Será raro, la verdad, ver pasar un año sin que llegue un nuevo volumen a las librerías, no poder asistir de nuevo a esa ceremonia del misterio, de las cajas precintadas que se guardan en un almacén hasta que llega la hora de revelar el secreto; del revuelo informativo que esa inteligente operación de marketing ha levantado una y otra vez. Tendremos que contentarnos con esperar la edición de la colección completa mientras aprendemos a contener la nostalgia.
Yo nací en 1970, así que mi infancia no conoció Hogwarts, el internado donde estudian los niños magos. Sí, en cambio, aquel otro, poblado por niñas perversas y repipis a partes iguales, llamado Torres de Malory. Era un escenario creado por Enid Blyton, a quien podríamos considerar, por edad y filiación, una suerte de abuela de J. K. Rowling. Escribió 187 novelas, vendió 400 millones de libros en innumerables traducciones y aún hoy es una de las autoras más traducidas del mundo. Sus libros todavía se encuentran en las librerías de nuestro país y cada vez que tropiezo con uno –en ediciones modernas, que sólo vagamente se parecen a las que yo recuerdo- me invade la melancolía de tener de pronto entre las manos una parte de mi pasado que yo siento muy importante.
Les ocurrirá lo mismo, dentro de unos años, a los lectores que hoy lloran el final de Harry Potter. Un día se descubrirán en una librería con un libro de la serie entre las manos, descubriendo que ya son personas adultas, tal vez padres y madres de familia, y que ese volumen parece contener algo muy importante de ellos mismos. A su alrededor, la librería estará repleta de lectores en busca de emociones. En los anaqueles habrá buenos títulos, talentosos autores o volúmenes de éxito, tal vez crecidos en la tierra abonada que dejó Potter.
Habrá escritores para ellos desconocidos que, como Rowling, o como antes Blyton, serán capaces de establecer una comunicación sin trabas con sus lectores, de seducirles hasta lograr aquel milagro que tan bien describió George Steiner: que apaguen la televisión para leer centenares de páginas en silencio.Cada vez que uno de los lectores de la serie llegue a las trece últimas palabras, ese momento estará un poco más cerca.
La imagen: así me vio la revista Mujer Hoy en un reportaje sobre las herederas de Rowling, qué cruz.









































