periódico. No en la sección de "Economía", como cabía esperar, sino en la de "Sociedad", que antes de la era eufemística se llamaba "Sucesos".
La notica cuenta cómo una vecina de la pareja, alertada por el escándalo que escuchó en el apartamento del joven empresario —golpes, gritos, gemidos amortiguados—, avisó a la policía. Cuando los agentes llegaron encontraron a la mujer con un ataque de histeria, al marido encerrado en el cuarto de baño y a la pequeña Yanire sangrando por la boca, la nariz y los oídos. La niña murió pocos días más tarde en un hospital londinense, mientras su padre era ingresado en un centro de salud mental.

¿Cuánto tiempo es necesario para destrozar a golpes el cráneo de una niña de dos años? ¿Cinco minutos? ¿Diez segundos? He aquí la distancia que separa la locura de la cordura. Lo justificable de lo que no puede argumentarse. La normalidad del abismo.
Es casi imposible no preguntarse qué hubo dentro de ese abismo, qué ocurrió. ¿El triunfador tuvo un mal día? ¿Trabajaba demasiado? ¿Le acababan de dar una mala noticia? ¿Discutió con su amante? ¿Llevaba noches de mal dormir?
¿Es posible hallar alguna explicación, ya que no hay justificación posible?
¿Qué media entre lo que todos envidian y los cinco segundos que siegan tres vidas?

He aquí el Abismo.
El que todos llevamos dentro.

5 de julio de 2007

Felicidad sedentaria

Amigos, soy feliz. La culpa la tiene el sedentarismo. Por fin he deshecho la maleta. Hace ya una semana que regresé de mi último viaje de este curso (a Sevilla, buena constancia quedó de ello en este sitio) y ahora me dispongo a pasar una buena temporada dedicada a vida plácida. Lo cual no significa pasarme el verano como estoy ahora mismo, mientras escribo este post, mirando el mar desde mi terraza, no. Significa escribir de 9 a 14 todos los días y otras tres horitas por la tarde y dedicar el resto del tiempo a disfrutar de mi familia, leer, preparar la documentación de mi próxima cosa, cenar con amigos, ir al teatro y planificar escapadas por gusto. Y terminar con los retrasos de una vez, porque con tanto trajín, le debo textos a media España.

Este año ha habido marejada de las buenas y me doy cuenta de que aún no he hecho aquí ningún balance de la gira, y que ni siquiera tengo ganas de hacerlo.
Resumamos: Ha ido bien. Doce ciudades, centenares de periodistas, demasiadas veces de repetir lo mismo una y otra vez y mucho tedio de mí misma precisamente por eso mismo. Ha habido periodistas ineptos (alguno) y gente encantadora (mucha). He estado en platós de televisión junto a presentadores que no tenían ni idea de cómo se llamaba mi novela. He asistido a programas donde se hablaba de piedras curativas, he comido pulpo a la gallega en Vigo, salmorejo en Sevilla y mucho arroz en Valencia, siempre me lo he terminado todo y he dicho que estaba riquísimo. He conocido a todos los directores de Ámbito Cultural y a todos los jefes del Departamento de Librería de El Corte Inglés. También he estado en fiestas en las que había tal muchedumbre que hacerse con un canapé parecía un juego de habilidad. He firmado en la feria del libro y he almorzado con miembros de la Real Academia. Y paro, porque esto ya parece un anuncio de la última Play Station. En fin.
Y con respecto a mi compañera de viaje (sé que lo estáis pensando), os diré que Nativel Preciado y yo aún nos dirigijmos la palabra, lo cual es mucho más de lo que pueden decir algunos de los que comparten una experiencia semejante. Aunque, sinceramente, no creo que jamás me invite a cenar a su casa y yo, como siempre devuelvo el trato que recibo, pues eso.

Este post de hoy, algo improvisado -lo sé- es un balance que pretende servir para compartir la alegría con todos vosotros. Toda la alegría: la de lo ocurrido y la de lo por ocurrir. Y la mejor de todas: a partir de la semana que viene ¡me encierro a escribir! Vuelvo a ser lo único que quiero ser (y soy): escritora. No viajante, no nómada, no transhumante, no vendedora de crecepelo, no relaciones públicas. Escritora. Yupi.

3 de julio de 2007

Jornadas de creación literaria en el Uned Centro de Elda (Alicante), los días 19, 20 y 21 de septiembre de 2007

Directora: Elia Barceló

1) Taller de creación literaria
Duración:
Tres días.
El taller tendrá lugar por las mañanas (de 10.00 a 13.30) los días 19, 20 y 21 de septiembre.
Las tardes estarán dedicadas a la realización individual por parte de los talleristas de los ejercicios propuestos en las sesiones comunes.

Número de participantes:
Entre 20 y 25.
Los talleristas acudirán a la primera sesión con un texto propio que pueda servir como base para diferentes ejercicios. El texto deberá ser narrativo, de extensión breve (de dos a cuatro páginas), escrito a máquina, temática libre.


