29 de junio de 2006

Los pies de la fama

La fama es algo tan efímero que conviene dejar la propia impronta sobre cemento, no vaya a ser que el mundo se olvide de nosotros antes de lo que tarda en amarillear el papel de periódico.
Eso lo saben muy bien en Hollywood, donde a las estrellas merecedoras de un huequito en la Avenida de la Fama las obligan a firmar sobre cemento fresco a la vez que dejan sus huellas (manos y pies, aunque los hay creativos que añaden algo más, como Whoopy Goldberg, que dejó unas trenzas) para que la posteridad las pisotee a su antojo. Así el resto de mortales tenemos la ocasión de comparar nuestra pisada con la de, por ejemplo, Harrison Ford o Charles Laughton. Y cito sólo caballeros porque la comparación de mi número 42 con el delicado pie de muñeca Barbie de Ava Gardner, Bette Davies o Jean Simmons me sumió en una meditación conclusiva. Esto es: si el talento encima de un escenario es inversamente proporcional al tamaño del pie, ya sé por qué mi profesor de interpretación me convenció para que fuera regidora del espectáculo que preparábamos (nada más y nada menos que Arlequín, criado de dos amos, de Goldoni). En fin, crueldades o sabidurías de la naturaleza.
Lo que no deja de sorprenderme es que damiselas como las citadas, que pisaron por la vida tan fuerte, lo hicieran con tan pírrica extremidad.

* He aquí la foto que me hubiera abochornado a los 15 años: comparo el pie de la bella Gardner con mi barca.

28 de junio de 2006

Excursión a Hollywood (primera crónica)

Hoy he hecho algo que no pensé que haría: contarle a Derek Chan, el responsable de Digital Operations de Dreamworks, que la primera palabra que mi hijo Adrián (que entonces no llegaba a los 3 años) escribió fue, precisamente, el nombre de esta productora, fundada por Steven Spielberg y con sede en Hollywood donde, a la sazón, me hallo. Ya veis lo lejos que puedo traer mi pasión de madre.
¿Qué hago aquí? Pues se supone que escribir un reportaje para el suplemento Yo Dona, de El Mundo acerca del fascinante mundo de las nuevas tecnologías aplicadas al cine de animación. La realidad es otra: soy una espía enviada por mis hijos con la única misión de saber cuáles serán los personajes que les harán reír durante los próximos 4 o 5 años. Y como sé que en este blog entra mucha mamá y también mucho aficionado al cine, he decidido ampliar el número de mis informados. Allá voy.
Como sabéis, lo último de los creadores de Shrek se llama Over The Hedge. En España se estrenó el pasado 16 de junio con el sorprendente título de Vecinos invasores. Un mapache y una tortuga aliados en su lucha contra los residentes de una urbanización que han invadido su terreno. Los dos protagonistas en versión original son Bruce Willis y Garry Shandling. Si podéis, merece la pena verla sin doblar.
Flushed Away, el proyecto que se ultima en estos momentos, se estrenará (en España) la próxima Navidad. ¿Cómo será el sorprendente título hispánico? La historia ocurre en un mundo subterráneo construido con deshechos donde una rana, Toad, ejerce de mafioso y donde hay un par de ratones llamados Gilbert y Sullivan. Visualmente es muy atractiva, en la estela de Chiken Run y Wallace & Gromit (por cierto, el Oscar conseguido por Wallace & Gromit: Curse of the Were-Rabbit, emparejado con el que se llevó la primera Shrek, dan la bienvenida al visitante nada más entrar en los estudios).
Lo siguiente es Shrek The Third, la tercera entrega de la saga del ogro más famoso del cine, que incorpora personajes: el Rey Arturo, un menguado Merlín, Lancelot o diversas princesas clásicas -Blancanieves, Cenicienta, Rapunzel y Bella Durmiente- aliadas en la defensa de sus derechos. Nos han mostrado el storybord, las pruebas de color y de vestuario para los personajes y hasta el diseño de los tipos, entre los que habín un Shrek bebé. ¿Quiere eso decir que Fiona y Shrek van a ser papás? Ah, los de Dreamworks no sueltan prenda. Será la peli del verano de 2008.
Y seguimos. Bee Movie (juego de palabras entre abeja, bee y move, moverse, desplazar, pero también movie, película), una historia sobre abejas obreras que trabajan en una gran fábrica gris y subterránea, en contraposición al precioso y colorido mundo real, pero también la historia de un inconformista universitario en su lucha por cambiar de vida. El protagonista es Barry the Bee, con el actor Jerry Seinfeld de trasunto. Adam Matthew será Broderick y Reneé Zelweger, Vanessa, otras dos abejas del concurrido y tecnificado panal. Se estrenará en Estados Unidos el 2 de noviembre de 2008. Es decir, nuestros niños la verán un mes y medio más tarde.
Más aún: Kung Fu Panda. Ambientada en la china milenaria e inspirada en las películas de Kung Fu y Jackie Chan, es una aventura de animales que practican artes marciales. Lo gracioso es que Chan pretsa su voz y sus maneras a uno de los personajes, Monkey. El protagonista es un oso panda llamado Po (Jack Black) a quien acompañan una sensual y femenina serpiente llamada Viper (Lucy Liu), el tigre Tai Lung, la tortuga Oogway o el mapache Shifu. En este proyecto, que se estrenará en los USA en primavera del 2009, concentran actualmente los creativos de la productora todos sus esfuerzos.
La Navidad del 2009 veremos Monsters vs. Aliens (Monstruos contra aliens), una idea aún en desarrollo de la que apenas nos han enseñado algunos dibujos iniciales y una pequeña parte del storyboard: Niñas gigantes caminando sobre una autopista, monstruosos alienígenas que se acercan volando...
A partir de este título, la excursión por los pasillos y las estancias de Dreamworks, terminaba para mí y para los otros siete periodistas (malayos, chinos, japoneses y norteamericanos. En representación de Europa, yo misma) pero hay más, mucho más. Esta gente tiene la agenda llena hasta el 2011. De lo que sigue a los aliens y los monstruos, sólo tengo los títulos: Madagascar 2, Punk Farm, Shrek 4, Route 66, How to Train Your Dragon (Cómo entrenar a tu dragón, el libro puede leerse en edición española de SM), Rex Havoc, It Came From Earth! (Vino de la tierra!). En fin... que los 1.200 trabajadores que trabajan en Dreamworks tienen mucho que hacer.
Por cierto... un detallito. ¿A que no sabéis cuántas hojas hay en el seto que atraviesan los protagonistas de Vecinos Invasores? Yo sí. Doce millones. Colocadas ahí una por una, chicos. ¿Veis lo que se aprende viajando?
Hasta mañana, navegantes.

