18 de julio de 2008

Harry Potter en pasado

«La cicatriz llevaba diecinueve años sin dolerle. No había nada de que preocuparse.» Trece palabras para un final, tal vez el más esperado de la historia de la literatura. J. K. Rowling lo ideó -dice- hace 18 años, cuando apenas esbozaba la serie en aquel inspirador trayecto Manchester-Londres, y sólo hace algunos meses llegó a los lectores españoles. Algunos fans las tomaron por algo parecido al apocalipsis. ¿Qué van a hacer ahora los lectores, huérfanos de su mago predilecto?
Será raro, la verdad, ver pasar un año sin que llegue un nuevo volumen a las librerías, no poder asistir de nuevo a esa ceremonia del misterio, de las cajas precintadas que se guardan en un almacén hasta que llega la hora de revelar el secreto; del revuelo informativo que esa inteligente operación de marketing ha levantado una y otra vez. Tendremos que contentarnos con esperar la edición de la colección completa mientras aprendemos a contener la nostalgia.
Yo nací en 1970, así que mi infancia no conoció Hogwarts, el internado donde estudian los niños magos. Sí, en cambio, aquel otro, poblado por niñas perversas y repipis a partes iguales, llamado Torres de Malory. Era un escenario creado por Enid Blyton, a quien podríamos considerar, por edad y filiación, una suerte de abuela de J. K. Rowling. Escribió 187 novelas, vendió 400 millones de libros en innumerables traducciones y aún hoy es una de las autoras más traducidas del mundo. Sus libros todavía se encuentran en las librerías de nuestro país y cada vez que tropiezo con uno –en ediciones modernas, que sólo vagamente se parecen a las que yo recuerdo- me invade la melancolía de tener de pronto entre las manos una parte de mi pasado que yo siento muy importante.
Les ocurrirá lo mismo, dentro de unos años, a los lectores que hoy lloran el final de Harry Potter. Un día se descubrirán en una librería con un libro de la serie entre las manos, descubriendo que ya son personas adultas, tal vez padres y madres de familia, y que ese volumen parece contener algo muy importante de ellos mismos. A su alrededor, la librería estará repleta de lectores en busca de emociones. En los anaqueles habrá buenos títulos, talentosos autores o volúmenes de éxito, tal vez crecidos en la tierra abonada que dejó Potter.

Habrá escritores para ellos desconocidos que, como Rowling, o como antes Blyton, serán capaces de establecer una comunicación sin trabas con sus lectores, de seducirles hasta lograr aquel milagro que tan bien describió George Steiner: que apaguen la televisión para leer centenares de páginas en silencio.
Cada vez que uno de los lectores de la serie llegue a las trece últimas palabras, ese momento estará un poco más cerca.



La imagen: así me vio la revista Mujer Hoy en un reportaje sobre las herederas de Rowling, qué cruz.

17 de julio de 2008

Diagonales VIII

16 de julio de 2008

Unamuno le cuenta a Marañón

...no sé si sabrá usted que me casé a mis veintisiete años con mi mujer —mi costumbre— dos meses mayor que yo, que es la única que he conocido —me ha bastado— lo que me ha permitido dedicarme, además de a mi familia, a la patria, a la universal y a mi Dios desconocido. Mis relaciones de noviazgo —las más epistolares— (...) ¡duraron... quince! Y acaso de aquella correspondencia casi infantil, tomó arranque mi estilo, siempre epistolar, esto es: de hombre a hombre. A ella, mi mujer, a su inquebrantable alegría infantil —hoy a sus 68 y medio sigue tan niña— es a lo que más debo.

15 de julio de 2008

Gregorio Marañón le cuenta a Miguel de Unamuno sobre Alfonso XIII

Mi querido Don Miguel: almorcé una mañana de primavera con el Rey. Me invitaron y acepté porque me convenía hablarle para el asunto de los médicos extranjeros. Por cierto que prometió ayudarme en la batalla que riño contra una gran canallada nauseabunda que se está perpetrando; y no sólo no me ayudó, sino que decidió, poco días después, la suerte a favor de los contrarios. Le he quedado muy agradecido y dispuesto a servirle *.

Nada hay en España comparable a este vicio desenfrenado, contra el que no podrá nadie, porque el Jefe de la Nación es también el número uno de los puntos. Esta temporada, en el Tiro de Pichón, el espectáculo es bochornoso. El Rey juega, aproximadamente, de 4 a 5.000 pesetas por tiro, esto es, por minuto. En la tarde de ayer, ha ganado 60.000 pesetas; y a este tenor las demás tardes. El partido de los "pajareros", que él capitanea, lleva sacados a los "escopeteros" más de 400.000 pesetas en lo que va de temporada. No quiero decirle, porque son detalles que requieren la palabra hablada y aun el oído próximo, las artes que allí se ponen en juego para el regio desplume. Este año quedarán algunas familias en estado mísero a consecuencia de todo esto. Y, lo terrible, es que no se perpetra en un garito, sino a la vista de todo Madrid, bajo el sol de mayo, con acompañamiento de gritos ensordecedores.

* Carta de comienzos de verano de 1921
** Carta sin fecha, de 1921

De Epistolario inédito. Marañón, Ortega, Unamuno (Espasa, 2008)

14 de julio de 2008

Anton Chejov escribe a la actriz Olga Kniepper *

«El arte es un campo en el que resulta imposible avanzar sin titubear.»

«Volverá usted a encontrar grandes dificultades y dolorosas desilusiones; hay que estar preparado para todo ello. Hay que aguantar. Y a pesar de todo, hay que conservar la cabeza con una energía decidida, casi fanática.»

«Hay que dejar de una vez por todas esa obsesión respecto a los éxitos y los fracasos. Que eso no le afecte. Su tarea es trabajar paso a paso, cada día, estar preparada para cometer errores y, eso es inevitable, para obtener fracasos. Es decir, para mantener estoicamente su propia línea artística. Es a los demás a quienes les toca contar cuántas veces se sube el telón.»

«En cuanto a mí, he estado enfermo tres o cuatro días. Ahora permanezco en casa. Recibo una cantidad intolerable de visitas. Las lenguas provincianas se agitan, ociosas, y me producen enfado. Estoy furioso, rabio y envidio a la rata que vive bajo las tablas de vuestro teatro.»

«Te quiero y te querría aunque me dieras golpes con un bastón.»

«...para qué voy a escribirte si nos vamos a ver pronto, pronto, pronto de nuevo, y te daré un pellizco en el trasero y más cosas como esa.»

De Correspondencia (1899-1904), Editorial Páginas de Espuma, 2008



* Chéjov se casó con Kniepper en 1901. Eran amantes desde un año antes. Chéjov murió en 1904.

En la imagen: la tumba en Moscú de Anton Chéjov.

11 de julio de 2008

II Encuentro de Escritores en la Fundación Camilo José Cela: Nosotros los de entonces, ¿aún somos los mismos?




En la foto (empezando por la derecha): Gabriela Bustelo, Lola Beccaria, Gloria Méndez, Blanca Riestra, Marta Sanz, Carlos Castán, Óscar Esquivias, Care Santos, Ignacio García-Valiño. Delante, Tino Pertierra. Detrás: Lucía Etxebarría, Toni Montesinos y Luis García Jambrina (escondido, sólo se le ve el tupé).