Profesores:


Contamos con tres escritores de reconocido prestigio y amplia obra:
Care Santos
Alfonso Mateo-Sagasta
Elia Barceló


Programa:
Como aproximación, sujeta a ulteriores modificaciones y dependiendo de las necesidades y el nivel del grupo, podemos sugerir:

• Temas y géneros
• Creación de la realidad suficiente
• Cómo crear tensión
• El tono y el tempo
• El principio y el final del relato
• La arquitectura narrativa
• Técnicas y consejos especiales, según los géneros
• Creación de personajes
• El diálogo

El taller se desarrollará como una mezcla de distintas técnicas: clase teórica impartida por el profesor, sesiones de preguntas y respuestas, debates sobre temas de interés general, ejercicios prácticos, etc. En cualquier caso, la forma final del taller se ajustará a las necesidades e intereses de los participantes.

Objetivos:
-Estimular el interés en la creación literaria
-Proporcionar un foro en el que los jóvenes escritores puedan ponerse en contacto con personas que comparten sus intereses, plantear preguntas y resolver dudas relacionadas con la práctica de la escritura.


2) Actividades públicas

A lo largo de las Jornadas de creación literaria, los tres escritores presentes ofrecerán un acto abierto también al público en general.

En estos actos, que tendrán lugar por la tarde en los Salones del Casino Eldense, los escritores leerán un relato o varios fragmentos de sus novelas y estarán abiertos a las preguntas de los asistentes.

2 de julio de 2007

De La ofensa, Ricardo Menéndez Salmón

Ante las agresiones del mundo, el cuerpo se protege. Un bacilo activa sus defensas; un chaparrón eriza el vello en brazos, nuca y piernas; un alimento envenenado afloja los esfínteres. Pero, ¿y el horror? ¿Cómo reacciona el cuerpo de un hombre ante la presencia del horror? Grita, sí. Y hace que el corazón bombee más sangre, sí. O, por el contrario, paraliza sus músculos para no ser agredido. El espectro de respuestas que el horror genera en el cuerpo es amplísimo. El cuerpo sorprende entonces por su plasticidad. Hay cuerpos que se atenazan y cuerpos que se liberan; hay cuerpos que se arrastran y cuerpos que se elevan; hay cuerpos que interrogan y cuerpos que responden. ¿Pero puede un cuerpo dimitir de la realidad? ¿Puede un cuerpo, ante la agresión del mundo, ante la fealdad del mundo, ante el horror del mundo, sustraerse a sus funciones, negarse a seguir siendo cuerpo, suspender sus razones, abdicar de ser lo que es; esto es, abdicar de ser una máquina sensible? ¿Puede un cuerpo decir: «Basta, no quiero ir más allá, esto es demasiado para mí»? ¿Puede un cuerpo "olvidarse" de sí mismo?

Seix Barral, 2007

30 de junio de 2007

Cine de sábado: Cuéntaselo todo

Desamor en 30 segundos: Cuéntaselo todo.

http://es.youtube.com/watch?v=8_CffivxRrI

29 de junio de 2007

De Allegro ma non troppo, Carlo M. Cipolla

La Primera Ley Fundamental de la estupidez humana afirma sin ambigüedad que:

Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.

(Los autores del Antiguo Testamento eran conscientes de la existencia de la Primera Ley Fundamental, y la parafrasearon al afirmar que "stultorum infinitus est numerus", pero cometieron una exageración poética. El número de personas estúpidas no puerde ser infinito porque el número de personas es finito.)

(...)

La Tercera Ley Fundamental presupone que todos los seres humanos están incluidos en una de estas cuatro categorías fundamentales: los incautos, los inteligentes, los malvados y los estúpidos.

Esta misma ley aclara explícitamente que:

Una persona estúpida es aquella que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.

Atlas Literario Español (y III)

Luis Manuel Ruiz: "Puede hacerse calidad y llegar al gran público"

Joaquín Pérez Azaústre: "La metaliteratura que me interesa es aquella en que los límites entre la realidad y la ficción se borran y el autor se implica personalmente, la que tiene que ver con el deseo de ser otro"

Toni Iturbe: "Todos los meses llegan 800 novedades a la redacción de la revista Qué Leer. Es imposible hablar de ellas"

Espido Freire: "Cuando empecé me presentaba a muchos concursos, pero los ganaba todos Juan Manuel" (por Juan Manuel de Prada)

Cristina Cerrada: "Hoy todo el mundo quiere escribir"

Juan Manuel de Prada: "Yo no escribo, ni he escrito nunca, para comunicar nada. Yo escribo para mí, es un acto de autocomplacencia".

Para acabar: (impresionante) lista de nuevas tendecias y/o ¿géneros? narrativos y/o etiquetas modernas que en distintos países sirven para reconocer diferentes corrientes. Gentileza de Álvaro Colomer (gracias):
literatura de evasión
postcolonial
de fronteras
ciberpunk
post-futurista
tecnothriller o tecnoficción
avant-pop
neo-neo vanguardia
del simulacro
neogótica
televisiva
de adicciones
de la antipatria
del desencanto
extraterritorial
de estilo internacional
post-humana
absoluta
de la conspiración
auto-ficción
fantástica
de la inmigración
mestiza

28 de junio de 2007

Atlas Literario Español II

José Manuel Caballero Bonald (en la cena de bienvenida): "La hospitalidad está garantizada, las temperaturas no son por suerte tan cálidas como la hospitalidad y la noche no tiene paredes"

David Castillo: "Imaginad qué gran placer sería escribir en una lengua muerta"

Toni Sala: "Nada te asegura que un escritor va a ir mejorando con la edad"