27 de junio de 2006

Mudanzas

El último atuendo que se deja es la vida.

Lo dice Pascal Quignard en La lección de música, un libro extraño, sutil, que me ha acompañado sólo una pequeña parte del viaje de hoy.
Para el resto, he contado con la muda compañía del paisaje: Inverness, Iceland, Groendlandia, Godthab, la Bahía de Baffin. Parece la toponimia de un sueño y sin embargo es real.
Dejo la fotografía para la vuelta. Revisitad esta entrada dentro de cuatro días y sabréis de qué hablo.
* Por cierto, Quignard es, gracias a Editorial Funambulista, un placer al alcance de cualquiera. La lección de música -me quedo con la tercera parte más que con las otras dos- y, sobre todo, La frontera.

26 de junio de 2006

Aviones

"No quiero irme porque no me gusta regresar", dice uno de los personajes de Los convidados de agosto, de Rosario Castellanos (lo prometo, algún día hablaré de ella).
A mí, ahora, vuelve a gustarme regresar.
"La vida toma aviones y se aleja", dice un verso de Eugenio Montejo. Yo voy en ellos. Esta noche dormiré en Los Angeles. Pensad en mí, navegantes, mañana no faltaré a la cita. Ya lo dije una vez: sólo la enorme distancia de la muerte me privará de escribir. Y ya veremos si se puede hacer algo.

25 de junio de 2006

Asun Balzola

Creo que es muy necesario el equilibrio entre la razón y el sentimiento, sin embargo lo que da interés a mi trabajo, sea para prensa, para publicidad, en el campo infantil, o en el literario, es la rapidez: una manera de sentir y de ver que se traduce en una ejecución veloz, directa, y que quizá por eso capta algo en el receptor que ‘funciona’ muy bien, pero el proceso preliminar al trazo puede ser muy lento, muy elaborado, o puede incluso quedar en suspenso, no llegar a su término.

Asun Balzola, la autora de estas palabras, murió hace tres días.
Los escritores que admiramos nunca mueren del todo.
Hoy mismo empezaré a leerle a mi hijo Guillermo, ratón de biblioteca. Si Adrián tuviera su propio blog, os recomendaría vivamente esa lectura. Yo lo hago en su nombre.

23 de junio de 2006

La saciedad

Vine a Granada con la excusa perfecta: hablar de relato breve con otros amigos afectos y adictos. En mi equipaje, ahora que me voy, recuento varios libros, diseminados entre mis cachivaches. Uno de ellos, Aforemas, de Miguel Ángel Arcas, contiene una exacta descripción del relato que me gustaría lograr cuando escribo:
Ser breve y saciar
Podría aplicarse también a este viaje y a la gente que he conocido en él.

22 de junio de 2006

Felicidad en clave

Según el protagonista de la novela corta de Henry James Diario de un hombre de cincuenta años, las claves de la felicidad son: gozar de buena salud, buena fortuna, una conciencia limpia y una ausencia total de parientes embarazosos.

Dado que sólo cumplo uno de los cuatro requisitos y que no soy un hombre de cincuenta años, aventuro mis cuatro claves de la felicidad (por orden de importancia): tener contigo a los que crees indispensables, tres o cuatro horas diarias de teclado y pantalla, que el director de tu oficina bancaria te tenga simpatía y no frecuentar hospitales.
Bueno, que sean cinco: compartir mesa y palabras con distintas personas en distintas ciudades del mundo. ES decir, que no falten amigos ni destinos. *
¿Cuáles son vuestras 5?
* Por ejemplo, esta noche: charlar con Antonio Caballero sobre la Alhambra y su historia, en Granada, frente a un par de cervezas.

21 de junio de 2006

Autorretrato (microcuento o así)

Tengo treinta y seis años y soy un estorbo para la evolución. He parido tres hijos, pero hace varios meses que desteté al pequeño.
Nunca fabriqué nada con las manos. No tallé, no modelé, ni siquiera podría cambiar un enchufe o desmontar un grifo.
Nunca hice una escudilla. O una mesa. Nunca mis manos domaron la madera o el barro. Ni ninguna otra cosa.
Fui doce meses presidenta de la comunidad de vecinos pero con eso no fue suficiente.
No soy capaz de matar un conejo. Ni un pollo. Incluso me conmueve ver colear a un besugo fuera del agua.
No conozco trucos ni pócimas capaces de sanar.
No aro la tierra. Jamás he sabido de la recolección. Ni del placer de ver crecer algo cuya semilla deposité en un surco.
Durante años me sentí orgullosa de desempeñar por gusto un oficio antiquísimo: proporcionar placer, y también ser capaz de recibirlo. Mas ya sé que tampoco en la cama soy insustituible.
De amor, mejor no hablo. No hay nada más inútil en la tierra que lo que no podemos retener.
De modo que lo único que tengo es mi tenacidad para unir noche y día una palabra a otra. Con ellas formo frases que a su vez forman párrafos que a su vez son historias, pero es algo que muchos otros logran, puede que con más suerte.
De modo que aquí estoy. Tengo treinta y seis años. No sirvo para nada

20 de junio de 2006

Por qué no soy de fiar

Desconfía del que ama:
tiene hambre,
no quiere más que devorar.
Busca la compañía de los hartos.
Ésos son los que dan.