En la foto faltan algunos, que no pudieron quedarse a las conclusiones: Antonio Álamo, Ángela Vallvey, Lorenzo Silva, Hilario J. Rodríguez.

Para más información, HAZ CLICK AQUI

Por último, una frase para pensar, pronunciada por una de las autoras participantes:
«Tal vez tengamos más en común de lo que estamos dispuestos a reconocer».

La imagen: de El Faro de Vigo, publicada ayer.
Buen fin de semana, navegantes.

10 de julio de 2008

Dale nombre a tu vida, de Rebeca González *

-Mi nombre es Jimena y tengo catorce años.
Eso era todo lo que había que decir cuando entrabas en aquel grupo al que mi madre me había apuntado, como si la edad fuera el delito que habías cometido o como si fuera tu pecado; igual que los alcohólicos dicen en sus grupos de ayuda “me llamo Federico y soy alcohólico”. Reconocer que tenía 14 años era reconocer mi pecado, mi defecto, mi verdad, era el primer paso del camino de la recuperación: reconocer que tenía, que tengo, catorce años.
Mi madre me había dicho muchas veces que cuando yo nací, el día que yo nací, había sido uno de los días más felices su vida, que se sintió llena, realizada y otros adjetivos que yo ni siquiera entendía y a los que dejaba de prestar atención o buscaba algún motivo para dejarla con la palabra en la boca, porque ya me conocía yo esas sesiones de “mi niña pequeña y como ha crecido” y “¿por qué no vemos las fotos del álbum que te hice cuando eras pequeña?”. Si algo no soportaba era que mi madre se pusiera babosa conmigo e intentara hacer como si fuéramos amigos y eso era lo último que yo quería, que fuésemos amigas, porque era una amistad falsa, ella sólo quería información, meterse en mi vida, saber si yo fumaba, si tenía novio y esas cosas que preocupan a las madres.
Pero a mí lo que me preocupaba eran otras cosas, fumar no tenía, no tiene, importancia, soy joven y aún puedo fumar muchos años sin que mi organismo se resienta y además yo puedo dejarlo cuando quiera. Tener novio, “novio” una palabra que debería desaparecer del diccionario, para los tíos son de usar y tirar, me niego a que me hagan daño, o que intenten cambiar el rumbo de mi vida.
Anoche mi madre me dijo que mi padre, al que odio elevado a la enésima potencia, me había vuelto a llamar para hablar conmigo. Ya le he dicho yo mil veces a mi madre que no quiero ni verle, ni volver a oír su nombre y que para mí es como si estuviese muerto.
Por cierto al que voy a matar es a mi hermano pequeño otra vez le he pillado en mi habitación cotilleando mis cosas e intentando abrir mi diario, le he dado un manotazo que le he dejado todos los dedos marcados en la cara. Se ha ido llorando a decírselo a mamá; pero ya ves a mí lo que me importa, como me vuelva a poner la mano encima, otra vez, la vuelvo a denunciar al defensor de menores.
Estoy deseando tener los dieciocho para salir de esta casa y ser libre, estoy más que harta, de que mi madre me organice la habitación todos los días antes de irse a currar y de que me lave la ropa con ese detergente que huele a flores y que detesto, estoy harta de les dibujos que me regala mi hermano pequeño para que los cuelgue en mi habitación, él si que está “colgao” si cree que voy a poner esos garabatos al lado de mis pósteres de Tokio hotel o de Mario Casas.
El único que molaba en casa era mi hermano mayor, ¿dónde estará, el muy cabrón? Él sí que pasaba a tope, ponía la música a retumbar hasta que bajaba la vieja del tercero a protestar aporreando la puerta, cuando mamá no estaba, y la dejaba ahí hasta que se cansaba de llamar.
Mañana mi madre sí que se va a cansar de llamarme porque tengo que estar a las seis en la estación, al juez no se le ha ocurrido otra cosa que mandarnos a un hospital de parapléjicos donde tenemos que ayudarlos durante una semana, ya veré como me escaqueo.
Nueve meses más tarde.
Antes de ir al instituto he pasado por casa de mi hermano mayor para ayudar a su mujer, Marian, a levantarle la cama, lavarle y sentarle en la silla antes de que ella salga a trabajar. Es enfermera y una mujer excepcional, quiere a mi hermano con locura a pesar de todas sus limitaciones, le ha cambiado por completo y yo le veo ahora mucho más feliz que antes cuando podía andar
Mi madre y ella se llevan estupendamente. Además le ha conseguido un trabajo mucho mejor que el de antes, con mejor sueldo y menos horas, en el hospital en que ella trabajaba. Así mamá está conmigo y con mi hermano pequeño por las tardes y a mí me ayuda a estudiar, se sienta conmigo y me pregunta los temas y a Roberto, mi hermano pequeño, le ayuda con las divisiones.
Roberto ha ganado un concurso de dibujo y yo he enmarcado el dibujo premiado y lo he puesto en mi habitación, me encanta verlo por la noche antes de dormirme porque es un dibujo en el que aparecemos todos: mi madre muy guapa con su pelo rubio suelto, él, pintado en el cuadro, como Velázquez en Las Meninas, Marian y José, mi hermano mayor, en su silla de ruedas, a la que Roberto ha puesto alas y yo vestida de médico con el fonendo. Todos vamos dados de la mano y todos sonreímos.

* Rebeca González Ruiz nació en Madrid en 1994 y actualmente es alumna del IES Francisco de Goya / La Elipa de Madrid, barrio en el que vive. Quiere ser profesora de Primaria. Con el relato que hoy publicamos obtuvo uno de los galardones del Concurso Literario del IES Francisco de Goya de este año. Anterirmente había obtenido también el premio “Caja Mágica”.

9 de julio de 2008

Nueva York: Diagonales



8 de julio de 2008

Wabi-sabi


"Nada es perfecto en la naturaleza, al menos en el sentido euclidiano-geométrico en que lo concibe Occidente. Nada es permanente. ya que todo está en proceso, todo en la vida nace o muere. Nada es completo. Si lo fuera, sería perfecto y permanente. Lo completo no existe en la naturaleza, sólo en la fantasía humana".

Wabi-sabi es la madera, el cáñamo, el metal oxidado, la tela cruda o la cerámica.
Es un conceptó japonés qie surgió por oposición al perfeccionismo chino del siglo XVI. Se basa, entre otras cosas, en los vínculos emocionales que desarrollamos con las cosas que envejecen con nosotros.

Y para acabar esta entrada más o menos japonesa, algunos haikus que me han emocionado recientemente:

De Mizuta Maschide (1656-1723):

Cuando parta
dejadme ser, como la luna,
amigo del agua

De Arakida Moroitakes (1472-1549):

¿Una flor caída
volviendo a la rama?
Es una mariposa

De Taneda Santoka (1882-1940):

¿Qué pretendo encontrar
internándome en el viento?

La imagen de hoy es del artista Greg Spalenka.