Anton Castro: "Mi blog es el making-off de mi vida"

Vicente Luis Mora: "Está por aparecer el gran escritor que le dé sentido a todo esto" (en relación a la literatura hecha por internet)

Mario Cuenca: "Toda apuesta implica un riesgo de banalización (...) Es el tiempo el que decide cuándo un gesto tiene un significado profundo y cuándo es insustancial"

Pablo Aranda: "Añadir adjetivos a la palabra escritor siempre es limitarlo. El mejor escritor andaluz tal vez sea Faulkner"

Luis Manuel Ruiz: "Soy un fontanero de la literatura. Todo es cuestión de trabajo"

Lolita Bosch: "Cuando voy a escribir algo le hago una pregunta al texto. Si la respuesta es fácil, me da pereza escribirlo"

Joaquín Pérez Azaústre: "El estilo es la respiración del escritor"

Cristina Sánchez Andrade: "Veo muy negra la situación de la nueva narrativa"

Pablo Sánchez: "Nuestro compromiso es con el aquí y el ahora. Hay que escribir en el tiempo y para el tiempo en que se vive"

Mañana, más

27 de junio de 2007

Atlas Literario Español


He pasado los tres primeros días de esta semana en Sevilla, invitada por Seix Barral y la Fundación José Manuel Lara a participar en el encuentro de jóvenes narradores Atlas de Literatura Española. He aquí la foto de familia que nos hicimos la noche del lunes, minutos antes de la cena de bienvenida, con José Manuel Caballero Bonald, el padrino del encuentro. Mañana jueves y pasado, viernes, publicaré aquí un ramillete de citas, declaraciones, chistes y otras curiosidades recopiladas para vosotros de entre lo que se dijo en las cinco primeras mesas redondas (que fueron las que presencié o engordé).

La foto, por cierto, es de Javier Cuesta, y no estaría aquí sin la generosidad de la gente de El Correo de Andalucía. En particular, de Miguel Ángel Parra y de Francisco Cazalla Montijano.

26 de junio de 2007

Cada día salen al mercado un millón de libros, según la agencia Efe

Una noticia publicada ayer lunes por la agencia Efe asegura que cada día salen al mercado más de un millón de ejemplares. Y al parecer, eso es bueno. Afirma el texto de la agencia: «Es una cifra mágica que muestra la pujanza de uno de los sectores más dinámicos de la economía del país».
Al parecer, el sector del libro es no ya económicamente visible, sino digno de tener en cuenta, ya que «Sólo el sector de la edición de libros supone una aportación del 1,2 por ciento al PIB español. Esa importancia se rubrica en los intercambios exteriores: España, que está en torno al puesto 15 en del mundo por su cuota de comercio se sitúa en cuarta posición como exportador de libros».
Al parecer de todo eso va a tratarse en Bogotá a partir de mañana y hasta el viernes, en la II Acta Internacional de la Lengua Española, bajo el título Desafíos de la Industria Editorial, y que congregará en la capital colombiana a expertos del mundo del libro y la industria editorial de España e Iberoamérica para debatir acerca de los problemas arancelarios, la creación intelectual, los derechos de autor, la piratería, las nuevas tecnologías y las políticas públicas de apoyo a la lectura.
Casi nada.
Y mientras tanto, yo no puedo dejar de repetirme: «¿Un millón de libros diarios? ¡Cielo santo! ¿Es sensato seguir publicando?»

25 de junio de 2007

Al servicio de la sangre (fragmento), de Michel Houellebecq

Yo ya no salgo de viaje
Pues conozco el lugar
Y conozco mis derechos,
y supe lo que es la furia.

Al servicio de la humanidad
Asentado en la ciudad,
Conozco bien mi habitación
Siento cómo cae la noche.

No estoy sereno
pero estoy en mi habitación
Los ángeles sostienen mi mano
Siento cómo cae la noche


Acuarela & A. Machado editores, 2007

22 de junio de 2007

21 de junio de 2007

Wiel Arets, arquitecto holandés

"Lo fácil es decir que no a un baño cuando has firmado rascacielos. Lo difícil, con o sin rascacielos, es hacer un buen baño".

De una entrevista de Anatxu Zabalbeascoa en Babelia16 de junio de 2007

20 de junio de 2007

Así me ve Antonio José Mialdea Baena (y amablemente me hace llegar el texto para que lo publique aquí)

Hace unos días pasó por aquí, como un ser-de-vuelo, que diría mi querida Chantal Maillard. Care se ha convertido en un ser-de-vuelo. Pero Chantal no se refiere exactamente a lo mismo a lo que yo me refiero cuando lo aplico a la escritora Care Santos. Ella un ser-de-vuelo y su obra literaria un huracán. Vive prácticamente subida a un avión y su edad no llega al número de obras que ha escrito, que rozan ya las cuarenta. Con la última, La muerte de Venus, ha quedado finalista del Premio Primavera de novela. Y no ha escrito bodrios como otros. Ni siquiera su única obra poética lo es, aunque ella dice que no es el género donde más feliz se encuentra. Pero a ella se le nota que es feliz mientras no le falte papel, lápiz, y un hueco suficientemente amplio, aunque sea por intenso, a través del que dejar un trozo de sus labios repitiendo te quiero como un eco en el aún cuerpo menudo de sus hijos, que ya son tres.