Rosario Castellanos
Diálogo con los hombres más honrados

19 de junio de 2006

Espiando conversaciones



¿Qué le dice al oído un dragón a otro dragón?
«¿Las noticias? Cuentos en peligro de extinción.»

18 de junio de 2006

Esa es la gracia

Es juego arriesgado tomar parte en la vida.

Cesare Pavese
Maternidad, Poesías completas

17 de junio de 2006

Caminos de Roma






16 de junio de 2006

Balance

En el vuelo VY5159 Roma-Barcelona habrá una pasajera con un equipaje enorme: los pies molidos, el corazón recompuesto, algunas imágenes turbadoras (ah, Apolo y Daphne, la Piazza Navona, el perfil del Coliseo...), las palabras de Óscar a buen recaudo, una botella de vino y un libro con elefante.
¿Adivináis de quien se trata?

Tenéis cuatro días para pensarlo. No dejéis de volver con las respuestas, navegantes.

15 de junio de 2006

Galleria Borghese. Sala III

¿Realmente es mármol el material de que están hechos Apolo y Daphne, Plutón y Proserpina?
¿De qué estamos hechos ahora tú y yo?
¿Estatuas o carne y huesos?
¿No te sorprende en ocasiones la fragilidad del mármol?
¿Podrá escuchar Apolo bajo la corteza del laurel latir el corazón de Daphne?
¿En algún momento nos detendremos, quietos como estatuas, y lloraremos como llora Proserpina?
¿Y si nada fuera como nos hemos empeñado en verlo en los últimos días?
Dame la mano y corre tras de mí: no quiero convertirme en laurel lejos de tus brazos y tu rabia, amor mío. O, aún mejor, llévame contigo a la oscuridad, que siempre nos fue tan propicia.

14 de junio de 2006

Lux romae

Luce un sol radiante sobre Roma. Las gaviotas que sobrevuelan las piazzas no parecen necesitar el mar para nada. Los ángeles nos custodian allá donde vayamos. El óculo de El Panteón parece una salida hacia alguna parte.
Esta entrada de hoy está dedicada a Nane. Hay mucha luz aquí. Creo que tú sabes por qué. Contigo, habría más.

13 de junio de 2006

Pavese ahora no me conviene

No sé si por coherencia o por error, elijo a Cesare Pavese como compañero de este viaje Barcelona-Roma. En este momento, en el colmo del cosmopolitismo, ambos aguardamos la hora del embarque haciendo uso de esta magnífica conexión a Internet en un bar del aeropuerto de El Prat. Por eso no me resisto a transcribiros unos versos del autor italiano, hermosos y tristísimos. Los escribió, dicen, pensando en la actriz norteamericana Constance Dowling tras su ruptura sentimental con ella. La depresión en que le sumió ese desenlace le llevó al suicidio. Pavese se mató a los 42 años, el 27 de agosto de 1950, en un hotel de Turín.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos,
esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una palabra vana,
un grito acallado, un silencio.

La vida es rara y nosotros, más aún. ¿Por qué he entrado hace poco más de una hora en la Librería Catalonia y he comprado las Poesías completas, de Cesare Pavese en Visor (edición de Italo Calvino) -así, a tiro hecho, convencida- y luego me he ido a buscar el bus del aeropuerto. ¿Porque intuía que Pavese y yo, precisamente ahora, nos comprenderíamos? ¿Porque los seres humanos nos sentimos felices al comprobar que siempre hay alguien en peor situación que nosotros? ¿Porque ahora no me conviene y tengo cierta tendencia a desear, incluso con fervor, todo lo que no me conviene?
Ah, si yo supiera la respuesta a todos los interrogantes que me inquietan.
En fin. Pavese y yo, hermanados, nos vamos a la capital del imperio. Él no paga billete. Alguna ventaja tiene que tener estar muerto.

Nunca deshago las maletas

Los humanos necesitamos sentir que vamos hacia alguna parte. Siempre he pensado que, en el fondo, la vida sedentaria va contra nuestra naturalera y acelera el envejecimiento. ¿No dijo Einstein que la velocidad enlentece el tiempo?

* * *

¿Por qué viajamos? No hay una única respuesta: viajamos para desentumecer las piernas y las ideas, para aprender, parta descubrir el mundo y a nosotros mismos, para conocer gente, por el placer de volver, para relatar —y exagerar— aventuras lejanas, por el gusto de descansar después de la travesía, por aburrimiento, por capricho, por temeridad, para ampliar horizontes y vaciar bolsillos, para vencer el miedo, la monotonía, la uniformidad...

Francesc Miralles, Cafè balcànic (Llibres de l'Índex, 2004)


Esta noche, amigos navegantes, dormiré en Roma.
¿Para qué este nuevo viaje? Pocas veces lo tengo tan claro: para ver a una de las personas a quien más quiero del mundo. Para dejar de ver a la persona a quien más quiero del mundo.

12 de junio de 2006

Drácula a Jonathan Harker


—¡Cuidado! Los que duermen imprudentemente sufren pesadillas.