7 de julio de 2008

Breve crónica de algunos días de vida


Navegantes, héme. Lo prometido, es esto.
Tengo una novela más en mi haber y un verano por delante más o menos decente (sólo más o menos, porque hay una traducción por ahí que espera ser terminada, algunos encargos breves pero existentes y una novela de terror para adolescentes que tengo que rematar) pero puede decirse que estoy moderadamente satisfecha por cómo ha ido todo. Muy pronto comenzaré a hablar en futuro -porque mi otoño viene cargadito de compromisos- pero de momento, me refugio en el pasado para contaros algunas de las cosas que he hecho en todos estos días de ausencia bloggera.
1) Viajé a Nueva York con excusa mirallesca (me explico: mi amigo Francesc Miralles se fue a vivir un mes a la ciudad de los rascacielos, y yo me escapé sólo por el gusto de verle con aquel decorado de fondo). Cenamos en un restaurante giratorio con varios amigos, escuchamos cantantes de jazz amateurs en un bar de la tercera avenida llamado "La aguja de Cleopatra" y el resto lo dediqué a escribir y documentarme para escribir. Eso sí: como mi apartamento estaba justo al lado de Times Square, me escapé al teatro (no sería yo, si no) y vi una de las versiones más sorprendentes que creo que se hayan representado jamás de El despertar de la primavera de Franz Wedekind. Una obra por la que siento mucho cariño. A ver si un día os cuento por qué.
2) He escrito muchiííííííísimo. Tenía compromisos pendientes. Un cuento, precisamente sobre Nueva York, para la revista EÑE. Otro sobre deportes para el diario Público (¿deportes?, pregunté. Sí, pedimos a los autores cosas que no les van nada para que el resultado sea más sorprenente. Ah, lo será, desde luego, por lo menos en mi caso). Uno sobre bulling para una antología que prepara Fernando Marías para SM. Uno sobre el hombre invisible para una antología que prepara Fernando Marías para 451 (cómo trabaja Fernando Marías!), uno sobre lo-que-me-diera-la-gana para un libro en beneficio de la Fundación Sierra i Fabra de Medellín. Otro sobre lo mismo que prepara Sierra i Fabra y su Fundación para Editorial Norma (cómo trabaja Sierra i Fabra). Y mil menudencias con las que no os quiero aburrir.
3) Leí muchos libros raros en pos de la documentación. What Hapen When We Die (Que pasa cuando morimos). Heaven's Call (La llamada del cielo). The Big Book Of The Near-Dead-Experiences (El gran libro de las experiencias cercanas a la muerte). Todo comprado en Amazon. También otras cosas más al alcance: Elisabeth Kübler-Ross, Jung, Moody, di Nola... He entrevistado a gente que trabaja con moribundos, que ayuda a morir a enfermos terminales o que ha estado muerta y ha vuelto a vivir... Y todo para escribir la novela que me tenía abducida, HACIA LA LUZ, y que merecerá una entrada aparte un día de estos, cuando me vea con fuerzas. De momento estoy en la fase: trato-de-olvidar-lo-que-he-escrito. Para mí, es necesaria. Y con esta novela, que me tuvo 20 días sin dormir ni una noche (lo prometo, ni que fuera un amante espectacular), más aún.
4) Asistí al debut en un teatro grande de la bailarina -de 5 años- Elia Olmedo, no por casualidad mi hija. Fue un exitazo. Es la bailarina más feliz del mundo mundial, eso desde luego. Y su hermano Adrián, un espectador agradecido (¡que aguantó tres horas de actuación como un hombre!). También llegué tarde (por culpa ajena) a su primer actuación musical. Pero vi una exposición en la que Adrián emuló a Miró. Por cierto, Adrián dice que de mayor quiere ser policía, pescador y escritor (todo a la vez).
5) Pasé fugazmente por la Feria del Libro de Madrid (qué frío hacía), pero con tranquilidad. Participé en una mesa redonda con Julián Rodríguez, Doménico Chiappe y Félix Romeo, quien al terminar, mientras tomábamos patatitas en el chiringuito de la misma Feria dijo una frase que luego he pensado mucho: «Es triste que el único nacionalismo que existe en España sea el del fútbol».
6) Vi diluviar en (por este oden): León, Bilbao, Gijón, Madrid, Nueva York, Mérida, toda la provincia de Badajoz (o casi) y, por supuesto, Barcelona. ¡Menuda primavera lluviosa para no parar de viajar!
7) Conduje un taller literario en Badajoz donde lo pasamos muy bin (por lo menos yo) y donde tuve ocasión de disfrutar cara a cara de algún que otro visitante de este blog (un abrazo, Fernando, y gracias por tu entrada).
7) por último: os eché mucho, muchísimo de menos. Vamos a intentar reparar las ausencias, que yo soy de las que piensan que los cariños hay que alimentarlos. Así que, dejaros alimentar, navegantes, que la Santos ha vuelto.

La imagen de hoy: un muy sonriente "m & m" publicitario en la noche de Times Square.

25 de junio de 2008

Coming soon

Estoy terminando mi novela HACIA LA LUZ, navegantes.

Volveré a mi vicio diario del blog a partir del próximo 7 de julio. No os despistéis, que luego os echo de menos.

29 de mayo de 2008


Esta foto es de esta mañana. Me la ha mandado, con mucha diligencia, Cecilio (a mi lado en la imagen, de oscuro), del IES El Pomar de Jerez de los Caballeros, en la provincia de Badajoz. Allí he estado esta mañana, en medio de la lluvia torrencial y en muy buen ambiente.
Muchas gracias, Cecilio, por la rapidez con que cumples tus promesas.

25 de mayo de 2008

Diagonales: MoMa, New York


19 de mayo de 2008

No, este aún no es un blog muerto. Ni póstumo.

¡Awafih!
Así se dice "hola" en arameo, una lengua que aún se habla en tres pequeños pueblos cercanos a Damasco. Es decir: no se trata de una lengua muerta, pero sí casi muerta.
"Anda, lo mismo que este blog", habréis pensado algunos, y no os faltará razón. Pero antes de daros la razón humildemente y explicaros las causas de que éste sea un blog casi muerto, dejadme explicaros algo.

"Cada día, señor, espabila mi oído para que escuche como los iniciados".
El viernes pasado tuve la suerte de asistir a una conferencia de la veterana y muy lúcida Montserrat del Amo. Fue en "Leer León", la Feria de Literatura Infantil y Juvenil, que este año ha rendido homenaje a la pionera del género, que tiene nada más y nada menos que 80 castañas. Esta cita de Isaías sirvió a Montserrat para describir cómo presta atención a la vida para luego escribir. Fue sólo el comienzo de una conferencia plagada de perlas, de las que tomé nota para servíroslas aquí, a modo de desagravio por mis ausencias. Espabilad la pupila, pues, que no tienen desperdicio:

"Yo vivo sola. No me siento sola, porque tengo mucho afecto a mi alrededor, pero para escribir, viene bien".

"El tiempo de imaginar es muy largo -largos paseos, momentos de insomnio...- y muy grato, porque en mi imaginación mi novela es perfecta, maravillosa".

"No sé escribir de un lugar que no haya visto previamente".

"Atención al oficio: ayuda mucho, pero también puede ser un peligro. Más que facilitar la tarea, la dificulta. A esto de escribir no se termina de aprender nunca".

"Cuando escribo sé que lo que hago podría estar mejor, pero forzosamente me veo obligada a escribir tendiendo a la montsidad"

"El escritor tiene que vivir del odio al editor"

"Lo malo es que las palabras bonitas no siempre significan lo que deberían".