Nos vimos unas horas pero hablamos de lo humano y lo divino; en catorce años sólo habíamos podido darnos un par de besos en Madrid hará unos cuatro o cinco. Pero la Care de entonces, la de ese octubre del noventa y tres, en la que ambos éramos desconocidos, ya no es la Care de ahora en la que yo sigo siéndolo. La literatura ha escogido y la ha elegido a ella y no se ha equivocado. Donde sigue siendo exactamente igual es en sus adentros, esos no han cambiado. Ella me dice que durante estos años ha aprendido, por ejemplo, a utilizar las preposiciones, a conocer sus límites, a entender a los editores, a temer a los correctores, a abominar de los críticos (labor que ejerce con autoridad aunque no sea del todo de su agrado). Ha adquirido el “oficio” de escritora. Pero yo digo que además de todo esto, que no es poco, lo que de verdad ha aprendido es trazar ese puente que une su escritura deliciosa y los miles de lectores que la siguen. El puente lo ha fabricado con la pasión que muestra por la vida. No hay otra forma de hacer literatura que no sea desde el amor a la vida, desde sus sinsabores a veces tan duraderos; hasta sus placeres, tan frecuentemente efímeros.

-Care, está usted en Murcia-, me contó que le susurraba el otro día una lectora al darse cuenta de que al firmar para ella uno de sus libros (en los que gusta de escribir la fecha y la ciudad) se quedó paralizada sin saber exactamente en qué ciudad del mundo se encontraba.

mialdea@auna.com

19 de junio de 2007

Por qué no soy poeta (y/o soy una poeta mala)

Hace poco menos de diez años gané un premio de poesía. El poemario se publicó poco después, en una pequeña editorial sevillana. Se llamaba Hiperestesia, y durante todo este tiempo me he encargado de que no figurara en ninguna parte. Me pone muy nerviosa verlo en mis bibliografías o que la gente lo nombre.
Sé que soy una mala poeta. Lo sé porque soy buena lectora de poesía. Me gustan Heine y Salinas y Baudelaire y Guillén y Juan Ramón y los poemas narrativos de Carver y los juguetes navideños de Brodsky y el amor de Garcilaso y la metafísica de Lope y las burlas de Quevedo y Ana Istarú y Ángel González y Gonzalo Rojas y Wislawa Szimborska y tantos colegas a los que admiro y envidio al unísono: Pablo Garcia Casado, Vicente Luis Mora, Elena Medel, Toni Montesinos, Ángela Vallvey, Benjamín Prado, Carmen Jodra, Andrés Neuman... Después de leerles sé perfectamente -y con más convicción- que yo soy una mala poeta.
Tiene una explicación. Yo sólo escribo poesía cuando me falta el aire. No sé por qué razón, en ninguna circunstancia de mi vida se me ocurre un poema. Cuando algo me interesa lo suficiente, toma forma de relato. Si me interesa enormemente, se convierte en una novela. Si el interés es desbordado, se vuelve una novela muy extensa, de -tal vez- más de 400 páginas. Pero los versos sólo acuden muy de vez en cuando, en los peores momentos. Cuando me falla la vida, surgen los versos.
Lo bueno es que la poesía es uno de los únicos reductos de mi vida en que no soy escritora profesional. No pienso en el lector, en el ritmo, en el personaje, en el plazo de entrega... Sólo pienso en mí, en autosatisfacerme, en darme las palabras que me serenen, que me apacigüen. Vuelvo a ser aquella niña sola que comenzó a escribir hace 29 años.
El año pasado, en mi vida hubo un poco de mar gruesa. No sólo en la mía: mi vida se entrelaza con las de otros, que también encontraron ciertas dificultades de navegación. En plena tempestad, empecé a escribir. Lo que surgió, terrible, durísimo, tiene una única virtud: es honesto. Y también brutal, lo sé. Pero, qué queréis: la vida a veces es brutal.
"Echo de menos en tu poesía un poco más de profesionalidad", me dijo un editor muy reconocido no hace mucho, mientras cenábamos en el restaurante Kibuka, del barrio de Gracia de Barcelona. Acertó de lleno. Mi poesía no es profesional, ni lo será nunca. Mi poesía es una estrategia de supervivencia, un modo de resistir al temporal.
Cuando regresó la calma me dio pena aquel original en un cajón. Eso siempre me pierde: los papeles abandonados me dan lástima. Decidí enviarlo a alguna parte. Ya puestos a escoger, mejor a un lugar de donde pudiera obtener un beneficio económico (Ay... ¡la hipoteca!). Un premio para mujeres, a priori, tiene una ventaja: más de la mitad de los posibles competidores han sido eliminados de antemano, en virtud de su sexo.
El libro saldrá publicado en noviembre. Se llama Disección. Almas sensibles, abstenerse. Si alguien me pide que hable sobre él, redactaré una nota escueta y clara donde diga que yo soy narradora y que el poemario utiliza una voz narrativa ficticia que nada tiene que ver conmigo.
A partir de ese momento, comenzaré a eliminar todo rastro del libro de mis bibliografías.

18 de junio de 2007

Péstamo Bibliotecario: una cuestión de justicia

El pasado 14 de junio del 2007, el Congreso de los Diputados aprobó la Ley de la Lectura, del Libro y de las Bibliotecas, en la que se regula la remuneración para los autores por el préstamo de sus obras en bibliotecas. Esta ley entró el vigos al día siguiente de su publicación en el Boletín Oficial del Estado.