11 de junio de 2006

Todo es literatura


Los rumanos están muy indignados con que cada vez que alguien menciona su país sea para referirse a vampiros, demonios o lugares siniestros. Y, de hecho, no les falta razón: Transilvania es una región idílica, tan tenebrosa como pueda serlo el escenario de Heidi, poblada por hospitalarias gentes. Bram Stoker, el creador de Drácula, jamás estuvo allí. Tiene mérito, porque de la región dijo en su célebre novela más o menos lo mismo que os acabo de decir yo después de dos días de pasear entre coníferas. Para crear a Drácula, Stoker se basó en la figura de Vlad Tepes, un príncipe del siglo XIV que luchó por la independencia de Transilvania. Para los transilvanos es todo un héroe, pese a su fama de sanguinario. Aunque la Edad Media no fue precisamente una época propicia para el respeto de los derechos humanos. En rumano, Tepes significa "el empalador", un sobrenombre que el gobernante se ganó merced a su gusto por empalar a sus enemigos. La leyenda dice que llegó a empalar 40.000 en un solo día (la población total del país por aquel entonces era de 500.000 habitantes) y también que gustaba de cenar entre los empalados, mientras los escuchaba agonizar. Stoker supo de Vlad Tepes en la Biblioteca del Museo Británico de Londres y desde allí inventó a su conde vampiro. Qué cosas tiene la literatura.
Pues bien. En Rumanía pueden visitarse algunos de los monumentos relacionados con Vlad Tepes, entre ellos su casa natal en Sighisoara. Sin embargo, hay una fortaleza defensiva del siglo XIV a la que todos los años acuden miles de turistas y que se vende como "el castillo real de Drácula" y que no es sino un engaño. Está en Bran, una pequeña población a unos 140 kilómetros de Bucarest. El castillo reviste cierto interés y alberga una colección de muebles antiguos, pero la única relación que guarda con Vlad Tepes es que probablemente -ni siquiera es seguro- estuvo aquí preso alguna vez. Durante toda la visita al lugar no encuentra el viajero ni una sola referencia a Vlad Tepes o a Drácula. Es, simplemente, un engaño pensado para atraer turisas y dar de comer a las muchas familias que se dedican a la venta de recuerdos en la plazuela de acceso al castillo.
Con todo, la visita al lugar no está mal. Se puede disfrutar de lugares como el de la fotografía, por ejemplo, a la que debería poder añadirse el silencio, los trinos de pájaros y el murmullo de las aguas del original.

9 de junio de 2006

Transilvania, los espejos y yo


¿Una copita?


Para ir empezando la noche...

Drácula no: Dionysos




Os presento a Dionysos. Lucía así de barbudo y yacente esta misma mañana en uno de los laterales del castillo real de Sinaia, en Rumanía. Carol I, el rey que mandó construir este lugar, denominó el ala que ocupa «Jardín clásico».
Os prometo que al lado Dionysos, no hay vampiro que valga (aunque acaso tenga él mismo algo de deliciosamente vampírico). Mañana os hablo de Transilvania y de Drácula. De momento, hoy os deseo lo mismo que quiero para mí: una larga noche dionisiaca. Amén.

7 de junio de 2006

Me voy de caza a Transilvania

En apenas unas horas, estaré aterrizando en Bucarest, capital de Rumanía. Mañana tengo una cita con el castillo de Bran, en Transilvania, famoso por estar relacionado con el personaje que inspiró el personaje de Drácula, la novela de Bram Stoker.
En estos momentos de mi vida, un vampiro es exactamente lo que necesito. Mañana por la noche, a la puerta de mi habitación —mi hotel se llama House of Dracula, qué felicidad—, colgaré un letrerito anunciando a los vampiros interesados que recibo las 24 horas. Qué gusto ser sorprendida en pleno sueño por un mordisco en un lugar inconfesable. Precisamente a ese tipo de mordiscos estoy ahora de lo más receptiva.
Se me ocurrió ayer explicarle todo esto a una amiga. Me hizo un encargo sorprendente:
—Ya que vas, traeme un par —dijo.
Se refería a un par de vampiros, claro. Le pregunté para qué dos. Si no le bastaba con uno.
—Ay, no. Uno nunca es suficiente. Mejor dos, por si uno falla —dijo, muy segura de lo que habla.
Como mi amiga tiene más experiencia de la vida que yo, resolví hacerle caso en eso como en otras cosas. Traeré también dos para mí, si las pesquisas se me dan bien.
Aunque, dada mi voluntad de servicio, he decidido anunciarlo, por si hay alguien más que desee hacerme algún encargo. No me importa, ya que voy, traer recuerdos transilvanos para mí y para las demás.
En un par de días, tendréis los resultados de mis pesquisas. Lo que ya no sé es cómo estarán las comunicaciones en Transilvania para poder cumplir con mi cita diaria con vosotros.
Si no me véis, pensad que me estaré dejando morder. Nunca me lo he montado con un vampiro, pero seguro que son deliciosamente perversos. Qué gusto.

6 de junio de 2006

Óscar Sipán

En la entrada del 30 de marzo hablé del último premio del escritor aragonés Óscar Sipán. Ahora Óscar, un entusiasta del mundo de la letra impresa, un escritor excepcional y, para mi suerte, amigo mío, desembarca en la sección Biblioteca de mi web.

Si queréis conocerle mejor sólo tenéis que pinchar aquí. Feliz lectura, navegantes.

5 de junio de 2006

Qué de acuerdo estoy

El mundo no es un sueño;
el dolor: la condena del recuerdo.

Nacida en cautividad, Ángela Vallvey (Algaida, 2006)

4 de junio de 2006

Feria del Libro sin mí

Si una cita anual me gusta en el calendario editorial es la Feria del Libro de Madrid. Los años en que por fuerza ha tenido que transcurrir sin mí —como éste, por ejemplo— me siento extraña, triste.
Por eso os pido que vayáis por mí y me lo contéis. Ved el ambiente, tomad el sol, curiosead en las casetas, saludad a los amigos. Y, si puede ser, pasad hoy por la caseta de Destino entre las 7 y las 9 de la tarde y dadle de mi parte un achuchón muy grande a Marta Sanz, que estará firmando Susana y los viejos, la novela con la que resultó finalista del Nadal. Lo dejo en vuestras manos, amigos, navegantes.
El año que viene, lo prometo, estaré allí.

2 de junio de 2006

Elección

Algunas personas crecemos a golpes. Otras, suavemente. Otras... no crecen, me dice en un correo electrónico alguien a quien no conozco.

Ahora mismo, no soy capaz de elegir cuál de las tres prefiero.