¿Qué os parece? Fue un lujo conocerla, de verdad. Yo con 80 años quiero ser Montserrat del Amo, os lo aseguro. Y ahora, van las explicaciones: El año pasado, pacientes navegantes, cerré el blog mientras escribía LA MUERTE DE VENUS (Espasa, 2007). Lo hice porque me conozco: me entusiasmo tanto con la escritura que se me olvida hasta de respirar. Ya no digo de actualizar todos los días. Este año he andado de aquí para allá, terminando algunos compromisos previos, hasta hace poco: libros de no ficción, novelas a cuatro manos, cuentos por encargo... Pero llevo ya algunas semanas -creo que me lo habéis notado- absorta en mi próxima novela, HACIA LA LUZ, que también publicará Espasa. Esta es la (buena) razón de mi silencio bloggero. No quise colgar el cartel de cerrado por escritura para no descuidar el blog, pero lo he descuidado igual y encima, sin avisar. De modo que esta entrada de hoy es un modo de tranquilizar mi conciencia pero también una explicación y una disculpa: perdonad mi silencio, navegantes, estas próximas semanas estaré un poco más "callada" que de costumbre. La razón: ¡estoy escribiendo, emocionada como sólo ocurre de vez en cuando, una historia que me abduce! Iré volviendo, una vez a la semana si me aplico, para que no podáis pensar que este es, como el idioma arameo, un blog muerto. O póstumo, lo cual tendría su morbillo.



La imagen de hoy la tomé el verano pasado en Akureyri.

6 de mayo de 2008

Aventura dental

Hoy he llevado a mis hijos al dentista. A Adrián le salen los dientes definitivos sin que se le caigan los de leche (extraño prodigio de la naturaleza que no sabía posible), Elia se golpeó un incisivo (también de leche) y se le ha puesto de un color preocupante. En la sala de espera, mis dos gamusinos han ojeado revistas del corazón, fingiendo un severo interés por los asuntos frívolos. Luego han pasado, al trote, hasta la sala del fondo, donde nos esperaba una médica joven vestida de azul, con una mascarilla último modelo, a quien Adrián se ha apresurado a interrogar:
—¿Cómo te llamas, señora dentista? —le ha preguntado.
Y el misterio se ha aclarado en el acto:
—Carla —ha dicho Carla, bajándose la mascarilla y mostrando una ristra de dientes perfectos (supongo que este último punto es lógico).
La primera ha sido Elia. Se ha tumbado, muy contenta, en la silla de exploraciones, con la boca muy abierta incluso desde antes de que se lo pidieran. Sus ojillos negros iban y venían, curiosos y divertidos, de la lámpara cenital a las manos enguantadas de Carla. Parecía encantada de haberse convertido, de pronto y con tanta facilidad, en una paciente. Adrián, mientras tanto, quería saberlo todo:
—¿Por qué le metes la mano en la boca a mi hermana?
Lo de Elia ha requerido hasta una mini-radiografía, que le han hecho allí mismo, después de cubrirla con un mandil de plomo y pedirnos a su hermano y a mí que esperáramos fuera. Se ha portado tan bien que he salido pensando que es más íntegra que yo, la monita de 4 años.
Cuando le ha tocado el turno a Adrián ha habido exploración y diagnóstico: tiene que tocarse los dientes todo el tiempo, para que se caigan de una vez, y para que el ratoncito, las hadas de los dientes o los angelitos (esta parte de la mitología doméstica está por resolver) hagan su trabajo y le traigan muchos regalos. Con gran alborozo, Adrián ha descubierto que se le mueven 3 dientes, y allí mismo ha planeado en qué iba a pasar el resto de la tarde: en llamar a todos y cada uno de los miembros de la familia para contarles el gran acontecimiento.
En fin, ha sido una aventura completa, adornada de sillas que suben y bajan y señoras con la cara tapada, como en las comedias antiguas de capa y espada. Para rematar, les han regalado un guante de látex y una mascarilla a cada uno. Yo no me he atrevido a pedirle otros para mí.
Lo más impactante del día ha sido el momento en que Carla (qué familiaridad) me ha enseñado la radiografía que le ha tomado a Elia. Ahí está su diente maltrecho, intacto, tranquilo, libre de infecciones y culpas; justo encima, escondidas dentro de la encía, en apariencia inofensivas, dos paletas que triplican el tamaño de los dientes actuales, esperan agazapadas su turno. Ha sido impactante: como tener el privilegio de contemplar durante un minuto la hija que tendré, no la que tengo, la silueta invisible pero real de lo que nos aguarda en el futuro.
Qué cosas, ¿no? Llevo a mis hijos al dentista y termino metafísica.
Perdonadme, navegantes, son las altas horas, que me afectan a los órganos de pensar.


La imagen de hoy, de otra con tres y de Cristopher Gilbert.

1 de mayo de 2008

Because I'm the Mom

30 de abril de 2008

De Si la Naturaleza es la Respuesta, ¿cuál era la pregunta?, de Jorge Wagensberg

-Toda gran función necesita un gran estímulo.

-La mente se nutre de cambio.

-Una cebra no necesita correr más que una leona, sino más que las otras cebras.

-Yo soy la intersección de todas mis vivencias.

-Crear es seleccionar.

-Desconfío de la idea que no cabe en una frase.

-No conozco ningún fanático que se ría de sí mismo.

-El gozo de la mente está entre la predicción (un poco antes) y la sorpresa (un poco después) de alguna clase de cambio.

-Lo dulce es genético; lo amargo, cultural.

Publicado en Tusquets, 2008.

La imagen de hoy es de Carl Warner

29 de abril de 2008

De La isla, de Giani Stuparich

Hasta entonces había creído no estar ligado a nadie. En sus relaciones con la familia había imperado siempre una recíproca indiferencia. Como un marinero, por costumbre, volvía de vez en cuando, tras largos viajes, a casa, donde le parecía haber dejado algún que otro efecto personal, algún que otro recuerdo, pero nada que estuviera vivo, que fuera inseparable de él. Y un día se dio cuenta de que entre los ojos asustados y suplicantes de aquel niño y el fondo mismo de su alma había una corriente que ya no podía ignorar ni mucho menos cortar sin envilecer su más íntima esencia. Y entonces primero había acogido a aquel niño en sus entrañas y lo habñia tomado luego de la mano y le había enseñado a caminar por la vida.

Ediciones Minúscula, 2008

La imagen es de Bruno Mercier

28 de abril de 2008

¡Desorganízate!