De esta forma, queda incorporada a la legislación española una directiva europea de 1992 que obligaba al pago de estos derechos de propiedad intelectual. En octubre del año pasado el Tribunal de Justicia Europeo condenó a España por no haber transpuesto correctamente el contenido de esa directiva al marco legal español, que en la práctica eximía de generar este pago a los préstamos realizados en todas las bibliotecas que ofrecen este servicio.

Según establece la ley aprobada:

-Se entiende por préstamo la puesta a disposición de originales y copias de una obra para su uso por tiempo limitado sin beneficio económico o comercial directo ni indirecto siempre que dicho préstamo se lleve a cabo a través de establecimientos accesibles al público.

-Los autores recibirán una remuneración por los préstamos que se hagan de sus obras en bibliotecas, museos, archivos, fonotecas, filmotecas y centros similares.

-El pago de la remuneración deberán hacerlo las instituciones titulares de las bibliotecas y otros centros que hagan préstamos de obras protegidas.

-Quedan eximidas de la obligación de remuneración los titulares de bibliotecas públicas de municipios de menos de 5.000 habitantes y los de las bibliotecas integradas en el sistema educativo español.

-Un Real Decreto que debe promulgarse en el plazo máximo de un año desde la entrada en vigor de esta ley, establecerá la cuantía de la remuneración que recibirán los autores. Hasta que ese decreto sea promulgado, la remuneración será de 20 céntimos de euro por cada ejemplar de obra adquirido con destino al préstamo.

-La remuneración se hará efectiva a través de las entidades de gestión colectiva de derechos de propiedad intelectual.

En torno a esta cuestión se ha generado un debate público, en el que es preciso aclarar que:

-Los usuarios de las bibliotecas no tendrán que pagar por tomar libros en préstamo. Como en los más de 15 de países en los que existe esta remuneración (10 de ellos de la Unión Europea), también en España son las administraciones o instituciones titulares de las bibliotecas las que deben hacer frente a esta obligación.

-La remuneración a los autores por el préstamo de sus obras en bibliotecas no tiene por qué suponer una merma de sus presupuestos destinados a adquisiciones. Existen en España recursos públicos suficientes para asegurar dotaciones bibliográficas adecuadas y atender esta nueva remuneración a los autores, dos obligaciones que en ningún caso pueden verse como opuestas, sino como complementarias.

-La remuneración por el préstamo de obras en bibliotecas no supone que “se pague dos veces por lo mismo”. Las regalías que percibe el autor por la venta de sus libros no incluyen remuneración alguna por su préstamo en bibliotecas. El préstamo es una modalidad de distribución, uno de los derechos de autor reconocidos en la legislación española y en los convenios internacionales en materia de propiedad intelectual.

-CEDRO, como una de las entidades que gestionará esta remuneración, repartirá a los autores el dinero que recaude por este concepto, como hace con el dinero que recauda por otros derechos.

-El pago a los autores por el préstamo bibliotecario de sus obras es una cuestión de justicia: se trata de remunerarles por un determinado uso del fruto de su trabajo, gracias al cual se ofrece un servicio público, de la misma manera que se remunera a quienes facilitan otros bienes y servicios necesarios para ello.

15 de junio de 2007

¡He ganado el Carmen Conde de poesía!

http://literaturasnoticias.blogspot.com/2007/06/101-fallo-del-premio-carmen-conde-de.html

14 de junio de 2007

Felicidad vallisoletana de quasi-final-de-gira


Foto: Miriam Chacón para Icalnews.com

13 de junio de 2007

La memoria de Rosa Regàs

Los padres de aquellos cuatro hermanos que habían regresado de Francia habían perdido la custodia legal, que pasó a manos de un abuelo autoritario y católico. Un abuelo con gran prestigio dentro de la iglesia franquista y muy poca mano, o ninguna mano, para la infancia. Un abuelo a quien aquella nieta inquieta que se llamaba Rosa ha retratado, años más tarde, en un libro de momiroas de regusto amargo *. El padre y la madre habían pecado por duplicado: defensores de la causa republicana y divorciados. Doblemente culpables. Al padre tardaron aún mucho tiempo en verle. A la madre la veían una vez al mes en el Tribunal Tutelar de Menores. La veían a distancia, ya que no les estaba permitido tocarla, frente a dos policías y una señorita que transcribía a máquina todo lo que decían. Fue así hasta los 18 años. Un relato que parece surgido de un libro de Dickens, sólo que éste no es leído, sino vivido: forma parte de la memoria de una niña que sólo pudo tocar a su madre a los 18 años, cuando ya era una mujer.

* Se refiere a Luna lunera.

Fragmento de Estimat mestre,
de Cristina Masanés
(Ara llibres, 2007)

12 de junio de 2007

Estoy de acuerdo con Milan Kundera

Escribo por el placer de contradecir.