1 de junio de 2006

No sé decir que no

Suena el teléfono. En la Biblioteca Municipal están elaborando, en colaboración con otras 24 bibliotecas municipales agrupadas en no sé qué red, un libro acerca de las bibliotecas, la lectura, los lectores y toda esa apasionante ristra de cuestiones que tanto afectan al mundo moderno. Me dicen que buscan un autor local que se identifique con la biblioteca y que lo prefieren vivo y de sexo femenino.
Cumplo los requisitos, respondo.
Parecen alegrarse mucho de que no sea hombre ni me haya muerto aún. Me ponen el ejemplo de Salvador Espriu, que también vivía en la comarca: él no podrá colaborar, lo más seguro, porque feneció, lamentablemente, hace 11 años, me informan (aunque conocía el dato y lo demás lo podía sospechar).
Pregunto qué tengo que hacer.
Me dicen que responder a una entrevista. Me amenazan con venir a entrevistarme a domicilio.
Les pido, por favor, que me remitan las preguntas por correo electrónico.
Aceptan. El lunes me mandarán las preguntas.
El lunes. Sólo faltan tres días. Ay, a ver cuándo coño aprenderé a decir que no.

31 de mayo de 2006

Tal vez la palabra no sea placer...

Escribir es una actividad que parezco necesitar para sobrevivir. Me siento muy mal cuando no lo hago. No es que escribir me produzca un gran placer, pero es mucho peor cuando no lo hago.
(Paul Auster al periodista Larry McCaffery)
¿Tal vez escribir sea más bien una necesidad?

30 de mayo de 2006

Cursillo de natación (perfeccionamiento)

Una de mis sensaciones favoritas: estar en el agua. Dejarme flotar. Zambullirme. Desplazarme. Creo que aprendí a nadar casi a la vez que a caminar.
Hoy me he calzado por primera vez unas aletas de buceo. Lo peor es descubrir, cuando te las quitas, de qué poco sirven tus pies.
Lo dice Adrián al ir a ponerse sus sandalias nuevas:
—Mamá, ya no tengo calcetines. Sólo tengo pies.
Es un defecto de la mayoría de nosotros: sólo tenemos pies y los pies no valen de mucho. Para avanzar, hace falta más.
El problema, a veces, es saber qué, exactamente (no siempre hay a mano unas aletas de buceo).

29 de mayo de 2006

El Alma enferma

Un amigo bastante mayor que yo al que sólo conozco por teléfono cita a Galeno en nuestra última conversación, que no es una despedida sino un «hasta el año que viene».
—Tres son las cosas que curan los males del Alma —me dice. Y añade: —Apúntalo, por si te sirve.
Le escucho con atención. Habla cadenciosa y un poco teatralmente. Prosigue:
—Lo primero: Lejanía. Después: Luengo tiempo. Si con lejanía y tiempo no surge la melancolía, lo mejor es no regresar jamás.
(No regresar. Recuerdo a Sabina preguntándome si tiene razón: «En Macondo comprendí / que al lugar donde has sido feliz / no debieras tratar de volver»).
Mi amigo telefónico me desea suerte.
—Y que cuando nos veamos el año que viene, todo lo qe te ocurre esté resuelto —me desea.
Hoy, más que nunca, las palabras ayudan a vivir.

23 de mayo de 2006

Abrazos que trae el correo

Estimada Care:
Hoy, hace unos minutos, he escuchado a Almudena Grandes hablar muy bien de la novela de Óscar Esquivias Inquietud en el paraíso. He ido a buscar información sobre la editorial que lo había publicado, por ver si aun seguía en Algaida, y me he encontrado con tu página Web.
Hace ya un tiempo, junio de 2000, la suerte me deparó la satisfacción de estar unas horas junto a ti. He ido a buscar el libro donde te pedí que escribieras a bolígrafo el comienzo de tu novela Trigal de cuervos. Me lo escribiste en espiral y al lado me dibujaste un caracol con una morcilla que dice: «Qué cosas me haces hacer, Carlos, por Diosss…» En otra página me pones una dedicatoria que, por si es posible el recuerdo, dice: «Para Carlos, en una noche luminosa de sidra, canciones y amistad, en un Oviedo mejor que nunca».
Me alegra saber que sigues publicando, en prácticamente todas las editoriales, con un éxito notable. De igual manera por Óscar que, en noviembre del mismo año en que te conocí, también apareció por esta vetusta ciudad.
Espero que al recibo de este mensaje te vaya todo bien aunque me desasosieguen un poco tus palabras de despedida en el blog.
Te recuerdo sonriente y vital… deseo que así sigas.
Suerte y salud.
Carlos Romero

Entrevista virtual

Me manda un mail Anna Serra para advertirme que una entrevista que me realizó ¿hará cuánto? (creo que bastante...) se acaba de publicar en la revista on line Premura. A falta de algo mejor que compartir con vosotros, os la dejo aquí.

21 de mayo de 2006

7 visitantes multicolores


Adrián sigue trayendo amigos. Éstos han llegado hace un rato. No sabemos si son una mamá-mariposa y sus seis niños multicolores (¿serán de seis padres distintos, cada uno de un color? ¿Elegirá sus amantes la mariposa-mamá según el color que le falta? ¿Según el color del ánimo de cada momento?) o siete colegas muy bien alineados de mayor a menor. Les he pedido que se queden una tenporada. Después de todo, aquí hay sitio para todos y donde caben 5, caben 12.

17 de mayo de 2006

Un payaso (sirve para sonreír)


* Por supuesto, quien ha traído este personaje a casa es mi hijo Adrián. No sabemos cómo se llama, ni él ni yo, pero lo averiguaremos si conseguimos que se quede un tiempo.

15 de mayo de 2006

Ofrenda

I

Agarro tus manos:
las manos que han tenido mi cuerpo tantas veces,
las primeras que hallaron, al nacer, nuestros hijos,
las que tocan, reparan y disponen las cosas
que llenan mi presente.

Agarro tus manos
y dejo sobre ellas los fragmentos
de este corazón casi rendido.
Desmóntalo como a un reloj,
clasifica las piezas,
púlelas, límpialas, deséchalas,
trata luego que encajen
para que todo quede como estaba,
para que su tic tac sea el mismo de siempre,
para que no rezumen de óxido las grietas.