Hay algo que me produce más pavor que el desorden: el desorden póstumo. Pasar a la posteridad con mi mesa hecha un desastre o sin haber tenido tiempo de ordenar mis papeles, de modo que entre mis cosas aparezca la lista del supermercado o el calendario donde alguna vez marqué mis ovulaciones. No hace mucho tuve ocasión de echar un vistazo a la mesa que ha sobrevivido a Camilo José Cela. Está intacta, recorte por recorte, como él la dejó. Hay una pila de papeles justo en el centro —como si el autor tuviera previsto atenderlos antes de su siguiente jornada de trabajo—, notas tomadas en pequeños papeles, un número del ABC Cultural, ya amarilleando, con una portada de Mingote dedicada a él y algunas chucherías sin mayor gloria que la de pertenecer a la mesa póstuma del Nobel. No es que quiera comparar, pero si me muriera en este instante, en mi mesa me sobrevivirían los restos del café de ayer tarde, dos pilas alcalinas que ayer saqué del ratón inalámbrico, un diminuto adminículo que sirve para montar y desmontar las piezas de Playmobil con que juegan mis hijos, dos libros sobre el buen morir —de un autor vergonzante llamado Raymond Moody—, tres monedas de dos euros, el cable de mi i-pod y diversos libros y cuadernos de mayor gloria que todo lo dicho. Si en este momento presintiera que puedo morirme, me apresuraría a lanzar a Moody por la ventana, junto con la taza, las pilas y el cable, y traería a la mesa, para dejarlos con un descuido parecido al que traza el azar, una edición en inglés del Quijote, la poesía completa de Sor Juana Inés de la Cruz y el Ulyses de Joyce.
De hecho, lo ridículo no es conservar la tabla de ovulación. Lo ridículo es que después haya alguien que busque tesoros entre algo tan vulgar y cotidiano como los papeles de un escritor. Eso ha ocurrido ahora con Augusto Monterroso y el legado que dejó a la Universidad de Oviedo. Entre sus apuntes, entre las muchas páginas con notas que cabrá revisar, los catalogadores encuentran radiografías de pulmón, fotos del Che Guevara o calendarios de pin-ups. Tal vez dentro de cincuenta años, cuando ya la cultura de la organización “a la sueca” que Ikea impone en todo el mundo, estas cosas ya no ocurran, pero por ahora, los escritores somos muy poco suecos en esto del orden. Las mesas de los colegas que he tenido ocasión de ver me dan la razón en esto. Lo cual significa, a modo de conclusión, que ninguno de nosotros podemos morirnos aún.
Claro que una vez muerto el desorden genera agradables sorpresas. Y es que si todos fuéramos tan ordenados como Ikea quiere que seamos, dentro de algunos años ya no podría haber hallazgos como los que últimamente aparecen por doquier: un cuaderno de Van Gogh en Grecia, una acuarela de Picasso en un pequeño pueblo de Inglaterra, una partitura de Bach o unos discursos Agustín de Hipona en dos bibliotecas alemanas... Qué alegría ser capaz de sorprender a la posteridad con este tipo de regalos póstumos. Me produce tanto alborozo que estoy por lanzar una propuesta entre mis amigos escritores. Propongo que metamos en una carpeta un cuento o unos poemas inéditos (mejor escritos a mano) junto con un viejo cuaderno de notas (mejor si contiene dibujos), un mechón de pelo (así facilitamos la autentificación: el ADN no miente) y alguna fruslería mundana: el envoltorio de un kinder-bueno o la factura de un hotelucho de carretera. Luego buscaremos en qué rincón de qué biblioteca del mundo podemos esconderlo. Tal y como evoluciona el mundo, dentro de poco nadie entrará en ellas a consultar nada, de modo que nuestro legado dormirá en ellas un número indeterminado de siglos, esperando a la mano de nieve etcétera. ¿No es hermoso?


La imagen de hoy: desorganizados juegos infantiles

24 de abril de 2008

Sant Jordi: la foto oficial y la contrafoto oficial



Ya es tradición comenzar la barcelonesa jornada de Sant Jordi con un desayuno que ofrece el Hotel Regina. Allí estuve, fotografiando a los fotógrafos que fotografiaban a los escritores.
Por cierto, ya que este año yo soy mucho más visible que el pasado (a todo se aprende) os reto a que encontréis a Ruiz Zafón en la multitud escribiente.
Qué raro... ¿No está? ¿Será que no tiene amigos en el gremio?
Vamos, anónimos y no tanto, sed malos. Dejad comentarios.

23 de abril de 2008

Feliç diada de Sant Jordi, navegants


Hoy, para celebrar el día del libro, un cuento nuevo en Gazpacho con tropezones. Islandés y de fantasmas.
¡Salud y lectura!

22 de abril de 2008

Fiesta del libro, según Adrián


Más obras del artista en Ceras y rotus. Calentad motores, navegantes, que ya llega el 23 de abril.

20 de abril de 2008

Álbum de otra semana loca







De arriba a abajo: Foto 1: El jueves en el IES Terrassa (provincia de Barcelona), junto al regidor de cultura y el director del centro.
Foto 2: Un instante del power point de presentación que realizaron los alumnos del centro.
Fotos 3 y 4: En Món Llibre (Barcelona), el sábado por la tarde, en compañía del periodista y amigo Espartac Peran y de algunos lectores.
Fotos 5 y 6: Presentación del libro de Imapla "Mamá", publicado por RBA, con la presencia en la primera fila de algunos peces espada (y el ambiente resultante, que fue muy divertido). En la mesa estaba, además de la autora y Joana Costa, de la editorial, el hijo de Imma, Pere, protagonista del cuento, de 7 años, quien lo leyó a los asistentes. Fue el sábado por la tarde en la FNAC de El Triangle, en Barcelona.

¡Viva los días previos al día del libro! La marcha continúa, navegantes.

Todas las fotos son de Deni Olmedo

19 de abril de 2008

18 de abril de 2008

Los bloggers muertos no van al cielo, por Hernán Casciari *

* Artículo publicado en el blog Orsai el 10 de junio de 2005.



Hace unos días, en Estados Unidos, asesinaron a un blogger. La noticia apareció en la prensa. El muerto se llamaba Simon, y la policía pudo dar con el criminal porque el occiso, antes de morir, nombra a su verdugo en su último post: “El ex novio de mi hermana está aquí, fumando y recorriendo toda la casa; suerte que se irá pronto”, escribía ingenuamente el blogger. Por lo visto tuvo tiempo de darle al botón enviar antes de que su cuñado le partiera la cabeza con un picahielo.
El blog de Simon es una bitácora personal como las hay a millones. Simon tenía diecinueve años, era hijo de un padre chino y una madre americana, le gustaba la computación, el tenis y el estudio de los idiomas. Escribía casi todos los días en su blog; los textos eran cortos y lo leían unos pocos amigos. Su penúltimo post tuvo 10 comentarios. El último, en cambio, el famoso post-mortem, está a punto de alcanzar los 3.000 mensajes de lectores. La gente ha leído la noticia en la prensa y ha ido a escribirle cosas al muerto. Su bitácora se ha convertido en un velatorio permanente, en un altar con flores y velas encendidas, como los que se ponen en las carreteras, justo en el sitio del choque frontal.
Cuando se muere un blogger, se muere también la contraseña de su blog, es decir: muere la posibilidad de modificar el texto, y entonces ese espacio en internet deja de pertenecerle a un vivo, para comenzar a ser patrimonio de un fantasma. Todavía no sabemos si en el más allá (en el cielo, en el infierno) hay cibercafés, no sabemos si la muerte es compatible con Movable Type, ni si al convertirnos en espíritus errantes tendremos tiempo de seguir escribiendo nuestra rutina diaria. No lo sabemos porque hasta hace unos días no había bloggers muertos. Pero ahora ya hay uno y puede que, alguna vez, Simon escriba un nuevo texto, porque él sí se sabe la contraseña de su blog. Yo, por precaución, me guardé su dirección en los favoritos y cada tanto vuelvo a la bitácora de Simon, para ver si su fantasma nos quiere decir algo.
Todo esto me ha llevado a pensar que un día, dentro de unos treinta o cuarenta años, internet estará lleno de blogs a los que se les habrá muerto el dueño. Bitácoras a la deriva del tiempo, textos inconclusos que acabarán diciendo “mañana les cuento algo que me ha causado mucha gracia”. Y después nada. Después un silencio eterno. Los lectores no sabrán nunca que el blogger ha muerto. Los lectores pensarán que se ha cansado, o que le han cortado la banda ancha, o que ya no quiere escribir. La muerte rondará en silencio, congelando las historias cotidianas, cortando la continuidad del home, confundiendo al caché de Google.
Esta bitácora, sin ir más lejos, esta misma que ahora escribo y ustedes leen, un día de este siglo será la bitácora de un muerto. Es extraño decirlo de este modo, e incluso redactarlo naturalmente, pero es la puta verdad.
Y si seguimos fantaseando con el paso del tiempo, notaremos enseguida otras novedades a las que no prestamos atención, pero que en el futuro serán moneda corriente. Por ejemplo, que los blogs de nuestros hijos tendrán un link a nuestra bitácora, una vez que ya no estemos en este mundo. Y también los blogs de nuestros nietos tendrán, en el menú de la derecha, un apartado en el que dirá: “Ir al blog del abuelo”.
¿Cuántos comentarios acabará teniendo mi último artículo en Orsai? ¿De qué hablaré ese día que será, sin que lo sepa, la víspera? ¿Será un texto gracioso, como el del lunes, o un poco melancólico como este de hoy? ¿Moriré, acaso, en mitad de la redacción de una historia que nadie podrá leer? ¿Alcanzaré a decir alguna vez exactamente lo que siento, sin disfrazarlo de banalidad?
Se me han cruzado muchísimas preguntas por el estilo mientras leía anoche la noticia del blogger asesinado. Muchísimas preguntas. Pero hay una que me preocupa más que todas. Hay una que me remonta a la fábula de Juan y el lobo, y que no me deja pensar en paz:
El día que me muera, el día que Orsai quede a la deriva del tiempo y sin dueño, ¿alguien me creerá?