11 de junio de 2007

Crítica de "Adiós camaradas", de Antonio Carballo (extended version)

ADIÓS, CAMARADAS
Antonio Carballo

Premio de Novela Mario Lacruz. Funambulista, Madrid, 2007. 248 páginas. 16,50 €

Lo peor de este libro son sus dos textos introductorios. El primero, firmado por Max Lacruz, descabeza los premios literarios –con algunas referencias concretas de dudoso gusto- a la vez que ensalza el felizmente recuperado premio dedicado a la memoria de su padre. Habla también de la decisión de premiar primeras novelas, sin duda encomiable y valiente, pero no única. Después de leer el prólogo de Lacruz cualquiera podría pensar que no hay en este país más premio limpio que el suyo ni otro buen editor sino él.
El prefacio, que viene a continuación, lo firma un (por mí) desconocido Juan Cruz Cantudo. Una se pregunta por qué tanto acompañamiento a una novela, cuando el texto se defiende por sí solo. Pero el recelo aumenta mucho después de leer esta segunda introducción, donde se nos dice tantas veces (un total de ocho) que estamos ante una "buena novela" que llegamos a desconfiar de ello. Pondera Cruz, en un texto flojo y deslabazado, la prosa “sencilla y sin abalorios, espontánea”, de Carballo e insta al lector a la relectura de un texto “que encierra más de lo que pensaba” para terminar diciendo: “No le busque tres pies al gato. No hay mensaje, ni hay gato”. Pues vaya.
Lo que queda claro es que la novela de Carballo -ninguna, en realidad- no necesitaba tantos padrinos. Se defiende muy bien por sí misma desde la primera línea, en la que su protagonista, nada menos que un astronauta ruso nacido el mismo día en que se lanzó el Sputnik, cuenta su vida, de principio a fin. Eso sí: su prosa es de todo menos “sencilla y sin abalorios” y, si no, juzgad vosotros mismos: “avizorando los promisorios senderos de mi carrera…”. En la misma línea, no hay que perderse el barroquismo de la escena sexual de las páginas 123-125, donde una mujer termina rindiéndole a nuestro astronauta “sus tropas de retaguardia”. Qué bonito. En fin, sólo pecadillos que hacen el estilo de esta primera obra algo irregular, pero fácil de pulir.
Hay pasajes muy diferentes a los glosados. Pocos narradores he conocido que se queden tan anchos después de escribir frases como: “Fui admitido definitivamente en el programa espacial”. Y que, además, sean capaces de desarrollar una trama como ésta y de llenarla de suspense –el episodio de la falsa muerte del protagonista, por ejemplo-, emoción y humanidad. La novela, a la cual no son ajenos tampoco lo que su autor –con prosa nada “sencilla y espontánea”, insisto- llama “los retorcimientos de la historia”, se lee de principio a fin como lo que es: una parábola de dimensiones gigantescas de lo que los totalitarismos pueden hacer con los hombres.
¿Se os ocurre qué clase de autor podría escribir en buen español algo así? Por supuesto: un cubano. Antonio Carballo lo es, nacido en 1954. Tres años antes del Sputnik.

* Una versión algo más breve de esta crítica se publicó en El Cultural (El Mundo) el pasado jueves 7 de junio.

8 de junio de 2007

Elogio del sentido común, de Eduardo Galeano

Para salvarnos, juntarnos.
Como los dedos en la mano.
Como los patos en el vuelo.

Tecnología del vuelo compartido: el primer pato que se alza abre paso al segundo, que despeja el camino al tarcero, y la energía del tercero levanta el vuelo al cuarto, que ayuda al quinto. El impulso del quinto empuja al sexto, que presta fuerza al séptimo.
Cuando se cansa el pato que hace de punta, baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro, que sube al vértice de esa uve invertida que los patos dibujan en el aire.
Todos se van turnando, atrás y adelante.
Según mi amigo Juan Díaz Bordenave, que no es patólogo pero sabe de patos, ningún pato se cree superpato por volar delante, ni subpato por marchar atrás.

Los patos no han perdido el sentido común.

7 de junio de 2007

El porqué del cuándo

«¿Cuánto has tardado en escribir esta novela?»

La pregunta se repite —qué curioso— en foros tan distintos como un salón de actos lleno hasta la bandera de adolescentes, la presentación del libro de un amigo o un almuerzo con periodistas en El Corte Inglés. La gente quiere saber el porqué, pero, sobre todo, el cuándo, o más exactamente, el en cuánto tiempo has escrito lo que acaban de leer. Y yo, que me formé en el periodismo, también me pregunto el porqué de ese interés.
¿Vale más una novela escrita en diez años que otra escrita en tres meses? Sin duda, la gente cree que sí. Hay un mérito en la cocción a fuego lento, y no es difícil deducir por qué razón: vivimos tiempos apresurados, lo rápido está por todas partes. Siempre llegamos tarde, nunca tenemos tiempo, comemos a toda prisa, hasta el amor es un ejercicio de síntesis. En esta época, cualquier cosa que se fragüe a fuego lento tiende a ser sobrevalorada. En cierto modo, cualquier cosa que requiera diez años para llegar a existir es un vestigio de un mundo que desaparece.
Dedicar mucho tiempo a escribir una novela no es, en reaidad, una garantía de su calidad. Conozco verdaderas birrias literarias que han requerido, tristemente, diez años de trabajo. Y también obras maestras escritas en menos de un mes.
El tiempo no es una buena variable, a pesar de que algunos crean lo contrario. Lo que debe pesar es el resultado final, sin tener en cuenta cuánto se ha tardado en llegar a él. Si el huevo está crudo cuando llega a la mesa, es obvio que necesitaba más tiempo de cocción. Un huevo pasado por agua se hace en pocos segundos, pero si se deja sólo un minuto más ya no es un huevo pasado por agua, sino un fracaso.
Por todos estos motivos, me enfurece hablar del tiempo. Por estos, y porque soy rápida escribiendo (aunque no tramando, construyendo, mis novelas) y eso me lleva a tener que dar muchas explicaciones. También, intuyo, porque me acerco a los cuarenta y las cuestiones relacionadas con el tiempo comienzan a ponerme de muy mala leche.