II
La fe que tengo en ti se debe, en parte,
a que conoces bien el artilugio
(desde aquel primer día en que fuimos suicidas
jamás estuvo lejos de tus manos)
y también a lo mucho que recuerdo tus gustos.
Por ejemplo: montar y desmontar mecanismos
y ufanarte después de tus habilidades evidentes.
Por ejemplo: el orgullo de ver que nuestra vida
empezó hace algún tiempo en una cuerda floja
y es por eso que no nos da vértigo la altura
ni tememos caer, si es intenso el instante.

Yo soy igual que tú, ¿no lo recuerdas?
La loca, la suicida, la que no piensa en nada
excepto en que, por ti, lo apostaría todo
una vez y otra vez, y mil si es necesario.
Sólo quiero saber que tu mirada
contiene más futuro que pasado
y es cruce de caminos que aleja del infierno.

Gracias

Amigos:
Estoy de vuelta.
Lo primero que quiero deciros es que en estos días de verdadero infierno, me habéis ayudado a respirar.
A algunos de los 64 que habéis añadido algún comentario estos días os conozco, poco o mucho. A la mayoría no os he visto jamás. Vuestro cariño, el de todos, me ha abrigado el corazón en el peor momento de mi vida, y no lo olvidaré.
Los que han aprovechado el mal momento para sus gilipolleces no me han sorprendido en absoluto; afortunadamente, tengo enemigos. Pobre de quien no los tenga con 36 años. Yo soy lo bastante interesante y me va lo bastante bien como para que algunos lo lleven fatal (y perdonad la chulería, que no es mi estilo).
Por último: he sobrevivido, sí, pero no sólo eso. Casi en el último momento, la única persona que podía hacerlo, me ha regalado aire con que respirar. De modo que estoy aquí por él... porque, una vez más en nuestra vida, ha sido valiente. Y ya de paso, despejo incógnitas: nadie ha muerto, ni siquiera yo. Y no me han echado de El Cultural, al menos, que yo sepa.
No sé si, de momento, me veo con ánimo de estar aquí todos los días. Sólo sé que estaré. Seguid conmigo. Un abrazo tan grande como el ciberespacio, de Cancún a Mataró, pasando por Chile, Madrid, El Salvador, Austria y todos los lugares que se me olvidan, desde los que estos días habéis estado aquí.

10 de mayo de 2006

Adiós

Por razones que tal vez algún día escriba, voy a cerrar este blog. Me temo que durante una buena temporada, no tendré nada que decir aquí y tal vez en ningún otro sitio. Es lo que nos ocurre a los farsantes: cuando la verdad nos supera, no sabemos qué hacer.
En algún momento de mañana jueves, todo esto desaparecerá sin dejar rastro. Como ciertas cosas de la vida, por cierto.
Volveré, de eso estad seguros. Soy una superviviente nata. No me faltéis tampoco ese día.

8 de mayo de 2006

David Kidd, Historias de Pekín (y Flok)

Calvito era nuestro perro. La edad o quizá una enfermedad le habían hecho perder el pelo. Algunas veces, en plena noche, soltaba un par de ladridos inseguros, pero la mayoría del tiempo se lo pasaba durmiendo. Sin embargo, Tía Qin creía a pies juntillas que Calvito era nuestra mejor protección contra los hombres de la noche, y quizás estuviera en lo cierto, porque las autoridades comunistas sentían un odio tal por esos animales que habían sumido a la ciudad entera en una capaña anticanina. Los perros no eran productivos, decían, y se alimentaban de una comida que no se habían ganado (...). Si los comunistas odiaban a los perros era porque de un modo muy palpable el perro, que es leal a las personas y no a las ideas, encarnaba la última defensa del ciudadano contra el entrometimiento creciente de la policía, la comunidad y el Estado.
(...)
Cada vez había menos perros en Pekín y sus dueños los tenían como oro en paño. Para Tía Qin, Calvito no era tan sólo un perro: por muy achacoso que estuviera, era el único defensor de nuestro derecho a fumar opio y a jugar al mahjong, de pegar a los hijos y tener secretos, de hacer el pino por las mañanas y acostarnos por la noche con nuestros pijamas morados y verdes. Y aunque Tía Qin insistía en que no le gustaban los perros, empezó a dar de comer a Calvito de su mano, y éste terminó queriéndola más que a nadie de la familia; la miraba con ojos tristes y húmedos, como nunca la habían mirado sus gatos. Una buena mañana pocos días después de que Tía Qin hiciera esos comentarios acerca de los hombres de la noche, el viejo Calvito desapareció. Cuando al cabo de una semana seguíamos sin noticias suyas, la familia sintió que había perdido algo muy valioso. Y estaba en lo cierto.

Navegantes, amigos: He seleccionado este fragmente del magnífico y único libro del estadounidense David Kidd, Historias de Pekín (recién publicado por Libros del Asteroide) no sólo porque es una buena muestra de lo que en él se cuenta: la interesante —y dolorosa— transición de la China imperial a la China comunista. También porque hace apenas unos días que murió mi perra Flok, y tenía ganas de rendirle este inútil homenaje. Era una amiga y también una sobreviente de muchas cosas, como yo misma. Quienes hayáis tenido perros alguna vez, seguro que me comprenderéis.
*En la foto que acompaña estas líneas, podéis ver a Flok en su faceta más digna, con una pose propia de los emperadores de cuyo final habla Kidd.

7 de mayo de 2006

6 de mayo de 2006

Con correos como este, ya puedo morir tranquila

Hola Care:
Me llamo X y soy la madre de un chaval (Y) con el que has estado esta mañana (por ayer, viernes) en la Fundación Germán Sánchez Ruipérez de Salamanca.
Mi e-mail es como agradecimiento infinito...
Te voy a explicar: llevo 15 años, que es la edad de Y, leyéndole, dedicándole y regalándole todo tipo de libros con la esperanza de que se aficionara a la lectura, y pensando en que el libro que le regalara en cada momento iba a ser el definitivo.
Y en esto... llegaste Tú con un libro titulado El anillo de Irina, que encima era un préstamo de su Instituto, y en tres días y tres noches, le dejaste fulminado y enganchado a la lectura.
Esta mañana me hubiera gustado estar con vosotros en la Fundación y poder abrazarte para agradecerte el trabajo que has hecho. En nuestra casa, esto es un gran regalo ya que los otros tres que componemos la familia, adoramos la lectura.
La dedicatoria que le pusiste en el libro le ha dejado huella.
Sin más, muchas gracias por tus libros.