La imagen es de Simon Marsden

17 de abril de 2008

Utilidad de ciertas cosas

Me pongo unas media negras, nuevas, suaves.

—Se van a romper —me dices, como si lo lamentaras.

Pienso:

«Hay cosas que están hechas para romperse».


La imagen de hoy es de Bruno Bisang

16 de abril de 2008

Álbum de las últimas semanas








UNA CRÓNICA: ¿QUÉ QUIERE CARE SANTOS?
Por Nerea Moreno

«En primer lugar, quiero agradecerle estar aquí a una persona muy especial: Nerea" Etc. Yo, claro, muerta de verguenza, roja...¿cómo un tomate? No, sería mas correcto decir que me hallaba en el Valle de la Langosta Hervida. Afortunadamente no era yo la que tenia que continuar hablando como una descosida antes 100 adolescentes con granos. Era ella, Care, la que tenia que enfrentarse a ellos. Además de conseguir que la escuchasen, que no es poco, tenia que convencerles de que la literatura está hecha para todos, y especialmente para ellos, para nosotros, para que la disfrutemos.
¿Lo consiguió? Bajo mi punto de vista, sí. De hecho, a mi entender superó con creces las expectativas. En menos de dos horas hizo ver a muchos que la literatura no está hecha para matarnos de aburrimiento sino para comunicar, para descubrir, para soñar, para discutir, para reír y, en ocasiones, también para llorar.
No puedes escribir un libro sobre un tema que no te fascine, decía. Es cierto, si lo le interasa a la persona que lo escribe, ¿cómo va a interesarle a la persona que lo lee? en los libros hay que poner pasión, entrega. Por eso ella escribe sobre cosas en las que cree. Escribe para emocionar, para compartir, para levantar pasiones y que no puedas soltar su libro en toda la noche. Quiere divertirte, que te identifiques con los personajes, no pretende darte lecciones ni enseñarte a pensar, ya somos mayores para eso. Quiere que aprendamos, que critiquemos y que sentimos la literatura.
Así pues, ¿qué quiere Care Santos? está claro ¿no? Quiere que leamos».


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—Las tres primeras imágenes son del IES Francisco de Goya de Madrid, el día de la entrega de premios de su concurso literario (que felizmente, oficié yo). En la foto, estoy con los ganadores. Y también con cara de librera simpática ante un puesto con mis libros (qué bonitos quedan todos juntos), en la Biblioteca del centro. La última de esta tanda es la del acto "oficial", en compañía del director y la gente del Departamento de Lengua y Literatura.

—La cuarta es un escaparate que dedicaron a mis libros los alumnos del IES Santa Eugènia, de Girona. Precioso, ¿verdad? Estuve allí el día de mi cumpleaños, y conocerles fue un precioso regalo.

—La columnita es de La Voz de Asturias, sobre solapas y merced a Tino Pertierra, a quien le gusta ponerme a escribir de lo impensable.

—Y Nerea Moreno, la autora de la crónica final (que me ha mandado muy amablemente antes de que se publique en la revista de su colegio) es alumna del colegio El Carmelo Teresiano, de Madrid y tiene 16 años.

15 de abril de 2008

Metafísica (poema)

Un día levantamos la mirada
hacia el cielo estrellado
y brilló en nuestra mente la pregunta:
¿Cuál es nuestro papel en esta infinidad?
¿Quién rige nuestros pasos?
¿Hay algo más allá de lo palpable?

Los científicos dicen
que fue un cortocircuito,
un error o un azar
o un fallo del sistema.
La conciencia es la tara.

Al bajar la mirada de vuelta a nuestras cosas
ya éramos lo que siempre seremos:
Nosotros: los humanos.
Los culpables de todo este desastre.


La foto es de Claudia Rogge.

14 de abril de 2008

Hoy le he pedido algo especial a mi amiga Mònica. Algo que no tiene que ver con libros ni con cuestiones literarias o profesionales. Algo que atañe a esa pequeña parcela de intimidad que muy poca gente conoce. Tenía que ser a ella. Precisamente a ella, el Hada Madrina, la que supo desde el principio.
Era mucho más que justo: era coherente.

Creo que ella también lo sabe, por eso ha dicho que sí. A pesar de que tenía algo importante que hacer y de que la haya avisado -soy un desastre- con tan poco tiempo.

La imagen es la lluvia de esta tarde en la lucerna de mi estudio.

¡No has cambiado nada!

Lo reconozco (bajando la cabeza, avergonzada): el viernes por la noche me dio un conato de horterez y me pasé un par de horas perdiendo el tiempo en el YouTube buscando vídeos que de pre-adolescente me emocionaban hasta el espasmo. Me tragué un documental de factoría mexicana sobre la verdadera historia del grupo infantil Parchís y también hice grandes descubrimientos que la miopía de la ingenuidad no me habían permitido ver entonces. Por ejemplo, vi que Pedro Marín, a quien yo encontraba guapísimo, era bizco. Pero muy, muy bizco. Que Leiff Garret y Miguel Bosé en su versión bisoña debían de gustarme por su abundancia pilosa (aunque Bosé tenía más gracia y más talento) y que los Pecos nunca supieron cantar. Ni antes, ni ahora ni dentro de diez años. Además, con los lustros han adquirido aspecto de peluqueros de barrio.

La del sábado fue noche de fiesta multitudinaria. Al volverse a ver dos de las invitadas después de unos 10 años, una le dijo a la otra: «Estás igual». Y de inmediato añadió: «Lo cual sólo es un cumplido si se dice del aspecto externo».
Qué razón tiene. Qué fracaso para la experiencia, para el dolor sufrido, para los grandes momento de felicidad apoteósica, si la vida pasara por nosotros sin dejar mella. Reflexiono y concluyo que, por fortuna, no estoy como hace diez años. Y me enorgullezco de ello: ¿o es que he pasado lo que he pasado, bueno y malo, para quedarme exactamente igual que estaba antes de ser una madurita de 38?
Hace poco un amigo me decía: «Cuando reencuentro a alguien a quien no veo desde la adolescencia y él está exactamente igual que entonces, no sé de qué hablarle».