Hasta ahora, cuando me formulaban la pregunta de siempre, respondía con toda la verdad: como mucho —les decía— puedo tardar tres meses en escribir una novela para jóvenes. Si trabajo mucho –un adverbio que cada vez me apetece menos— soy capaz de escribir una novela como “La muerte de Venus” (420 páginas) en 5 o 6 meses. Solía añadir que ésa es la diferencia entre yo y muchos de los que tardan 10 años en terminar una novela de 200 páginas: yo trabajo a diario, sin excepciones, sábados y domingos. Les decía que no suelo levantarme de mi silla sin terminar mi (autoimpuesto) número de páginas diario, que va de las 3 y media a las 5; que hay días muy buenos en que salen incluso más; como los hay muy malos en que no logro llegar a las 3. Que de promediar los días buenos y los malos sale un resultado que suele rondar las 100 páginas al mes. Que 100 páginas al mes dan para mucho y que esa es exactamente la razón de mi productividad, ni más, ni menos.
Sin embargo, ahora ya voy aprendiendo que no puedo decir siempre la verdad, porque la verdad no es bella, como la arruga. Soy novelista, carajo, no sé cómo he podido tardar 37 años en aprender que la verdad es tan fea que para que alguien la valore hay que disfrazarla de ficción. De modo que a partir de ahora, daré otra respuesta. Voy a ensayarla aquí y ahora, para ir practicando. Imagino a uno de esos lectores/periodistas/amigos que de pronto lanza la pregunta de siempre, suspiro, miro al vacío, me encojo de hombros, creo un silencio elocuente y luego digo, impostando un poco la voz y con firmeza de personaje de ficción:
“No es fácil medir lo que se tarda en escribir una novela. Esta idea, sin ir más lejos, comenzó a rondarme hace unos diez años. Traté de escribirla pero no me salió. Lo intenté un poco después y de nuevo tuve que dejarla. Había algo que me lo impedía. En todo este tiempo, me documenté, trabajé, entrevisté a algunas personas, pedí consejo a especialistas y viaje. Por fin me vi capaz de abordar de nuevo aquella idea y esta vez, con éxito. La novela es el resultado de ese largo proceso que me ha ocupado más de una década».

¿Qué tal?
Por cierto: Lo que acabo de contar es, exactamente, lo que ocurrió con la novela que me traigo entre manos (mejor entre meninges) y que comenzaré a escribir el año que viene, cuando termine las entrevistas, los viajes y las lecturas que requiere la documentación.
Cielos, ahora que había aprendido a mentir para seducir, se vuelven realidad las mentriras.

6 de junio de 2007

La entrega de los premios Tormenta (26 de mayo, librería La Central del Reina Sofía, Madrid)








De arriba a abajo: los ganadores de ambas modalidades: Eloy Tizón (I Premio Tormenta a mejor libro del año 2006), Yolanda Morató (I Premio Tormenta a mejor traducción 2006), posan muy sonrientes.
Un momento de la mesa redonda, en la que estuvimos presentes (de derecha a izquierda): Javier Fernández (editor de Berenice), Eloy Tizón, yo misma, Yolanda Morató y Doménico Chiappe (tormentoso y escritor).
Eloy Tizón agradece el premio citando a Bradbury.
Tres imágenes de las estatuillas de Mateo Sanz, juntas y revueltas con las obras premiadas.

Las fotos son de José Palacios G.. Para ver más de su estupendo trabajo, en su blog.
Y si queréis saber más de La Tormenta en un vaso: aquí. ¡Ya tenemos 2.500 entradas diarias!

5 de junio de 2007

Diálogo sobre la muerte

Para Ángeles

Te equivocas, amiga,
es tu recuerdo el que evita mi muerte,
el que no me diluye, el que anega distancias.
Es inútil negarlo: lo mejor es vivir en tu memoria,
en tu amor para siempre. Para siempre.
Ese amor vivirá en quienes nos sucedan,
igual que entre las manos diminutas
que hace poco aferraban nuestros pechos
viviremos nosotras, tú y yo
(porque el amor también puede enseñarse
y a los míos yo les muestro el camino
y ya te quieren como yo te quiero).

Todo consiste en eso: vivir importa poco
lo que vale es dejar a nuestro paso
recuerdos y palabras que digan la verdad.
Y la verdad es ésta: cada vez que te veo
iluminas un poco mi oscuridad eterna.
Y sé que será así hasta el final de todo.

¡Qué presunción! ¿Lo ves? Yo hago lo mismo
que alguna vez he osado criticarte.
No será el fin de todo. Sólo el mío
y no se pierde tanto.