Así lo vio la prensa salmantina.

5 de mayo de 2006

Las muñecas de la Casa Lis

Ayer me dejó plantada un periodista justo en el mismo instante en que salía el sol en Salamanca. Recordé la recomendación de una amiga: "Ya que vas a Salamanca, no dejes de visitar la Casa Lis, donde hay una de las mayores colecciones de muñecas antiguas de Europa". El interés por las muñecas me viene desde que imaginé una colección de muñecas bastante diabólicas en mi última novela, El dueño de las sombras, en vías de publicación. "Dan bastante yuyu", añadió mi amiga refiriéndose a las de la Casa Lis, pero también a las mías, que habitan un desván.
Decidí, pues, visitar la Casa Lis, un palacete modernista construido a iniciativa de un industrial salmantino, Miguel Lis, enamorado del Art Noveau. Está en un promontorio, desde donde se disfruta de una magnífica vista del río y de la ciudad. Sin embargo, su artífice disfrutó del paisaje poco tiempo, porque murió poco después de terminarse la casa. Entonces ésta pasó a manos de un rector de la Universidad, Esperabé, y de esas a otras manos hasta terminar en la ruina de la que la rescató el municipio en los años 80. Hoy es un interesante museo de Art Déco y Art Nouveau situado en pleno centro de Salamanca, justo detrás de la catedral, que alberga una amplia colección y que, además, es en sí mismo un placer para la vista.
La colección de muñecas es soberbia, desde luego: de porcelana, de celuloide, de trapo... Las hay desde mediados del XIX; francesas, italianas, alemanas. De los mejores fabricantes de su época: Schmitt, Thuillier, Petit & Dumontier, Steiner, Jumeau (la de la ilustración lo es), Barrois, Huret... Las hay enormes y la mayoría están muy bien conservadas. Su situación en grandes vitrinas les da cierto aire de novias sepulcrales. De cosa viva que nos mira desde la muerte. O tal vez será la influencia de las muñecas de mi novela, que me fuerzan a escuchar sus bisbiseos desde más allá de la línea que separa la realidad de mi imaginación.
Hablando de realidad. Antes de entrar en la Casa Lis descubrí que se halla situada en la celebérrima calle de El Expolio. Aún se ve la argamasa que sirvió para sujetar el nuevo rótulo de la calle, sólo 24 horas después de que por fin se devolvieran los célebres papeles.
Algo más tarde, charlando por las calles crepusculares con mi amigo Luis García Jambrina, supe que el alcalde de la ciudad, Julián Lanzarote, no había tomado en consideración la opinión de nadie, ni esperado casi nada, para modificar el nombre de la hasta ese día calle Gibraltar.
La expendedora de tiques de la Casa Lis le quitó importancia al asunto cuando le pregunté por la anterior nomenclatura. Ella tenía en la mano mi documento de identidad, donde se leía con claridad mi procedencia: Barcelona. Tal vez por eso se esforzó en ser conciliadora:
-Antes se llamaba Gibraltar -dijo, sin expresión- y pronto se llamará de otra manera, seguro.
Lo dudo. Por lo visto, el señor Lanzarote también mantiene un contencioso con la Casa Lis. Desde luego, la delicadeza, la luminosidad, la voluptuosidad, el colorido, las formas curvilíneas, las múltiples influencias que confluyen en el modernismo nunca han tenido mucho que ver con las grandes moles de perpendiculares y paralelas de las arquitecturas fascistas.
Qué hombre este Lanzarote, qué gran sensibilidad, pienso. Y lo digo.
Luis ríe. En Luis, hasta la risa parece importante.

4 de mayo de 2006

Venezuela me ha dado un premio

Lo siento, pero no puedo esperar a mañana para contaros esto.
El Banco del Libro de Venezuela, una entidad sin ánimo de lucro dedicada a la promoción y difusión del libro infantil y juvenil, acaba de elegir mi novela El anillo de Irina como una de las 5 mejores del año 2006 de entre todas las escritas y publicadas en español.
Y para que veais que esto no es un microcuento, os invito a entrar en su página.
Ya de paso, constanto la importancia de iniciativas como el Banco del Libro o la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, en España (en cuya sede de Salamanca me hallo en este preciso instante) para acercar la literatura a los niños y los no tan niños.

E de Editora (palabrario personal)

El primer editor al que conocí era un chorizo. Pareció que la vida me advertía de algo al ponerle en mi camino. Como si enseñándome la peor cara del mundo de la edición fuera a curarme de espantos para siempre. En cierto modo, fue así. Ya nada me sorprende. No lo hace, por ejemplo, esa pregunta maldita (en los años que llevo publicando me la han formulado dos veces, la primera cuano entregué la primera novela y la segunda hace apenas cinco meses):
—¿Te importaría quitarle 100/40 páginas a la novela?
—Pues claro que me importaría —dije en ambas ocasiones. En ninguna de las dos acepté quitar ni un folio, por supuesto, aunque en ambas trataron de convencerme de que lo hiciera.
En este tiempo he conocido también a editores que no leen (por falta de tiempo, dicen), a quienes reniegan de sus autores fugados o de los autores, en general; a quienes prometen pero no dan, a quienes fingen un entusiasmo que no sienten, a quienes tardan seis meses en leer dos folios, a quienes juzgan moralmente el contenido de los libros, a quienes sugieren cambios estúpidos guiados por ideas estúpidas, a quienes censuran y lo reconocen, a quienes censuran y no lo reconocen, a quienes tratan de pagarte el 4 por ciento de derechos de autor y a quienes te lo pagan sin que puedas evitarlo, a quienes te esconden información y a quienes juran que apuestan por ti sin mover un dedo.
He tenido tiempo de pensar en mi editor ideal: es alguien que sienta un cierto entusiasmo con lo que lee (incluidas mis cosas), que se maneje con una cierta diligencia, que posea una cierta conversación libresca, buen oficio a la hora de leer (también mis cosas), moderación y tino con las correcciones y el necesario buen gusto que debe manifestarse a la hora de tomar decisiones. Si, además, viene de tarde en tarde a cenar a casa, me siento feliz. He de decir que, para mi fortuna, he conocido media docena de estos últimos. Debería hablar en femenino, puesto que casi todas ellas son mujeres. Y no me duelen prendas al decir que todas ellas han mejorado en algo mis novelas con sus anotaciones al margen, con sus correcciones, aunque sea en detalles mínimos. Ellas (y algún que otro él) nunca serán el enemigo, que es lo que son todos los demás.
Por último, hay algo más sutil que caracteriza a un buen editor. Su sabiduría para permanecer en segundo plano. No lo había pensado jamás hasta que hace unos pocos días recibí un correo electrónico de A., una de las mejores editoras que he conocido. En él decía algo muy valioso, que utilizo como colofón de esta segunda entrega del Palabrario:

Que unos u otros se atribuyan méritos me da lo mismo, porque siempre he dejado claro que yo no soy editora para brillar, sino para ver brillar a los libros: y yo quiero que este libro brille... ¡QUE BRILLE!... más que cualquier estrella de toda galaxia conocida.

3 de mayo de 2006

Asuntos pendientes (microcuento)

Doce años y veintinueve días después de su muerte, el señor H. regresó a su hogar, aquel cuya hipoteca terminó de pagar su súbita defunción a los cincuenta y seis años. Tuvo que llamar al timbre. Le sorprendió comprobar que su esposa no demostró mucho entusiasmo al volver a verle. Más bien al contrario, le preguntó contrariada qué estaba haciendo allí y él le contestó la verdad, que venía a liquidar algunos asuntos pendientes que no le dejaban descansar tranquilo.
El nuevo marido de su esposa le pareció un ser esquinado y desagradable, pero reconocía que en su opinión pudo influir mucho el hecho de que el fulano llevaba nueve años para diez durmiendo en su cama, mientras que a él le tocó dormir en el sofá. El mismo sofá que compró en una liquidación veintidós años atrás, por cierto, y que tenía los muelles destrozados, como al día siguiente lo estaban sus articulaciones. De sus tres hijos, ninguno mantenía el matrimonio que él bendijo. La pequeña se hacía ahora arrumacos con otra mujer, de muy buen ver, por cierto (en un tris estuvo de sobarle el culo, pero se abstuvo porque en la tierra las cosas no suceden como en el cielo). El mediano tenía dos hijos mellizos en algún lugar de la península por determinar. Al mayor le había dejado su santa, una chica muy hacendosa que nunca le mereció, después de una sucesión de amantes cada vez más golfas. La última era una empresaria de Gijón a la que había conocido en el ordenador (nunca supo si esto lo había entendido mal o qué). Al contemplar una fotografía de su nieto mayor quien, según todos decían, tanto se parecía a él, se topó frente a frente con la mirada inquisidora y azul de su suegra, a quien en la eternidad había frecuentado bastante (muy a su pesar). Preguntó por el perro, pero le dijeron que había muerto sólo un mes después que él a causa de una apendicitis. Aunque la peor sorpresa fue, desde luego, que todos se interesaran, con evidente inquietud, por cuánto tiempo pensaba quedarse.
Al buscar consuelo fuera de casa se encontró con que su mejor amigo estaba recluido en un asilo regentado por enfermeras que parecían soldados de asalto. Su última amante, la única a la que pudo localizar, se meaba encima y no era capaz de recordar ni su propio nombre. Su hermano menor seguía bien, aunque, si aun estando vivo no le había dirigido la palabra durante más de quince años, no era cosa de hacerlo ahora, doce después de dejar este mundo. El paseo marítimo era ahora un horrible bulevar de hormigón y hierro pintado de colorines. Ni la televisión podía soportarse: los políticos no sabían hablar y los famosos no lo eran en absoluto. Lo único que merecía la pena eran las tetas que a veces asomaban a altas horas de la madrugada, mucho más generosas que las de años atrás (por no hablar de las de los primeros setenta). Al fin y al cabo, una teta siempre será una teta, se dijo.
En vista de tal estado de cosas, decidió agilizar sus gestiones. Un lunes por la mañana, después de una noche de constante conflagración con los muelles del sofá, acudió a un par de oficinas, hizo cola ante un funcionario asomado a su ventanilla y hasta le quedó tiempo para adquirir en un quiosco un periódico deportivo y un par de revistas del corazón. Para el camino, les dijo a los de casa cuando llegó a despedirse. Su mujer le acompañó hasta la puerta, como hacía siempre con el de la compañía de la luz cuando venía a tomar la lectura del contador, no por ser amable sino para que no hurtara algún jarrón del pasillo.
Pues bueno, dijo ella. Y él se vio con ánimo de intentar un atrevimiento: ¿No me rascarías un poquito ahí donde me gustaba tanto?, preguntó.
Ay, hombre, ahora, que tengo las manos pringadas de sofrito.
Lo entendió. Se despidió con mucha prudencia hasta la próxima y bajó andando las escaleras porque ya tendría tiempo allí donde se dirigía de utilizar el ascensor.

2 de mayo de 2006

Es más fácil darse de baja de la Iglesia que de Vodafone



* Apreciada señora: Con fecha de hoy y atendiendo a su petición, hemos procedido a registrar vuestra baja como fiel de la Iglesia Católica. Atentamente, Jaume Riera Rius, Provicario general.

En la entrada del día 13 de abril, Jueves santo, anuncié el principio de esta historia. El desenlace llega tan rápido que no sé si alegrarme o sentirme defraudada por lo deliciosos capítulos intermedios, que han brillado por su ausencia. En fin.


** Y sí, para quienes no lo supierais aún, mi nombre oficial es esa cosa folclórica y rimbombante.

1 de mayo de 2006

Miami Beach: una mirada