Pues este ha sido —lo he sabido de pronto esta mañana— el problema de Los Pecos. A los 16 años es normal sentirse morir al saber que tu novia del cole se ha casado con otro; es normal cantarle a tu madre, o encontrar inconcebible que una niña de 18 se vaya de casa dejando sólo una nota y una pila de cartas de amor, o ulular en desgarradora rima consonante porque a tu amor le cambian de instituto... pero, claro, seguir cantando estas cosas a los 50, cuando la piorrea ha hecho estragos en tu dentadura perfecta y el rubio que te hizo famoso se nota a la legua que ahora es de bote, entonces la cosa comienza a ser de verdad desgarradora (pero del modo en que la vida sabe serlo a los 50, que no puede ni compararse con los desgarros de los 16).
A los 50, para que te tomen en serio es necesario demostrar que la piorrea y las canas tienen algún sentido. Y, la verdad, si a los 50 sigues muriéndote porque la gente huye de pronto, se casa con otro o se va a vivir a otra ciudad, eres un fracaso para la madurez.



La imagen de hoy: vista aérea y parcial de los asistentes a la fiesta del sábado.

11 de abril de 2008

Cada año, alrededor del día del libro, me dan más ganas que el anterior de salir huyendo, de exiliarme en mi montaña mágica particular y regresar cuando no quede en el mundo vestigio de esta locura. Pero nunca lo hago. Al revés: aún no he perfeccionado del todo el arte de decir que no y me veo envuelta en mil cosas que a veces no me apetecen demasiado. La suerte es que luego me animo, y cuando estoy en harina me entusiasmo y consigo olvidar la desgana y el cansancio.

No, no me afectan los años (aún). Es la gripe. Llevo una semana cayendo y creo que esta noche he llegado a mi clímax. Yo no: la gripe. Después de todo, es mejor que sea esta semana que la que viene, en que tengo mil compromisos más. Esta tarde he salido de la radio pensando en mi cama. He cogido el autobús hasta casa pensando en mi cama. He leído un ratito en "Botchan" de Natsume Soseki (ay, estos ratos de lectura en el transporte público, qué placer) pero sin dejar de pensar en mi cama. He entrado al cuarto de mis hijos para darles un beso y les he dicho: «Mamá se va a la cama» (y era sincera). Pero luego he visto el ordenador y he pensado: ¿Y si tengo algún mail urgente? ¿Habrán escrito la editora tal que ya ha leído lo que le envié? ¿Habrá novedades del editor cual? ¿Seguirá en pie el almuerzo de mañana? ¿Habrá alguna respuesta en el blog al post de hoy? Y el ordenador me llama como canto de sirena al que no sé oponer resistencia.

Una curiosidad que he hecho hoy: pasar por un supermercado a comprar media docena de litros de wiskey y otros tantos de ginebra. ¿Alcoholismo? No. Fiesta. Pronto. Informaré.
Y la verdad, lo dejo ya, porque no sé qué diablos hago aquí en lugar de irme a la cama de una vez.



Posdata: Si tenéis ocasión, no dejéis de viajar con el Botchan que acaba de publicar Impedimenta.
La imagen de hoy: una señora que no tuvo mi suerte, y no alcanzó la cama. Del blog Kirai.

10 de abril de 2008



Dos ilustraciones, con juego de palabras incluido, del álbum ¡Ven, hada!, de Alejandro Magallanes (SM, México D.F., 2008), una adquisición que hice en la Feria de Bologna.

9 de abril de 2008

38


Después de tres (casi cuatro) décadas
de ir con Care Santos siempre a cuestas
comienzo a estar cansada
o más bien, aburrida
de aguantar sus bromitas,
sus mentiras inocuas,
sus aliños de historias que conozco
como si fueran mías;
los sietes en el forro de su abrigo,
que no tienen arreglo;
el tedioso pasar de las jornadas
siempre a las mismas cosas;
las larguísimas horas de rutina
y trabajo, y encierro, y obsesión.
Por detestar, hay días que detesto
incluso al mensajero que viene apresurado
y nos pide una firma y nunca lleva boli
y nosotras, firmamos, mansas como ovejitas
y abrimos el paquete con urgencia infantil
para ver qué contiene (siempre contiene libros).
Ella se alegra mucho, yo maldigo
(detesto los libros en silencio).
Y nos pasa lo mismo con las flores,
las botellas de vino en Navidad,
y con los restaurantes: no soporto el wasabi,
ni el queso ni el agua con burbujas
pero he de fastidiarme: ella elige.
En fin. Tres (casi cuatro) décadas
son mucho, mucho tiempo
para estar en silencio maldiciendo.
No sé ni cómo he conseguido,
ser fiel a su deseo tantos años,
sin hacerme notar, sin rebelarme.
Mas se acabó.
Ya no habrá más silencio,
ni habrá más mansedumbre.

Aquí estoy. Que tiemble la pesada:
su voz interior, por fin, se manifiesta.

La imagen: Ella, la pesada. Por Gusi Bejer.

8 de abril de 2008

Hoy tocan premios

Lo dije hace unos días. Javier Alas le otorgó un premio a este pedazo de silencio que comparto con vosotros a diario, con el encargo de que yo otorgara 5 premios idénticos a otros 5 blogs que creyera dignos de tal merecimiento. Y hoy es el gran día.
De modo que, en mi calidad de jurado unipersonal, sin candidaturas ni votaciones populares, ergo sin margen de error posible, os presento a los 5 rutilantes ganadores del PREMIO ARTE Y PICO SEGUN YO:

-A La Nave de los locos, del crítico y profesor Fernando Valls, por su seriedad y rigor, que no están reñidos con una mirada apasionada y llena de sentido del humor sobre el mundo de la literatura.

-A La fraternidad de Babel, porque me permite tener un pedacito de César Mallorquí cada día en mi pantalla. Me encanta esa proximidad. Y también la valentía de las opiniones que expresa su autor en sus larguísimas entradas.

-A Milanesa con papas, de Gus Nielsen, por su sentido del humor y su sincera desfachatez. Además de porque Gus es un magnífico escritor y yo una fan de su obra que disfruta leyendo sus secretos.

-Al blog de noticias de Literaturas.com, porque me informa de TODO -así, con mayúscula- lo que ocurre en el mundo literario español.

-A Lector mal-herido, de autor desconocido (¿o no tanto?), por su inteligencia y su mala leche combinadas a partes iguales, por su provocación inteligente. Y también por el buen gusto con el que, en general, selecciona sus lecturas.

Hala, pues ya está hecho. Nos vemos por allí (y por aquí). Felicidades a los premiados (¿o debería dárselas a los lectores? ¿O a mí misma?).

7 de abril de 2008

Vida: algunas palabras

-Agata Christie: La vida es una calle de sentido único.

-Albert Einstein: Lo peligroso de la vida no son la gente que hace cosas, sino la que se sienta a mirar lo que hacen otros.

-Oscar Wilde: Podemos pasar años sin vivir en absoluto. Y un solo instante puede concentrar toda nuestra vida. / Lo menos frecuente es vivir. La mayoría de la gente sólo existe.