Sólo añado
(tal vez porque sé bien que te provoco)
que llegaré a esa hora
triste por separarme de unos pocos, poquísimos,
pero muerta -qué risa- de inquietud
por ver al fin qué había al final del pasillo:
¿angelitos con arpa? ¿dioses gordos o azules?
¿la nada incandescente? ¿la oscuridad sin tregua?
¿música de laúdes? ¿una mesa dispuesta?
¿una isla desierta con una biblioteca
de un millón de volúmenes?
¿Borges y Bioy Casares? ¿Quevedo y Garcilaso?
¿Pau Casal con su cello, tocando suites de Bach?
¿Mi padre abanicándose?
¿Todo el mal que causamos cuando estábamos vivos?
¿Los que más nos quisieron? ¿Los qué más nos odiaron?

De verdad, que no entiendo,
cómo no te seduce semejante espectáculo
¡y tan a nuestro alcance!

4 de junio de 2007

Unos amigos de Andoain me mandan un par de fotos



Para mí también fue una velada para recordar.

1 de junio de 2007

Javier Juárez me regala un poema

Ayer, mientras firmábamos -con Nativel Preciado- en El Corte Inglés de Málaga, se acercó un chico con cara de buena gente y nos dio una hoja de papel a cada una. Nos explicó que le gusta regalar sus poemas a la gente que visita su ciudad, o algo así, sonrió de un modo encantador y se marchó. Nunca un espontaneo había sido tan fugaz, por cierto.

El poema es este. Tal vez no le den este año el Nacional de poesía a Javier Juárer, pero su gesto es tan entrañable que merece compartirse:

PLANOS DE TU ROSTRO

Aterciopelada tu sonrisa
cuando en tu rostro,
se complica un plano
bello y sencillo, que he de describir.

Tus mejillas se sonrojan
y arden a la vez, tus labios
se acoplan a tu rostro.

Y tú, siempre resplandeciente,
con tu único nombre, Care,
desde aquí te mando un saludo
para que te vaya bien en la vida.

31 de mayo de 2007

Ya odio el verano

De jóvenes solemos preferir los meses vulgares, la plena temporada. A medida que envejecemos, vamos aprendiendo a gustar de las épocas intermedias, de los meses indecisos.

Julian BarnesEl loro de Flaubert

30 de mayo de 2007

Descifrar el mundo

A los ocho años empecé a pasar largas temporadas en la estepa siberiana. El frío era allí mucho más intenso de lo que yo había imaginado jamás: convenía protegerse los pies con vendas para que los dedos no se congelaran. Los termómetros bajaban de vez en cuando hasta lo cuarenta bajo cero, algo que también sucedía en las calles de San Petersburgo, una de las primeras ciudades que amé. Creo que mi pasión petersburguesa se desató apenas unos meses antes de aquel primer invierno que pasé en los Mares del Sur, admirada por aquellas casas con techumbres de palma que siempre miraban al mar y por el espíritu de unas gentes amables y extrovertidas que nada sabían de la palabra tiempo. Ya lanzada a las navegaciones, me enrolé en un barco ballenero, y acompañé en la obsesión y la muerte a un viejo capitán, curtido en muchos naufragios, y a un chiquillo de quien —qué cosas— me enamoré sin remedio. Se llamaba Ismael.
También sobre los ocho años conocí por primera vez el terror, el terror absoluto e incomprensible de estar amarrado a un cadalso sobre el que una enorme cuchilla bascula cada vez más cerca de tu estómago; la ambigüedad de una locura que puede al fin decidir la existencia ajena, especialmente si tiene la forma del misterio, es mujer y viste de blanco; o la pasión arrebatada de un amor imposible que cuenta, además, con la desgracia de un ingrato rival; o esa otra pasión de la muerte ajena, del asesinato, cuando el arrepentimiento llega tras la consumación. Convivir con asesinos, con damas níveas, con irredentos viajeros, con prisioneros inocentes o con funcionarios que tanto podían haber perdido lo único que tenían en la vida como encontrarse de pronto convertidos en escarabajo hizo de mí alguien capaz de descifrar el mundo, de entenderlo.
El aburrimiento me llevó a los libros y la biblioteca de mi ciudad, modesta pero suficiente, me acercó a Poe, a Collins, Gógol, Dostoyevski, Turguéniev, Melville, Stevenson y tantos otros. Entrar en aquel vetusto edificio donde reinaba un silencio infrecuente significaba para mí combatir el tedio de mi soledad de hermana pequeña rodeada de adultos atribulados por aburridas cuestiones de adultos. Leí, como tantos otros, por intentar ser otra persona. Y lo logré: leyendo, también como suele suceder, se obró el encantamiento: todos ellos, los citados, y muchos más que vinieron después —no todos tan reseñables: al lector voraz no siempre le acompaña el buen gusto— hicieron de mí alguien que mira el mundo con curiosidad, con respeto y con enorme interés. Los libros me enseñaron que juzgar es fácil y comprender difícil. Por eso yo me apliqué en comprender incluso lo más complejo. Los libros me demostraron que las historias viven en cualquier parte y que lo mejor que hay en ellas son las gentes, sus actores, capaces de gestas tan cotidianas como enamorarse de quien no deben o de otras tan fabulosas como dar muerte a la gran ballena blanca. O de imaginar un mundo sin salir jamás del propio, o de marcharse a morir a una remota isla llamada Samoa, o de revivir la propia juventud en las peripecias de un joven de ficción. Para ser como ellos, los inventores de todo, empecé a escribir. Tenía poco más de ocho años.