-Jorge Santayana: La vida no está hecha para comprenderla, sino para vivirla.

-Friedrich Niestzche: El que tiene un porqué para vivir puede enfrentarse a todos los cómos.

-Carl Sagan: A veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa.


La imagen de hoy: el Atlántico desde Cádiz, hace un mes.

6 de abril de 2008

El mundo sin nosotros (poema dominguero)

Si todos los humanos perecíéramos hoy,
en este mismo instante,
las cloacas tardarían un día en desbordarse.
Se llenarían de agua todos esos canales
que trepanan el suelo que pisamos.
En apenas dos días estarían a oscuras
las ciudades más grandes del planeta.
(Sería el primer signo, feroz, de nuestra ausencia:
respiraría el mundo, sumido en la tiniebla
que nos halló al nacer.)
En unos días
perderían el miedo los mil depredadores
que aprendieron a golpes a temernos.
Nuestras casas serían alimento de ratas,
cobijo de rapaces, festín para los cánidos,
madriguera de lobos y vivero de insectos.
(Aunque las cucarachas, pobrecitas,
estarían de duelo sin nosotros
al menos unos días. Luego, se apañarían).
Una sola colonia de termitas
podría devorar mi biblioteca entera
en unas pocas horas. Y esta catástrofe
sería solamente un anticipo.
Seguirían los líquenes, los musgos,
las humedades desgarrando piedras,
los óxidos royendo la entraña del acero.
Por no hablar del feroz mejillón.
(¿no me diréis que no oísteis hablar
de ese molusco cruel que todo lo devora,
el apoteósico mejillón cebra?.
Pues sí, el fin del mundo llevaría su rúbrica).
Las yedras borrarían los contornos
de acero y hormigón que construimos.
Y mientras los colosos se venían abajo,
sin testigos ni alarma,
hallarían su cauce los arroyos,
poblarían el cielo colonias voladoras,
treparían las plantas sobre nuestra cochambre.
Y los árboles nuevos
darían nueva sombra en un mundo sin gente
donde ningún ruido sería de palabras
ni de bombas, o cláxones, o aplausos.
Donde ni nuestras obras podrían recordarnos.
El mundo volvería (en unos pocos años)
a ser lo que fue siempre. Un vergel de salvajes,
el mejor de los sitios para una raza única.
Un hermoso jardín
listo para ser pisoteado.

Y nosotros, que fuimos un azar
por quien nadie pregunta,
sólo poseeríamos olvido
la estúpida memoria del que nunca existió.

Las imágenes son del artita Carl Wagner.

4 de abril de 2008

Carl Gustav Jung, Recuerdos, sueños, pensamientos

—El inconsciente sabe más que la consciencia.

—El hombre occidental parece ser predominantemente extravertido, el oriental predominantemente introvertido.* El primero proyecta el sentido y lo sospecha en los objetos; el último lo siente en sí mismo. Pero el sentido está tanto en el exterior como en el interior.

(* Extraversión: Actitud típica que se caracteriza por la concentración del interés en un objeto externo. Introversión: Actitud típica que se caracteriza por la concentración del interés por los procesos internos del alma.)

—Cuando muera -así me lo imagino- mis hechos me seguirán. Aportaré lo que haya hecho.

—Yo intento ver la vida que me ha introducido en el mundo a través de la vida y que me lleva más allá del mundo.



En Seix Barral, Barcelona, 1999.

La imagen de hoy, del fotolog A Pinhole Diary of Eating Out

3 de abril de 2008

carta tipo, charles bukowski


estimado señor:
gracias por su manuscrito
pero por la presente le informo
de que no tengo influencia especial
con ningún editor o director de una editorial
y si la tuviera
no soñaría siquiera con decires
quién o qué
publicar.

yo nunca he enviado ninguna
de mis obras a nadie que no fuera
editor o director editorial.
a pesar de que
mi obra
fue rechazada durante décadas,
ni se me pasaría por la cabeza
enviar mi trabajo
a otro escritor
con la esperanza de que ese otro
escritor me ayudara
a publicar.

y aunque he
leído parte de lo que
me envió
le devuelvo su trabajo sin
otro comentario
que la pregunta
¿cómo consiguió mi
dirección?
¿y el descaro
para enviarme
una bazofia
tan evidente?

su cree que soy desagradable
me parece muy bien.
y gracias por decirme
que soy un
gran escritor

ahora tendrá
la oportunidad de replantearse
esa opinión
y escoger otra
víctima.

De ¡Adelante!, Visor, Madrid, 2006

2 de abril de 2008

Cosas que hacer en Bologna

-Dar vueltas y vueltas hasta marearse por la International Children's Book Fair, o la Fiera Internazionale de Livri per Ragazzi o la Fiera Internacional del Libro para Niños.
-(Consecuencia directa de lo anterior) Preguntarse cien veces por minuto por qué diablos escribo, con la cantidad de gente que lo hace.
-Pensar que no debería haber venido (demasiada gente, demasiada prisa, demasiados libros, demasiados negocios...)
-Alegrarse de estar aquí.
-Hablar con gente a quien te apetece conocer.
-Comer / cenar con gente con quien te apetece cenar.
-Asistir a la subasta de un libro que será la bomba de la temporada que viene (o eso desean sus hipotéticos futuros editores) y ver la cara que se les pone cuando gana la subasta otro.
-Encontrar colegas por los pasillos, y poner cara de ¿y tú qué haces aquí? cuando todo el mundo sabe qué hace el otro aquí (lo mismo que tú, por cierto).
-Conseguir dominar esta terrible claustrofobia libresca (la librostrofobia, neologizo) y dar un paseo en paz, para ver libros y disfrutarlos. Sólo entonces...
-Descubrir algunos autores a quien me gustaría poder leer en castellano. Bernard Beckett (podré leer "Génesis", su última novela, pero a mí me apetecería más que alguien tradujera "Malcom and Juliet" o "Jolt"); Greg Pyers, Erlend Loe, Ellen Hopkins y el estupendo Patrick McDonell, un autor de libros para niños que me ha enamorado con un álbum precioso llamado "The Gift of Nothing" (El regalo de nada).
Y también con otros a quien ya puedo disfrutar en castellano: Oliver Jeffers, por ejemplo (a los que tenéis niños o todavía lo sois: no os perdáis "De vuelta a casa", un precioso cuento publicado por Fondo de Cultura Económica).
-Disfrutar con las ilustraciones de la exposición de ilustradores, envidiando poder utilizar un lenguaje tan universal como el suyo.
-Visitar al Neptuno que preside la fuente junto a la Piazza Maggiore.
-Comerse un helado en la Gelateria Il Gelatauro (calabaza y canela, chocolate a la naranja...mmm) en compañía de Alicia.
-Hablar italiano como si supieras.
-Entrar en una librería del centro de la ciudad como si no hubieras tenido suficiente.
-Comprar pasta fresca y mortadela para llevar en Tamburini, una tienda histórica. En la bolsa dice: "antica salsamenteria bolognese". ¡Qué bien me van a recibir en casa!

La imagen de hoy: de Pablo Zweig uno de los ilustradores descubiertos en la muestra, dedicada a Argentina como país invitado.

1 de abril de 2008

No soy la única que ve casas encantadas por todas partes


Si hace días que no os pasáis por el blog de Adrián y Elia, os recomiendo que veáis las novedades de la exposición haciendo click AQUI.